El rito progre
No es del todo cierto que existan solo dos modos de celebrar la Santa Misa: el rito ordinario y el extraordinario, este último plenamente válido y reconocido tras el Motu Proprio del Papa Benedicto XVI. De facto, existen tres modos de celebración. A los dos válidamente reconocidos, debe añadirse un tercero, que no se halla admitido, pero sí tolerado por la casi totalidad de nuestros prelados. En todas las diócesis existe más de una iglesia en la que se celebra. Con toda seguridad, con mayor proporción que el rito extraordinario. Se trata de una manera de celebrar que conculca las normas de la Santa Sede, pero que no recibe la admonición de ningún obispo, ni tan siquiera de los más ortodoxos. Y no me refiero a transgresiones escandalosas, ni a terribles escarnios, sino a una forma de celebrar, que, a pesar de hallarse fuera de toda norma, se ha venido aceptando y tolerando sin más. Es el tercer modo de celebrar la Santa Misa. El rito progre.

No se asuste ese enjambre de curas republicanos y profundamente “anti-castellanos” que tenemos en Cataluña. No estoy haciendo un acto de adhesión a la Corona. Ni de fidelidad a los fueros de Castilla cual insurrecto comunero del siglo XVI en pie de guerra. No es esta la batalla de Villalar. Es la batalla del presente y del futuro de la Iglesia en el siglo XXI. Se trata de vítores llenos de admiración y gratitud a Mons. Dominique Rey, obispo de Frejus- Toulon.
Una vez concluida la serie litúrgica que ha centrado nuestra atención durante el presente curso, detenida en un seguimiento pormenorizado de todos los pasos que nos llevaron a la reforma litúrgica del 69, muchos están convencidos que nunca existió precedente similar en la historia de la Iglesia. 
La aristocracia intelectual iluminada o la verdad à la mode de París
Cuando soy requerido para celebrar la Santa Misa fuera de mis dominios habituales, me llevo todos los materiales de guerra para no encontrarme con sorpresas. No sólo me refiero a la casulla y otros ornamentos ausentes en muchas parroquias barcelonesas, sino también por ejemplo a un pequeño misal por si las moscas. Y es que me he encontrado de todo, como por ejemplo en el caso que hoy comento, que en una parroquia no había misal.