18.06.22

La Eucaristía, compendio y suma de nuestra fe

Es muy interesante seguir la reflexión teológica en torno a “la esencia del cristianismo”. Un debate que ha estado presente a lo largo de la historia y que se ha acentuado, si cabe, en el pensamiento contemporáneo. Baste mencionar algunos nombres bien conocidos: Schleiermacher, Feuerbach, Harnack, Barth, Guardini, Bonhoeffer… E incluso Miguel de Unamuno, quien aborda en su obra “Del sentimiento trágico de la vida” lo que él llama “la esencia del catolicismo”.

No por casualidad vincula, el filósofo español, esta “esencia” con la Eucaristía y con la inmortalidad: Al dogma central de la resurrección en Cristo y por Cristo “corresponde un sacramento central también, el eje de la piedad popular católica; y es el sacramento de la Eucaristía. En él se administra el Cuerpo de Cristo, que es el pan de la inmortalidad”.

La Eucaristía está asociada a la esencia de lo cristiano. El “Catecismo de la Iglesia Católica” dice que este sacramento es “el compendio y la suma de nuestra fe”. Todo está ahí resumido y explicado. Hasta la misma lógica de lo cristiano, tal como expresaba magistralmente san Ireneo de Lyon: “Nuestra manera de pensar armoniza con la Eucaristía, y a su vez la Eucaristía confirma nuestra manera de pensar”.

La lógica de lo cristiano es sacramental y paradójica. Sacramental, porque lo invisible se hace presente en lo visible, y paradójica, porque es aparentemente – solo aparentemente – contradictoria. El cristianismo habla, nos recuerda el teólogo Bert Daelemans en un reciente ensayo (“La fuerza de lo débil. Paradoja y teología”, Sal Terrae, Maliaño 2022), de “la plural unidad” de la comunión, de “la inmanencia trascendente” de la creación, de “lo concreto universal” de la encarnación, o de “la entrega vivificadora” de la resurrección.

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11.06.22

La fe de Simone Weil

Hay vidas que, en pocos años, lo dicen todo. La vida terrena de Jesús fue excepcionalmente breve y excepcionalmente fecunda. Y, a mucha distancia de Jesús, otros itinerarios nos recuerdan el suyo. Pascal vivió solo treinta y nueve años (1623-1662). También Simone Weil apenas se detuvo en este mundo: treinta y cuatro años, entre 1909 y 1943.

Su vida fue corta, pero plena. El teólogo Antoine Guggenheim resume, en pocas palabras, la inspiración del pensamiento de esta autora tan singular: “Su filosofía es una indagación personal al servicio de la humanidad, pero, ante todo, de quienes viven el desarraigo de su humanidad a causa de la miseria social, de lo que ella llama esclavitud y del anonadamiento de la desdicha”.

Simone Weil - filósofa, profesora, anarquista, obrera, combatiente contra Franco durante la Guerra Civil - fue una mujer nacida en el seno de una familia judía, aunque educada “fuera de toda religión”. Ella supo percibir que el cristianismo merecía, a pesar de todos los obstáculos que podrían presentarse, un estudio serio.

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14.05.22

El Sagrado Corazón y la dignidad del hombre (sobre la imagen del Sagrado Corazón en Vigo)

“Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna”. De esta manera conmovedora, confiesa Pedro su fe en Jesús, el Santo de Dios. Cada uno de nosotros puede preguntarse: ¿Adónde ir?, ¿cómo orientarnos en medio de la fragmentación que caracteriza el espacio cultural en el que estamos inmersos?, ¿en qué lugar encontrar una palabra que salve la vida?

Como Pedro, hallaremos la respuesta depositando, de modo nuevo, nuestra confianza en Jesús, acercándonos a él, descansando en él. Es lo que el mismo Jesús nos dice en otro pasaje del evangelio: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera”.

Quien nos invita a ir hacia él es quien, previamente, ha venido a nosotros. Son muchos los que, de un modo u otro, buscan el sentido de su vida; quienes desean saber qué cosas verdaderamente tienen peso; qué merece la pena; cuál es nuestro fin. Las religiones y las filosofías testimonian, incluso en nuestra época post-secular, la persistencia de estos anhelos, más o menos sofocados por la incitación a satisfacer de modo inmediato los caprichos de una voluntad encerrada tantas veces en la burbuja del propio yo.

La singularidad del cristianismo, que hoy ha de resonar para quien esté dispuesto a la escucha como resonó el discurso de Pablo en el Areópago, hace concreta la afirmación de que “Dios no está lejos de ninguno de nosotros”. Dios se aproxima en su “darse, en su revelación, en su advenimiento; en su encarnación. Dios se comunica tal como es: se desvela como misterio que interpela al hombre, como amor entregado. Es esta inaudita cercanía la que hace posible caminar hacia él para encontrar descanso.

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25.04.22

Fiesta de san Telmo

Hoy se celebra en Tui, y en muchos otros lugares, la solemnidad del beato Pedro González Telmo, conocido como san Telmo. Es patrono de la diócesis de Tui-Vigo, de la ciudad de Tui y de los navegantes.

Esta fiesta, el lunes siguiente al lunes de Pascua, pone de relieve que los santos son el fruto de la Pascua. Lo que ha acontecido en Jesucristo, el paso de este mundo al Padre a través de la muerte y la resurrección, acontece también en sus discípulos cuando se vinculan a Él por la fe y los sacramentos, y reflejan esta nueva existencia en sus vidas. La culminación de esta identificación con el Señor tiene lugar, para aquellos que han vivido unidos a Él, en el momento de la muerte. Esto ha sucedido de manera paradigmática con san Telmo.

El Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia dedica una entrada a San Telmo, escrita por el P. Teodoro González García, OP. Merece la pena leerla, ya que nos acerca a la figura del santo. Nacido en Frómista allá por el 1190, estudiante en la recientemente fundada Universidad de Palencia y joven canónigo de la catedral de esta ciudad. Cuando celebraba su nombramiento “montado en un caballo ricamente enjaezado quiso recorrer la ciudad. El caballo se desbocó y le derribó en un lodazal. Oyó burlas y comentarios jocosos. Esto le ayudó a reconsiderar su vida y a darle un nuevo rumbo”.

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21.04.22

Domingo

El cuarto evangelio deja constancia de la aparición de Jesús resucitado a los suyos “al anochecer de aquel día, el primero de la semana” y, de nuevo, “a los ocho días” (Jn 20,19.26). El día primero de la semana, el primer día después del sábado, pasó a llamarse “domingo”, “día del Señor”, porque en ese día tuvo lugar la resurrección de Jesucristo de entre los muertos.

San Agustín comenta que “el Señor imprimió también su sello a su día, que es el tercero después de la pasión. Este, sin embargo, en el ciclo semanal es el octavo después del séptimo, es decir, después del sábado hebraico y el primer día de la semana”. Jesús resucitado inaugura la nueva creación y la nueva alianza y abre, asimismo, el día que no tendrá ocaso: la vida eterna.

Nadie vio el hecho mismo de la resurrección. Se trata de un acontecimiento transcendente que irrumpe en la historia. Benedicto XVI, usando una metáfora, dice que se trata de la mayor “mutación”, del salto más decisivo en absoluto hacia una dimensión totalmente nueva que se haya producido jamás en la larga historia de la vida y de sus desarrollos.

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