La infancia de Jesús según Joseph Ratzinger

Antes de la próxima Navidad saldrá a la venta, en Europa, el más reciente libro de Joseph Ratzinger-Benedicto XVI. Quizás no sea el último, pero sí el más deseado por el Papa. Su obra culmen. Se trata del “capítulo cero” de su Jesús de Nazaret. Un texto de poco más de 100 páginas dedicado a un tema apasionante y controvertido a la vez: la infancia de Cristo. Este periodo de la vida del Salvador ha despertado gran interés y no menos polémicas en la historia de la Iglesia.

Desde los evangelios apócrifos, que se multiplicaron en los primeros años del cristianismo relatando historias fantásticas del “niño Dios”, hasta la casi total ignorancia sobre un periodo poco conocido de la vida de Jesucristo. Lo cierto es la curiosidad sobre esta etapa de la vida de Jesucristo es grande. Por ello el libro del pontífice captará una gran atención. Abajo compartimos algunos extractos de esta esperada obra.

LA INFANCIA DE JESÚS
Joseph Ratzinger – Benedicto XVI

Finalmente puedo entregar en las manos de los lectores el pequeño libro desde hace largo tiempo prometido sobre los relatos de la infancia de Jesús. No se trata de un tercer volumen, sino de una especie de pequeña “sala de ingreso” a los dos precedentes tomos sobre la figura y sobre el mensaje de Jesús de Nazaret. Aquí he ahora buscado interpretar, en diálogo con los exegetas del pasado y del presente, aquello que Mateo y Lucas relatan al inicio de sus Evangelios sobre la infancia de Jesús.

Una interpretación justa, según mi convicción, exige dos pasos. Por una parte, es necesario preguntarse qué cosa pretendían decir con sus textos los respectivos autores, en su momento histórico – es el componente histórico de la exegesis. Pero no basta dejar el texto en el pasado, archivándolo así entre las cosas ocurridas hace tiempo. La segunda pregunta del justo exegeta debe ser: ¿Es verdad lo que ha sido dicho? ¿Me corresponde? Y si me interesa, ¿en qué modo? Ante un texto como aquel bíblico, cuyo último y más profundo autor, según nuestra fe, es Dios mismo, la pregunta sobre la relación del pasado con el presente forma parte infaltablemente de nuestra interpretación. Con eso la seriedad de la investigación histórica no es disminuida, sino aumentada.

Me dediqué con premura a entre en diálogo con los textos en este sentido. Con ello soy bien consciente que este coloquio en el cruce entre pasado, presente y futuro no podrá jamás ser concluido y que toda interpretación queda atrasada respecto a la grandeza del texto bíblico. Espero que el pequeño libro, no obstante sus límites, pueda ayudar a muchas personas en su camino hacia y con Jesús.

Sobre el nacimiento de Jesús

Jesús nació en una época determinable con precisión. Al inicio de la actividad pública de Jesús, Lucas ofrece una vez más una datación detallada y cuidadosa de aquel momento histórico: es el decimoquinto año del imperio de Tiberio César; son mencionados el gobernador romano de aquel año y los tetrarcas de Galilea, de la Iturea y de la Traconítide, como también de la Abilene y después los jefes de los sacerdotes (cfr. Lc 3,1 s).

Jesús no nació y apareció en público en el impreciso “erase una vez” del mito. Él pertenece a un tiempo exactamente fechable y a un ambiente geográfico exactamente indicado: el universal y el concreto se tocan mutuamente. En Él, el Logos, la Razón creadora de todas las cosas, entró en el mundo. El Logos eterno se hizo hombre, y de esto es parte el contexto del lugar y del tiempo. La fe está ligada a esta realidad concreta, aunque después, en virtud de la Resurrección, el espacio temporal y geográfico es superado y el “preceder en Galilea” (Mt 28,7) de parte del Señor introduce en la amplitud abierta de la entera humanidad (cfr. Mt 28, 16ss).

Alimento para toda la humanidad

María envolvió al niño en fajas. Sin sentimentalismo alguno, podemos imaginar con qué amor María se habrá dirigido al encuentro de su hora, habrá preparado el nacimiento de su Hijo. La tradición de los íconos, en base a la teología de los padres, ha interpretado al comedero y las fajas también teológicamente. El niño estrechamente envuelto en las fajas aparece como un llamado anticipado a la hora de su muerte: Él es, desde el inicio, el Inmolado, como veremos aún más detalladamente reflexionando sobre la palabra acerca del primogénito. Así el comedero era representado como una suerte de altar.

Agustín interpretó el significado del comedero con un pensamiento que, en un primer momento, aparece casi inconveniente pero, examinado más atentamente, contiene un profunda verdad. El comedero es el lugar en el cual los animales encuentran su nutrición. Pero ahora yace en el comedero Aquel que ha indicado a sí mismo como el verdadero pan bajado del cielo – como el verdadero alimento del cual el hombre tiene necesidad para su ser persona humana. Es el alimento que dona al hombre la vida verdadera, aquella eterna. En este modo, el comedero se vuelve un llamado a la mesa de Dios a la cual el hombre está invitado, para recibir el pan de Dios. En la pobreza del nacimiento de Jesús se delinea la gran realidad, en la cual se actúa de modo misterioso la redención de los hombres.

2 comentarios

  
Héctor
Emil si lees los dos anteriores tal vez veas el criterio histórico del papa
15/10/12 5:42 AM
  
Ikari
Emil, al final de cada uno de los libros previos, sobre Jesús escritos por el papa hay una extensa bibliografia. Seguro este no será la excepción.
15/10/12 7:58 PM

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