InfoCatólica / La Buhardilla de Jerónimo / Archivos para: Abril 2010

6.04.10

4.04.10

“¡La Iglesia está contigo, dulce Cristo en la tierra!”

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Esta mañana, al comienzo de la Santa Misa de Pascua presidida por el Papa Benedicto XVI en Plaza San Pedro, el cardenal Angelo Sodano, decano del Colegio Cardenalicio, dirigió al Santo Padre un saludo especial que no estaba previsto. El cardenal decano, en unas palabras cargadas de emoción, se hizo portavoz de los sentimientos de toda la Iglesia para con nuestro amadísimo Santo Padre. Ofrecemos nuestra traducción del saludo del cardenal Sodano y nos unimos a él para decir al Papa: “¡Feliz Pascua, dulce Cristo en la tierra!”.

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¡Feliz Pascua!

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“El pueblo cristiano, nacido de las aguas del Bautismo, está llamado a dar testimonio en todo el mundo de esta salvación, a llevar a todos el fruto de la Pascua, que consiste en una vida nueva, liberada del pecado y restaurada en su belleza originaria, en su bondad y verdad. A lo largo de dos mil años, los cristianos, especialmente los santos, han fecundado continuamente la historia con la experiencia viva de la Pascua. La Iglesia es el pueblo del éxodo, porque constantemente vive el misterio pascual difundiendo su fuerza renovadora siempre y en todas partes. También hoy la humanidad necesita un "éxodo", que consista no sólo en retoques superficiales, sino en una conversión espiritual y moral. Necesita la salvación del Evangelio para salir de una crisis profunda y que, por consiguiente, pide cambios profundos, comenzando por las conciencias.”


Del Mensaje “urbi et orbi” del Santo Padre Benedicto XVI con ocasión de la Pascua 2010.

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Desde esta Buhardilla, queremos desear a todos nuestros amigos y lectores una santa y feliz Pascua de Resurrección. Rogamos a nuestro Señor Resucitado que a todos bendiga con el don de su gracia. Unidos a todos los miembros de la Iglesia que hoy se alegran porque “Cristo, nuestra Pascua, fue inmolado”, firmemente unidos a Él en la persona de su Vicario que nos confirma en la fe, pedimos a la Reina del Cielo que nos acompañe con su amor de Madre ahora y siempre.

¡Feliz Pascua de Resurrección!

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2.04.10

Kyrie, eleison

V /. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.

R /. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.


Lectura del libro de las Lamentaciones 3, 27-32

v

Bueno es para el hombre soportar el yugo desde su juventud. Que se sienta solitario y silencioso, cuando el Señor se lo impone; que ponga su boca en el polvo: quizá haya esperanza; que tienda la mejilla a quien lo hiere, que se harte de oprobios. Porque el Señor no desecha para siempre a los humanos: si llega a afligir, se apiada luego según su inmenso amor.

MEDITACIÓN


¿Qué puede decirnos la tercera caída de Jesús bajo el peso de la cruz? Quizás nos hace pensar en la caída de los hombres, en que muchos se alejan de Cristo, en la tendencia a un secularismo sin Dios. Pero, ¿no deberíamos pensar también en lo que debe sufrir Cristo en su propia Iglesia? En cuántas veces se abusa del sacramento de su presencia, y en el vacío y maldad de corazón donde entra a menudo. ¡Cuántas veces celebramos sólo nosotros sin darnos cuenta de él! ¡Cuántas veces se deforma y se abusa de su Palabra! ¡Qué poca fe hay en muchas teorías, cuántas palabras vacías! ¡Cuánta suciedad en la Iglesia y entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a él! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia! ¡Qué poco respetamos el sacramento de la Reconciliación, en el cual él nos espera para levantarnos de nuestras caídas! También esto está presente en su pasión. La traición de los discípulos, la recepción indigna de su Cuerpo y de su Sangre, es ciertamente el mayor dolor del Redentor, el que le traspasa el corazón. No nos queda más que gritarle desde lo profundo del alma: Kyrie, eleison – Señor, sálvanos (cf Mt 8,25).

ORACIÓN


Señor, frecuentemente tu Iglesia nos parece una barca a punto de hundirse, que hace aguas por todas partes. Y también en tu campo vemos más cizaña que trigo. Nos abruman su atuendo y su rostro tan sucios. Pero los empañamos nosotros mismos. Nosotros quienes te traicionamos, no obstante los gestos ampulosos y las palabras altisonantes. Ten piedad de tu Iglesia: también en ella Adán, el hombre, cae una y otra vez. Al caer, quedamos en tierra y Satanás se alegra, porque espera que ya nunca podremos levantarnos; espera que tú, siendo arrastrado en la caída de tu Iglesia, quedes abatido para siempre. Pero tú te levantarás. Tú te has reincorporado, has resucitado y puedes levantarnos. Salva y santifica a tu Iglesia. Sálvanos y santifícanos a todos.


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Tomado de la novena meditación del Vía Crucis preparado por el Cardenal Joseph Ratzinger, por mandato del Sumo Pontífice Juan Pablo II, para el Viernes Santo del año 2005.

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1.04.10

Benedicto XVI: "Quien ama, está dispuesto a sufrir"

“En la Iglesia antigua, el óleo consagrado ha sido considerado, de modo particular, como signo de la presencia del Espíritu Santo que, a partir de Cristo, se comunica a nosotros. Él es el óleo de la alegría. Esta alegría es algo diferente de la diversión o de la alegría exterior que la sociedad moderna espera. La diversión, en su lugar correcto, es ciertamente algo bueno y agradable. Es bueno poder reír. Pero la diversión no es todo. Es sólo una pequeña parte de nuestra vida y donde quiere ser la totalidad se convierte en una máscara detrás de la cual se esconde la desesperación o, al menos, la duda sobre si la vida es realmente buena, o si no sería mejor no existir en lugar de existir. El gozo, que nos viene de Cristo, es diferente. Nos da alegría, sí, pero ciertamente puede ir junto al sufrimiento. Nos da la capacidad de sufrir y, en el sufrimiento, permanecer sin embargo íntimamente alegres. Nos da la capacidad de compartir el sufrimiento de otros y así hacer perceptible, en la disponibilidad recíproca, la luz y la bondad de Dios.


Siempre me hace reflexionar la narración de los Hechos de los Apóstoles según la cual los Apóstoles, después que el Sanedrín los había hecho flagelar, estaban «dichosos de haber sido considerados dignos de padecer por el nombre de Jesús» (Hechos 5, 41). Quien ama está dispuesto a sufrir por el amado y en razón de su amor, y precisamente de este modo experimenta una alegría más profunda. La alegría de los mártires era más fuerte que los tormentos a ellos infligidos. Esta alegría, finalmente, ha vencido y ha abierto a Cristo las puestas de la historia. Como sacerdotes, nosotros somos – como dice san Pablo – “colaboradores de vuestra alegría” (2 Cor 1, 24). En el fruto del olivo, en el óleo consagrado, nos toca la bondad del Creador, el amor del Redentor. Oremos para que su alegría nos invada cada vez más profundamente y pidamos ser capaces de llevarla nuevamente a un mundo que con tanta urgencia tiene necesidad de la alegría que brota de la verdad. Amén.”


Tomado de la homilía del Papa Benedicto XVI en la Misa Crismal, Jueves Santo 2010. Texto completo aquí.

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Fuente: Radio Vaticana


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

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¡Gracias, Santo Padre!