11.07.16

(143) Combatir la anomia predicando la ley

La ley vive malos tiempos, especialmente en toda mente católica en crisis de identidadMinusvalorada, menospreciada, sirve de arma arrojadiza contra la conciencia, como si ésta no la hubiera de aplicar al caso; es contrapuesta a la gracia, como si ésta no se diera para su cumplimiento. Se ha convertido en lugar común, como si fuera enemiga del Evangelio, y éste no fuera su plenitud, que es Cristo.

—La encíclica Veritatis splendor, de San Juan Pablo II, consciente de esta crisis de anomia en numerosas iglesias locales descristianizadas,  recoge entre sus luminosas páginas el pensamiento del Concilio Vaticano II acerca de esta importante cuestión:

«43. El concilio Vaticano II recuerda que «la norma suprema de la vida humana es la misma ley divina, eterna, objetiva y universal mediante la cual Dios ordena, dirige y gobierna, con el designio de su sabiduría y de su amor, el mundo y los caminos de la comunidad humana. Dios hace al hombre partícipe de esta ley suya, de modo que el hombre, según ha dispuesto suavemente la Providencia divina, pueda reconocer cada vez más la verdad inmutable» 

«El Concilio remite a la doctrina clásica sobre la ley eterna de Dios. »

 

A) COMBATIR LA ANOMIA

I.- LA ANOMIA, GRAN MAL. NECESIDAD DE PREDICAR LA LEY

Y es que el virus nominalista, que causó la Modernidad, introdujo esta enfermedad en numerosas iglesias locales en vías de descristianización, dañando la vida cristiana de los fieles, -y muy en especial la institución del matrimonio. Usando la tremenda expresión de Péguy, la anomia produce innumerables exsantos. Porque el desprecio de la ley es un desprecio nihilista, que reduce al mínimo la vida cristiana, sofocando la gracia en lugar de darle alas, frustrando todo proyecto de vida en gracia.

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18.06.16

(142) Otro micropost, en que se dan diez signos de salud católica

1.- Signo de salud católica: amar la Ley Moral.

 

2.- Signo de salud católica: contar con la razón.

 

3.- Signo de salud católica: llamar a las cosas por su nombre, no suavizar pecados con eufemismos, no hechizar el lenguaje.

 

4.- Signo de salud católica: no disolver los conceptos teológicos, que tantos siglos ha costado acuñar, con ácidos de sentimentalismo, ni con pedanterías intelectualoides.

 

5.- Signo de salud católica: no introducir manierismos en el culto, ni dar culto a manierismos.

 

6.- Signo de salud católica: no andar querencioso tras herejes, como si poseyesen verdades que no poseen.

 

7.- Signo de salud católica: no callar cuando hay que clamar.

 

8.- Signo de salud católica: no absolutizar malminorismos, que constituyen cultura de la muerte, división, escepticismo, aconfesionalidad, liberalismos bifrontes.

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30.05.16

(141) Inconveniencias eclesiales VIII: conciencia y ley moral en Amoris lӕtitia

Uno de los efectos negativos de un exceso de lenguaje situacionista es el difuminado en la mente católica del concepto de conciencia. Este no tener claro qué papel juega la conciencia en la vida moral, puede dar lugar a diversos errores morales y a una pastoral equivocada.

En el capítulo VIII de Amoris lӕtitia, diversas expresiones ambivalentes de corte subjetivista pueden suscitar dudas sobre el papel tradicional que la doctrina cristiana ha otorgado a la conciencia y su capacidad para detectar acciones intrínsecamente malas.

En este sentido, en diversos pasajes se puede dar a entender que se propone tal vez una substitución situacional de la conciencia objetiva por el discernimiento subjetivo, tanto personal como eclesial.

Por lo cual pedimos desde aquí, una vez más, una clarificación de lenguaje que haga posible la lectura en clave continuista que todos los cristianos deseamos.

A continuación proponemos una reflexión acerca del papel de la conciencia en la vida moral, y comentamos sólo algunas de las ambigüedades más relevantes del lenguaje del capítulo 8º de Amoris lӕtitia en relación con este tema fundamental de la filosofía y la teología moral católica.

16.05.16

(140) Inconveniencias eclesiales VII: más sobre el lenguaje de Amoris lӕtitia, cap. VIII, 303, y si es admirable o no

Nuestro análisis del exceso de lenguaje situacional en el capítulo 8º de Amoris lӕtitia exige que nos detengamos especialmente en el parágrafo 303, que es uno de los más complejos y confusos de toda la exhortación.

Pero antes de considerar la inconveniencia del lenguaje utilizado en este punto, realizaremos una breve reflexión.

La sana doctrina de la Iglesia necesita siempre un lenguaje claro y preciso, que no dé lugar a confusiones ni ambivalencias. Está en juego la salvación de las almas, que es la suprema ley de toda la pastoral cristiana.

Es un desacierto que el padre Miguel Yáñez SJ, director del departamento de Teología Moral de la Universidad Gregoriana de Roma, según entrevista publicada por José Manuel Vidal, el 15 de mayo de 2016, afirme de Amoris lӕtitia que:

«El lenguaje que usa es admirable, podríamos decir que es fruto de la escucha del pueblo de Dios, y entrega al pueblo de Dios un texto muy rico desde el punto de vista antropológico, espiritual, teológico y pastoral en un lenguaje que la gente puede entender… »

Digo que es inconveniente porque no contribuye a un mejor entendimiento del cap. VIII de la exhortación, ni a una conveniente lectura en clave continuista.

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9.05.16

(139) Inconveniencias eclesiales VI: lo dicho y lo mostrado en Amoris lætitia

En un texto enunciativo, en que se expresa con palabras una idea, lo que se dice debe coincidir con lo que se muestra

El filósofo Ludwig Wittgenstein fundamenta su filosofía del lenguaje en la distinción entre decir y mostrar. Lo que se dice va directo a la razón, por decirlo así. Lo que se muestra, va directo a la sensibilidad. Ambos se pueden complementar, si coinciden en expresar la misma intención, cada cual a su modo. Pero pueden contradecirse entre sí, cuando escindiendo lo dicho y lo mostrado se rompe el significante.

Es entonces cuando el texto produce confusión, inquietud, duda en el receptor del mensaje, que no entiende si dice una cosa u otra, si lo que dice es lo que quiere decir. La ambigüedad fragmenta el discurso, y no permite a la mente reposar en las palabras.

Sabemos que Wittgenstein tenía deseos sinceros de creer en Dios. Pero lo cierto es que su nominalismo fue un obstáculo casi insalvable. Él consideraba que sólo en el ámbito subjetivo del mostrar (la estética, por ejemplo) se puede expresar la verdad, lo bueno, etc. Desconfiaba del conocimiento natural de Dios, profesaba la incapacidad del lenguaje de los universales, la inoperancia de toda formulación racional de la ley moral. Como comprobamos en el post dedicado al articulo de la Doctora Rasmussen, es un nominalismo deconstructivo.

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