InfoCatólica / Schola Veritatis / Categoría: Sagrada Liturgia

24.03.16

Viernes santo: historia y mística de la Adoración a la Cruz

Adoración del viernes santo

Mañana toda la Iglesia será sumergida en un profundo silencio de dolor, de adoración y de infinita gratitud ante el misterio de la gloriosa Pasión de nuestro divino Redentor.

Entre tantas riquezas que la Liturgia de la Iglesia nos regala en estos días santos, cabe destacar la Adoración de la cruz que se lleva a cabo la tarde del viernes santo. Hemos querido copiar para nuestros lectores un breve comentario de esta antigua ceremonia sacado del Año Litúrgico de Dom Próspero Guéranger.

Dom Prosper Guéranger (Sablé, 1805-Solesmes, 1875), fue liturgista y restaurador de la orden benedictina en Francia. Ordenado en 1827, recuperó el antiguo priorato de Solesmes, del que tomó posesión en 1833, y en el cual llevó adelante el proyecto de restauración de la orden benedictina. Obtuvo el ascenso de Solesmes a abadía. Primer abad de Solesmes (1837) y superior de la Congregación de Francia, se convirtió en el alma del movimiento de restauración litúrgica. Entre sus principales obras cabe recordar las Instituciones litúrgicas (1840-1851) y el Año litúrgico (1841-1866).


LA ADORACION DE LA SANTA CRUZ 

Después de que las oraciones generales han concluido con la súplica dirigida a Dios por la conversión de los paganos ; la Iglesia ha terminado su recomendación universal y solicitado para todos los habitantes de la tierra la efusión de la sangre divina que brota, en este momento, de las venas del Hombre-Dios. Volviéndose ahora a los cristianos sus hijos, conmovida ante las humillaciones del Señor, los invita a disminuir el peso, dirigiendo sus homenajes hacia esa Cruz hasta ahora infame y en adelante sagrada, bajo la cual camina Jesús hacia el Calvario y de cuyos brazos penderá hoy. Para Israel, la cruz es un objeto de escándalo; ¡para los gentiles un monumento de locura!; nosotros, cristianos, veneramos en ella el trofeo de la victoria de Cristo y el instrumento augusto de la salvación de los hombres. Ha llegado, pues, el momento en que debe recibir nuestras adoraciones por el honor que el Hijo de Dios se ha dignado hacerla, regándola con su sangre y asociándola así a la obra de nuestra Redención. No hay día ni hora más indicada en el año para rendirla nuestros homenajes.

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12.02.16

La oración en Cuaresma

Jesús en el desierto

 Ya el Miércoles de Ceniza la Iglesia nos introdujo en el tiempo cuaresmal, tiempo de gracia y de conversión, con la enseñanza evangélica de Jesús sobre la oración, el ayuno y la limosna (Mt 6,1-6,16-18): la tríada sagrada que más fomenta nuestra conversión penitencial. La oración nos vuelve a Dios, el ayuno nos libera de una excesiva cautividad del mundo, la limosna nos vuelve más al prójimo. Es como un triángulo equilátero, en el que cada lado sostiene a los otros dos: es la oración la que nos da capacidad de ayuno, pero el ayuno del mundo posibilita la oración, y la vuelta a Dios nos vuelve al prójimo. Las tres santas acciones son potencian mutuamente.

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6.12.15

Las mejores disposiciones para vivir el tiempo de Adviento según Columba Marmion

En el contexto de este tiempo de Adviento santo y bendito , ofrecemos para la meditación de nuestros lectores un texto seleccionado de las obras del beato Dom Columba Marmion (1858-1923), quien fue monje, sacerdote y tercer abad de la Abadía de Maredsous. Gran maestro espiritual y autor de obras de notable influencia como fueron “Jesucristo, vida del alma”, “Jesucristo ideal del sacerdote”, “Jesucristo ideal del monje” y “ Jesucristo en sus misterios”, de la cual tomamos el texto de este post. Dom Columba fue beatificado el año 2000 por el Papa Juan Pablo II.

Como siempre, los destacados en negrita y cursiva son nuestros.


De la Obra “Jesucristo en sus misterios” (Cap. II, IV) del beato Columba Marmion.

Nosotros tenemos la dicha inmensa de creer en esta luz que ha de “iluminar a todo hombre que viene a este mundo” ; vivimos todavía en la “plenitud dichosa de los tiempos”, no estamos privados, como los Patriarcas, de ver el reino del Mesías. Si no somos de los que han contemplado al Cristo en persona, oído sus palabras y vístolo pasar, haciendo bien por todas partes, tenemos en cambio la dicha de pertenecer a esas naciones de las que David cantó que serían la herencia de Cristo.

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11.06.15

Corazón de Jesús, único refugio en medio de las turbaciones y angustias de la vida presente

Corazón de Jesús

En el presente post deseamos ofrecer para la oración contemplativa de nuestros queridos lectores dos maravillosos textos monásticos relativos al gran misterio que mañana celebra la Iglesia, el Sagrado Corazón de Nuestro Redentor.

El primer de los textos es de Lanspergio (Juan Gerecht), el cual nació en Landsberg, Alta Baviera, en 1489/90. Entró en la Cartuja de Colonia hacia 1508, donde fue gran maestro espiritual, escribió obras de espiritualidad como el Enchiridion christianae militiae y el Speculum christianae perfectionis así como algunos opúsculos apologéticos en alemán en contra de Martín Lutero. Es uno de los pocos autores alabados por la Orden Cartujana por su amplia actividad literaria. Murió en el año 1539.

El segundo texto es de Guillermo de Saint-Thierry, quien nació entre 1075 y 1080 en Lieja (Bélgica). Hacia 1120 conoce personalmente a Bernardo de Claraval, el cual deja en él una profunda huella. Elegido abad de Saint-Thierry en 1121, trabajó denodadamente en la renovación de los monjes benedictinos. Los pobres resultados influyeron en la renuncia al cargo en 1135 y en su decisión de hacerse monje cisterciense de Signy. Allí se dedicará a la contemplación y a la escritura. Murió el año 1148. Entre sus numerosas obras, destacan: Sobre la contemplación de Dios; Sobre la naturaleza y dignidad del amor; Sobre el sacramento del altar; Comentario de la Carta a los romanos; Sobre la naturaleza del cuerpo y del alma; El espejo de la fe; y sobre todo su influyente Carta a los hermanos de Monte Dei, así como una inacabada Vida de Bernardo.

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4.06.15

¿Quién comprende el misterio que encierra una comunión sacramental?

En este día del Corpus Christi, ofrecemos para la meditación de nuestros lectores un texto seleccionado de las obras del beato Dom Columba Marmion (1858-1923), quien fue monje, sacerdote y tercer abad de la Abadía de Maredsous. Gran maestro espiritual y autor de obras de notable influencia como fueron “Jesucristo, vida del alma”, “Jesucristo ideal del sacerdote”, “Jesucristo ideal del monje” y “Jesucristo en sus misterios”, de la cual tomamos el texto de este post (la traducción directa del original francés es nuestra, así como las negritas y cursivas). Dom Columba fue beatificado el año 2000 por el Papa Juan Pablo II.

A modo de brevísima introducción, vale la pena considerar este aspecto a menudo olvidado que señala dom Columba: el hecho de que recibiendo la comunión sacramental, nosotros aceptamos, por decirlo de este modo, que Cristo imprima y reproduzca en nosotros sus misterios, misterios que como sabemos son de gozo, de cruz y de gloria. La humillación de su anonadamiento, su ocultamiento, su martirio por la verdad, su obediencia al Padre, su caridad inmolada hacia los hombres, su muerte ignominiosa tras un juicio humano falso e injusto, su resurrección de entre los muertos, su eterna gloria… todo aquello deviene la impronta bendita de su vida en nosotros. 

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