29.02.16

Cristo salva siempre, y en Cuaresma más

San Bsilio el Grande

Algunos cristianos en Cuaresma procuran convertirse, salir de sus pecados y mediocridades, y adelantar por el camino evangélico de la santidad. Unos lo consiguen más, otros menos. Pero la gran mayoría ni se entera de que está en Cuaresma, y no intentan convertirse. Éstos ciertamente no se convierten.

Para superar esta falta de fe y de esperanza la Liturgia de las Horas nos trae hoy, III lunes de Cuaresma, una preciosa lectura de

San Basilio el Grande (330-379), nacido en Cesarea de Capadocia, en el Asia Menor (actual Turquía), Obispo de su ciudad natal, fundador principal de los monjes orientales y Doctor de la Iglesia. En ella canta la gloria de Dios, la debilidad del hombre herido por el pecado, y la fuerza poderosísima de la gracia de Cristo para sanarlo.

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23.02.16

Tener misericordia de la Iglesia en este año de la misericordia

Desde la época de la Cristiandad medieval o quizá antes , el día en que se lee el Evangelio del Anuncio del Arcángel Gabriel a María Santísima, durante el Adviento, es tradición que el Padre Abad da a sus monjes un Sermón Capitular llamado “Super Missus est". El que ahora presentamos es de un Padre Abad benedictino de un Monasterio europeo de clara orientación contemplativa. Él nos ha permitido de buen grado reproducirlo en nuestro blog, pero que ha querido mantener el anonimato.

En este post publicamos la segunda parte de este sermón, del cual la primera parte ya fue publicada dos post atrás bajo el nombre: “La misericordia de Dios en la donación del acto de ser en la creación”.

La traducción, los destacados en negrita y cursiva son nuestros.


Pero nosotros, con esta alusión a la humildad, vamos más allá de la obra de la creación como solo manifestación de la misericordia divina . Y los dos personajes que miramos a través de la página del Evangelio de la Anunciación –María y el ángel- tienen clara consciencia de estar comprometidos en una obra más grande aún de la Divina Misericordia: la obra de la salvación del mundo. Es una superabundancia de la misericordia en relación a su derramamiento en la creación. Se está en el mirabilius reformasti, se está en el sexto mes después de la concepción milagrosa del Precursor, y en la continuación del sexto día, la creación del hombre. Es el Hombre Nuevo que pide ser recibido sobre la tierra; es Dios mismo que solicita el consentimiento de la humanidad, que se somete a su aceptación para volver a la tierra de donde había sido expulsado por la insumisión del hombre. ¡Abismo de misericordia! Ante este espectáculo cantan nuestros corazones las más bellas fórmulas del Exsultet: “O mira circa nos tuae pietatis dignatio! O inaestimabilis dilectio caritatis!”. ¡Oh, maravillosa condescendencia de vuestra bondad para nosotros; oh, inestimable dilección de amor! Y se desea adjuntar en este año jubilar, para recalcar el carácter misericordioso de esta divina condescendencia : O interminabilis altitudo misericordiae Trinitatis! ¡Oh, profundidad sin límites de la misericordia de la Trinidad!… Si nosotros nos diéramos el tiempo de permanecer algunos instantes delante de esta escena de la Anunciación, pensando seriamente en lo que está en trance de suceder: el cielo, representado por un ángel, esperando el consentimiento de la humanidad para arrancarla de la condenación, ¡qué divina locura! nosotros no podríamos sino extasiarnos delante de esta obra de la misericordia divina. Cuando un niño se está ahogando, no se le pide su consejo: se le arranca de la corriente que le lleva. Pero justamente la obra de la misericordia es más grande aún, más admirable, más respetuosa de la dignidad de los náufragos, de los salvados, si ella les deja una parte en la realización de su salvación. O altitudo divitiarum sapientiae et scientiae Dei! La petición a la Virgen y su consentimiento, son, en el interior mismo de la obra inenarrable de misericordia, que es la Encarnación redentora, un suplemento de manifestación de la divina misericordia.

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12.02.16

La oración en Cuaresma

Jesús en el desierto

 Ya el Miércoles de Ceniza la Iglesia nos introdujo en el tiempo cuaresmal, tiempo de gracia y de conversión, con la enseñanza evangélica de Jesús sobre la oración, el ayuno y la limosna (Mt 6,1-6,16-18): la tríada sagrada que más fomenta nuestra conversión penitencial. La oración nos vuelve a Dios, el ayuno nos libera de una excesiva cautividad del mundo, la limosna nos vuelve más al prójimo. Es como un triángulo equilátero, en el que cada lado sostiene a los otros dos: es la oración la que nos da capacidad de ayuno, pero el ayuno del mundo posibilita la oración, y la vuelta a Dios nos vuelve al prójimo. Las tres santas acciones son potencian mutuamente.

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3.02.16

La misericordia de Dios en la donación del acto de ser en la creación

La creación de Adán, Miguel Ángel (+1564)

Desde la época de la Cristiandad medieval o quizá antes, el día en que se lee el Evangelio del Anuncio del Arcángel Gabriel a María Santísima, durante el Adviento, es tradición que el Padre Abad da a sus monjes un Sermón Capitular llamado “Super Missus est". El que ahora presentamos es de un Padre Abad benedictino de un Monasterio europeo de clara orientación contemplativa. Él nos ha permitido de buen grado reproducirlo en nuestro blog, pero que ha querido mantener el anonimato.

Dividiremos el Sermón en dos publicaciones con títulos diferentes, tanto por su extensión como por sus temáticas aunque ambas constituyen una síntesis maravillosa.

El primer post se titula La misericordia de Dios en la donación del acto de ser en la creación; y el segundo se llamará Tener misericordia de la Iglesia en este Año de la Misericordia.

La traducción, los destacados en negrita y cursiva son nuestros.


Mis muy queridos hijos:

Pues que todas las obras de Dios proceden de su Misericordia, como Santo Tomás lo ha afirmado en un texto que nos ha sido recientemente recordado (cf. S. Th. I-II, q. 21), nos será fácil colocar nuestra meditación anual del Evangelio de la Anunciación a la luz de la misericordia, en este año, en el cual jubilosos meditamos este gran atributo divino, tratando de hacerlo nuestro: “sed misericordiosos como vuestro Padre celestial es misericordioso“.

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15.01.16

La autoridad de los padres en la educación de los hijos

Con la expresa autorización de Dom Louis-Marie, Abad de Le Barroux (Abadía fundada por Dom Gerard Calvet en Provence, Francia), reproducimos para nuestros lectores la editorial aparecida en su última Carta trimestral a los amigos del Monasterio.


La Autoridad del Jefe de Familia

La elección de la escuela es una fuente de angustia para algunos padres, prestos a hacer grandes sacrificios a fin de donar una buena educación a sus hijos. Pero, ¡Atención! La escuela no lo hace todo. Al contrario, los padres son los primeros educadores de las almas que Dios les ha confiado muy especialmente. Lo principal de la educación se hace en el hogar. Permítanme, entonces, darles algunos consejos pedagógicos de base, sacados del capítulo de la Regla de San Benito sobre el abad, consejos de buen sentido sobre la autoridad de los padres. La autoridad de los padres, del padre y de la madre, es absolutamente necesaria para lograr una buena educación.

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