InfoCatólica / Schola Veritatis / Categoría: Moral

15.01.16

La autoridad de los padres en la educación de los hijos

Con la expresa autorización de Dom Louis-Marie, Abad de Le Barroux (Abadía fundada por Dom Gerard Calvet en Provence, Francia), reproducimos para nuestros lectores la editorial aparecida en su última Carta trimestral a los amigos del Monasterio.


La Autoridad del Jefe de Familia

La elección de la escuela es una fuente de angustia para algunos padres, prestos a hacer grandes sacrificios a fin de donar una buena educación a sus hijos. Pero, ¡Atención! La escuela no lo hace todo. Al contrario, los padres son los primeros educadores de las almas que Dios les ha confiado muy especialmente. Lo principal de la educación se hace en el hogar. Permítanme, entonces, darles algunos consejos pedagógicos de base, sacados del capítulo de la Regla de San Benito sobre el abad, consejos de buen sentido sobre la autoridad de los padres. La autoridad de los padres, del padre y de la madre, es absolutamente necesaria para lograr una buena educación.

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16.10.14

El Corazón de Jesús y la indisolubilidad del matrimonio

«Es de todos conocido el infernal encarnizamiento con que escritores y enemigos de Dios y de la sociedad trabajan por socavar el edificio social, destruyendo la indisolubilidad del Matrimonio.

 Con una fuerza de lógica que nos parece irresistible, se apoyan en la imposibilidad del hombre, dejado a sí mismo, de cumplir las obligaciones de un estado que pide una constancia de voluntad y un imperio sobre las pasiones superior a las fuerzas ordinarias de la naturaleza. Imposible refutar con éxito tal argumento, si se rechazan las enseñanzas de Jesucristo y se sustrae el Matrimonio al influjo sobrenatural de la gracia. Demostrar que la indisolubilidad del Matrimonio es una institución necesaria para la conservación de la familia y el verdadero progreso de la sociedad, es fácil; pero esto no prueba que esté, en manos del hombre dejado a sí mismo, hacerlo. ¡Cuántas cosas necesarias no puede el hombre conseguir y conservar con sus propias fuerzas!

 Estamos, pues, en presencia de uno de esos enigmas sociales cuya única solución está en el Corazón de Jesús; solución sublime y consoladora en teoría y realizable en la práctica, como la constante experiencia de diecinueve siglos lo ha ido demostrando. Lo que el corazón humano no puede encontrar en sí, la entrega perfecta a otro, la abnegación, la fidelidad inviolable, la inalterable ternura, concédelo la caridad de Corazón de Jesús a los que se unen a Él. ¡Gran Dios! ¿Es posible que la sociedad titubee todavía, después de tan largas experiencias, y en presencia de peligros que, si profana el Matrimonio, le amenazan? ¿Es posible que, cuando el Vicario de Jesucristo le recuerda, como en la célebre Encíclica de 8 de diciembre de 1864, las condiciones vitales del Matrimonio cristiano, rechace sus saludables enseñanzas como un atentado contra el moderno progreso, en vez de recibirlas con agradecimiento?

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7.09.14

Acerca de la facilidad con que se solicitan las dispensas de los votos religiosos perpetuos

A continuación reproducimos los fragmentos de una carta que el gran monje e historiador benedictino maurista, dom Jean Mabillón, dirigió a una religiosa que, después de 20 años de vida consagrada (¡!), quería dejar la vida monástica alegando la nulidad de sus votos. Vale la pena meditarla luego de las miles de dispensas pedidas en los últimos 40 años y sacar las propias conclusiones.


 «Permítame hablarle directamente, hermana, aunque no tengo el honor ni de conocerla ni de saber su nombre. (…) Toda su dificultad consiste en saber si sus votos y su compromiso con la vida monástica son válidos. Y las razones que Ud. da son:

 1.- Que Ud. ha realizado sus votos apoyándose en un principio falso, a saber, que no hay salvación para Ud. fuera de la vida religiosa.

 2.- Que sus enfermedades y su complexión delicada le impiden ejecutar los compromisos que Ud. ha asumido.

 3.- Finalmente, que al pronunciar sus votos después de 4 años de noviciado, Ud. lo ha hecho sin prometer su ejecución, que Ud. ha, al contrario, formalmente rechazado.

 «Antes de responder a sus dificultades y argumentos, permítame que le diga que no hay nada tan delicado como pronunciarse sobre la invalidez de los votos.

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