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12.01.10

Objeción de conciencia, ¿hacia dónde vamos?

Sr Director,

Las ideologías revolucionarias poseen una tan curiosa como calculada teoría sobre el papel de la conciencia en la sociedad. Por principio, hacen una división estanca y pretendidamente infranqueable e inconciliable entre las esferas pública y privada en lo que a la moral o la conciencia se refiere. Así, se distingue, por activa y por pasiva, que hay dos tipos de “morales” o de “conciencias”. Por un lado, existiría la “moral privada”, que, aunque respetada por los poderes públicos, no tiene ni ha de tener ninguna influencia en la vida política y social. Lo que uno, de puertas hacia adentro, piense en términos de moralidad, será siempre legítimo en su fuero interno, y nadie (en teoría) tendrá derecho a coaccionarle… Insisto: de puertas para adentro.

Por otro lado, está la “moral pública”, a la cual me resulta excesivo denominar como tal. Esta “moral” tampoco vendría definida desde fuera, sino desde el interior del sistema: es decir, que emana del Parlamento, que a su vez se supone (que es mucho suponer) que emana del pueblo.

Que emana del pueblo, en primer lugar, es uno de esos paradójicos oasis en el desierto relativista, uno de aquellos dogmas que afloran en el mundo de la no-existencia-de-la-verdad, pero que sin embargo hay que creer con la fe más ciega que se puedan imaginar.

Que emana del pueblo, en segundo lugar, implica que es irrebatible. Hablando en román paladino, y parafraseando un eslogan de cierto programa televisivo: “Lo que España vota, va a misa”.

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5.01.10

Los Reyes Magos no fueron un mito

Los tres Reyes Magos, astrónomos, descubrieron una noche de diciembre una nueva estrella de resplandor inusitado inexistente en los mapas del firmamento. No sabían su nombre, porque había nacido por vo­luntad de Dios para anunciar su secreto, trazado con fuego en el cielo.

Ellos comprendieron su voz porque eran justos: las conjunciones de los astros, el tiempo, la estación, el cálculo de las horas pasadas y de las combinaciones astronómicas les habían revelado un Nombre: «Mesías», su secreto: «Es el Mesías venido al mundo».

Ellos, poderosos de vida íntegra, se pusieron en camino sin calcular gastos ni incomodidades de un viaje por desiertos y montañas. No podían dormir pues la estrella los guiaba por las noches, y desde el oriente, el sur y el norte se reunieron cerca del Mar Muerto y Dios les concedió poder entenderse y viajar juntos hasta Belén para conocer y adorar al Rey de reyes.

Humildes: se sentían nada frente al Dios hecho hombre y se presentaron ante Él vestidos de sedas y joyas para honrarle: sabían que Dios regala riquezas incomparables a las almas que lo buscan y lo aman. Una gran lección para los cristianos de fe débil que celebran la fiesta de los Reyes honrando únicamente la alegría de los regalos materiales. Y para los políticos que organizan cabalgatas de los Reyes después de armar leyes abortistas.

María Ferraz