1.07.15

El carácter patógeno de la cultura contemporánea II

Depresión infantil

 

Según lo prometido, continuamos con la reproducción de la segunda parte del artículo: “El caracter patógeno de la cultura contemporánea” del profesor Martín Echavarría. 

Martín F. Echavarría es Doctor en Filosofía (Ateneo Pontificio Regina Apostolorum, Roma, 2004); Licenciado en Filosofía (UCA, Buenos Aires, 1999); Licenciado en Psicología (UCA, Buenos Aires, 1997); Director del Departamento de Psicología de la Universitat Abat Oliba CEU (Barcelona). Autor de los libros: La praxis de la psicología y sus niveles epistemológicos según Santo Tomás de Aquino; De Aristóteles a Freud: Historia filosófica de la psicología;yCorrientes de psicología contemporánea.

Aquí va, entonces, la continuación del artículo (los destacados en negrita y cursiva son nuestros):

Leer más... »

23.06.15

El caracter patógeno de la cultura contemporánea I

Depresión

En el presente post, queremos compartir con nuestros lectores un muy buen artículo de Martín Federico Echavarría sobre El carácter patógeno de la cultura contemporánea. Martín F. Echavarría es Doctor en Filosofía (Ateneo Pontificio Regina Apostolorum, Roma, 2004); Licenciado en Filosofía (UCA, Buenos Aires, 1999); Licenciado en Psicología (UCA, Buenos Aires, 1997); Director del Departamento de Psicología de la Universitat Abat Oliba CEU (Barcelona). Autor de los libros: La praxis de la psicología y sus niveles epistemológicos según Santo Tomás de Aquino; De Aristóteles a Freud: Historia filosófica de la psicología;yCorrientes de psicología contemporánea.

Para facilitar la lectura, hemos querido dividir este artículo en 3 post que serán consecutivos. Los destacados en negrita y cursiva son nuestros.

Leer más... »

11.06.15

Corazón de Jesús, único refugio en medio de las turbaciones y angustias de la vida presente

Corazón de Jesús

En el presente post deseamos ofrecer para la oración contemplativa de nuestros queridos lectores dos maravillosos textos monásticos relativos al gran misterio que mañana celebra la Iglesia, el Sagrado Corazón de Nuestro Redentor.

El primer de los textos es de Lanspergio (Juan Gerecht), el cual nació en Landsberg, Alta Baviera, en 1489/90. Entró en la Cartuja de Colonia hacia 1508, donde fue gran maestro espiritual, escribió obras de espiritualidad como el Enchiridion christianae militiae y el Speculum christianae perfectionis así como algunos opúsculos apologéticos en alemán en contra de Martín Lutero. Es uno de los pocos autores alabados por la Orden Cartujana por su amplia actividad literaria. Murió en el año 1539.

El segundo texto es de Guillermo de Saint-Thierry, quien nació entre 1075 y 1080 en Lieja (Bélgica). Hacia 1120 conoce personalmente a Bernardo de Claraval, el cual deja en él una profunda huella. Elegido abad de Saint-Thierry en 1121, trabajó denodadamente en la renovación de los monjes benedictinos. Los pobres resultados influyeron en la renuncia al cargo en 1135 y en su decisión de hacerse monje cisterciense de Signy. Allí se dedicará a la contemplación y a la escritura. Murió el año 1148. Entre sus numerosas obras, destacan: Sobre la contemplación de Dios; Sobre la naturaleza y dignidad del amor; Sobre el sacramento del altar; Comentario de la Carta a los romanos; Sobre la naturaleza del cuerpo y del alma; El espejo de la fe; y sobre todo su influyente Carta a los hermanos de Monte Dei, así como una inacabada Vida de Bernardo.

Leer más... »

4.06.15

¿Quién comprende el misterio que encierra una comunión sacramental?

En este día del Corpus Christi, ofrecemos para la meditación de nuestros lectores un texto seleccionado de las obras del beato Dom Columba Marmion (1858-1923), quien fue monje, sacerdote y tercer abad de la Abadía de Maredsous. Gran maestro espiritual y autor de obras de notable influencia como fueron “Jesucristo, vida del alma”, “Jesucristo ideal del sacerdote”, “Jesucristo ideal del monje” y “Jesucristo en sus misterios”, de la cual tomamos el texto de este post (la traducción directa del original francés es nuestra, así como las negritas y cursivas). Dom Columba fue beatificado el año 2000 por el Papa Juan Pablo II.

A modo de brevísima introducción, vale la pena considerar este aspecto a menudo olvidado que señala dom Columba: el hecho de que recibiendo la comunión sacramental, nosotros aceptamos, por decirlo de este modo, que Cristo imprima y reproduzca en nosotros sus misterios, misterios que como sabemos son de gozo, de cruz y de gloria. La humillación de su anonadamiento, su ocultamiento, su martirio por la verdad, su obediencia al Padre, su caridad inmolada hacia los hombres, su muerte ignominiosa tras un juicio humano falso e injusto, su resurrección de entre los muertos, su eterna gloria… todo aquello deviene la impronta bendita de su vida en nosotros. 

Leer más... »

29.05.15

La construcción de un mundo al margen de la Santa Trinidad

Homilía en la Solemnidad de la Santísima Trinidad

Gloria y honor a Dios Padre, al Hijo y al Espíritu Paráclito, por todos los siglos

Misterio central de nuestra fe. Celebramos hoy, con ale­gría, el misterio de la Santísima Trinidad, que el Catecismo de la Iglesia Católica llama: «misterio central de la fe y de la vida cristiana». El mismo Catecismo nos enseña que el misterio trinitario «es el misterio de Dios en sí mismo. Es, pues, la fuente de todos los otros misterios de la fe; es la luz que los ilumina» (n.234).

Formación del dogma trinitario. La Iglesia de los primeros siglos centró su atención teológica en los misterios centra­les de nuestra fe. La predicación de los Padres de la Iglesia trata continuamente del formidable misterio trinitario, de la divinidad de Jesucristo y del Espíritu Santo. En los siete pri­meros Concilios se contiene el patrimonio dogmático fun­damental de la Iglesia Católica Romana. Frente a los errores heréticos que iban apareciendo —que eran muy graves—, la Iglesia procuró expresar con absoluta fidelidad la fe en la cual creía desde los primeros tiempos, en fórmulas breves, concisas y exactas. El Concilio de Nicea, celebrado el año 325, definió contra los arrianos, que negaban la divinidad del Verbo, que Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, es «Dios verdadero, y consubstancial al Padre» (Cf Dz 54), es decir, de la misma naturaleza que el Padre. En otras pa­labras, la Persona de Jesús de Nazaret es el Verbo de Dios, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, eternamente engendrada por el Padre, y de su misma naturaleza. Medio siglo después, en el Concilio Primero de Constantinopla, del año 381, se definió la divinidad del Espíritu Santo contra los macedonianos que no la aceptaban. De este Concilio, que asume la doctrina del anterior, proviene el Credo niceno-constantinopolitano que rezamos cada domingo, en el cual tenemos ya claramente estructurado el misterio trinitario. Así, la Iglesia muy joven aun en su historia, pudo expresar de manera infalible su fe en la Trinidad para salvaguardar la vida espiritual y la salvación de sus hijos.

Leer más... »