¿Debemos creerle a Gustavo Gutiérrez?

La teología de la liberación se ha “puesto de moda” como consecuencia de la llegada al papado de Jorge Mario Bergoglio, el Papa “venido del fin del mundo", del mismo continente en el cual el pensador peruano Gustavo Gutiérrez acuñó los conceptos básicos de esa corriente de pensamiento que tantas turbulencias ha provocado en la Iglesia latinoamericana.

GGutierrezEn una sociedad polarizada como la que imperó en América Latina en los años inmediatamente posteriores al Concilio Vaticano II y en las décadas siguientes, el muchas veces incendiario debate en torno a la teología de la liberación se camufló en la más ambiciosa confrontación entre “izquierdas” y “derechas". Una cuestión eclesial se convirtió, inevitablemente, en un problema social y político.

El rol en esta historia del “padre” de la teología de la liberación, el mismo Gutiérrez, siempre ha sido ambigüo. Inspirador de toda una generación de militantes socialistas y marxistas sudamericanos, también fue vanguardia de un pensamiento que, con los años, terminó por superarlo. Algunas de sus obras estuvieron por largo tiempo bajo la lupa del Vaticano, pero nunca fueron condenadas (aunque sí corregidas), como ocurrió en el caso de otros teólogos liberacionistas. No obstante, de una u otra manera, por largo tiempo él coqueteó con grupos para nada moderados. Más bien cercanos a movimientos guerrilleros.

Por todos los medios él quiso permanecer dentro de la Iglesia católica y lo logró. Sus ideas parecieron evolucionar y, en al menos dos ocasiones, pretendió arrepentirse de su deriva inicial al reconocer errores en su pasado. Las opiniones sobre él y su legado continúan divididas. Algunos lo consideran todavía un astuto y embustero, otros defienden su buena voluntad.

Apenas unos meses atrás el debate en torno a su figura se reavivó tras la publicación en Italia del libro “Del lado de los pobres. Teología de la liberación, teología de la Iglesia". Se trata de un texto a “cuatro manos” escrito por él y por el actual prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe de la Santa Sede, Gerhard Ludwig Müller. Se trata de un texto que data de 2005, cuando el clérigo alemán era todavía arzobispode Ratisbona.

No obstante la reedición del volumen haya desatado una áspera batalla en la Curia Romana, no lo traigo a colación por eso sino porque el mismo contiene pasajes muy interesantes, fundamentales para completar el cuadro de un asunto más que complicado. Varios párrafos salidos de la pluma misma de Gustavo Gutiérrez parecen de antología. Se trata de un propio “mea culpa” por los errores del pasado, una rectificación manifiesta, la aceptación a la legítima autoridad de la Iglesia y un inequivocable rechazo a la lucha de clases.

Existe quien sostiene que al “padre de la teología de la liberación” sus 85 años le pesan lo suficiente como para orillarlo a enmendar. ¿Será? Puede juzgar el lector mismo, al menos algunas partes del bendito texto que aquí compartimos.

LA TEOLOGÍA: UNA FUNCIÓN ECLESIAL
Gustavo Gutiérrez en “Del lado de los pobres. Teología de la Liberación", ediciones Instituto Bartolomé de las Casas, Lima, Perú, mayo de 2005

La pobreza es un tema evangélico y un desafío que ha estado siempre presente a lo largo de la historia de la Iglesia. Pero las denuncias de Medellín ("inhumana miseria"), Puebla ("pobreza antievangélica") y Santo Domingo ("intolerables extremos de miseria"), hicieron que la situación de pobreza, que padece la gran mayoría de la población de América Latina y el Caribe, surgiese con toda su crudeza ante nuestros ojos. Se trataba de una realidad secular pero que golpeó de forma nueva la conciencia humana y cristiana, y que por lo mismo planteó exigentes retos a la tarea eclesial. El “otro” de una sociedad que lo margina y excluye se hizo presente demandando solidaridad.

Ante la muerte injusta y temprana que implica la pobreza, “el noble combate por la justicia” (Pío XII) adquiere caracteres dramáticos y urgentes. Tomar conciencia de ello es una cuestión de lucidez y honestidad. Es necesario, además, superar la mentalidad que coloca esos hechos en un campo exclusivamente político en el que la fe tiene poco o nada que decir; esta actitud expresa “el divorcio entre la fe y la vida” que Santo Domingo ve todavía hoy como capaz de “producir clamorosas situaciones de injusticia, desigualdad social y violencia. Sin embargo, reconocer los conflictos sociales como un hecho no debe de en ninguna manera significar que se propugne el enfrentamiento social como método de cambio en la sociedad. No podemos por eso aceptar “la lucha programada de clases” (Juan Pablo II, L.E. n. 11).

Estamos, qué duda cabe, en un terreno controvertido y resbaladizo. El riesgo de reduccionismos o de expresiones interpretables en este sentido, se presenta entonces limitante y amenazante. Es fácil ser absorbido por los aspectos emocionales de la situación, experimentar una cierta fascinación ante lo que tiene de nuevo, o sobreestimar el valor de las ciencias sociales. Éstas son necesarias para conocer la realidad económico-social, pero se trata de intentos que están en sus primeros pasos; en esas condiciones hablar de un conocimiento científico del universo social no puede ser considerado como algo definitivo o apodíctico, ni como completamente libre de adherencias ideológicas.

La liberación social y política no debe ocultar de ningún modo el significado final y radical de la liberación del pecado que sólo puede ser obra del perón y de la gracia de Dios. Es importante por ello afinar nuestros modos de expresión para que no den lugar a confusiones al respecto.

Es necesario estar atento a esos peligros y reafirmar el nivel propio y directo del Evangelio; su contenido es el Reino, pero éste debe ser acogido por personas que viven en la historia y, por consiguiente, el anuncio de su Reino de amor, de paz y de justicia incide en la convivencia social. Sin embargo, las demandas evangélicas van más allá del proyecto político de una sociedad diferente. Ella será justa, y en cierto modo nueva, en la medida en que coloque en su centro a la dignidad de la persona humana, dignidad que para un cristiano tiene su fundamento último en la condición de “imagen de Dios” que Cristo salva al restablecer la amistad de los seres humanos con Dios.

Las realidades sociales conflictivas no pueden hacer olvidar las exigencias de un amor universal que no reconoce fronteras de clase social, raza o género. La afirmación de que el ser humano es agente de su destino en la historia debe ser hecha en modo tal que se perciba con nitidez la iniciativa gratuita de Dios en el proceso salvífico, sentido último del devenir histórico de la humanidad. Efectivamente, el don de Dios “que nos amó primero” (1 Jn, 4, 19) enmarca y da su lugar a la acción humana en tanto respuesta libre a ese amor.

En estas coas hay deslizamientos posibles, y de hecho ellos han ocurrido. Tampoco han faltado las dificultades de comprensión ante nuevos temas y nuevos lenguajes. Se produjo de este modo un debate sobre la teología de la liberación que incluso desbordó el ámbito eclesial, para entrar en el ancho y agitado mundo de los medios de comunicación. No obstante, más allá de las apariencias y de discusiones ardorosas, un proceso de fondo tenía lugar en estos años, caracterizado por una confrontación seria y respetuosa, objeciones fundadas, pedido de precisiones necesarias de quienes tienen autoridad para ello en la Iglesia, valoración de la sensibilidad al signo de los tiempos que significa la aspiración a la liberación, una legítima presentación de dudas, interés por una teología cercana a las comunidades cristianas.

Todo ello nos conduce a percibir que el intento por captar teológicamente nuevas realidades ha de ser constantemente clarificado. Las imperfecciones del lenguaje deben ser superadas y corregidas las formulaciones inexactas a través de conceptos que no den lugar a equívocos en materia de doctrina de la fe. En efecto, la reflexión teológica lleva siempre la huella del momento y las circunstancias en que se elabora. Eso vale, de manera particular, para el intento realizado en estos años en América Latina. En ellos ha sido necesario afrontar situaciones difíciles, responder a retos inéditos a la inteligencia de la fe, de modo de poder llegar -dentro del soplo misionero propio a la teología- a todos aquellos que no perciben la significación del Evangelio para esas realidades y para su vida.

Importa ante todo ser lúcido acerca de esos riesgos y limitaciones, escuchar con humildad las opiniones divergentes. Esta actitud se desprende -es oportuno anotarlo- de la comprensión del sentido del trabajo teológico en tanto servicio a la misión evangelizadora de toda la Iglesia al que ya nos hemos referido. En teología es necesario estar siempre dispuestos a “modificar las opiniones propias", en función del servicio a “la comunidad de los creyentes". Ese es el sentido del trabajo teológico, por ello se afirma con razón que “no puede prescindir de la doctrina y de la experiencia vivida en el ámbito de la Iglesia, en la cual el Magisterio custodia e interpreta auténticamente el depósito de la fe".

12 comentarios

  
fran
buena parte de la poblacion de latinoamerica en los años 60s padeciamos de "inhumana miseria", "pobreza antievangélica" "intolerables extremos de miseria", pero esta tal "teologia" junto a otras cuestiones mas contribuyo agregarle otro mal a los latinoamericanos especialmente a los mas pobres: LA VIOLENCIA, que de ser de caracter politico y "revolucionario" evoluciono a volverse de caracter eminentenmente delincuencial. Una perdida de respeto por la vida y la propiedad de los demas que practicamente el robar, despojar y matar fueron convertidos en "derechos de los oprimidos" y "actos heroicos". paises que eramos paraisos de la tranquilidad en los años 60s a pesar de tener tantos pobres hoy somos infiernos del homicidio y narcotrafico.
04/12/13 3:33 AM
  
Ignacio
Estimado, en el texto le ha salido:

"(...) la liberación del pecado que sólo puede ser obra del perón"

Vio, que de a poco, lo vamos convenciendo :-)

Un abrazo
04/12/13 4:59 AM
  
Néstor
¿Qué sentido puede tener hoy día querer resucitar algo que tuvo su contexto en los años 60 y la guerra fría, cuando los "liberadores" confiaban en que la URSS finalmente se impondría?

Hoy lo que hay es la globalización, en la que mandan los supercapitalistas-socialistas como Rockefeller and co., y para lo único que puede servir agitar la bandera del marxismo es para llevar agua al molino de los globalizadores, y terminar apoyando la perspectiva de género que es su caballito de batalla ideológico.

Hoy la "teología de la liberación" de Gutiérrez sólo puede servir para darle un barniz romántico tipo mayo del 68 a la obra de las corporaciones que dominan cada vez más el planeta.

Y por supuesto, para debilitar y confundir más aún al único obstáculo serio que encuentran, que es obviamente la Iglesia.

La única pregunta que hay que hacerle a Gutiérrez es si el marxismo sigue siendo o no la mejor o única herramienta científica para la comprensión de la dinámica social e histórica. Todo lo demás es palabrerío fuera de lugar.

Saludos cordiales.
04/12/13 11:23 AM
  
Miguel Antonio Barriola
Bienvenidos tantos reconocimientos de tremendos yerros por parte del patriarca de tal teología "latinoamericana", que se inspiró casi principalmente en alguien que nació en TRIER, bastante alejado del Lago Titicaca o de la Cordillera de los Andes.
Pero, vuelve a repetir tópicos, en varias ocasiones propuestos como "excusa" de tremendas desviaciones.
Por ejemplo: la reflexión teológica está condicionada por las circunstancias en que se ejerce. Pero, me pregunto, ¿era la de Gutiérrez o Segundo "la única reflexiòn teològica" de aquellas décadas? Y...qué fue la de G. Fessard, G. Carriquiry. P. Bigo, J.L. Idígoras, J. Mejía, G. Cottier, O. P., B. Kloppenburg, Mons. R. Durand, C. Pozo , SJ,L. Scheffczyk,V. Possenti, A. Methol Ferré,R. Veckemans y tantísimos más, que casi al instante comenzaron a ver los serios baches de aquella "teología", que tanto se alejaba del Evangelio?
¿Cuándo entablaron los próceres de aquella "liberación" un diálogo serio, tomando en cuenta y respondiendo al diluvio de objeciones que le llegaban de todas partes?
¿No confiaron demasiado en el marxismo reinante por entonces? ¿No se les vino todo abajo con la caída del comunismo europeo? ¿Dónde, pues, se asentaba su fuerza: en "id por todo el mundo enseñando LO QUE YO LES HE MANDADO - no lo que halague o guste en el momento -" o más bien en la consigna: "Proletarios del mundo uníos"?
Benvenidas muchas correcciones. Pero...tan tarde..
Y si, "más vale tarde que nunca", se impone tambièn una revisión de tantos libros y artículos de aquellas épocas, renunciando a garrafales errores, allì ofrecidos a tanta gente ingenua.
04/12/13 12:19 PM
  
Pepito
En mi opinión, la Iglesia debería condenar el capitalismo con la misma rotundidad y contundencia como lo hizo y lo hace del comunismo ateo y marxista.

No hay un capitalismo bueno y otro malo, como un poli bueno y otro malo, un capitalismo salvaje y otro no salvaje. El capitalismo es siempre esencialmente capitalismo, aunque tenga algunos retoques accidentales a lo largo de su historia.

El capitalismo es de suyo salvaje, aunque ciertamente hay un capitalismo más salvaje que otro, pues coloca al afán de lucro individual como principal motor de la economía, llegando a considerar que la mejor manera de lograr el bien común es dejando libertad a los individuos para que compitan entre sí buscando su propio beneficio egoista.

Es el egoísmo individual elevado inmoralmente a la categoría de dogma de la eficacia economica. Es el vicio del afán de lucro personal elevado falazmente a la categoría de virtud social capaz de conseguir el bien común.

Un sistema económico basado en el execrable vicio del afán de lucro y el enriquecimiento personal, jamás debería ser aceptado ni aplaudido por la Iglesia Católica.

Eso sin entrar en el brutal control de la población, mediante los salvajes crimenes del aborto y la eutanasia, que el capitalismo, incluso el más moderado, necesita perpetrar legalmente para poder perpetuarse como sistema en tiempo de paz más o menos prolongada.

Mientras no caigamos en la cuenta de que todo capitalismo per se es salvaje, aunque ciertamente hay capitalismos más salvajes que otros, la Iglesia seguirá tonteando o flirteando con dicho sistema y nunca adquiriremos la necesaria distancia crítica y moral respecto al mismo que nos permita superarlo.
04/12/13 1:57 PM
  
Leonardo
No, mi fe no está puesta en Gustavo Gutiérrez, a Dios gracias. Alguien que, leído en su momento y circunstancia, sonaba como el más marxista de todos. No sé, tal vez hubiese un "espíritu de Gutiérrez" menos marxista ;-)).

Por supuesto que puede cambiar de posición, y refutar todos sus escritos, plagados de interpretaciones clasistas que maltrataron el alma de muchos católicos. Puede contribuir con la Iglesia deshaciendo el tingladito liberacionista que montó en su momento.

Desde Montevideo, no puedo menos que aplaudir los conceptos de Néstor y de Mons. Barriola.
04/12/13 4:43 PM
  
Gregory
Quiero creerle porque no considero que este hombre fuera esencialmente perverso pero ciertamente equivoco el camino al querer buscar una respuesta cristiana a los problemas del Latinoamerica. El punto aqui es que renuncie al marxismo de forma tajante porque sus declaraciones las de Gutierrez son ambiguas de ahi que se salgo siempre con la suya.
04/12/13 4:44 PM
  
Dahrendorf
Independientemente de la dermarxistización o no de su teología hoy en día, Gustavo Gutiérrez ha sido y es un teólogo liberal. Sólo hay que ver cómo está la PUCP, la ex católica y ex pontificia universidad en Lima, donde ha sido profesor de teología. ¿Tiene amor por los pobres? Admirable, bravo por él. Pero no es suficiente. Para dar el mensaje a todos los creyentes de que lo que dice y enseña es acorde con lo que ha dicho la Iglesia durante dos milenios hace falta mucho más que un loable sentido de misericordia y de inquietud por la injusticia. Hace falta, sencillamente, enseñar la Verdad. Puede sonar poco oportuno o poco caritativo decir que es una ingenuidad rehabilitarlo. Pero es una verdad como un templo. Y creo que no hay que tener miedo a la verdad.
04/12/13 7:48 PM
  
Luijo
Bueno, yo fui uno de esos "ingenuos" que aceptó como reflexión buena y válida en los años de su apogeo la TL y ciertamente no era difícil que me sucediera a mi y a muchos otros militantes de Acción Católica, porque de lo que éramos testigos en la vida diaria era de una verdadera barbarie. Precisamente la lectura de los Evangelios nos transmitió esa sensibilidad por los más pobres y sin embargo estábamos ante el espectáculo dantesco de una Iglesia Latinoamericana instalada cómodamente en el seno de una bestia de muchas cabezas. Bestia que le había construído sus templos, colegios y llenado de privilegios y prebendas que la mantenían en silencio cómplice ante lo que acontecía. En este cuadro, lo que parecía más coherente era la TL, que empezaba a diseminarse por todo el continente.

En este sentido estoy de acuerdo con el comentario de Pepito. Más arriba:
"En mi opinión, la Iglesia debería condenar
el capitalismo con la misma rotundidad y contundencia como lo hizo
y lo hace del comunismo ateo y marxista.
No hay un capitalismo bueno y otro malo,

Asi es, el capitalismo es intrínsecamente malo. Entre otras cosas, porque permite la acumulación de riquezas y nada es menos evangélico que esto.
En cierta forma que existiera una Teología de la Liberación que pretendiera argumentar desde el Evangelio le salvaba las culpas a la jerarquía eclesiástica, asi como la aparición de exponentes católicos como Monseñor Romero, Helder Cámara y Camilo Torres A quienes nadie podrá juzgar con criterios ortodoxos de hoy.

Los argumentos en contra que se ofrecieron entonces, realmente no llegaron a nuestros oídos y como nos sentíamos en defecto con los pobres del continente, estábamos más ocupados en conseguir una presencia de la Iglesia en un proceso que no paraba. Ciertamente, no teníamos el cuadro completo y por eso admito no poca ingenuidad en nuestra actitud frente a la devastación que tenía lugar en el continente. Como decía un amigo religioso¨"siempre llegamos tarde". El púlpito católico no tiene una predicación coherente respecto a la historia y la escatología, entonces un dia el Papa va a Aparecida y se queja de la emigración de católicos hacia las comunidades protestantes y evangélicas. Hoy por hoy los medios electrónicos están abarrotados de teorías conspiracionistas sobre el fin del mundo y en los púlpitos se oye predicar que toooodas las Escrituras leídas en las Misas al respecto no deben ser tomadas como profecía. ¿Y qué son? Si hay inquietudes al respecto y nosotros tenemos la interpretación correcta. Por qué el púlpito no lleva luz a las gentes? Me temo que otra vez vamos a ser sorprendidos por los hechos, solamente por no predicar la verdad completa.

Sobre el padre Gustavo Gutiérrez, si le creemos o no es un asunto que no considero debatible en un foro como este. Si extravió a muchos será el Señor que lo juzgue. El mismo que nos juzgará a nosotros por el aburguesamiento y la comodidad que tanto nos ha restregado el Papa Francisco. Bendiciones.
05/12/13 5:46 AM
  
Enrique
Para los "ingenuos":
En verdad da que pensar tanta ingenuidad "justificada" en la supuesta carencia de argumentos de la jerarquía eclesiástica sobre este tema. Si eran católicos comprometidos debían saber estos "ingenuos" por lo menos que había que escuchar al Magisterio y éste se pronuncio con el entonces Cardenal Ratzinger alertando contra la Teología marxista y, por si fuera poco, fue pública la condena a los teólogos marxista por Juan Pablo II , nadie puede olvidar su gesto de reprensión al sacerdote Ernesto Cardenal, ministro del sandinismo marxista en Nicaragua...Acaso no era obvio que la lucha de clases era y es anticristiana? ; acaso no era obvio que promover la agudización de esa lucha con fines revolucionarios también es y era anticristiano? ; acaso la visión clasista del pobre no es opuesta a los pobres del evangelio que no es excluyente de nadie??. En fin mucha ingenuidad...
05/12/13 6:49 PM
  
Ene
La Iglesia sí ha condenado el capitalismo exacerbado, el capitalismo sin sentimientos. Que quien no lo crea, o no lo sepa, que lea lo que de él dijeron los pontífices Pío X, León XIII y sucesores hasta llegar al Papa Francisco. Latinoamérica estaba en situación de postración económica desde muchísimo antes del CVII. Lo que ocurrió desde los años 60, como lo relata el ex espía Ion Michail Pacepa, refugiado en EEUU, fue que la URSS infiltró los seminarios y la curia de militantes marxistas, de donde surgieron todos estos pseudosacerdotes de la Teol. de la Lib., que no han arreglado nada, en cambio sí ha ocasionado vandalismo, angustia, dolor y lágrimas. Pueden leer Kremlin's Religious Crusade, o también How Soviet Intelligence Promoted Christian Marxism, o también How Marxism Has Infiltrated The Catholic Church. ¿Recuerdan que la Virgen de Fátima pronosticó que Rusia esparciría sus errores por el mundo? Llena del Espíritu Santo, la Santísima Virgen no falla.
05/12/13 7:02 PM
  
Luijo
Desconozco las reglas de censura de este blog pero dejo constancia que esta es la segunda vez que subo mis últimos dos posts. Si fuí imprudente al hacerlo preferiría saberlo y asi no sucedería otra vez. O si se trata de un error del programa que también es posible. Gracias.
07/12/13 8:33 AM

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