«Las cosas grandes llevan tiempo»: Mons. Varden reivindica la paciencia frente a la cultura de lo inmediato
Mons. Varden en tertulia del Colegio Mayor Belagua (UNAV) | © CM Belagua

«Un algoritmo no puede traspasar el corazón humano»

«Las cosas grandes llevan tiempo»: Mons. Varden reivindica la paciencia frente a la cultura de lo inmediato

Heridas que todos compartimos, comunidades que nacen de la oración y una fe que no se deja instrumentalizar, el Obispo de Trondheim ofrece un diagnóstico contracultural de la vida cristiana en la era digital.

(OSV/InfoCatólica) El Obispo Erik Varden, monje trapense y titular de la diócesis de Trondheim (Noruega), ha afirmado que no alberga «absolutamente ninguna esperanza» en la inteligencia artificial como instrumento de renovación espiritual. «Cualquier renovación espiritual digna de ese nombre es aquella que traspasa el corazón humano, y eso es algo que un algoritmo no puede hacer», ha declarado en una entrevista concedida a OSV News durante su visita al seminario de St. Mary's en Baltimore el pasado 7 de mayo.

Varden, que dirigió los Ejercicios Espirituales de Cuaresma en el Vaticano para el Papa León XIV y otros miembros de la Curia, abordó durante la conversación temas que van desde la identidad cultural nórdica hasta los peligros de instrumentalizar la fe cristiana, pasando por la centralidad de la paciencia, la herida como experiencia humana universal y las condiciones para que una comunidad parroquial sea auténtica.

Más allá del noir nórdico

Preguntado por la aparente ironía de que un obispo nórdico hable de esperanza en un contexto cultural asociado a la oscuridad del noir escandinavo, Varden respondió con humor: «Cuanto más al sur de Europa te desplazas, más extravagantes son las ideas que la gente tiene sobre el Norte, y más dan por supuesto que es una zona del mundo sumida en una oscuridad perpetua, donde todo el mundo se da a la bebida y a los excesos, y donde la gente no para de matarse a hachazos».

El obispo noruego atribuyó el éxito del género a una operación comercial consciente: «Sospecho que es un género que ha surgido precisamente porque unos cuantos autores astutos se han dado cuenta de que se corresponde con lo que la gente espera. Y alimentan el estereotipo porque vende». Frente a esa imagen construida, reivindicó la tradición literaria y musical de su país como «una celebración de la luz y de la primavera» marcada por la luminosidad extrema del verano noruego, una experiencia de «exposición a la luz sin rastro alguno de oscuridad» que forma parte del ritmo vital de sus compatriotas.

«No pretendo negar ni por un momento que los vikingos no fueran brutales, pero eso no era todo lo que eran», matizó. «Existe una identidad nórdica construida que abarca siglos».

La herida como norma humana

La reflexión sobre la esperanza llevó a Varden a abordar una tendencia que observa en la cultura contemporánea: la de aferrarse a las propias heridas o, en el extremo opuesto, ocultarlas a toda costa. Para el obispo, ambas reacciones nacen de la misma raíz: «Absolutizamos nuestra propia experiencia».

«Estamos inclinados a pensar: "Llevo encima esta carga, y esta es mi gran tragedia, y este es el drama de mi existencia". O bien: "Asegurémonos de que nadie sospeche de esta herida que cargo"», explicó. «Hacemos eso en lugar de mirar a nuestro alrededor y decir: "En realidad, estar herido es la norma humana. Y mi herida puede no ser tan distinta de la herida de mi prójimo"».

Según Varden, aprender a vivir con la propia herida, creer que puede ser sanada y buscar los remedios adecuados permite incluso superarla, de modo que «lo que permanecerá es un recuerdo de curación». El prelado advirtió de que «hay tanto a nuestro alrededor que nos anima a vivir encerrados en nosotros mismos, como si cada uno de nosotros fuera el único sujeto significativo del planeta Tierra», una actitud que bloquea «el motor de la compasión que hace posible la comunidad e incluso la comunión».

Una comunidad que nace de la oración compartida

Invitado a concretar cómo le gustaría ver crecer la vida comunitaria en sus parroquias, el obispo trapense se declaró «un poco escéptico con los grandes planes» y reconoció no ser «suficientemente emprendedor». En su lugar, relató una experiencia vivida en la parroquia de la catedral de Trondheim: una jornada de estudio a la que acudió «un grupo muy heterogéneo» de personas que no se conocían entre sí.

Tras una mañana de conferencias, Misa, Oficio Divino y oración silenciosa, la cena que cerró el día se convirtió en un encuentro espontáneo y desbordante. «La sala estaba absolutamente llena de conversaciones. Me quedé en un rincón y podía ver todos esos pequeños grupos de personas que se habían conocido ese día, disfrutando de la compañía mutua, compartiendo comida y bebida, escuchándose, aprendiendo unos de otros, y sin siquiera pensar en mirar sus teléfonos móviles», describió.

Para Varden, la clave residió en que la jornada combinó todos los ingredientes necesarios: «espiritual, intelectual, social y convivial». Cuando esos cuatro elementos están presentes, aseguró, la comunidad resultante tiene un atractivo que se proyecta más allá de sí misma y atrae a otros.

«Un algoritmo no puede traspasar el corazón»

Al ser preguntado directamente por las posibilidades de la inteligencia artificial para fomentar la espiritualidad, Varden fue categórico: «Me temo que, en términos de espiritualidad, no tengo absolutamente ninguna esperanza en la IA».

Reconoció que la tecnología digital puede ser útil como herramienta práctica, capaz de «ahorrar tiempo e incluso hacerme descubrir cosas útiles», pero trazó una línea clara entre utilidad funcional y capacidad transformadora: «Tengo poca fe en ella como agente de conversión». La renovación espiritual auténtica, insistió, requiere algo que ningún sistema artificial puede ofrecer: la capacidad de «traspasar el corazón humano».

Cristocentrismo frente a la instrumentalización de la fe

Varden abordó también los riesgos de utilizar el cristianismo como instrumento político o ideológico, una tendencia que dijo observar «por todas partes», incluido su propio país. «El Evangelio de Jesucristo es un fin en sí mismo», afirmó. «Cualquier intento de instrumentalizar el Evangelio para un propósito subsidiario, sea cultural, ideológico o político, es sospechoso».

El obispo fue especialmente incisivo al señalar que «debemos desconfiar de cualquier intento de blandir un cristianismo vaciado del mensaje y la presencia del Herido y Resucitado». «Cualquier presentación del cristianismo que abstraiga el escándalo de la Cruz, o que perversamente use la Cruz como un arma con la que golpear a otros, se está acercando a la herejía o incluso a la blasfemia», advirtió.

Frente a esas derivas, Varden apeló a la fidelidad al núcleo de la fe: «Debemos permanecer resueltamente cristocéntricos y resueltamente comprometidos a seguir a Cristo y a aplicar sus mandamientos, así como sus promesas, primero que nada a nosotros mismos». Y recordó que el cristianismo transformó el mundo antiguo no tanto por la predicación como por el testimonio: «Lo que dejó a la gente atónita y cambió las sociedades fue ver una nueva forma de ser humano, una nueva forma de crear y fomentar comunidad, la posibilidad de la reconciliación y el perdón».

«Hablar la verdad en el amor»

Para evitar la tentación de instrumentalizar la fe, Varden recurrió a San Pablo: «Entrenarnos para hablar la verdad en el amor». «Amar a quienes cometen errores no es fingir que los errores no existen, sino abordarlos de forma constructiva, en lugar de ceder a una exacerbación de los conflictos», explicó.

El obispo instó a los cristianos a estudiar la fe con mayor profundidad: «Lo mejor que todos podemos hacer es estudiar la fe más a fondo, leer las Escrituras, hacernos versados en las Escrituras, comprender y vivir profundamente la gracia sacramental de la Iglesia, para hablar desde dentro de ella». Cuando eso ocurre, aseguró, «el esplendor de la Iglesia como comunidad de los redimidos, que vive por la gracia e iluminada por el amor de Cristo» tiene una belleza que «hace que cualquier otro señuelo de lealtad palidezca hasta la insignificancia».

La paciencia, virtud contracultural

En la parte final de la entrevista, Varden subrayó la importancia de la paciencia como respuesta a la ilusión contemporánea de satisfacción inmediata: «Vivimos ahora con la ilusión de que, si tengo una necesidad o un deseo, debe ser satisfecho de inmediato. Tiene que haber algo que pueda descargar, o un número al que pueda llamar, o algún repartidor que venga a la puerta con cosas en su mochila que me den lo que ansío, o lo que anhelo, o lo que siento que no puedo vivir sin ello».

«Pero ese delirio es una ilusión», sentenció. Incluso cuando funciona en el plano material, mantener a las personas alimentadas, vestidas y hasta cierto punto entretenidas, no alcanza lo esencial: «Una vida humana es un asunto prolongado. Y las cosas llevan tiempo. Las cosas grandes llevan tiempo», concluyó, evocando un principio caro a San John Henry Newman.

 

7 comentarios

Marcelo Fernando Gerstner.
Tres cosas para comentar:
1. Ya lo dijo Santa Teresa de Jesús: "La paciencia todo lo alcanza" y "Quien a Dios tiene, nada le falta.
2. En cuanto a las EXTREVAGANTES IDEAS de UN CÉLEBRE INMIGRANTE en los EEUU, No comment. Por el momento.
3. Comparto la ADMIRACIÓN que tiene Monseñor Varden por la MÚSICA del GENIAL Gustav Mahler. Con respecto a ésto último, recuerdo una publicación en el blog. Duc In altum, en la que el Obispo Varden hablaba acerca de lo DETERMINANTE que fue para él la ESCUCHA de la 2da SINFONÍA DE MAHLER...
RESURRECCIÓN.
13/05/26 9:23 AM
anawim
Fantástico.
Completamente de acuerdo. Hoy en día nadie escucha a nadie. Nadie ve a nadie. Nadie se interesa por nadie. Estoy hablando dentro de las parroquias. Pasamos el día haciendo cálculos cabalísticos pensando cómo puedo hacer más apostolado, cómo puedo hacer más caridad, y te pregunto (caso real) ¿Te has fijado que Fulanita no ha estado ningún día en los santos Oficios de Semana Santa, y vive a 3 minutos andando de la parroquia, y como además vive en un bajo ni siquiera tiene que esperar el ascensor? Respuesta: estará en la ciudad X con su hijo. ¿Pero nadie le ha llamado?, ¿podría estar enferma, es mayor y vive sola, podría necesitar ayuda? Toda una parroquia de Misa diaria y Rosario diario en la parroquia, metidos en el grupo X, en el grupo Y, en el grupo Z, ... Cuánta actividad apostólica ¿verdad? Pero si a alguien le pasa algo no se entera nadie porque cada uno va a lo suyo. ¿Y para qué tienen tanta actividad? Respuesta: para ser santos. Pásmense, para ser santos, y resulta que una pobre mujer de casi 90 está en su casa con una ciática y hasta para ir al médico tiene que ir sola. Y de los párrocos había que decir lo mismo: "cuánta actividad apostólica, cuántos grupos de jóvenes, de esto, de lo otro, cuántas salidas a este sitio, al otro, vista aquí, visita allá... ¿Y tus feligreses? ¿Cuánto tiempo hace que no visitas a las personas que viven solas, a las más mayores? Por cierto, ¿sabes dónde viven? No claro, si ni siquiera sabes dónde viven ¿Cómo les vas a vis
13/05/26 11:36 AM
Padre Federico
Un grande.
13/05/26 12:13 PM
Maximiliano
La señal de la Santa Cruz es un gesto muy importante dentro de la tradición católica. Se realiza al trazar una cruz en el cuerpo, tocando la frente, el pecho, el hombro izquierdo y el hombro derecho. Es realizada por los fieles como una forma de invocar la protección y bendición de Dios. Se reconoce la Trinidad divina y se realiza un acto de adoración a Dios. Es de sobra conocido desde siempre el gran valor de la bendición de un Padre a sus Hijos e Hijas.

Tuve una experiencia personal reciente con ocasión de estar acompañando a un familiar en un Hospital. Me atragante totalmente al ingerir un alimento ( el atragantamiento puede ser mortal, porque interrumpe el suministro de oxígeno al cerebro, debiendo aplicarse inmediatamente la " maniobra de Heimlich" ). Estando dos enfermeras auxiliándome con dicha maniobra, hice la señal de Cruz y casi inmediatamente expulse el alimento. Es muy angustiante, y tengo fe en que la señal de la Cruz ayudo ( llevaba también el Escapulario).
13/05/26 1:42 PM
José María Iraburu
"La prisa es pecado", suelo decir cuando hay ocasión.
13/05/26 6:23 PM
Mariano
Paciencia,espera,no a las prisas,a lo inmediato.Que hermosas palabras,profundas.pero poco practicadas.E
Esta reflexión sobre el tiempo que llevan las grandes cosas es la clave para no dejarse arrastrar por el enloquecido mundo de hoy,ese que ha sido definido como líquido,lo de hoy ya no es útil para mañana,Gracias monseñor Varden
13/05/26 10:23 PM
Juan Mariner
Todo lo que no sea inteligencia "natural" es desechable para la espiritualidad. Las máquinas y los animales y vegetales no tienen alma, sólo el ser humano la posee.
14/05/26 5:37 PM

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