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16.01.18

XXVI. Los espíritus angélicos

 

271.     ––Después del estudio de la substancia intelectual o espíritu, que está unida a un cuerpo como su alma, y concluir que sólo «el alma humana (…) está unida al cuerpo como forma»[1], afirma el Aquinate que: «por lo dicho puede probarse que pueden darse algunas substancias intelectuales libres de toda unión con el cuerpo». ¿Por qué  probar únicamente la posibilidad de la existencia de substancias espirituales  no unidas a un cuerpo?

––En los últimos capítulos de la Suma contra los gentiles, Santo Tomás pasa a estudiar un segundo tipo de  substancias espirituales, las que no están unidas a un cuerpo, las puramente espirituales, substancias intelectuales  o ángeles. Aunque no se pueda demostrar la  existencia de las substancias separadas o ángeles, ya que su existencia sólo nos llega por la vía de la revelación, se puede mostrar su conveniencia, para mostrar la verosimilitud de lo revelado, su armonía y congruencia con la razón filosófica.

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1.01.18

XXV. Momento de la animación humana

262. ––Después de las demostraciones de la inmortalidad del alma humana y de las refutaciones de los argumentos de las doctrina sobre la preexistencia de las almas, el Aquinate aún añade algunos capítulos a los muchos que ha destinado al espíritu que está unido al cuerpo. ¿Cuáles son los temas que trata en estos últimos capítulos dedicados al ser humano?

––Termina la exposición de lo que podría denominarse el tratado sobre el hombre de la Suma contra los gentiles, con la explicación de dos consecuencias, que se siguen de su doctrina. La primera es que no puede admitirse ningún tipo de panteísmo o identificación de Dios con lo creado, porque: «De lo dicho se ve también claramente que el alma no es de la substancia divina».

Argumenta, en primer lugar: «Quedó ya demostrado que es eterna la substancia divina (I, c. 15) y que en ella no hay nada que empiece ahora a ser. Por el contrario, las almas humanas no fueron antes que el cuerpo, como se ha dicho (II, c. 83 ss.). Luego el alma no puede ser de la substancia divina».

También, que: «Como la substancia divina es absolutamente indivisible (I, c. 18), no puede el alma ser de esa substancia, a no ser que sea toda la substancia divina. Pero es imposible que la substancia divina sea más que una, como ya está probado (I, c. 42). De donde se seguiría que el alma más que una en cuanto al entendimiento. Y esto ya hemos visto que no puede ser (II, c. 73 ss.). Luego el alma no es parte de la substancia divina».

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