Quien come de Bruelhart… muere

“Quien come del Papa, muere”. Una antiguo dicho español. En estos tiempos vaticanos, la frase puede aplicarse bien al especialista suizo en seguridad y combate al lavado de dinero, René Bruelhart. Él es director de la Autoridad de Información Financiera (AIF), el buró responsable de la vigilancia y combate al reciclaje de capitales en las estructuras de la Santa Sede. Por alguna desconocida razón, aquellos que lo han hostilizado terminan fuera de combate.

imagesPrimero fue el cardenal Attilio Nicora, ex presidente de la misma AIF. El 30 de enero último presentó su renuncia al cargo. Más bien le pidió al Papa Francisco ser liberado del encargo. Públicamente no se dieron explicaciones sobre los motivos de su dimisión, pero en la Curia Romana era conocido su “abierto contraste” con Bruelhart.

De hecho, antes de dejar su puesto, el purpurado había pedido a su entonces subordinado, una lista completa y detallada de todas las operaciones sospechosas de lavado de dinero identificadas hasta ese momento por los sabuesos de la AIF. A cambio recibió sólo una página con pocas líneas redactadas en inglés y “del todo insatisfactorias”, a su modo de ver.

A decir verdad no sólo con Brulhart había tenido cruces Nicora. También eran públicos sus contrastes con Ettore Gotti Tedeschi, el ex presidente del Consejo de Vigilancia del Instituto para las Obras de Religión (IOR), conocido coloquialmente como “banco del Vaticano”. Con él se habían trenzado por la ley contra el lavado de dinero y combate al terrorismo aprobada en diciembre de 2010 por el Papa Benedicto XVI.

Se sabe que originalmente se impuso el enfoque impulsado por Nicora, a la postre mucho más “conservador” y menos incisivo que el de Gotti Tedeschi. A ese enfoque adhirió el entonces secretario de Estado de la Santa Sede, Tarcisio Bertone. Pero también se sabe que esa ley debió ser sucesivamente reformada, al menos en tres ocasiones distintas, para adecuarse a los estándares internacionales en materia de transparencia.

Nicora también se quejó de no haber sido informado sobre la exhaustiva investigación que hace ya muchos meses se está llevando a cabo sobre todas y cada una de las cuentas abiertas en el IOR. Un trabajo comisionado a la empresa estadounidense Promontory que ya arrojó resultados. El mismo Papa Francisco reveló que, producto de esas pesquisas, se cerraron al menos mil 600 cuentas. Lo dijo apenas unos días atrás, en la rueda de prensa a bordo del avión que lo trajo de regreso a Roma tras su viaje apostólico a Medio Oriente.

De supuesta opacidad se quejaron también otras cinco “víctimas” de Bruelhart. Se trata de los integrantes del Consejo Directivo del AIF. En febrero pasado el diario italiano “Il Messagero” filtró una dura carta firmada por ellos. El texto, dirigido al actual secretario de Estado Pietro Parolin, estaba fechado el 16 de enero, 14 días antes de la publicitada renuncia de Nicora.

Con pesados lamentos y filosas críticas, los notables consejeros dispararon contra un objetivo concreto: René Bruelhart. Claudio Bianchi, Marcello Condemi, Giuseppe Dalla Torre, Francesco De Pasquale y Cesare Testa denunciaron una situación que consideraban “insostenible” y “preocupante”, capaz –según ellos- de poner en riesgo los esfuerzos de transparencia realizados hasta ahora, incluidas las “óptimas relaciones” con la Banca de Italia.

He ahí lo que parece ser la clave: La “italianidad”. Un factor para nada secundario, cuando se habla de finanzas vaticanas. Italiano es Nicora como italianos eran los cinco consejeros, como italiano es, también, Tarcisio Bertone quien –dicho sea de paso- está siendo investigado por una maniobra financiera a favor de la productora de televisión (italiana) Lux Vide y que habría provocado 15 millones en pérdidas para el IOR.

Aquellas críticas no surtieron efecto, más bien todo lo contrario. Este día el Papa les dio las muchas gracias a los artífices de aquella carta. Según informó la sala de prensa vaticana, Francisco decidió sustituir a los cinco integrantes italianos del Consejo con otros cuatro personalidades de talla internacional. Sólo una de ellos es italiana: María Bianca Farina, directore de Poste Vita y de Poste Assicura. Del resto uno proviene de Suiza, uno de Singapur y el otro de Estados Unidos.

Las señales no se quedan ahí. Junto con el anuncio de los nuevos consejeros, también este día se informó del nombramiento de Tommaso Di Ruzza como nuevo vicedirector “ad interim” de la AIF. Se trata de la misma persona que –en su momento- Nicora y el Consejo anterior habían calificado como “no idóneo”. Ese fue, de hecho, otro de los puntos de tensión embanderado por los detractores de Bruelhart. Las agujas del reloj no giraron en su dirección. El resultado de todo esto es un envidiable reforzamiento de la posición del director del AIF. Un efecto sorprendente, logrado en tiempo récord.

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