A ciertas cosas, no hay derecho

Hay cosas que suceden sin más. Pero, entre las cosas que suceden, algunas de ellas se escapan a nuestra lógica, que nos mueve a reivindicar derechos y a exigir obligaciones. Otras lógicas no lo hacen. Uno no puede desear hacer comparecer al Universo porque un rayo haya caído sobre su casa. No podrá hacerlo. Y, si hubiese caído sobre una persona, tampoco.

Pero uno sí puede sentirse responsable si, por su culpa, se causa un enorme daño debido a la falta de cuidado que no es imputable a nadie, en principio, sino a uno mismo. No es sensato que, por satisfacer a saber qué gusto, alguien se permita tener una corte de tigres, o de leones o de lobos. Y no sé cómo se comportan los tigres, los leones o los lobos si se ven condenados a formar parte de la corte de alguien, presuntamente, irresponsable e irracional. Pero sí vemos qué pasa con ciertos perros.

Leer que una señora mayor, a la vuelta de Misa, se haya visto devorada por unos perros; saber que se debate, ahora, entre la vida y la muerte, es mucho más de lo que es posible soportar.

Cualquier mal – los incendios, las catástrofes, etc. – son evaluables en la medida en que los afectados sean tales, afectados, por la dejación de funciones de los responsables. Pero un monte quemado no es nada en comparación con una persona devorada por perros, no salvajes, sino, supuestamente, bajo control.

Hay gente que, si hay espectáculo, si es noticia, se apunta. Y, si no, no le importa, pasa. A algunas personas, hasta buenas, no les importan las personas, sino solo las causas, o solo el quedar bien. O a saber qué. Si hay un incendio enorme, no ahorran calificativos.

Si la víctima es una buena mujer que, al volver de Misa, es atacada por unas bestias, cuyo dueño es, como poco, un irresponsable, ya no se percibe la tragedia. Es solo un accidente.

El mal no tiene derechos. Y, a veces, ni el bien. Pero hay que estar un poco errados si se ve como el mal absoluto que no se secunde, digamos, la independencia de Cataluña – como si ese tema respondiese al derecho natural o a la revelación divina - , o como si, pasando, siendo plenamente indiferente al sufrimiento de las personas, se cargase la emotividad de las palabras cuando se trata de los incendios, y se hiciese de menos el daño sufrido por cada persona.

No les importan, a quienes están errados, a quienes razonan así, las personas; les importan las “causas”. Esa preferencia no nos consuela nada.

A ciertas cosas, no hay derecho. Lo ideal es no engañar y ser honestos. El “pasar” de todo, si no afecta a muchos, si no es noticia, decepciona enormente.  Suena a lo que es, a enormemente falso.

 

Guillermo Juan Morado.

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