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6.02.13

¡Bendita “tirita”!

Prestar ayuda y cuidados a una persona enferma en cuerpo o alma es estar eternamente al servicio de Dios”

Sólo soy una aprendiz de escritora que pretendo utilizar mis palabras para expresar mi agradecimiento hacia unas personas que han agasajado a mi padre, ingresado en el hospital desde hace un mes, con toda su ternura, su cariño, sus mensajes de optimismo , su buen y noble hacer profesional.

Me refiero, como tú ya te debes estar imaginando, al personal sanitario que le están cuidando, protegiendo y alentado, día y noche, con una sonrisa, poniéndose en su piel, sintiendo su angustia, su dolor, y deseando ayudarlo tanto en el cuerpo como en el espíritu.

Para ello, ponen al servicio del enfermo , sin humillaciones y malas caras, toda su bondad, su paciencia, su empatía, su abnegación, su deseo de ayudar a los demás; en definitiva, todo su amor.

Son como esas tiritas flexibles y resistentes que colocamos con ternura en las heridas de nuestros hijos pequeños cuando se caen de la bicicleta o se hacen un rasguño jugando al futbol y que parecen milagrosas. Todos sabemos que es una simple tira adhesiva que no repara el tejido. Pero el amor que ponemos en ese momento les cura al instante cualquier desconsuelo.

Pues bien, todos estos profesionales son … ¡Una bendita “tirita”! que apoya y protege, que no es indiferente, que comprende y anima, que escucha y sabe retirarse en silencio en el momento oportuno, que es fuerte y compasivo; en pocas palabras: que sabe hacer, que sabe estar, que sabe ayudar, que sabe ….amar.

Cada uno de ellos, con el tiempo nos hemos tomado esa licencia, tiene su apodo entrañable. Por ejemplo: “Azabache” (por el color de su larga melena), “Campanilla” (por su sonrisa y jovialidad), “El jefe” (por su tino en descubrir cuando algo no iba bien), etc.

Gracias, muchas gracias a todos, por hacer más humana la enfermedad y el sufrimiento.Dios os lo pague.

La oración de las enfermeras

Dios omnipotente, Sanador Divino de todos los hombres, dame fuerza y valor en mi profesión.
Concede a mi corazón compasión y cariño.
Concede a mis manos habilidad y ternura.
Concede a mí cuidar conocimiento y sabiduría.
Sobre todo, Dios mío, ayúdame siempre a recordar el verdadero propósito de mi vocación:
el servicio generoso y la dedicación a los débiles y a quienes desesperan, en su cuerpo y en
su espíritu. Amén. (Rita Riche)

28.01.13

La vida de Marta tiene sentido

Decía José Saramago, Premio Nobel de Literatura en 1998 , que un “hijo es un ser que nos prestaron para un curso intensivo de como amar a alguien más que a nosotros mismos (…) un préstamo que llega a convertirse en el don más preciado que jamás llegamos a tener en el efímero tiempo que dure el empréstito. Un préstamo por el que damos la vida, sabiendo que hay que devolverlo.

Un préstamo sin intereses, pero cuyo cuidado lleva implícito el más alto sacrificio y la defensa más sólida”

El pasado 7 de enero falleció la pequeña Marta , a la que sus padres le solicitaban desde el primer momento de su muerte: “¡Querida y dulce Marta, ya desde el Cielo, guía a nuestra familia y ayúdanos a sonreír y amar como tú lo has hecho durante toda tu corta pero intensa vida! ¡PAZ y BIEN!”

Este fin de semana se ha celebrado la Eucaristía en acción de gracias “por Marta y por el amor de Dios que recibimos a través de ella”. Al finalizar la Eucaristía se leyeron estas palabras que son una extraordinaria reflexión y un ejemplo de visión sobrenatural y de aceptación, con gozo y esperanza, de la Voluntad de Dios para muchos de nosotros.¡Gracias por vuestro ejemplo!

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4.01.13

“Causa nostrae Letitiae”

El pasado 1 de enero, en la solemnidad de María Santísima Madre de Dios, el prefecto de la Congregación para el Clero, cardenal Mauro Piacenza, dedicó una hermosa carta a las madres de sacerdotes y seminaristas y a todas aquellas que ejercen el don de la maternidad espiritual hacia ellos que no puedo dejar de compartir con todos ustedes.

Los que tenemos el privilegio de tenerlas cerca, de conocerlas y de tratarlas, descubrimos las grandes virtudes que Dios puso en ellas. Con su ejemplo y su “sublime vocación”, como la llamaba el Beato Juan XXIII, han sembrado y cultivado en sus hijos la semilla de la santidad.

Alguien me dijo una vez que “una madre no es una autopista pero te puede guiar por el mejor camino, con paciencia, entrega, sacrificio, perdón, compañía, amor, bendición, protección, cuidado,…”. De hecho, parafraseando una metáfora de Edith Stein en uno de sus ensayos sobre la mujer, las madres son “como una columna a la que muchos se pegan, logrando así una base firme".

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