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9.10.15

Un camino directo a la santidad, según el Padre Royo Marín

Trinidad

En el presente post , traemos para nuestros lectores una maravillosa Consagración a la Santísima Trinidad compuesta por el gran teólogo dominico Antonio Royo Marín, la cual, de ser plenamente vivida, es poderosa para conducir a un alma a las más altas cumbres de la santidad.

Antonio Royo Marín O.P. (Morella, Castellón, 1913 - Villava, 17 de abril del 2005) conocido religioso dominico español. Influyente teólogo y moralista que conservó y compendió en muchas obras la enseñanza y la espiritualidad católicas, siguiendo la doctrina del Doctor Común santo Tomás de Aquino. Para mayor información, puede verse la reseña que traza el doctor don Eudaldo Forment en https://www.youtube.com/watch?v=faGotanGjZQ


Consagración a la Santísima Trinidad

“¡Oh, Dios mío, Trinidad Beatísima! Sacad de mi pobre ser el máximo rendimiento para vuestra gloria y haced de mí lo que queráis en el tiempo y en la eternidad . Que ya no ponga jamás el menor obstáculo voluntario a vuestra acción transformadora. Que la gracia alcance en mí el grado de desarrollo que me tenéis asignado desde toda la eternidad con vuestra primera intención, y “según la medida de la donación de Cristo”.

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7.02.15

La visión de la esencia divina por parte del hombre

Adoración de la Eucaristía en Monasterio Mater Veritatis

Breve comentario a la Suma Teológica de Santo Tomas, Iª q.12 a.1y ss.

El tema grandioso de la visión de Dios es algo que cuestiona a todo hombre a través de la historia, y muy particularmente a los filósofos. Santo Tomás hablando en un contexto de orden sobrenatural, dice en la solución a las objeciones a la q.12:

 «Como quiera que la suprema felicidad del hombre consiste en la más sublime de sus operaciones, que es la intelectual, si el entendimiento creado no puede ver nunca la esencia divina, o nunca conseguirá la felicidad, o ésta se encuentra en algo que no es Dios. Esto es contrario a la fe».

 Ahora  bien, ningún entendimiento creado puede ver la esencia divina. Esto debiera ser la sentencia común, porque la trascendencia divina hace imposible al entendimiento creado, en el orden natural, aspirar a tal «operación».

 Por tanto no puede afirmarse que el hombre pueda alcanzar naturalmente la visio Dei, porque no existe proporción entre ésta y sus capacidades. Ninguna creatura tiene como objeto adecuado la esencia divina. El objeto del entendimiento humano es el ente; es su horizonte natural. 

 Pero como no hay nada que colme plenamente al entendimiento humano sino la visión beatífica, hace falta, por parte del sujeto el lumen gloriae, esto es un aumento de la capacidad intelectiva que es don y gracia divina que le permita ver a Dios. De aquí que cantemos con el salmista «Señor, en ti está la fuente viva y tu luz (lumen gloriae) nos hace ver la Luz (tu esencia) (Salmo 35).