XXI. La unión humana del alma y el cuerpo

226. ––El espíritu humano, aunque sea una substancia, ha probado el Aquinate, puede ser parte del hombre como forma del cuerpo, porque confiere su propio ser espiritual a todo el compuesto humano. Después de la exposición y demostración de su tesis, añade: «Esto nos mueve a considerar la admirable conexión de las cosas».

Todo en la realidad esta enlazado entre sí de una manera asombrosa. «Siempre está unido lo ínfimo del género supremo con lo supremo del género inferior, como algunas especies inferiores del género animal exceden en muy poco la vida de las plantas, por ejemplo, las ostras, que son inmóviles y solo tienen tacto a modo de plantas que se agarran a la tierra. Por lo cual dice Dionisio que: «la sabiduría divina unió los fines de las cosas superiores con los principios de las inferiores» (Los nombres divinos, VII, 3)». ¿Qué significa esta tesis sobre la manera que están enlazadas las criaturas? ¿Cómo afecta a la unión del espíritu humano y el cuerpo?

––El principio neoplatónico citado por Santo Tomás quiere expresar que, en la creación, siempre se encuentra que está unido lo último e inferior de un género de seres con lo supremo y más alto del género, que le sigue en perfección. Queda patentizado. porque, en la creación, hay especies inferiores del género animal, que sobrepasan en muy poco la vida de las plantas, como las ostras, que permanecen inmóviles –como las plantas agarradas al suelo– y con sólo el sentido del tacto. Parece, por tanto, que participen de lo inferior de la vida animal y también de lo superior de la vida vegetal.

Se advierte que el principio se cumple en el hombre, en la unión de su alma espiritual y de su cuerpo, al considerar: «lo supremo del género corpóreo, es decir, el cuerpo humano, armónicamente conexionado, el cual llega hasta lo inferior del género superior, o sea, el alma humana, que ocupa el último grado del género de las substancias intelectuales, como se ve por su manera de aprender». Se cumple, por tanto, el principio en cuanto que el cuerpo humano puede considerarse como lo supremo del género corpóreo, como revela su complejidad y armonía, y está unido al alma espiritual humana, que es lo más ínfimo del género de las substancias espirituales. El espíritu humano es el más inferior de todos los espíritus, como revela su modo de entender. Su conocimiento intelectual necesita de las imágenes sensibles, que le proporcionan los sentidos corporales, pero que en sí mismo es independiente de lo sensible, tal como lo es en los otros espíritus superiores. El hombre es como un anillo que enlaza el espíritu y la materia, en una unión que es «admirable».

227. ––Termina el Aquinate su comentario con la siguiente explicación: «Por eso se dice que el alma humana es como «horizonte y confín» de lo corpóreo e incorpóreo, forma, sin embargo, del cuerpo».¿Qué quiere significarse con las expresiones «horizonte» y «confín»?

Lasituación, en que se encuentra el alma humana espiritual en la escala de los seres, la expresa Santo Tomás con la imagen neoplatónica «horizonte y confín». Con el término «horizonte» quiere significarse que, como la línea del horizonte, en que se ve juntarse lo superior con lo inferior, el cielo con la tierra, en el hombre se une el espíritu con la materia. Con el de «confín» quiere designarse que el hombre es el confín o extremo de dos mundos. En la parte superior al hombre, está el mundo infinito de lo espiritual. En la inferior, se encuentra el universo corpóreo, que tiene el peso de la materia.

Según las expresiones de «horizonte» y «confín», el alma del hombre es medianera entre lo espiritual y lo material. Se pueden utilizar para significar la posición del espíritu humano y además su «admirable conexión» con el cuerpo, porque tal como lo justifica Santo Tomás seguidamente: «en cuanto que es substancia incorpórea, forma, sin embargo, del cuerpo»[1].

Con está última afirmación, que el espíritu humano, por lo mismo que es substancia inmaterial, es también forma del cuerpo, se significa que el alma espiritual del hombre, por ser una substancia inmaterial, es subsistente, posee un ser propio –al igual que los otros espíritus–, pero además por su propia naturaleza informa al cuerpo. La unión es «admirable», porque el alma espiritual humana está unida substancialmente a un cuerpo, constituyendo así ambas partes la substancia hombre.

En la nueva substancia, que es el hombre, el espíritu es una forma o alma y el cuerpo es una materia con la primera actualización, o determinación, de la forma, que en este caso es el alma espiritual. Esta composición corpórea a su vez es el sujeto de las otras perfecciones conferidas también por el alma espiritual humana. Se trata, por tanto, de un cuerpo, tomado como la parte material, y las actualizaciones formales superiores, que le siguen, como la parte formal.

El alma espiritual es la única forma del compuesto humano, porque confiere todas las determinaciones a la materia, incluida la de la corporeidad. El tomista Abelardo Lobato (1925-2012) ––de quien se ha escrito que puede considerarse con justicia como: «uno de los hombres más brillantes de la Orden de Predicadores»–– lo ha explica muy claramente en el siguiente pasaje de una de sus obras de antropología: «La forma da el ser sustancial y por ello no puede ser más que una. De lo contrario tendríamos varias formas sustanciales yuxtapuestas. Esto no estaba tan claro en la edad media, donde todos defendían la pluralidad. Tomás vio el problema y entendió que era preciso cambiar. El ser uno procede de una forma. Si el alma es forma tiene que ser una sola, y si es espiritual tiene que ejercer las funciones de todas las demás inferiores. Aristóteles lo había posibilitado al ver que eso ocurría en los números y en las formas geométricas, la superior contenía la inferior y la superaba. El círculo contiene y supera todos los polígonos. Tomás de Aquino prosiguió adelante en esta solución y lo dejó bien claro. El alma humana es una forma, da el ser y hace una sola realidad con el cuerpo al cual informa»[2].

228. ––La substancia humana, cuyos constitutivos son otra substancía, el espíritu del hombre, que hace de forma o de alma de la materia, que es su otro constitutivo, posee, a diferencia de las otras substancias, un ser que pertenece propiamente al constitutivo formal. Por consiguiente, puede preguntarse: ¿La unidad de la nueva y especial substancia es menor que las otras substancias compuestas, cuyo ser es de sus dos constitutivos?

––En este mismo capítulo 68 del segundo libro de la Suma contra los gentiles, se encuentra a la pregunta esta respuesta: «No es menor la unidad resultante de la materia corporal que la unidad de la forma del fuego con su materia, sino mayor, porque cuanto más supera («vincit») la forma a la materia, resulta mayor unidad»[3]. La unidad en la substancia humana es mayor que la de las otras criaturas del mundo por la más plena perfección y dignidad del espíritu, dada por su propio ser, que hace que el cuerpo esté más unido a esta forma o alma espiritual.

Abelardo Lobato, de quien también se ha escrito puede considerarse como «uno de los mayores intelectuales de Europa», ha advertido que por esta unidad: «la corporeidad humana es singular y trasciende a todos los demás cuerpos (…) Es preciso ser consecuentes. Si la forma del hombre es el alma y esta es espiritual, todo lo humano queda informado por un principio no solo de vida sino de vida espiritual. Esto es lo radical. El hombre no tiene nada que sea solamente materia, solamente cuerpo, solamente carne. Desde lo más inferior, que es lo vegetativo y lo instintivo, pasando por los niveles de la sensibilidad, todo queda traspasado de la realidad fontal. El cuerpo queda elevado al servicio del espíritu»[4].

Para dejar más clara esta nueva tesis, añade seguidamente Santo Tomás: «aunque el ser de la forma y de la materia sea uno, no es necesario, sin embargo, que la materia se adecue siempre al ser de la forma. Más aún, cuanto más noble es la forma tanto más sobrepasa en su ser a la materia. Esto puede verse fijándose en las operaciones de las formas, por cuya consideración conocemos las naturalezas de las mismas, porque cada cosa obra en conformidad con lo que es».

De las operaciones u obras de los distintitos seres, tomadas como efecto, se puede inferir como son sus distintas naturalezas, que son su causa. «De donde la forma, cuya operación excede la condición de la materia, superará también por la dignidad de su propio ser a la materia».

229. ––En la escala de los entes, tal como se ha descrito en el capítulo dedicado a la facultad volitiva de los espíritus, el criterio de ordenación es la autonomía o la independencia de las acciones de los distintos entes con respecto a agentes externos, que está relacionada directamente con los distintos niveles de posesión de la forma determinante de su obrar. ¿Se da también, de acuerdo la explicación de la acomodación entre la forma y la materia, una escala con respecto a la autonomía del obrar según la independencia de la forma con respecto a la materia?

––Desde el criterio de las operaciones inmateriales de los entes, se pueden diferenciar los grados de la escala de los entes. Indica Santo Tomás: «Encontramos ciertas formas ínfimas incapaces de realizar otra operación, que aquella que las cualidades dispositivas de la materia alcanzan, como lo cálido, lo frío, lo húmedo y lo seco, lo raro, lo denso, lo pesado y lo leve y otros parecidos, como las formas de los elementos. Luego, estas formas son totalmente materiales y totalmente inmersas en la materia».

En el primer grado de la escala de las operacionesde los entes, que lo ocupan los seres inertes, las formas realizan sus operaciones con la materia. De manera quelas formas de los seres inertes en cuanto tal se distinguen de la materia, pero para existir y para obrar necesitan de ella. Por ello, las operaciones de los seres inertes –propiedades y cambios físicos– son materiales, porque las formas actúan siempre con la materia. El origen de la operación está en la forma y en la materia.

En la escala de los entes, ordenados por la perfección de sus operaciones, se advierte también que: «Hay algunas formas cuyas operaciones se extienden a ciertos efectos que exceden el poder de dichas cualidades, sirviéndoles, sin embargo, éstas orgánicamente para sus operaciones. Tales son las almas de las plantas».

En el grado siguiente de la escala de las operaciones de los entes, la forma tiene ya una mayor independencia de la materia. En los seres con vida vegetativa, que ocupan este segundo grado, la forma tiene una mayor independencia de la materia. Es una forma –como todas las anteriores, inmaterial, pero no subsistente–, que es el principio vital o alma del vegetal y, por tanto, principio de movimiento de los vivientes, que, como tales, se mueven a sí mismos.

Las operaciones vegetativas –nutrición, crecimiento y reproducción– están unidas intrínsecamente a la materia, al órgano corporal. Sin embargo, la operación no es puramente material, como la de los seres inertes, porque su origen está sólo en el alma, que es una forma inmaterial.

En el nivel inmediato superior: «Encuéntranse otras formas, que son semejantes a las sustancias superiores no sólo en moverse, sino también, de algún modo, en el conocer; y, aunque son capaces para las operaciones, que ni orgánicamente pueden realizar las predichas cualidades, precisan, no obstante, de un órgano corpóreo para ejecutarlas. Tales son las almas de los animales brutos. El sentir y el imaginar no se realizan calentando o refrigerando, aunque ambas cosas sean necesarias para la buena disposición del órgano»[5].

Las facultades sensibles necesitan como constitutivo los órganos, pero no se reducen a ellos. No son espirituales o totalmente independientes de la materia,, pero tampoco puramente materiales o corporales, son del cuerpo y el alma. «Son en su unión como en su sujeto»[6]. De manera que si «se dicen pertenecer al alma, no como su sujeto, sino como a principio, puesto que al alma se debe el que el compuesto pueda realizar tales operaciones»[7].

En el tercer grado de la escala de las operaciones de los entes, que lo ocupan los seres que tienen vida sensitiva o animal,la forma tiene una mayor independencia de la materia que la anterior y, por tanto, una mayor la inmaterialidad. Las operaciones sensitivas –el conocimiento sensitivo y apetición sensible– requieren una mayor inmaterialidad. No sólo su origen último, el alma animal, es inmaterial, sino también su origen próximo las formas de los objetos conocidos o queridos, que no son materiales.

La recepción de las formas sensibles es igualmente inmaterial. Las formas sensibles actúan sobre un órgano animado, que es apto para asimilarlas y tender hacia ellas. Esta acción portadora de forma y su recepción, en sí mismas, son inmateriales, aunque las formas pertenecen a un objeto y a un sujeto material. Por ello, las operaciones sensibles son totalmente inmateriales, porque son operaciones que necesitan intrínsecamente para su ejecución un órgano corpóreo.

Por último: «Sobre todas estas formas hay una semejante a las substancias superiores incluso en cuanto al género de conocimiento, que es el entender, y, en consecuencia, es capaz de la operación que se realiza plenamente sin órgano corporal. Esta es el alma intelectiva, porque el entender no se ejecuta con órgano corporal. Por eso es necesario que aquel principio por el que el hombre entiende, que es el alma intelectiva y excede la condición de la materia corporal, no esté totalmente sujeto a la materia ni inmersa en ella, como las otras formas materiales. Lo que manifiesta su operación intelectual, para la cual no comunica con la materia corporal».

El espíritu humano requiere informar al cuerpo, porque a diferencia de los otros espíritus, es el más potencial de todos ellos. o con menor acto, ya que, en el grado de la participación del ser propia de los espíritus, ocupa el lugar más bajo. El espíritu humano tiene así la menor participación del ser espiritualy de ello se sigue que deba estar unido necesariamente al cuerpo para poder entender. Lo revelan sus facultades propias, porque: «como el entender del alma humana precisa de potencias que obran mediante órganos corporales, es decir, de la imaginación y del sentido, por esto mismo se comprende que naturalmente se une al cuerpo para completar la especie humana»[8].

En estegrado que sigue de la escala de los entes en el obrar, que es ya el del espíritu humano –substancia inmaterial, semejante a los seres espirituales superiores–, la forma actúa de modo totalmente inmaterial. Las operaciones del alma intelectiva humana son complemente inmateriales. En el alma humana, por ser un espíritu –y, por tanto, una substancia inmaterial–, el origen, el fin y la ejecución de sus operaciones –intelectivas y volitivas– es inmaterial.

La inmaterialidad, en este grado de la escala de las operaciones inmateriales de los entes, es la misma que en el siguiente de los puros espíritus, porque el origen y fin de las operaciones tanto de los espíritus humanos como de los espíritus angélicos son igualmente inmateriales. En ambos sus operaciones son intrínsecamente, o en cuanto tales, independientes de la materia.

Hay no obstante, diferencia entre los espíritus humanos y los espíritus angélicos,porque el espíritu humano depende extrínsecamente del cuerpo. Requiere las facultades sensibles, para poder realizar sus funciones propias de entender y querer. Al alma espiritual humana, le hace falta el cuerpo.

230. –– Según esta última explicación del Aquinate, la facultad de entender del espíritu humano precisa de potencias que obren mediante órganos corpóreos, los sentidos externos e internos, y de entre estos últimos principalmente la imaginación. ¿En qué sentido el entender del alma humana necesita de lo corpóreo?

––Para poder realizar la operación de entender, que es totalmente inmaterial, el alma humana, la ínfima de las substancias espirituales, necesita unirse al cuerpo para utilizar instrumentalmente sus sentidos. El alma humana necesita como un instrumento imprescindible de los sentidos para poder entender y, con ello, amar. Para que su entendimiento pueda recibir lo inteligible, aquello que puede entender, le hace falta el cuerpo humano con sus sentidos.

El entendimiento espiritual recibe lo inteligible, que podrá entender por su propia acción, porque sobre las imágenes proporcionadas por el conocimiento sensible, y que representan las cosas materiales, actúa su virtud también espiritual de hacer inteligible lo sensible. Los conceptos que se producen en el conocimiento intelectual son sólo actos del entendimiento, facultad inorgánica, mientras que las sensaciones, que se producen en el conocimiento sensible, son actos de órganos corporales.

Al afirmar que para entender el espíritu humano necesita del cuerpo, no quiere decirse que su entender se realice, y a diferencia de los otros espíritus, con órganos corporales. No es posible, porque el acto de entender, por su misma naturaleza, al igual que el acto de querer libremente, posibilitado por el primero, no puede ser ejecutado con órganos corpóreos

En el alma humana, por tanto, el acto de entender en cuanto tal no se hace con el cerebro. Por ser alma espíritual, su entender –el acto propio de unirse a lo inteligible y concebirlo o expresarlo– se realiza plenamente sin ningún órgano corpóreo. En el entender en cuanto tal no interviene el cerebro, porque entender es una operación propia del espíritu.

El espíritu humano, por consiguiente, en su operación intelectual, no se comunica con la materia corporal. El alma intelectiva, aunque sea forma de la materia corpórea, excede o sobrepasa este constitutivo humano. No está, por tanto, totalmente sujeta a la materia ni tampoco inmersa en ella, como lo están las otras formas.

Debe también precisarse que, aunqueel acto de entender es inorgánico y el acto de sentir, en cambio, orgánico, las formas por las que actúan no serán respectivamente inmateriales y materiales.Toda forma es inmaterial, aunque se una a la materia para informarla.

Puede decirse, por tanto, que el cuerpo es sólo la condición del ejercicio de las operaciones espirituales humanas, porque gracias a sus sentidos corporales, puede el espíritu actualizar la inteligibilidad en potencia de lo sensible, y así poder entender. Lo inteligible a su vez actualiza la potencialidad intelectiva del entendimiento del espíritu humano. En definitiva, el hombre necesita el cuerpo para saber y querer,porque la sensibilidad hace posible que el espíritu pueda entender, y, como consecuencia, también apetecer y de un modo libre.

231. ––Según esta explicación,la substancia alma humana, o espíritu, se une al cuerpo para informarlo, y constituye, con ello, una nueva substancia. ¿En el hombre no habrá, con ello, una dualidad substancial?

––Después de la explicación, advierte Santo Tomás que: «El cuerpo y el alma no son dos substancias existentes en acto; sino que de ellas dos se hace una substancia existente en acto, pues el cuerpo del hombre no es en acto el mismo, cuando el alma esta presente que cuando está ausente, pues el alma hace el mismo ser en acto».

El alma del hombre, que es una substancia, al unirse al cuerpo, constituye otra substancia, la substancia humana, pero no puede decirse que entonces hay dos substancias. Aunque el hombre es un compuesto substancial de cuerpo y de alma espiritual, que es ya una substancia, sin embargo, es una única substancia, aunque compuesta, porque tiene un único ser, el que ha aportado el espíritu para comunicarlo al cuerpo al unirse con él.

La unión del alma y el cuerpo humanos es una unión en el ser, porque es el ser de la substancia espiritual del alma el que actualiza al cuerpo. Se da una unión que se realiza en la formalidad más profunda de la substancia, la del ser. Además, como este ser espiritual es el propio de la substancia humana, que se ha constituido, puede decirse que la unión del alma y el cuerpo humano es una unión substancial.

En el orden substancial o entitativo no hay ningún dualismo en el hombre. Si bien uno de sus constitutivos esenciales, el alma humana, es una substancia espiritual, no se puede caracterizar al hombre como un dualismo entitativo o substancial, porque su espíritu está unido al cuerpo con una unión en el ser, o unión substancial, que tiene la estructura materia y forma. El hombre es, por tanto, una única substancia, que es compuesta.

No puede decirse, por ello, que el hombre es un «espíritu encarnado» o un «espíritu en el mundo». El hombre no es un espíritu, ni separado ni unido a la materia. Es una substancia compuesta de dos constitutivos: una substancia espiritual, pero que es forma de un cuerpo, al que confiere todas las determinaciones, incluida la fundamental del ser; y un cuerpo, que posee de este modo el mismo ser del espíritu. Precisamente por este ser, el cuerpo queda unido al espíritu, constituyendo la sola substancia humana, porque tiene un único ser. En el hombre no se da, por consiguiente, una absorción del cuerpo por la substancia espiritual, ni tampoco una mera yuxtaposición de alma y cuerpo, sino una singular unión, que se explica por el ser espiritual.

232. ––Con esta exposición se da una completa y fundamentada respuesta al problema clásico de la unión del alma espiritual con el cuerpo. El Aquinate para ello utiliza la doctrina del alma de Aristóteles y su propia metafísica del ser, expuesta en conceptos aristotélicos. Sin embargo, los filósofos aristotélicos y musulmanes, que consideraron el alma espiritual como una substancia «separada», cuyas doctrinas se han examinado, se basaron para justificarlas en pasajes aristotélicos. ¿La doctrina del Aquinate estaría, por tanto, alejada de la solución de Aristóteles?

––Los textos que aportaron estos filósofos aristotélicos, nota Santo Tomás: «no prueban que la substancia intelectual no pueda unirse al cuerpo como forma». Más concretamente: «Los conceptos que Aristóteles atribuye al entendimiento posible, que es «impasible, no unido y separado», no fuerzan a confesar que la substancia intelectual no esté unida al cuerpo como forma que da el ser».

Estas afirmaciones de Aristóteles se explican, si se tiene en cuenta que: «En el alma hay que considerar su esencia y su potencia. Según su esencia, da el ser a tal cuerpo, y según su potencia, realiza sus propias operaciones. Si, pues, la operación del alma se realiza mediante un órgano corporal, es necesario que la potencia del alma, que es principio de tal operación, sea acto de aquella parte del cuerpo por la que se realiza la operación, como la vista es acto del ojo; mas si su operación no se realiza mediante un órgano corporal, su potencia no será acto del cuerpo alguno. Y por esto se dice que el entendimiento está «separado», no «sin que» la substancia del alma, cuya potencia es el entendimiento, o sea, el alma intelectiva, sea acto del cuerpo como forma que da el ser a dicho cuerpo»[9].

La doctrina tomista sobre el hombre es una profundización de la solución aristotélica. No la niega, porque considera que: «es necesario decir, según el pensar de Aristóteles, que el entendimiento se une substancialmente al cuerpo como forma»[10]. Santo Tomás no rechaza la explicación aristotélica, sino que la fundamenta, gracias a la metafísica del ser. Desde ella se explicaquelas substancias espirituales son simples esencialmente. Están constituidas por una esencia simple, porque sólo incluye la forma. Sin embargo, además, son compuestas entitativa mente, porque su entidad está constituida por su esencia simple y un ser único proporcionado a ella. En cambio, las substancias materiales son compuestas esencialmente. Están constituidas por una esencia compuesta, porque incluye la forma y la materia. Son también compuestas entitativamente, porque su entidad está constituida por su esencia y un ser único proporcionado a ella.

El alma humana es distinta del alma animal, porque no es sólo la forma de un compuesto, sino a la vez una substancia inmaterial, un espíritu. El espíritu, o alma humana, el que da el ser al cuerpo y, por tanto, con una causalidad formal. Es también distinto de los otros espíritus,

El alma o espíritu humano a pesar de ser ya substancia es a la vez forma de una parte esencial de la nueva substancia, que constituirá. Es, por ello, también diferente de los otros espíritus, ya que estos no informan a ningún cuerpo. El alma humana, por ser, además de forma, una substancia espiritual, tiene un ser propio y proporcionado a su esencia. Es una forma que tiene ser, y, –a diferencia de las otras formas que se unen a la materia, para constituir los compuestos vivos, como las plantas y los animales, y que se denominan entonces almas, o para componer los entes inertes, compuestos de forma y materia–, es, por ello, la propietaria inmediata del ser del compuesto substancial corpóreo de la que es constitutivo formal

233. ––La explicación del Aquinate que expone en este lugar ¿puede considerarse su solución al llamado problema del hombre?

––Averiguar lo que es el ser humano, como ha escrito Abelardo Lobato: «nos sitúa ante la gran pregunta de todas las culturas, la que hace el salmista de rodillas, implorante: «Señor, Dios nuestro ¿qué es el hombre?» (Sal 8, 1); la que hace Kant en su intento de revolución copernicana «Was is de Mensch? « (Crítica de la razón pura, 25, A); la que hacía Agustín «Pero, ¿quién soy yo, Dios mío?: «Quid sum ergo, Deus meus, quae natura mea?» (Confesiones, X, 17, 26)».

Es innegable que: «Esta es una cuestión que retorna constantemente como las olas y las mareas, llamada a durar tanto cuanto los hombres que la formulan. La cuestión del nombre no es solo una más de esas profundas en las cuales va envuelto el que la propone, es la cuestión radical que requiere presupuestos».

Como consecuencia: «Es preciso salir del horizonte de lo humano para dar razón del hombre. Las antropologías de cualquier signo que sean, si se encierran solo en lo humano, no tienen respuesta para el hombre. Lo que le ocurrió a Kant le acontece a los muchos imitadores. La pregunta por el hombre trasciende al hombre. Es la pregunta por el ser del hombre»[11]. La cuestión del hombre remite a la cuestión del ser. La antropología requiere la metafísica. Podría decirse que el hombre se explica por el ser.

La pregunta por el hombre, concluye Lobato que: «Por ello requiere un salto a la metaantropología, a la metafísica. La pregunta por el ser es la que da apoyo a todas las preguntas acerca de los entes. Por ello quien no tenga una cierta aproximación al problema del ser no tiene bases para dar respuesta por el hombre. El intento de Kant era poner al hombre en el puesto del ser. Heidegger dejó en claro que ese intento estaba abocado al fracaso. El hombre no puede pretender ser un atlante que lleve sobre sus débiles hombros el peso del ser. El hombre es de ayer, es mortal, es finito»[12].

Sin embargo: «Lo que el hombre, en cuanto ente finito, no puede originar en el ser, lo puede fundar su inteligencia que se trasciende en el objeto y alcanza la verdad del ser, porque vive en su horizonte»[13]. Su inteligencia le ha revelado que toda substancia, tanto simple –o con una esencia que sea sólo forma–, como compuesta, –con una esencia constituida de materia y forma–, tiene un único ser. En el compuesto humano, el ser es el de su alma espiritual, porque se ha recibido de ella, que es ya una substancia, aunque simple.

El ser, que posee el hombre, y que sus constitutivos tienen en propiedad, procede de su espíritu. El ser del hombre procede de su alma espiritual, porque es ya una substancia, y, por ello, una esencia substancial con un ser propio. Todo espíritu es una substancia inmaterial inteligible para sí misma, intelectual y volitiva. Como substancia subsiste, existe por sí y en sí. Y, como lo que hace existir es el ser y lo que hace existir de este modo es el tenerlo en propiedad, la substancia tiene un ser propio y, por tanto, proporcionado a su esencia individual.

El alma espiritual humana comunica el mismo ser, con que ella subsiste, a la materia corporal. El ser del hombre es primero e inmediatamente del alma, y, a través de ella, lo es también del cuerpo y, por tanto, del compuesto. El ser espiritual es propio también del compuesto de alma y cuerpo, porque el mismo ser de la forma, que es el alma espiritual, es el ser propio también del cuerpo, y, por esto, es también el propio de la substancia compuesta del hombre.

El ser del compuesto humano es como el de los otros compuestos de forma y materia, en cuanto que el único ser que actualiza a las substancia compuestas pertenece a toda la substancia. El ser del compuesto humano se diferencia únicamente en que, además de pertenecer o ser propio del cuerpo y de su forma o alma, lo aporta ésta última, porque, por ser una substancia espiritual es algo inseparable de ella. En cambio, las otras formas de los seres compuestossonúnicamente formas, destinadas sólo a determinar la materia.

Eudaldo Forment



[1] Santo Tomás de Aquino, Suma contra los gentiles, II, c. 68.

[2] Abelardo Lobato, Dignidad y aventura humana, Editorial San Esteban, Edibesa, Salamanca, Madrid, 1997, p.86.

[3] Santo Tomás, Suma contra los gentiles, II, c. 68

[4] Abelardo Lobato, Dignidad y aventura humana, op. cit.,p. 86.

[5] Santo Tomás. Suma contra los gentiles, II, c. 68.

[6] IDEM, Suma teológica, I, q. 77, a. 5, in c.

[7] Ibíd., I, q. 77, a. 5, ad 1.

[8] Santo Tomás. Suma contra los gentiles, II, c. 68.

[9] Ibíd., II, c. 69.

[10] Ibíd., II, c. 70.

[11] Abelardo Lobato, Dignidad y aventura humana, op. cit.,p. 84.

[12] Ibíd., pp. 84-85.

[13] Ibíd., p. 85.

3 comentarios

  
Esron ben Fares
Gracias don Eudaldo. Ayuda mucho.
Aunque sean pocos los que comenten.

Suelo imprimir sus artículos y estudiarlos con detenimiento.
Me ayudan mucho para dar catequesis. Claro, de un modo más simple.
03/11/17 3:33 AM
  
Esron ben Fares
Estimado don Edudaldo, y que pasa con la materia (Cuerpo) en la consagración?
Y en el caso de las celulas madre no embrionarias, a partir de las cuáles se estan formando tejidos y luego se implantan en el cuerpo de la misma persona que sucede con la naturaleza?

Me gustaría que en el futuro, trate sobre el tema de persona y su concepto.
Muchas gracias una vez mas.
10/11/17 2:18 AM
  
Manuel Argento
Por fin encuentro algo bien explicado sobre Santo Tomás.
Señor Eudaldo Forment, le agradecería que lo auxilie a Pato Acevedo, se ha metido en un berenjenal y lo están atacando mucho.
16/11/17 1:55 PM

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