EL R.P. Niceto Blázquez, O.P., y la infalibilidad falible de la Iglesia

Pena de muerteEl R. P. Niceto Blázquez, O.P., ha publicado un artículo en la revista “Studium” de los Institutos Pontificios de Filosofía y Teología, O.P., Fasc. 1 del año 2019, pp. 21 – 78, titulado “La pena de muerte en el Catecismo de la Iglesia”.

En ese artículo, el autor defiende la reforma del Catecismo llevada a cabo por el Papa Francisco, en el sentido de que la pena de muerte es “inadmisible”.

El artículo, en forma en cierto modo paradójica, se caracteriza por la violencia con la que el autor reacciona contra los críticos de dicha reforma del Catecismo.

Califica a estos críticos de “viejos y escleróticos matones doctrinales” (p. 70); “piscópatas integrados” (ibid.), “fanáticos religiosos”, (p. 71), “terroristas pastorales” (p. 73), que “presumen de católicos” (ibid.), “viejos mentales, incapaces de mejorar sus esquemas de pensamiento” (p. 74); las suyas serían “reacciones viscerales de ultratumba” (p. 76), etc.

Dedica unos párrafos especialmente a “Infocatólica” y a un “post” del P. Iraburu sobre el tema, en un tono similar, sobre lo cual no vamos entrar por razones obvias, salvo para notar que este portal ya es mencionado en las publicaciones teológicas.  

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Yendo al fondo del asunto, el artículo es decepcionante en el sentido de que finalmente no se pronuncia acerca de si la pena de muerte es intrínsecamente mala o no.

El autor hace referencia a trabajos suyos anteriores sobre el tema, pero lo cierto es que al lector de este artículo en particular esa pregunta no le queda respondida.

Es notable que en un artículo de más de cincuenta páginas, por el que desfilan muchas consideraciones acerca de lo divino y lo humano, no se responda finalmente a esta pregunta, que es la única importante, en definitiva.

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Es cierto que a lo largo de esas páginas formula tales cargos contra la pena de muerte, que parece que sólo deja lugar a la conclusión de que sí es intrínsecamente mala.

Por ejemplo, dice que la pena de muerte es “incompatible con la conducta personal de Cristo y sus enseñanzas orales” (p. 58), “incompatible con el mandato nuevo del perdón” (ibid.), que el mandamiento bíblico “no matarás” tiene valor absoluto y se refiere tanto al inocente como al culpable (p. 59), que tanto el criminal como el inocente tienen derecho a la vida (ibid.), que la pena de muerte “no encaja en los parámetros de la revelación cristiana ni de la razón humana”, representa “la violación más escandalosa del derecho natural a la vida de todo ser humano, inocente o culpable”, y es “una violación vergonzante de la caridad cristiana” (p. 64), etc. Habla de “esta decisión del Papa Francisco de anatematizar sin paliativos la pena de muerte” (p. 66).

Parece difícil, en efecto, que un acto que reúne todas esas características no sea intrínsecamente malo.  

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Lo que es un hecho, es que durante 20 siglos la Iglesia ha enseñado que la pena de muerte es moralmente lícita, lo cual implica, obviamente, que no es intrínsecamente mala.

Véase nada más esta parte de la Profesión de Fe exigida por el Papa Inocencio III a Durando de Huesca y sus compañeros valdenses:

De la potestad secular afirmamos que sin pecado mortal puede ejercer juicio de sangre, con tal que para inferir la vindicta no proceda con odio, sino por juicio, no incautamente, sino con consejo.” (D 420)

Y aquí es donde la argumentación del autor se adentra en aguas turbulentas.

Porque básicamente, acepta que la Iglesia sí se ha equivocado en el pasado al respecto, sólo que según él, la infalibilidad de la Iglesia no excluye que ésta pueda equivocarse.

Por ejemplo: “La Iglesia es infalible siempre que no se equivoca, y no se equivoca nunca cuando reconoce y trata de corregir sus equivocaciones (…) En el pasado la Iglesia consideró admisible la pena de muerte. Fue un gran error.” (p. 70).

“Para quienes usan el sentido común bastaría decir que quien no rectifica se equivoca siempre, y quien rectifica y aprende de sus errores no se equivoca nunca.” (p. 76).

Y agrega: “Como es obvio, la condena actual de la pena de muerte en el Catecismo significa una ruptura total con la enseñanza tradicional que conocíamos sobre la pena capital.” (p. 72).

Por donde se ve que el autor sí acepta que la Iglesia ha enseñado siempre la licitud moral de la pena de muerte, y sostiene además, que esa enseñanza ha sido errónea.

Más aún, el autor parece dar por supuesto que el Magisterio eclesiástico que enseña la licitud de la pena de muerte es Magisterio infalible (cuestión que no vamos a tratar en este “post”).

En efecto, de lo contrario no se ve porqué habría que dar una versión “reformada” de la infalibilidad de la Iglesia para poder encajar la reforma del Catecismo en lo relativo a la pena de muerte.

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Por nuestra parte, no vemos cómo esas afirmaciones no van contra el dogma de fe de la infalibilidad de la Iglesia.

En efecto, si la Iglesia se equivoca, como dice el autor, es que puede equivocarse, y entonces, no es infalible, porque “infalible” quiere decir “que no puede equivocarse”.

No nos parece suficiente decir que el autor se refiere ahí al Magisterio ordinario y no infalible de la Iglesia, por lo dicho, porque entonces no se ve a cuento de qué vendría mentar la infalibilidad de la Iglesia acerca de este tema, y tratar de dar una interpretación de la misma compatible con la posibilidad de errar.

Por eso, reformulamos más exactamente: Si la Iglesia, en su Magisterio infalible, se equivoca, como implica el autor, es que puede en el ejercicio de dicho Magisterio infalible equivocarse, y entonces, ese Magisterio no es en realidad infalible, porque “infalible” quiere decir “que no puede equivocarse”.

Dicho de otra manera: el autor propone una interpretación del dogma de la infalibilidad de la Iglesia que en realidad contiene la negación del mismo, pues contiene la afirmación de que la Iglesia puede errar y yerra en el ejercicio mismo de su Magisterio infalible.

En efecto, la infalibilidad de la Iglesia, según el autor, consiste en la capacidad de reconocer y corregir sus equivocaciones. Y por tanto, no consiste en la incapacidad de equivocarse, que es el verdadero sentido de la infalibilidad.

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Eso por lo que tiene que ver con la tesis del autor acerca de la infalibilidad de la Iglesia. En cuanto a los argumentos en que quiere apoyarla, dice, como vimos, que quien se rectifica y aprende de sus errores no se equivoca nunca.

Obviamente, esa frase, tomada rigurosamente, es contradictoria. El que no se equivoca nunca, por ello mismo no tiene nunca necesidad de rectificar nada.

Agrega el autor que “así como las personas que no reconocen y corrigen sinceramente sus errores, no son creíbles ni de fiar, las que, por el contrario, los reconocen y corrigen infunden credibilidad y confianza. Este es el caso de la Iglesia institucional.” (p. 70).

Lamentablemente eso no basta para fundamentar la confianza que el fiel tiene que tener en el Magisterio infalible de la Iglesia. Porque así como el autor sostiene que la Iglesia se equivocó en el pasado y acierta ahora, otro podría decir que acertó en el pasado y se equivoca ahora.

¿Cómo decidir la cuestión entre esas dos tesis contrapuestas? ¿A quién acudir, a qué autoridad? ¿A la de la Iglesia? Pero es esa misma autoridad de la Iglesia la que estaría en cuestión a partir de una situación semejante. Si la Iglesia quisiese resolver esa disputa en un sentido o en otro ¿cómo sabríamos que su respuesta ha sido acertada y que no ha sido un error del cual deberá rectificarse en el futuro?

En general, si la infalibilidad de la Iglesia es lo que el autor dice que es ¿cómo sabemos que no han sido erróneos todos los pronunciamientos infalibles del pasado, por ejemplo, los grandes Concilios Ecuménicos trinitarios y cristológicos, los que han tenido que ver con el tema de la gracia, el Concilio de Trento y el Concilio Vaticano I, así como todas las definiciones papales “ex cathedra”?

¿Cómo sabemos que la infalibilidad de la Iglesia en esos pronunciamientos no consiste simplemente en que, como dice el autor, en el futuro reconocerá que han sido todos erróneos, y entonces, no se habrá equivocado nunca?

Tal vez se quiera responder que la verdad se encuentra siempre en la decisión posterior, no en la anterior, de la Iglesia. Pero eso tampoco significa nada, porque, como acabamos de decir, nada impide, en esa hipótesis, que en otra decisión posterior a la posterior la Iglesia vuelva a rectificarse. Habría que esperar en última instancia a la segunda venida de Nuestro Señor Jesucristo para saber finalmente cuál es la enseñanza verdadera de la Iglesia sobre estos temas centrales para la fe.

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Con esto entendemos que basta para evaluar el artículo que estamos comentando. Agregamos sin embargo algunos aspectos más.

El autor distingue entre el “Depositum fidei” y el “Depositum Ecclesiae”. El primero, dice, es “comparable a un estuche de oro en el que se conservan las verdades esenciales de la fe cristiana como perlas regaladas por Dios” (p. 56). El segundo es “comparable a un cajón de sastre en el que hay de todo: agujas, alfileres, dedales y tijeras; el bocadillo de las once, alpargatas y otros comestibles” (Ibid.).

Su tesis es que en el primero no puede haber errores, en el segundo, sí.

Pero eso no agrega nada a la cuestión principal que hemos discutido arriba: si puede afirmarse en consonancia con la fe católica que la Iglesia es infalible, no porque no pueda equivocarse, sino porque corrige sus propios errores.

De nada sirve distinguir entre el “Depositum fidei” y el “Depositum Ecclesiae”, como hace el autor, si luego se manda al “Depositum Ecclesiae”, como lugar donde el error siempre es posible, a los pronunciamientos infalibles de la Iglesia misma.

Y repetimos que el autor hace eso, porque de lo contrario no habría razón alguna para mentar la infalibilidad de la Iglesia en su artículo.

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El autor utiliza también el “argumentum ad futurum”, que no es un argumento válido y que aquí sólo sirve para dejar planteada la duda sobre una verdad de fe sin resolverla:

Afortunadamente sólo Dios es absolutamente infalible. Pero nunca estará de más aclarar las cosas sobre este tema hasta donde ello sea posible. Así pues, dejamos aquí la puerta abierta para una reflexión posterior sobre la infalibilidad papal y del Magisterio de la Iglesia” (pp. 76 – 77).

En realidad, la puerta ha sido ya cerrada en este artículo, en el que se enseña, a fin de cuentas, que la Iglesia no es infalible, de lo que se sigue  que toda futura reflexión sobre la infalibilidad de la Iglesia sería un ejercicio de futilidad ociosa.

Por otra parte, “absolutamente infalible” puede querer decir dos cosas: 1) Infalible en todos los temas y en todas las ocasiones 2) Totalmente infalible, en sentido de que un pronunciamiento dado no tiene ni siquiera una pequeñita posibilidad de ser erróneo.

En el primer sentido, es cierto que sólo Dios es absolutamente infalible, pero eso no quita que la Iglesia sea infalible en el sentido de que acerca de ciertos temas y en ciertas condiciones de su enseñanza no puede absolutamente equivocarse, que es lo que Ia Iglesia cree y enseña, justamente, acerca de ella misma.

En el segundo sentido es claro que se está implicando un absurdo, es decir, que un pronunciamiento dado puede ser más o menos infalible, que puede decir, en el preciso sentido en que define una cuestión, algo infalible aunque no del todo, o sea, que puede ser “muy infalible” a pesar de conservar una pequeñita posibilidad de estar equivocado.

El “hasta donde ello sea posible”, además, debe incluir en todo caso, si estamos hablando según la fe católica, “hasta eliminar toda supuesta contradicción con la fe en la infalibilidad de la Iglesia”, porque de lo contrario se estaría usando el carácter misterioso de la Verdad revelada por Dios como excusa para poder sostener doctrinas contrarias a la fe.

Igualmente dice el autor: “Otras cuestiones importantes que surgen al filo de la rectificación del 2267 del Catecismo son la infalibilidad de la Iglesia, la evolución del dogma, la Tradición Apostólica como fuente de revelación y muchas tradiciones eclesiásticas (…) En esos documentos que hemos reproducido están ya sugeridos también los criterios para responder adecuadamente a estas importantes cuestiones. Todo es cuestión ahora de que los teólogos, exégetas, canonistas y pastoralistas estén a la altura de las circunstancias para explicarlos y aplicarlos correctamente sin fanatismo ni escrúpulos de conciencia”. (p. 57).

Ahí es nada, como dicen en la Península, el atado de cuestiones que surgen a partir de dicha reforma, si hemos de creer al autor. Menudo trabajo les cae a los teólogos de explicar cómo es infalible lo que puede equivocarse, o sea, lo que no es infalible. El “argumentum ad futurum” se especifica aquí como “ad futurum terrificum”.

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En definitiva, cabe complementar el comentario que hicimos antes sobre el hecho de que Infocatólica aparezca mencionada y citada en una revista teológica con este otro, paradójico ciertamente, pero que entendemos que arroja una luz inquietante sobre nuestro tiempo: si las revistas teológicas siguen publicando aportes de esta índole, lo que habrá que señalar como importante en el futuro es que dichas revistas aparezcan mencionadas en los portales católicos de Internet que se dedican a la difusión y defensa de la auténtica fe de la Iglesia.

21 comentarios

  
Jordi
La presencia de este lenguaje emotivo indica que no hay verdad en este artículo. [Disculpe que edite, pero prefiero evitar totalmente los calificativos en este tema]

Saludos cordiales.
28/04/19 5:45 PM
  
Palas Atenea
No explicita la cantidad de veces que la Iglesia puede equivocarse y rectificar, porque podría darse la rectificación de la rectificación. Una vez movida la enseñanza secular de la Iglesia esta posibilidad está abierta. Supongamos que nos metemos en la IIIGM y los países empiecen a cambiar sus leyes con respecto a la pena de muerte. ¿Se mantendrá la Iglesia en sus trece o admitirá excepciones?
Esta rectificación de la Doctrina secular de la Iglesia coincide sospechosamente con la ideología dominante en Occidente, si por cualquier causa este punto de vista cambiara, ¿qué haría entonces la Iglesia? ¿Seguiría diciendo que es inadmisible si la pena de muerte se reinstaurara en los países que actualmente no la tienen o empezaría a hablar de situaciones excepcionales y otra vez la burra al trigo?

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En efecto, eso muestra que el dogma de la infalibilidad de la Iglesia no está de adorno y que es absolutamente necesario para hacer posible la fe en lo que la Iglesia enseña como revelado por Dios.

Saludos cordiales.
28/04/19 9:55 PM
  
Curro Estévez
“Para quienes usan el sentido común bastaría decir que quien no rectifica se equivoca siempre, y quien rectifica y aprende de sus errores no se equivoca nunca.”
¡Vaya cacao mental que tiene el muchacho!
Se ve que la primavera eclesial no cesa da dar flores como esta.
28/04/19 10:08 PM
  
Rubén (de Argentina)
“La Iglesia es infalible siempre que no se equivoca"
Si no fuera por lo que atañe, esa frase es para reir (o para llorar). Me acabo de dar cuenta de que soy absolutamente inmortal hasta el momento en que muera.

Lo que sí resulta evidente del artículo de Niceto Blázquez (a secas), es que ha dejado de ser sacerdote católico. Nos quiere traer otro Evangelio, en donde la iglesia del Dios vivo, ya no es columna y sostén de la verdad como bien nos dice San Pablo en 1 Tim 3,15. Y ya sabemos lo que nos ha dicho apostol respecto de aquellos que traen otro evangelio.

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El Sacramento del Orden imprime carácter, y por tanto, una vez que alguien se ordena sacerdote, lo es para siempre.

En efecto, frases como ésa me hacen pensar en aquel jarrón que fue irrompible hasta que se rompió.

Saludos cordiales.
28/04/19 10:27 PM
  
Cos
En tiempos de crisis de fe, crisis de razón.

"Otras cuestiones importantes que surgen al filo de la rectificación del 2267 del Catecismo son la infalibilidad de la Iglesia, la evolución del dogma, la Tradición Apostólica como fuente de revelación y muchas tradiciones eclesiásticas". Es increíble esta sentencia. Es la demolición de todo. Llegado a este punto ¿no cabe preguntarse a esta persona si quizá es que, simplemente, ella no es católica?
28/04/19 11:16 PM
  
chico
Personalmente: Ante estos planteamientos, yo siento que debo empezar a dudar de mi Fe católica. No entiendo nada. Me escandalizo. Pero como entiendo que la Fe católica es la única verdadera y como desde niño me enseñaron a rezarle mucho a la Virgen pues me aferro a los rosarios y a creer en la Infalibilidad Pontificia, pero con tantas dudas...…. En fin que rezo muchos rosarios y a ver por dónde escampa. Pero si a mi años no me pasaba nada de todo esto si vivía muy seguro, pero ahora las inseguridades de la Fe son como pajarracos que vuelan sobre mi razón. Malos años me han tocado como católico.

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La fe católica es la misma de siempre. El problema no lo tiene la fe católica, ni lo tienen los que adhieren a ella, sino los que propagan teorías absurdas y contradictorias como las que criticamos en este "post". En estos tiempos difíciles, el católico tiene que aferrarse a la doctrina tradicional, y rezar mucho, sin duda.

Saludos cordiales.
29/04/19 1:59 AM
  
chico
Pero, para un momento que ahora me asalta una duda importante: El Papa es infalible y tengo razones racionales es decir que esa Fe integra mis razones para afirmar ese dogma de Fe. A continuación, vienen ahora con que el Papa no es Infalible pero en este caso mis razones son opuestas a las anteriores. Osea que se me obliga a tener yo una Fe fideísta, sin razones que la defiendan. Creo que es infalible. Pero a continuación tengo que creer que es Infalible pero sin razones, o con otras razones distintas de las anteriores y aun contrarias. Osea que debo ser un católico fideísta. Pero esto está condenado por la Iglesia. Pero en este argumento puedo dudar de esa condena y decir, pues qué mas me da pues soy un fideísta y ya está y se me viene abajo todo el montaje de mi Fe católica. No puede ser, no lo consiento, no entiendo así que a mis rosarios. Pero no entiendo nada de nada.

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Lo dicho: afirmarse en la doctrina católica de siempre. La misma Iglesia enseña que el católico no puede tener nunca causa justa para poner en duda su fe.

Saludos cordiales.
29/04/19 2:33 AM
  
Daniel Iglesias
La infalibilidad falible pertenece al mismo conjunto de conceptos que la indisolubilidad disoluble y el círculo cuadrado.
29/04/19 12:15 PM
  
claudio
Estimado Néstor, cuando se modifica algo del texto del CATIC surgen inmediatamente los interesados en aprovechar la oportunidad para intentar "extender" los efectos sobre otros temas y poner todo en discusión (ya que cambiamos esto por qué no cambiar aquello y aquellos otros.....). La pregunta que surge es la siguiente: lo que está en el Catic es Dogma Infalible ?.

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Si por "dogma de fe" se entiende lo que la Iglesia enseña de modo infalible como verdad revelada por Dios para ser creída, y eso incluye las definiciones "ex - cathedra" de los Papas, las de los Concilios Ecuménicos, y el Magisterio ordinario y universal de los Obispos, entiendo que hay que andar con cuidado para decir que algo que está en el Catecismo no es dogma de fe, aunque a lo mejor es posible, dado sobre todo el carácter profuso del Catecismo actual.

Saludos cordiales.
29/04/19 6:31 PM
  
Horacio Castro
Estimado Néstor. Considero maravilloso un aporte suyo en otro blog con definiciones y puntualizaciones muy importantes. Espero que me permita publicarlo aquí porque está relacionado también con el tema de este post además de con el del alma espiritual. Dice así: ‘Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador’ (Lucas 1, 46-47). “ El recurso literario del paralelismo es frecuente en la Escritura y muchas veces consiste en repetir la misma idea con palabras diferentes. En este caso es claro que "alma" y "espíritu" se ponen como equivalentes. En ningún ente puede haber dos principios sustanciales, y ni el alma ni el espíritu pueden ser accidentes, así que alma y espíritu en el hombre son lo mismo. En el ángel hay espíritu, pero no hay alma, porque el alma es el espíritu naturalmente ordenado a animar una materia. O sea que sólo el espíritu humano es alma. Está perfectamente dicho en el tomismo que el individuo es incomunicable, a diferencia, precisamente, del universal, que es comunicable a varios individuos,. y por eso es universal. Y en efecto, Santo Tomás ofrece un concepto de "persona" que puede aplicarse analógicamente a las Personas divinas: "subsistente distinto de naturaleza racional" , entendiendo, obviamente, por "racional" la posesión de inteligencia y voluntad. La definición de Boecio es buena solamente para las sustancias creadas, donde efectivamente sustancia y persona son lo mismo. No así en Dios, donde hay un solo Ser Sustancial, y tres Personas realmente distintas entre sí. La universalidad de la ley natural no es obstáculo alguno para la subjetividad irrepetible de la persona. Precisamente, lo universal es lo común a varios, y con la excepción de las nociones trascendentales como el ente, por ejemplo, no incluye lo propio y específico de cada ente. Por ejemplo, no se debe matar al inocente. En la práctica, obviamente, el inocente será el vecino, o el familiar, o el completo extraño, será varón o será mujer, rico o pobre, etc., etc. Nada de eso queda impedido ni obstaculizado por el hecho de que en ninguno de esos casos absolutamente se lo puede matar”. Cordial saludo.

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Gracas, me alegro que le guste, si servirá o no para aquí habría que ver, pero ahí queda.

Saludos cordiales.
30/04/19 4:28 PM
  
Daniel Argentina
No me ha respondido usted, y yo estoy como chico de mas arriba.
Mi fortaleza siempre fue en creer lo que manda la Iglesia. Sin fisuras.
Sin embargo, en los últimos tiempos estoy haciendo malabares mentales, casi hipócritas, evitando estas discusiones porque temo por mi fe, pero a la vez sabiendo que debería tener una respuesta concluyente.
Entonces, hay antecedentes en que la Iglesia ha modificado costumbres:
El Concilio de Jerusalem, a pedido de san Pablo, aunque el mismo Cristo dijo que no había venido a cambiar ni una iota de la Ley.
Y en cuanto al tan mentado Inocencio III con relación a este tema -admiro a Inocencio, aunque haya una visión que lo pone en el Purgatorio- en su época hubo concilios y el mismo que:
1) En sus disposiciones sobre los judios iban contra cualquier cosa que hoy podamos admitir.
2) En sus disposiciones sobre el cobro de intereses -no me salga conque es distinto de la usura porque en ese tiempo no lo era- iban totalmente en contra de lo que hoy lamentablemente, y en parte por culpa de los "primos" protestantes, admitimos como natural
Tiene que haber una teología que explique que cosas son inmutables y que no. Evidentemente el Credo no. Los Dogmas de Fe no. Pero algunas cosas han cambiado, que parecían verdades absolutas en su momento. Por el bien de los creyentes informados pero no formados en estos temas, y por la angustia que eso nos genera, deberían ustedes pensarse mejor estas cosas, lo mismo que Roma.

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Teología hay y de sobra, pero hay que conocerla y estudiarla, y eso, en la medida de la vocación de cada uno, porque para la salvación alcanza con la fe de la Iglesia suficientemente explicada en el Catecismo. Y las obras correspondientes, obviamente.

En todo caso, se debe jerarquizar y no permitir que las cuestiones más particulares y difíciles oscurezcan o pongan en duda las grandes verdades fundamentales de nuestra fe.

Sobre esa base, dar gracias a Dios por lo que se entiende, y pedir luz, y en todo caso, paciencia, para lo que no se entiende.

El Magisterio de la Iglesia puede ser ordinario o extraordinario, falible o infalible, del Papa, del Concilio Ecuménico, de un Concilio local, o de la totalidad de los Obispos dispersa por el mundo, o de un Obispo u Obispos particulares. El objeto de ese Magisterio puede ser primario o secundario. El objeto primario son las verdades reveladas por Dios; el objeto secundario son aquellas cosas que tienen algún tipo de conexión con las verdades reveladas.

El Magisterio extraordinario es infalible. En el caso del Papa, es cuando se pronuncia "ex cathedra" definiendo un dogma de fe, o cuando establece que una doctrina es definitiva en la Iglesia; luego está también el Concilio Ecuménico cuando define alguna doctrina. Es también infalible el Magisterio ordinario y universal de los Obispos dispersos por todo el mundo, cuando enseñan algo como verdad revelada por Dios.

Ninguna de las otras formas de Magisterio, que es Magisterio ordinario, del Papa o de los Obispos, está definida por la Iglesia como infalible, y usualmente se asume que son Magisterio falible, pero que de todos modos debe ser recibido por los fieles con asentimiento religioso interno de inteligencia y voluntad, que es distinto del acto de fe teologal, requerido para el Magisterio infalible.

Cada uno de los casos que se suelen citar de presuntos errores del Magisterio debe ser analizado en sí mismo, aplicando esas categorías y con suficiente documentación histórica y teológica, pero ello no es necesario para creer lo que la Iglesia misma nos manda creer como revelado por Dios.

Saludos cordiales.
30/04/19 5:41 PM
  
claudio
Estimado Néstor por ahí iba la pregunta, hay que ser más que cuidadoso con los alcances de dogma de fe y dogma infalible y me atreví a preguntarte porque se presenta la oportunidad de aclarar la naturaleza teológica (e incluso la jurídica) de los temas que se abordan desde Roma con el efecto de "discernir" lo que lleva a la salvación del ama personal e individual y lo que puede quedar como "buenas maneras de actuar".
No solamente el CATIC es profuso, también lo es el Concilio, asimismo el documento Cristo Vive que tiene 299 párrafos y 164 citas y transcripciones.
Hay que ser más que manso ante esa "enormidad" de escrituras.
Muchas gracias.

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Como dije en otra respuesta, me parece probable que la licitud de la pena de muerte sea Magisterio infalible de la Iglesia, pero aún si no lo fuese, nada ha cambiado en ese sentido mientras no se enseñe explícitamente, en el Catecismo, por ejemplo, que la pena de muerte es intrínsecamente mala.

Saludos cordiales.
01/05/19 12:37 PM
  
Eduardo
“Para quienes usan el sentido común bastaría decir que quien no rectifica se equivoca siempre, y quien rectifica y aprende de sus errores no se equivoca nunca.” (p. 76)

Dios ha se ha rectificado? Si la respuesta es no, entonces Dios se equivoca siempre?

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En efecto, el concepto de "infalibilidad" que maneja el autor (que en realidad tampoco es un concepto, porque es contradictorio, ya que implica que el que se equivoca no se equivoca) no puede aplicarse a la infalibilidad divina.

Saludos cordiales.
01/05/19 5:59 PM
  
Bruno
Es decir, lo mismo que los obispos que hablaban de la indisolubilidad disoluble del matrimonio.

Es una nueva moral cuyo principio fundamental es que no existe la moral, sino solo la moda de lo políticamente correcto en cada momento.

Qué bajo hemos caído.

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En esto vinieron a parar todas las refinadas teorías del progresismo teológico. Al menos ahora se ve con toda claridad.

Saludos cordiales.
06/05/19 9:55 PM
  
Néstor
Off topic:

"si no existió tal cosa, si el Señor no quiso un ministerio sacramental para las mujeres, no va»."

Hago notar solamente que es un condicional, no afirma ni niega, por tanto, ni el antecedente ni el consecuente, sino solamente afirma la dependencia del segundo respecto del primero.

Saludos cordiales.
11/05/19 10:21 PM
  
true
También yo he observado el uso del condicional.
Lei en la contestación a unos comentarios ya desaparecidos que lo importante era que no se hubiera declarado que la pena de muerte era un acto intrínsecamente malo. O eso creo recordar.
Me gustaría que tratara sobre ese tema de los actos intrínsecamente malos en algún artículo, pues suele usted hacerlo con rigor y es un asunto que no está nada claro.
Estoy segura de que más de una persona se lo agradecería, aunque solo pudieran leer y no preguntar dudas.

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Muchas gracias. Sí, es buena idea y veremos de hacerlo pronto Dios mediante.

Saludos cordiales.
12/05/19 8:40 PM
  
Néstor
Agrego que es muy difícil pensar que la Iglesia se haya equivocado durante 20 siglos en algo tan grave como es la pena de muerte y el derecho a la vida del ser humano. No se ve qué quedaría del dogma de la infalibilidad de la Iglesia si se aceptase esto. Como sobre un tema así la Iglesia no puede basarse en razones meramente humanas, habría que pensar en la Revelación divina estuvo contenida desde el principio la maldad intrínseca de la pena de muerte, y que la Iglesia enseñó durante veinte siglos lo contrario.

Además, esto ha sido enseñanza universal en la Iglesia durante todo ese tiempo, porque la totalidad de los Obispos, durante todo el tiempo desde la fundación de la Iglesia hasta hace muy poco, aceptó esa doctrina al menos no protestando contra ella. Y el Magisterio universal de los Obispos es infalible, según la fe católica.

Saludos cordiales.
13/05/19 8:29 PM
  
true
Gracias, Néstor por la explicación.
Pero en realidad nunca han declarado dogmáticamente que esté bien condenar a muerte ¿no? Quizás han considerado en las únicas circunstancias que conocían que la pena de muerte era inevitable en algunos casos.
¿No se puede relacionar con pasajes como en el que Jesús dice que Moisés permitió el repudio por su dureza de corazón? Parece que Jesús pide una evolución de la mentalidad del pueblo judío. Quizás la mentalidad puede seguir evolucionando con las circunstancias en la dirección de la perfección del amor que Jesús propone.
Hablo con libertad porque sé que no lo publicarás si no lo crees adecuado, y hablo con sinceridad, porque me gustaría encontrar respuesta a mis interrogantes.
Si existe la posibilidad de contestarme, lo agradecería.

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Nuestro Señor Jesucristo, que es Dios, pudo reformar y reformó la ley del Antiguo Testamento, que era sólo una preparación para la plenitud que se revela en el Nuevo Testamento. Desde entonces, la Iglesia vive de la Revelación que culmina en Jesucristo, sin poderla cambiar, y es la única intérprete autorizada de la misma, que tiene la infalibilidad en su Magisterio extraordinario, y también en el Magisterio ordinario y universal de los Obispos. Por tanto, en la Iglesia sólo es reformable aquello que no pertenece a ninguno de esos dos Magisterios. Tengo la impresión de que la licitud moral de la pena de muerte pertenece al Magisterio ordinario y universal de los Obispos, y en ese caso, no es reformable. Además, en el "post" vimos que figura nada menos que en una confesión de fe exigida por el Papa a algunos que volvían de la herejía.

En definitiva, no se puede comparar a la Esposa de Cristo con el Israel del Antiguo Testamento, ni a la plenitud del Nuevo Testamento con la imperfección propia del Antiguo.

Saludos cordiales.
13/05/19 10:01 PM
  
true
De nuevo, gracias. Por supuesto no confundo al nuevo Israel con el antiguo, pero sí me parece observar que hay un desarrollo gradual de las definiciones de fe, y se han ido declarando dogmas a lo largo del tiempo, profundizando en la verdad a medida que hacía falta. Del mismo modo tal vez se podría profundizar en cuestiones morales. Por ejemplo, la esclavitud ha ido gradualmente considerándose inmoral, aunque la semilla estuviera en el evangelio, puesto que la sociedad no estaba preparada en el siglo I. Parece como si Dios respetara pedagógicamente nuestro desarrollo gradual.
En el evangelio dice Jesús del Espíritu: "Os guiará hasta la verdad plena; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará" (Jn 16, 13-14)
El Espíritu se manifestó en Pentecostés, pero parece como si ese "os guiará hasta la verdad plena" no fuera cosa solo de ese momento sino que la verdad se va descubriendo poco a poco.
Por lo menos eso es lo que parece a la luz de nuestra historia.

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Un punto preciso en que, según la fe católica, la Iglesia se distingue del Israel del Antiguo Testamento es que la Iglesia es infalible en su Magisterio extraordinario, y en el Magisterio ordinario y universal de los Obispos.

Y la infalibilidad excluye todo desarrollo que contradiga lo que antes ha enseñado la Iglesia, porque es claro que donde hay dos proposiciones contradictorias, una es falsa, y no puede por tanto ser enseñada por un Magisterio infalible.

Saludos cordiales.
14/05/19 8:27 PM
  
pedro de madrid
A ver si utiliza igual lenguaje contra los políticos para defender del asesinato de inocentes en manos de abortistas , si eso es pena de muerte, no se puede negar, ya que son seres vivos.

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Es que no son casos equiparables. El aborto no es pena de muerte, porque el no nacido no ha cometido crimen alguno.

Saludos cordiales.
24/05/19 7:33 AM
  
Luis Piqué Muñoz
Los llamados Católicos que atacan ¡siempre Violenta y fanáticamente! ¡Ay! ¡Qué contradicción! (!?) la Pena de Muerte, acostumbran a ni mencionar la Cruz y no entenderla ¡Quién la entiende! ¡Ay! ¡Además, quizá, la Cruz sería el Mejor Ejemplo de la Maldad de la Pena de Muerte! ¡Pero Precisamente Jesús acepta Voluntariamente la Cruz ¡la abraza, la Ama! para la Salvación de los Hombres y el Perdón de los Pecados! ¡Qué Mejor demostración de la Santidad de la Cruz! ¡la Pena de Muerte! (!?) La Pena de Muerte ¡Justa! Purifica al Culpable ¡quizá le evita el Infierno! y a muchos ¡Y Siempre será Mejor que la Inhumana y Cruel Cárcel y la Cadena Perpetua! Nada más ¡Viva la Cruz! ¡Viva el Papa! ¡Viva la Iglesia! ¡Viva Dios!
08/06/19 5:06 PM

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