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29.12.15

La oración por las almas del purgatorio en el contexto del año de la Misericordia y II

Imagen central del Santuario Notre Dame de Montligeon, Normandía, Francia

Imagen central del Santuario Notre Dame de Montligeon, Normandía, Francia

En el presente post terminamos con la segunda y última parte de la conferencia pronunciada por el R. P. Dom Jean Pateau, OSB, Abad de Fontgombault (Francia) en el Santuario de Montligeon.


María, la “Sabia Mujer” que nos acompaña en el pasaje de la muerte a la vida

La obra de María no se limita al sólo momento de la muerte . Su maternidad se extiende sobre las almas que han atravesado las puertas de la muerte, pero que no han podido alcanzar aún la beatitud del cielo: las almas del Purgatorio. Como lo muestra la estatua que domina esta basílica, María, que tiene a su Hijo, intercede por las almas, de suerte que su Hijo ofrece a aquellas la corona de los elegidos. La obra de Montligeon es entonces, una obra marial.

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8.12.14

¡Oh Virgen, por cuya bendición queda bendecida toda la naturaleza!

Bartolomé Esteban Murillo (1660-1665)

(Bartolomé Esteban Murillo, 1660-1665)

De las Oraciones de san Anselmo (1033-1109), obispo

(Oración 52: PL 158, 955-956)

El cielo, los astros, la tierra, los ríos, el día, la noche, y todo lo que se halla sometido al poder y al servicio del hombre, se congratulan, Señora, porque, habiendo perdido su antigua nobleza, ahora han sido en cierto modo resucitados por ti y dotados de una gracia nueva e inefable.

Porque todas estas cosas estaban como muertas, al haber perdido su congénita dignidad de servir al dominio y utilidad de los que alaban a Dios, que para eso habían sido creadas; estaban oprimidas y afeadas por el abuso de los que servían a los ídolos, para los cuales no habían sido creadas. Ahora se alegran como si hubieran vuelto a la vida, porque ya vuelven a estar sometidas al dominio de los que confiesan a Dios, y embellecidas por su uso natural.

Es como si hubiesen saltado de alegría por esta gracia nueva e inapreciable, al sentir que el mismo Dios, su mismo creador, no sólo reinaba sobre ellas de un modo invisible, sino que incluso lo vieron en medio de ellas, santificándolas visiblemente con su uso. Estos bienes tan grandes provinieron a través del fruto bendito del vientre sagrado de la Virgen María.

Por tu plenitud de gracia, lo que estaba en el país de los muertos se alegra al sentirse liberado, y lo que está por encima del mundo se alegra al sentirse restaurado.

En efecto, por el glorioso Hijo de tu gloriosa virginidad, todos los justos que murieron antes de la muerte vivificante de Cristo se alegran al verse libres de su cautividad, y los ángeles se congratulan por la restauración de su ciudad medio en ruinas.

¡Oh mujer llena y rebosante de gracia, con la redundancia de cuya plenitud rocías y haces reverdecer toda la creación! ¡Oh Virgen bendita y desbordante de bendiciones, por cuya bendición queda bendecida toda la naturaleza, no sólo la creatura por el Creador, sino también el Creador por la creatura!

Dios, a su Hijo, el único engendrado de su seno igual a sí, al que amaba como a sí mismo, lo dio a María; y de María se hizo un hijo, no distinto, sino el mismo, de suerte que por naturaleza fuese el mismo y único Hijo de Dios y de María. Toda la naturaleza ha sido creada por Dios, y Dios ha nacido de María. Dios lo creó todo, y María engendró a Dios. Dios, que hizo todas las cosas, se hizo a sí mismo de María; y de este modo rehizo todo lo que había hecho. El que pudo hacer todas las cosas de la nada, una vez profanadas, no quiso rehacerlas sin María.

Dios, por tanto, es padre de las cosas creadas y María es madre de las cosas recreadas. Dios es padre de toda la creación, María es madre de la universal restauración. Porque Dios engendró a aquel por quien todo fue hecho, y María dio a luz a aquel por quien todo fue salvado. Dios engendró a aquel sin el cual nada en absoluto existiría, y María dio a luz a aquel sin el cual nada sería bueno.

En verdad el Señor está contigo, ya que él ha hecho que toda la naturaleza estuviera en tan gran deuda contigo y con él.

8.10.14

¿Estás afligido? Acude a María

¿Te debates en la miseria del pecado? -Invoca a la excelsa María y dile: ¡Ave! Que quiere decir: ¡Te saludo con profundo respeto a ti que eres sin pecado, ni desgracia! Ella te librará de la desgracia de tus pecados.

 ¿Te envuelven las tinieblas de la ignorancia o del error? -Recurre a María y dile: ¡Ave María! Es decir, iluminada con los rayos del sol de justicia. Ella te comunicará sus luces.

¿Caminas extraviado, fuera de la senda del cielo? –Invoca a María, que quiere decir Estrella del mar y Estrella polar, que guía nuestro peregrinar por este mundo. Ella te conducirá al puerto de salvación.

¿Estás afligido? - Acude a María, que quiere decir mar amargo, pues fue llena de amarguras en este mundo y actualmente en el cielo se ha convertido en mar de purísimas dulzuras. Ella convertirá tu tristeza en gozo y tus aflicciones en consuelo.

¿Has perdido la gracia? -Honra la abundancia de gracias de que Dios llenó a la Santísima Virgen y dile llena de gracia y de todos los dones del Espíritu Santo. Ella te dará sus gracias.

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15.08.14

Asunción y mundo post-moderno

300

Hoy día la Iglesia celebra la Asunción de la Santísima Virgen María al cielo. La fe católica nos enseña que por el misterio de la comunión de los santos, aquellos que han llegado a la visión beatífica se encuentran unidos a los que nos encontramos en camino hacia la Patria eterna. En efecto, la misma lectura del libro del Apocalipsis, con la interpretación que nos viene sugerida por la Sagrada Liturgia al poner este pasaje en este día, nos muestra a la Santa Madre de Dios vestida de sol, con la luna bajo sus pies, y en su cabeza, una corona de 12 estrellas. El significado simbólico, y no por eso irreal, apunta al cumplimiento, en la Virgen María, de las esperanzas y las promesas del pueblo elegido de Israel. María Santísima personifica, por ser Madre de Cristo y de la Iglesia, por ser Reina del mundo, toda la gloria de la Iglesia, y la victoria definitiva sobre el Dragón apocalíptico que consigue el Hijo de la mujer, Jesucristo Nuestro Señor. Igualmente ella, su Madre, es la vencedora de Satanás, a quien aplasta su cabeza, cumpliendo así la promesa del Génesis en el llamado protoevangelio.

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