« María Santísima entrega voluntariamente su Hijo a la muerte redentoraConversión de San Pablo: «El Señor, lo que determina, lo hace» »

28.01.10

Santo Tomás de Aquino apóstol de la verdad ante los errores mentales que envuelven el mundo de hoy

A las 6:41 AM, por P. Petrus Paulus Mariae
Categorías : Homilías Schola Veritatis


Leo Moulin, un ateo declarado, les dirigía a los católicos estas advertencias: «Haced caso a este viejo incrédulo que sabe lo que dice: la obra maestra de la propaganda anticristiana es haber logrado crear en los cristianos, sobre todo en los católicos, una mala conciencia, infundiéndoles la inquietud, cuando no la vergüenza, por su propia historia. No ha habido problema, error o sufrimiento histórico que no se os haya imputado. En cambio, yo, agnóstico, pero también un historiador que trata de ser objetivo, os digo que debéis reaccionar en nombre de la verdad.» (cf. Vittorio Messori, Leyendas negras de la Iglesia, 17-18)

¿Oscurantismo medieval? Uno de esos blancos preferidos, acribillado por los disparos de una crítica corrosiva ha sido y es Santo Tomás de Aquino. Su pensamiento ha sido asociado al mal llamado «oscurantismo medieval» por obra del anticlericalismo creciente, originado en el mundo protestante, primero (siglos XVI), y en el seno de la Ilustración, después (siglo XVIII). En el Syllabus de 1864 Pío IX condenó una afirmación que decía que los métodos y principios de los antiguos doctores escolásticos no se adaptaban a las necesidades de nuestro tiempo y al progreso científico (Denzinger-Bannwart, 1713). Siguiendo el llamado del agnóstico Leo Moulin, es necesario hoy más que nunca restablecer la verdad en torno a este grandísimo doctor de la Iglesia, cuanto más porque el Magisterio de los últimos seis siglos viene proponiéndolo con insistencia como el único remedio a los graves problemas de la inteligencia que afectan a la Iglesia y al mundo en estos últimos tiempos de la historia.

Los dones de naturaleza y de gracia con que la Santa Trinidad se digno engalanar a este grandísimo santo son innumerables. Muchos biógrafos comentan que «era un niño listo, y había recibido un buen corazón» (Sabiduría, 8, 19). Desde el principio se manifestó su precocidad, talento y carácter pensativo, siempre por delante de su edad. Su formación en Montecassino, Nápoles, París y Colonia fue la mejor que el siglo XIII, la época cumbre de la Cristiandad medieval, podía ofrecer, siendo ese siglo la edad dorada de la educación. Santo Tomás poseía la bendición de una extraordinaria memoria y gran poder retentivo. El P. Daniel d’Agusta una vez le insistió para que dijera cuál consideraba la mayor gracia que había recibido exceptuando, naturalmente, la gracia santificante. El santo respondió: «haber entendido todo aquello que he leído». San Antonino declaró que «recordaba todo lo que leía y que su mente era como una enorme biblioteca». La relación de los textos bíblicos citados en la Summa Theologica llena ochenta columnas con letra pequeña, y muchos suponen, no sin razón, que se había aprendido de memoria la Biblia entera mientras estaba en la cárcel en el Castillo de San Giovanni.

Una declaración de Juan XXII decía que Santo Tomás realizó tantos milagros como artículos hay en la Summa. Incluso si esto no hubiera sido así, es indudable que en él tan asombrosos dones de naturaleza son insignificantes comparados con las altísimas gracias recibidas desde su infancia. En primer lugar, cabe mencionar la pureza de alma y cuerpo que como dice nuestro Señor contribuyen en gran medida a la claridad de la visión: «Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios». Mediante el don de la pureza, concedido milagrosamente en el episodio del cinturón místico, Dios hizo angélica la vida de Santo Tomás, por lo cual pasó a la posteridad con el nombre de «doctor angélico». Y sabemos que los ángeles ven intuitivamente a Dios. Destaca también su alto espíritu de piedad y oración. En la lectura del Oficio Divino correspondiente a su festividad, se dice que nunca empezaba a estudiar sin invocar la ayuda de Dios; y que cuando luchaba por entender oscuros pasajes bíblicos, añadía el ayuno a la oración. Declaró al P. Reinaldo –gran amigo de toda su vida y su primer biógrafo- que había aprendido más en oración y contemplación que de hombres y libros. Los mismos autores cuentan sobre ciertos misteriosos visitantes que le animaban e iluminaban. Se le apareció la Santísima Virgen para asegurarle que sus escritos eran aceptables ante Dios, y que se le concedería perseverar en su santa vocación. San Pedro y San Pablo vinieron a ayudarle a interpretar un difícil pasaje de Isaías. Cuando su humildad le hizo considerarse indigno del doctorado, Santo Domingo de Guzmán se le apareció para animarle y sugerirle el texto de su discurso de apertura.

Luz de la Iglesia. Mientras vivía y sobre todo desde su muerte se ganó un especial aprecio en las principales universidades de la cristiandad, donde brillaba como insigne doctor. Los doctores parisinos le llamaban Estrella del alba, Sol luminoso, Luz de la Iglesia entera. Esteban, Obispo de París, le llama «la gran luminaria de la Iglesia Católica, la joya del sacerdocio, la flor de los doctores, el lustroso espejo de la Universidad de París». En la antigua Universidad de Lovaina, los doctores tenían que descubrirse e inclinarse cuando pronunciaban el nombre de Santo Tomás. Habiendo llevado a cabo su gran edificio arquitectónico en el mundo del pensamiento con un rigor, una pureza, una honradez intelectual y un sentido de lo real verdaderamente excepcionales, Santo Tomás iluminó y situó armónicamente todos los aspectos decisivos de las realidades humanas y cristianas. Con ello constituía una especie de reserva o de tesoro para los siglos: siempre se puede recurrir a él para ver claro y estructurar el propio pensamiento de acuerdo a lo que las cosas son en realidad. Con razón se le ha comparado a un mar inmenso y tranquilo adonde afluyen las aguas de todos los continentes. Deja irse al fondo todas las impurezas arrastradas, y en sus aguas sosegadas se transparenta como en un espejo límpido el azul de los cielos y el rumbo de los astros.

Jacques Maritain pone de relieve que: «el mal que sufren los tiempos modernos es ante todo un mal de la inteligencia; comenzó por la inteligencia y ahora ha llegado hasta las más profundas raíces de la inteligencia. ¿Por qué admirarnos si el mundo aparece como envuelto por las tinieblas? Si oculus tuus fuerit nequam, totum corpus tuum tenebrosum erit. Si esto es válido “materialiter” para el ojo, ¿cuánto más para la razón humana?» (Conferencia del 20-10-1923). Se trata aquí de la enfermedad anunciada por San Pablo para los tiempos futuros. Se lee, en efecto, en la Epístola segunda a Timoteo: «Vendrá un tiempo en que no sufrirán la sana doctrina; antes, por el prurito de oír, se amontonarán maestros conforme a sus pasiones y apartarán los oídos de la verdad para volverlos a las fábulas» (II Tim, 4, 3). Es fácil constatar que en los tiempos presentes deambulamos en una tenebrosa oscuridad que nosotros mismos hemos conquistado durante un proceso de siglos. La pérdida de la luz de la fe y los errores mentales que envuelven por entero el mundo de hoy conducen a nuestro mundo post-cristiano a la apostasía sociológica y cultural en que estamos. Frente a esto, los Papas no se han cansado de repetir que la doctrina ordenada por Santo Tomás reúne todas las propiedades para hacer frente a esta oleada avasalladora de la apostasía de la verdad y del error. Ésta tiene el mérito de no ser la doctrina de un solo hombre, sino una majestuosa síntesis del trabajo de los Padres de la Iglesia, especialmente del genio superior de San Agustín, de los grandes pensadores griegos y árabes y de los inspirados de Israel.

Amor a la verdad. Convencido profundamente de que «omne verum a quocumque dicatur a Spiritu Sancto est», santo Tomás amó de manera desinteresada la verdad. Y puesto que la verdad es el bien de la inteligencia, nadie como él puede salvar al hombre moderno de las tinieblas que cubren su entendimiento. El Magisterio de la Iglesia ha visto y apreciado en él la pasión por la verdad; su pensamiento, al mantenerse siempre en el horizonte de la verdad, alcanzó «cotas que la inteligencia humana jamás podría haber pensado». Con razón, pues, se le puede llamar «apóstol de la verdad». Precisamente porque la buscaba sin reservas, supo reconocer en su realismo el primado de la verdad. Como dice Juan Pablo II en la Fides et ratio, su filosofía es verdaderamente la filosofía del ser y no del simple parecer. Por su absoluta apertura, el pensamiento tomista está intrínsecamente orientado hacia la entidad o realidad, la unidad, la verdad y el bien. A este respecto afirmaba Gilson una frase digna de ser meditada y asumida: «la felicidad del tomismo es la alegría de la libertad, que se siente al acoger toda verdad venga de donde venga».

En su lecho de su muerte, cuando le traían el viático, Santo Tomás dijo estas palabras que dejan entrever algo de aquella grandeza de espíritu que animó su vida, en el amor obediente a la verdad y la santa Iglesia de Cristo: «Te recibo, precio de la redención de mi alma, te recibo, viático de mi peregrinación, por cuyo amor he estudiado, velado y trabajado; te he predicado y enseñado. Jamás he dicho nada contra ti, pero si acaso lo hubiera dicho, ha sido de buena fe y no sigo obstinado en mi opinión. Si algo menos recto he dicho sobre éste y los demás sacramentos, lo confío completamente a la corrección de la Santa Iglesia romana, en cuya obediencia salgo ahora de esta vida». Pidámosle a la Virgen María, Madre de la Verdad, que infunda en nuestras mentes tal amor por la verdad que nos hace libres. Amén.

P. Petrus Paulus Mariae Silva

 

www.scholaveritatis.org

http://petruspaulus.wordpress.com

 

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16 comentarios

Comentario de Miguel Serrano Cabeza
Impresionante testimonio de santidad: fe, oración, mortificación; humildad, honradez, trabajo; fidelidad en todo a la Iglesia, el Magisterio y el Papa.

ADVENIAT REGNVM TVVM.
28/01/10 9:32 AM
Comentario de Camino Iriarte
Amor desinteresado por la Verdad y servicio a ella según el don recibido de Dios nuestro Señor. Que el Señor le bendiga y a Schola Veritatis en este día de Santo Tomás de Aquino, pater.
28/01/10 9:45 AM
Comentario de antonio grande
Si examinamos los escritos de los Santos y sus opiniones todas estàn concordes con la filosofìa de Santo Tomàs de Aquino. Este Santo nos da un estilo de pensar en el que se clavan todas las verdades posteriores que se encuentran a lo largo de los siglos. Es como el esqueleto del pensamiento cristiano. Y si falta el pensamiento tomista enseguida viene el error en teologìa. Ademàs es un autor que produce sanidad mental en sus lectores, alegrìa, paz, ganas de vivir y trabajar. Es una maravilla, una delicia, su obra.
28/01/10 9:51 AM
Comentario de perenolasc
Uno de los problemas que tenemos muchos cuando oimos hablar de Santo Tomás de Aquino es que tememos no entenderlo. Pensamos que Sto. Tomás tendrá mucha razón, pero de ahí a que un simple cristiano pueda entenderlo-pensamos- es como tomar los escritos de Einstein y querer entenderlo.
Este temor es muy exagerado. Yo propondría a los que les sucede y quieran saber algo más de Sto. Tomás la lectura del libro "Santo Tomás de Aquino" de Chesterton.
Ese libro ha sido para mí la puerta para entrar, aunque sea sólo un poco, en la vida y la obra de este gran santo. Lo recomiendo calurosamente.
28/01/10 10:31 AM
Comentario de Joaquín Simó Caballer
Extraordinario artículo formativo, muy claro y concreto. Es una síntesis magistral que abre el apetito espiritual por la Verdad Absoluta, aquella cuya depositaria y maestra es la Iglesia Católica, aquella cuya madre es la Virgen de la Verdad.
Dijo Juan Pablo II en la carta apostólica Rosarium Virginis Mariae(nº30): El «duc in altum» de la Iglesia en el tercer Milenio se basa en la capacidad de los cristianos de alcanzar «en toda su riqueza la plena inteligencia y perfecto conocimiento del Misterio de Dios, en el cual están ocultos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia» (Col 2, 2-3).
Son palabras del Papa que me dan mucho que pensar. ¿Acaso tiene reservado algo especial Dios para estos tiempos, que por alguna intervención misericordiosa venida de lo Alto (Rosarium V.M. nº40) serán iluminadas nuestras conciencias para contrición del Mundo Entero?
Que la Reina de los Ángeles, la Estrella del Mar nos ilumine en esta noche de los tiempos.
Cristo nació de noche.
No tengamos miedo.
28/01/10 11:16 AM
Comentario de Isaac García Expósito
Padre, estando en todo de acuerdo, me gustaría aportar un matiz y una anotación.

La anotación es la visión sobrenatural que tuvo el Santo antes de morir, que le llevó a dejar de escribir.

El matiz es que - no sé si usted tendrá la misma sensación -, el pensamiento moderno y postmoderno no se enfrenta con Santo Tomás. Lo obvian. Lo orillan. Tratan con Aristóteles, sin embargo con Santo Tomás, no.

Personalmente me resulta este dato tremendamente curioso.
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Isaac, es cosa que Ud. vea en las facultades de filosofía y teología de las mismas universidades católicas, cuando no en los Seminarios. No se siguen las indicaciones de Gravissimum educationis y de Optatam totius respecto de Santo Tomás y se enseñan otras corrientes filosóficas muchas veces incompatibles con el dato revelado. Al menos yo conozco poquísimos seminarios que sigan estas indicaciones conciliares y Universidades ninguna.En cuanto a los pensadores modernos, lo dan por totalmente superado, a tal punto que ni lo mencionan.
28/01/10 12:57 PM
Comentario de Eduardo Jariod
Gracias, Padre, por este excelente artículo.

Podría parecer que su retrato del Santo es excesivo, y, sin embargo, no sólo no lo es, sino que probablemente se ha quedado corto. La grandeza moral, intelectual, espiritual y humana de Santo Tomás de Aquino es sencillamente indescriptible.

Yo soy apenas un "aficionado" a su obra, que me he acercado a ella, al principio, de la mano de grandes estudiosos de la misma, fundamentalmente de Gilson. Incluso cuando lo hago por esta vía indirecta, el placer que siento es extraordinario. Es una vivencia como la de quien siente que ha encontrado lo que buscaba después de una ardua y prolongada pesquisa.

Con Santo Tomás de Aquino ocurre que se está en la verdad. Nadie ha dignificado al hombre tanto, ni ha dado medida de sí más alta de él como el Aquinate. Toda su inmensa obra (inmensa en todos los sentidos del término, por extensa, profunda y trascendente) es el más bello homenaje, mejor, el más bello canto del despliegue en plenitud de la razón humana cuando se acoge a las leyes del amor de Dios. Cuando se percibe esto, aunque sea imperfectamente, dado que no contamos con la abundancia de las gracias que el Señor tuvo a bien regalarle, es imposible no amarlo como ama un hijo al padre que le explica y le enseña el camino para vivir.

Que Dios bendiga siempre su alma y nosotros su memoria.
28/01/10 5:57 PM
Comentario de Xristoforos Theotokou
Siempre he sentido una gran veneración por el Doctor Angélico, ojalá hubiera más teólogos que siguieran su ejemplo hoy en día, teólogos amantes de la Verdad como lo fue santo Tomás de Aquino. Sin duda, fue un gran regalo de Dios a su Iglesia, un maestro incuestionable para el estudio de la Teología que aunó perfectamente sabiduría y santidad.



Oh Dios, que hiciste de santo Tomás de Aquino un varón preclaro por su anhelo de santidad y por su dedicación a las ciencias sagradas; concédenos entender lo que él enseñó e imitar el ejemplo que nos dejó con su vida.
29/01/10 12:00 AM
Comentario de Isaac García Expósito
Padre, ¿y no cree usted que, más que pensar que Santo Tomás está superado, lo que sucede es que no pueden/saben como contradecirlo? La filosofía tomista es tremendamente problemática para la modernidad - postmodernidad. Así que, antes que discutirlo, lo obvian.
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Puede ser. Hay una Encíclica de su S.S. Pío XII muy importante e igualmente sepultada que vale la pena desenterrarla donde se trata este tema. Es la Humani generis. Aconsejo una leída que será de luz grande para quien la lea.
29/01/10 8:20 AM
«Haced caso a este viejo incrédulo que sabe lo que dice: la obra maestra de la propaganda anticristiana es haber logrado crear en los cristianos, sobre todo en los católicos, una mala conciencia, infundiéndoles la inquietud, cuando no la vergüenza, por su propia historia. No ha habido problema, error o sufrimiento histórico que no se os haya imputado. En cambio, yo, agnóstico, pero también un historiador que trata de ser objetivo, os digo que debéis reaccionar en nombre de la verdad.» (cf. Vittorio Messori, Leyendas negras de la Iglesia, 17-18)
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Esto mismo vale para la Historia de España. Españolito que viene al mundo todo lo que se le enseña es que nunca jamás nuestros antepasados hicieron nada digno de orgullo, y que todo fue malo.

Es Satanás, que sabe bien que el primer paso para destrozar a una persona es arrebatarle su autoestima. Así, sin identidad propia, sin la identidad que Dios le ha concedido a través de su cultura e Historia, quedará al vaivén de los Hijos de las Tinieblas para destrozarle del todo.

Por eso la batalla cultural -franquismo incluido- es tan importante, por eso recordar y alabar todas las grandes gestas es imoportante y no un mero acto de patrioterismo anticuado. Es una cuestión de identidad y de dignidad.
29/01/10 11:22 AM
Comentario de Ricardo de Argentina
Frente a esto, los Papas no se han cansado de repetir que la doctrina ordenada por Santo Tomás reúne todas las propiedades para hacer frente a esta oleada avasalladora de la apostasía de la verdad y del error.
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Padre, teniendo en cuenta esto que Ud. bien dice, y las advertencias de San Pablo sobre el tiempo en que no se soportará la sana doctrina, entiendo que no tiene nada de extraño, es más, aparece como lógico y necesario, que los maestros de error que por misteriosa permisión de Dios dominan los claustros universitarios, esquiven con prolijidad la obra del Aquinate.

El P. Cornelio Fabro, italiano que vivió en el siglo pasado y fue recibido en audiencia privada por Paulo VI, tuvo la gracia de leer y entender por completo a Santo Tomás. Esto le sirvió para emprender un trabajo intelectual monumental, que ha consistido en desmantelar el tenebroso tinglado de sofismas armado por los pensadores de la modernidad, especialmente su cumbre, el idealismo hegeliano, a través de sus numerosos libros, conferencias y obras inéditas.
Del mismo modo que con el Aquinate, su obra magnífica fue sepultada por un espeso manto de olvido, aún en vida del Padre. Pero un conjunto de almas piadosas y apostólicas han acometido lo que se ha dado en llamar el "Proyecto Fabro", que se propone reeditar las obras completas de este insigne sacerdote, que ya lo ha conseguido en buena parte, en italiano, aunque este año ya aparecerá la primera obra traducida al castellano.

Para más datos:
http://www.zenit.org/article-23463?l=spanish
29/01/10 9:39 PM
El teólogo progre te soltará inmediatamente la frase "eso está superado" como una sentencia que quiere convertir en realidad por su propia proclamación.

Toda esta generación de teólogos vedette NECESITAN que Sto. Tomás, y otros, estén "superados" para poder ser ellos las estrellas del lugar. Es todo vanidad intelectual y académica.

Si Sto. Tomás sigue en el escenerario, ellos no llegan ni a figurantes, por lo tanto hay que expulsarlo.

Pasa lo mismo con los grandes santos, a quienes "quitan" de enmedio por lo pronto quitándoles el "San" primero, mundanizándolos despues y por último torciendo sus biografías hasta inventarse unos "santos históricos" tan falsos como los "Jesús históricos" con que nos marean a cada nueva temporada de la moda primavera-verano de la teología vedette.

Pobrecitos, tienen una losa encima que no conseguirán quitarse jamás de encima. A esos Santos Dios les agració con inteligencia y santidad y a estos con necedada, vanidad y vacuidad. Así lo ha querido el buen Dios, "para que viendo no vean, no sea que se conviertan" los muy soberbios.
30/01/10 10:50 AM
Comentario de antonio grande
Mientras haya curas que no lean y sepan la filosofìa tomista tendremos constantemente en la Iglesia los enemigos filtrados, osea los actùan desde adentro. Porque nos e puede saber teologìa si no se sabe filosofìa. La filosofìa es el soporte de la teologìa. Todos los teòlogos que se equivocan en esta ciencia es porque antes se han equivocado en la filosofìa que han empleado. Y es que hasta para ser bueno hay que estudiar a Santo Tomàs y leer a Santa Teresa de Jesùs, por lo menos.
01/02/10 11:35 AM
Tanto Tomás como Alberto Magno son unos magníficos pensadores deudos de los españoles Averroes, Maimónides, .... a través de los que conocieron a los clásicos griegos Aristóteles..,
No se lo que hubiera sido la Iglesia sin sus aportaciones. No me lo imagino.
01/02/10 2:20 PM
Comentario de José J. Escandell
Llego un poco tarde, pero no dejo de sumarme a este texto del P. Pedro Pablo.

¿Y si leyéramos a Santo Tomás?
02/02/10 9:22 PM
Comentario de solodoctrina
Santo Tomás de Aquino es un santo, pero no de mi devoción.
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Respondo con todo respeto: ese es un problema suyo, no de Dios ni de Santo Tomás a quien el propio Señor Nuestro Jesucristo le dijo: "bien escribiste de mí Tomás".
22/02/10 6:45 PM

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P. Pedro Pablo

P. Pedro Pablo

(Santiago de Chile, 1959-). Se formó en una familia profundamente arraigada en la tradición católica de Chile y ligada al campo. Hizo sus estudios de Agronomía en la Universidad Católica de Chile, Santiago. Ingresó en el Monasterio Benedictino de San Benito de Llíu-Llíu, Limache, el 24 de septiembre de 1983. Hizo sus estudios sacerdotales en el Seminario de Lo Vásquez bajo la guía de Santo Tomás de Aquino. Hizo una experiencia vocacional en la Cartuja de Nª Sª Medianera desde 1990-1996. Se reintegró a la Abadía benedictina de la Santísima Trinidad de Las Condes, Santiago, a su vuelta. Estudió filosofía en la Universidad de Los Andes. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Jorge Medina Estévez el 29 de junio de 2005. Fundó en 2008 la Asociación Privada de Fieles Schola Veritatis en la diócesis de Tarazona, España.

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