El cardenal Cañizares en Barcelona denuncia la secularización interna en la Iglesia

El escenario imponente: la nave central de la Basílica de la Purísima Concepción en todo su esplendor, iluminada por todas las arañas colgantes y otros reflectores, como en los días de mayor solemnidad. El altar convenientemente dispuesto y aderezado, con los cirios flanqueando una cruz bien visible en el centro (cosa rara en Barcelona). En el lado del evangelio, una recién estrenada lápida marmórea que conmemora la elevación de la iglesia parroquial a basílica menor, título concedido por la congregación romana que preside el invitado. El templo a rebosar de oyentes. El clero se instala en el coro: todos revestidos de alba (sin cíngulo) y estola morada. Por la puerta que da al claustro entra una discreta procesión: acólitos, ceremonieros, cruciferario, los cardenales Antonio Cañizares y Lluis Martínez Sistach, el rector de la basílica, Dr. Ramón Corts, y una serie de personalidades, entre quienes sólo acierto a reconocer a Alberto Fernández Díaz, antiguo presidente del PP de Cataluña. Toda la concurrencia se levanta y se oyen unos cuantos aplausos (costumbre que personalmente detesto en una iglesia), que afortunadamente cesan pronto. Los purpurados oran unos momentos ante el altar del Santísimo (la primera capilla del lado de la epístola) y acto seguido van a sentarse: el arzobispo barcinonense en su sitial reservado en primera fila; el prefecto del Culto Divino ante la mesa de conferenciante. El Dr. Corts presenta el programa de conferencias cuaresmales y da la bienvenida al cardenal Cañizares, agradeciéndole su presencia. El prefecto del Culto Divino comienza entonces su disertación, que versa sobre el tema: “Reavivar el espíritu de la Liturgia”.

Esta es la táctica empleada por el Cardenal de Barcelona para camelarse a la Curia vaticana y así manifestar una romanidad de cartón piedra de la Iglesia en Cataluña. Después del primer experimento exitoso, con la beatificación del Dr. Samsó, ahora se disponen a ejecutar el segundo asalto con la visita del Cardenal Bertone. No contentos con ello, se realiza un doble salto mortal con el anuncio sine die de la visita del Santo Padre a Barcelona para bendecir el Templo de la Sagrada Familia.
A inicios de noviembre todas las discusiones sobre la liturgia sacramental habían concluido. Faltaban las votaciones, pero la marcha de los debates nos podía ya orientar sobre el tema. Se dibujaban seis líneas generales sobre las que iba a construirse la constitución en torno a este particular. Así las presentaba nuestro analista: 
El marqueting es lo que se lleva. Existe el marqueting empresarial, el marqueting político y el marqueting eclesial. Vender un chocolate que adelgaza; vender un político paquete sin experiencia profesional ni formación académica como un crack; vender una imagen de una Iglesia que funciona pese a una deriva patética que se dirige al naufragio.