19.03.26

Que no se nos olvide

Uno de los títulos más hermosos de San José es el de patrono de la buena muerte. En efecto, es difícil imaginar una muerte mejor que la suya: acompañado por el cariño y la intercesión de nuestra Señora y de Cristo, después de toda una vida al servicio de los designios de Dios para la salvación del mundo. No hay mejor imagen del cumplimiento de esa oración que rezamos todos los días a la Virgen: ruega por nosotros en la hora de nuestra muerte.

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13.03.26

Fuera de la SSPX no hay salvación… en la práctica

En el último artículo hablábamos del adagio extra ecclesiam nulla salus, fuera de la Iglesia no hay salvación, que es una verdad de fe. A ese respecto, me ha parecido oportuno traer al blog esta curiosa interpretación práctica del dogma que ha realizado el P. Pagliarani, Superior General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX, conocidos popularmente como lefebvrianos).

Yo diría que es muy interesante, porque, en unos pocos párrafos, resume perfectamente cuál es el problema de la postura lefebvriana y por qué quieren consagrar obispos contra lo mandado por el Papa. Aunque solo sea por eso, conviene leerla.

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9.03.26

Pues claro que fuera de la Iglesia no hay salvación

El viejo adagio de extra ecclesiam nulla salus, fuera de la Iglesia no hay salvación, se pone a menudo como ejemplo de algo que es difícil o imposible de creer o, peor aún, de algo que la Iglesia creyó ingenuamente en algún momento, pero hace tiempo que ya no cree. Eso, me temo, dice muy poco sobre el adagio y mucho sobre nuestra desoladora falta de fe posmoderna.

Cuando alguien rechaza la verdad de que fuera de la Iglesia no hay salvación, en realidad lo que sucede es que no tiene fe. Extra ecclesiam nulla salus solo es una forma alternativa o indirecta de enunciar el núcleo mismo de la fe católica. Ese núcleo de la fe, su anuncio esencial o kerigma, es que Dios envió a su Hijo hecho carne para nuestra salvación y, por lo tanto, no se nos ha dado otro nombre bajo el cielo que pueda salvarnos.

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6.03.26

Un libro providencial

Hay libros buenos y libros providenciales. Estos últimos son los que no solo son buenos, provechosos y agradables de leer, sino que además tratan un tema crucial para un determinado momento histórico. El libro que acaba de publicar D. Jorge González Guadalix es de estos últimos.

No pretende ofrecer un refinado estilo literario, sino que está escrito con el tono afable y campechano típico de D. Jorge, que mágicamente consigue que uno tenga la impresión de estar charlando con él en su casa parroquial de La Serna. Tampoco ofrece erudición y citas a porrillo, aunque sí abundantes vivencias reales y concretas de su experiencia sacerdotal. Es, ante todo, un libro providencial.

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27.02.26

El gran mal de la Iglesia

El gran mal de la Iglesia de nuestro tiempo es una especie de locura suicida, que ha destruido en décadas lo que se tardó milenios en construir en el Occidente cristiano.

Movidos por esa locura, gran cantidad de católicos, especialmente clérigos y prelados, se afanan en trabajar y luchar por todo lo que es innecesario, irrelevante o incluso pernicioso para la Iglesia y para la fe. Desde la democracia hasta la ecología y del feminismo al marxismo, pasando por eutanasias, nacionalismos, indigenismos, sinodalidades, innumerables documentos que nadie lee y las más cansadas y disparatadas herejías refutadas hace siglos.

Al mismo tiempo, se sienten incómodos ante lo que huela a católico y rehúyen como el diablo la misión propia y particular de la Iglesia, encomendada por el mismo Cristo resucitado: id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a hacer todo lo que yo os he mandado.

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