19.08.09

(24) Lenguaje católico oscuro y débil

–Bueno, en cierto modo, esto… no, el asunto es que, no sé si me explico…
–Tranquilo y calle por el momento. Madure más el concepto y podrá darlo a luz en la palabra con toda claridad y exactitud. Tómese para ello el tiempo que necesite, aunque sean nueve meses. Y pruebe a pensar con calma, incluso a estudiar y a rezar ese asunto: verá que no le pasa nada.

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15.08.09

(23) Verdades de fe silenciadas –y II

–Perdón que insista. Y si el enviado a predicar no predica el Evangelio ¿a qué se dedica, a tocar el bombo?
–O la trompeta. Se dedicará a cualquier aberración o inutilidad, ya que se está resistiendo al Espíritu Santo, que le fue comunicado sacramentalmente por un sucesor de los Apóstoles.

Como causas principales del silenciamiento de ciertas verdades de la fe quedaron ya señaladas en el post anterior la ignorancia, la mala doctrina, la falta de fe, la falta de esperanza. Pero consideremos también otras causas.

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10.08.09

(22) Verdades de fe silenciadas –I

–¿Y si aquellos que han recibido verdades de la fe y han sido enviados para predicarlas, no las predican, de qué hablan entonces al personal?
–Buena pregunta. Está claro que predicarán mentiras y tonterías vanas, incapaces de salvar al hombre. Pero lo que no está tan claro es que realmente hayan recibido las verdades de la fe. Siga leyendo, y ahora estudiamos el asunto.

Cristo salva a los hombres por la predicación de la verdad. Él ha venido al mundo «para dar testimonio de la verdad» (Jn 18,37). Él quiere «que todos los hombres se salven, y lleguen al conocimiento de la verdad» (1Tim 2,4). Cristo sabe que Él es «la verdad» (Jn 14,6), la luz del mundo, y que quien le sigue «no anda en tinieblas, sino que tendrá luz de vida» (Jn 8,12). Y pide: Padre, «santifícalos en la verdad» (17,17), es decir, santifícalos por obra del Espíritu Santo, que es «el Espíritu de la verdad» (16,13). Sabe Cristo que solo «la verdad nos hará libres» (8,32) del demonio, del mundo y de la carne, es decir, de nosotros mismos. Según todo esto, por tanto, todo silenciamiento de las verdades de la fe que nos salva impide o dificulta la salvación de los hombres. Es algo gravísimo.

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4.08.09

(21) La victoria final de Cristo: Parusía –y II

–Perdone, ¿y eso de la Parusía qué es?
–La venida de Cristo al fin de la historia, que puede darse ya en cualquier momento.

La Parusía ha sido falsificada en una visión secularista, como puede apreciarse en Teilhard de Chardin. Escribe Leonardo Castellani: «Telar Chardín tomó esta idea que tiene sus raíces en Spencer, el doctor del Evolucionismo o Darwinismo; y en Hegel, el doctor del Panteísmo emanatista. No hay una sola idea original en Telar Chardín, hay sólo una terminología nueva, bastante pedante: “la biósfera”, “la antropósfera”, “la noósfera”, “el Punto Omega” –que es el fin de la Evolución y es Dios […] San Pablo en 1 Timoteo 4,1-2.7 [afirma que] “el Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos apostatarán de la fe entregándose a espíritus engañadores y a doctrinas diabólicas… Rechaza las fábulas profanas y los cuentos de viejas» (Domingueras prédicas, 1966, dom. 17 post Pentec.). «Evidentemente hay una apostasía parcial o un comienzo de apostasía en todo el mundo» (ib. 1961, dom. 19 post Pentec.).Y sigue:

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31.07.09

(20) La victoria final de Cristo: esperanza –I

–Bueno, parece que esto se anima un poco.
–Todo lo que voy tratando, sea lo que sea, es siempre «causa nostræ letitiæ» porque se funda en la palabra de Dios. Por tanto, alegráos, alegráos siempre en el Señor. Servid al Señor con alegría. Lámpara es tu Palabra para mis pasos, luz en mi sendero. Enséñame a cumplir tu voluntad, y a guardarla de todo corazón. Guíame por la senda de tus mandatos, porque ella es mi gozo.

«Mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo». Así rezamos cada día en la Misa. Están perdidos aquellos que viven «sin esperanza y sin Dios en el mundo» (Ef 2,12). Por el contrario, Simeón era un anciano «justo y piadoso, que esperaba la consolación de Israel» (Lc 2,25), y también Nicodemo era un hombre de fe, que «esperaba el reino de Dios» (Mc 15,43). Ahora los cristianos, en la plenitud de los tiempos, vivimos «esperando la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo». Y ésa es la fe y la esperanza que nos identifican. La frase viene de San Pablo, cuando contrapone a los que «son enemigos de la cruz de Cristo, tienen por dios su propio vientre y ponen su corazón en las cosas terrenas», con los cristianos, que somos «ciudadanos del cielo, de donde esperamos al Salvador y Señor Jesucristo» (Flp 3,19-21).

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