5.12.14

(46) De nuevos signos de descomposición

En nuestro post anterior analizábamos el grave mal del optimismo de avestruz que invade a muchos católicos inmersos en el espiritu de la época.

En los veinte aforismos de este nuevo post, intentamos detectar nuevos síntomas de descomposición. Nuestro objetivo es diagnosticar con claridad los males que nos aquejan.

Vamos a ello.

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1.- Veo el mundo apóstata como un gran cementerio de nasciturus. Cuánto sufrimiento queda sumergido en las cloacas de la posmodernidad, sólo Cristo en la cruz lo sabe.

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27.11.14

(45) Contra el optimismo del avestruz, y otros signos de descomposición.

Tal vez parezca pesimismo. Pero créeme: sólo pretendemos mirar cara a cara los problemas, para detectarlos y solucionarlos con el auxilio de Dios.

Como enseña Joseph Ratzinger  en “Mirar a Cristo

“este pesimismo está unido indivisiblemente con la esperanza más grande e invencible anunciada (…) más aún, esta verdadera esperanza hace  posible el realismo de la oposición contra el optimismo engañoso. ”

Con este post te propongo luchar contra el optimismo de los ojos cerrados y la falsa prudencia del avestruz.

Algo tiene que ir mal en esta sociedad nuestra, si pasa lo que pasa, en especial contra el nasciturus y la familia en general.

Y hasta que no veamos claro que sólo Cristo puede salvarnos, y que no hay remedio humano, hay que tener los ojos bien abiertos y mirar al mal frontalmente. 

Y el camino es la santidad, en la caridad de Cristo, desde el amor a la Iglesia, como venimos anunciando a los cuatro vientos.

Vamos a ello, en 33 aforismos que no escatiman verdad, aunque duela. Pero es porque Dios nos ama y el amor no entiende de silencios.

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23.11.14

(44) Que si te apoyas en ti mismo perecerás

1.- Llevamos demasiado tiempo aplaudiendo al hombre, pervirtiendo el humanismo, y repitiendo, con boca satisfecha de sí misma: sea el ser humano engrandecido. Sea rey el ser humano de sí mismo. Nosotros no queremos que el hombre sea indigno, sino que, como clama el salmista (Sal Vg 69,5), “Sea Dios engrandecido”, ¡Magnificetur Deus! ¿¿Por qué?? Te lo repite el salmista:  -porque somos…

“un pobre mendigo”, ego autem miser sum et pauper (Sal Vg 69, 6)

 2.- El pobre PIDE, no se gloría de sí mismo, y ruega con boca de lágrima:

“apresúrate, oh Dios, a prestarme auxilio, tú eres mi ayuda, y mi libertador, oh Señor, no tardes! (Sal Vg 69,6) Domine, ne tardaveris!

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21.11.14

(43) Que somos tierra muerta sin Cristo.

1.- Nosotros somos la tierra, el Hijo del Hombre es el Agua.

2.- Llevamos ya demasiado tiempo con los ojos vueltos hacia la tierra. Ya es hora de volverlos hacia lo alto, hacia el oriente, hacia el Nuevo Edén, cuya tierra es azul transfigurado, transida de olivos transparentes y corderos que pacen con leones.

3.- La tierra está llena de la gracia del Señor, “Gratia Domini plena est terra” (Sal Vulg 32, 5). Porque

“Dios quiere que todo el mundo se salve y llegue al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo, 2:4).  

Por eso, tema al Señor toda la tierra, timeat Dominum omnis terra (Sal Vulg 32, 8). Por su voluntad antecedente, quiere el Señor que todos se salven, y a todos proporciona su merced suficientísima. -Cuantos se condenen, será por propia culpa, no por falta de auxilio. Así, quien no quiere a Dios no tiene excusa, porque

“la gracia del Señor llena toda la tierra” (Sal 32 Vulg, 8)

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17.11.14

(42) Que pidiendo al Señor que nos convierta, nos convertiremos

Pidamos sin cesar:

¡Conviértenos, Señor, y nos convertiremos!

En el capítulo 5 de las Lamentaciones, ante el pecado, abandono y calamidad del Pueblo de Dios, exclama el profeta:

21 ¡Vuélvenos hacia ti, Señor, y volveremos!

No dice el autor sagrado, a secas: “volveremos a Ti”.

Sino: “Vuélvenos a Ti, Señor, y volveremos.”

En la Vulgata se dice:

21 converte nos Domine ad te et convertemur

Conviértenos, Señor, y nos convertiremos a Ti.

Piden al Señor que les convierta. ¿Es que acaso ellos no pueden convertirse por sí mismos, ellos solos? No.

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