14.12.17

Meditaciones de Adviento – Jueves II de Adviento. ¿Puede ser Adviento siempre?

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Esta pregunta, quizá, pueda resultar extraña. En realidad, es una provocación al espíritu y a nuestra alma. Y es que se rompe con el esquema mental que determina que lo que tiene que ser sólo puede ser cuando tiene que ser. 

Con esto queremos decir, con la pregunta que hacemos, si es posible que el tiempo de Adviento se “extienda” a todo el tiempo litúrgico y, por decirlo pronto, natural. Vamos, que si es posible que siempre sea Adviento. 

Aquí caben dos posibilidades: que eso pueda ser posible y que no pueda ser. 

Pensemos lo segundo: no puede ser que Adviento sea todo el año, que sea siempre.

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13.12.17

Meditaciones de Adviento – Miércoles II de Adviento. ¿Qué soñaría la Virgen María?

 

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Quien crea que aquella joven de nombre María, hija de Joaquín y Ana y fiel a Dios Todopoderoso, no tendría miedo a lo que podía pasar, seguramente mostraría que no estaba en el corazón de la Madre de Dios, que no la conoce. 

Ella, sin duda alguna, al decir sí al Ángel Gabriel, sabía que muchos no lo iban a entenderY tan así fue la cosa que su mismo desposado, José, no acababa de comprender cómo era posible que quien iba a ser su esposa, sin haber mantenido relaciones adecuadas para concebir (entonces no existía eso de la inseminación artificial ni nada por el estilo y todo seguía el trámite natural) pudiera estar embarazada. Y no podemos negarle que dudar, sin saber aún, era legítimo.

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12.12.17

Meditaciones de Adviento – Martes II de Adviento. ¿Qué le pedimos al Niño que ha de nacer?

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Podría resultar extraño que se quiera pedir algo a quien aún no ha nacido. De todas formas, también eso se hace de ordinario cuando alguien va a venir al mundo. Queremos decir que padres y familia se hacen idea de cómo será el nuevo ser humano que va a nacer e, incluso, qué podría ser en la vida. Y, aunque esto pueda parecer absurdo no es extraño y, es seguro, que seguirá pasando porque la esperanza y el anhelo son realidades de las que no queremos desprendernos. Es más, no hace falta que nos desprendamos de ellas por la cuenta espiritual que nos tiene. 

Pues eso mismo pasa cuando Quien va a nacer es el Hijo de Dios. Y es que, como ya hemos dicho en estas Meditaciones de Adviento, jugamos con la fe de saber Quién viene y con la ventaja de saber que ya vino

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11.12.17

Meditaciones de Adviento – Lunes II de Adviento. Tiempo de alegría y gozo

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No podemos negar que nosotros jugamos con ventaja. Y debemos aprovecharla y no echarla a perder. 

Con esto queremos decir que este tiempo de Adviento ha transcurrido muchas veces desde aquel primero en el que una joven de Nazaret iba a esperar un hijo que era, nada más y nada menos, que el Hijo de Dios. 

Es de creer que la Virgen María (lo era, ya, en la concepción de su hijo y lo sería durante el parto y luego, siempre) por muchas ilusiones que tuviera en la llegada de aquel niño, el Niño por antonomasia, estaba la buena mujer a la espera. No lo estaba como nosotros ahora (que sabemos que pasó entonces) sino como, al ser la primera vez que transcurría aquel tiempo de espera, debía ser lo que pasara por su corazón. 

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10.12.17

La Palabra del Domingo - 10 de diciembre de 2017

Mc 1-1-8

 

“1 Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.   2 Conforme está escrito en Isaías el profeta: = Mira, envío mi mensajero delante de ti, el que ha de preparar tu camino. =  3        = Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas, = 4 apareció Juan bautizando en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados. 5 Acudía a él gente de toda la región de Judea y todos los de Jerusalén, y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados. 6 Juan llevaba un vestido de pie de camello; y se alimentaba de langostas y miel silvestre.7 Y proclamaba: ‘Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo; y no soy digno de desatarle, inclinándome, la correa  de sus sandalias. 8 Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.’”

        

 

COMENTARIO

 

Juan, el Precursor, el último profeta del Antiguo Testamento

 

Como el Antiguo Testamento, llamado así por haber sido escrito basándose en la alianza que Dios llevó a cabo con el hombre antes de la venida del Mesías, se recoge aquello que ha de venir, aquello que ha de suceder cuando llegue al mundo el Hijo del Todopoderoso, el evangelista Marcos empieza su evangelio, precisamente, haciendo referencia a un profeta, Isaías, y a lo que el mismo escribió. 

En aquel entonces el profeta que tan bien describió lo que sería la Pasión de Nuestro Señor, escribió acerca del primo de Jesús, Juan, hijo de Isabel y Zacarías. Tenía que cumplir una misión muy importante. 

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9.12.17

Meditaciones de Adviento – Sábado I de Adviento. Tiempo de penitencia

 

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Por lo general, se tiene como tiempo especialmente penitencial aquel que precede a la Pascua, a la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Y es que, sin duda alguna, tenemos mucho por lo que pedir perdón antes de que el Hijo de Dios se entregue por cada uno de nosotros y se deje matar. Por eso creemos que la Cuaresma es, esencialmente, penitencial. 

Sin embargo, otro tanto podemos decir acerca de este tiempo de Adviento, que también es Pascual. 

Nosotros, por decirlo pronto, y aunque el sentido penitencial sea distinto al de la Cuaresma, debemos preparar nuestro corazón: antes de Pascua porque queremos limpiar nuestra alma; ahora, porque queremos, también limpiarla, pero no para un hasta siempre sino para un bienvenido.

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8.12.17

¿Inmaculada Concepción?

 

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Si hay algo que nos identifica a los católicos es que tenemos por verdad lo que consideramos dogma o, quizá sea mejor decir que tenemos por dogma lo que es verdad.

Por mucho que quiera hablar o escribir en contra de los dogmas católicos, lo cierto y verdad es que, entre nosotros, nadie ha inventado nada. Es decir, cuando se declara determinado dogma lo único que se hace es hacer constar lo que era creencia antigua del fiel católico. Nada, pues, de crear de donde no había sino, al contrario, decir que es verdad lo que es verdad para que se respete la misma y se tenga en cuenta.

Eso pasa, precisamente y no por casualidad, con el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María.

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7.12.17

Meditaciones de Adviento –Jueves I de Adviento. Esperanzas del Adviento.

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Sabemos que el Adviento es tiempo de espera. Sabemos, pues, que esperamos. Y en la espera imaginamos lo mejor que queremos que nos pase. 

Es bien cierto que eso pasó, sobre todo, en el primer Adviento. Es decir, cuando la Virgen María estaba a punto traer al mundo al Hijo de Dios, ella ya haría lo que muchas veces haría: guardar en su corazón. 

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6.12.17

Meditaciones de Adviento – Miércoles I de Adviento. El Profeta que anuncia, Juan

 

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Juan, acurrucado en las tinieblas de su prisión, iluminado tan sólo por una escasa luz y esperando en oración, escuchaba el relato que sus enviados le hacían de lo dicho por Jesús; y supo que su misión había sido cumplida. 

Su final, cuando así lo fuera, no había sido en balde; su vida, en el desierto, no habría devenido inútil ni falta de sentido. Que su predica, anunciando la venida del que bautizaría con Espíritu Santo, había tenido respuesta, era lo cierto. Aún retumba en sus oídos, y resuena en su corazón, aquella felicidad que le transmitieron, esa desilusión que Jesús no ansiaba de aquellos que lo encontrasen, esa ansia de conocimiento que de su amor emanaba hacia aquellos que le rodeaban, luz que tanto había buscado su pueblo y que llegaba, ahora, para inundar todos los corazones que quisieran acogerlo. 

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5.12.17

Meditaciones de Adviento – Martes I de Adviento. María, reina de la esperanza

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Cuando María esperaba el nacimiento de su hijo, Aquel a quien Gabriel diera en llamar Jesús y que fue el nombre que José le puso, se estaba fraguando, en su vientre, el primer Adviento. 

El primer Adviento tuvo que ser algo muy especial porque María sabía que quien iba a nacer era alguien más que un niño. Y eso, que siempre tuvo en su corazón como realidad buena, fraguó en su alma un amor eterno. 

Desde entonces hasta ahora, en cada momento de espera de Quien llega para traer la salvación, los hijos de Dios que así se han considerado hemos ido restañando las heridas que nos produce la vida reconociendo que la pequeñez de un nacido, en el regazo de su madre, ha venido a ser una esperanza cierta. 

Y ahora, ahora mismo, cuando ya estamos en el tiempo de preparación de nuestro corazón, es cuando podemos sostener, para nuestros adentros y para nuestra relación con el mundo que nos rodea, que Cristo viene para quedarse para siempre. 

Decimos, entonces que el Adviento, a pesar de ser antiguo, de aquel primero que María contempló, nuestro ser sabe y reconoce, en este tiempo especial, que esperamos a sabiendas que, en efecto, Dios viene, el Emmanuel se acerca. 

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4.12.17

Meditaciones de Adviento –Lunes I de Adviento. Siempre viene

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Con la ayuda y el favor de Dios, el que esto escribe va a tratar de meditar acerca del Adviento en el tiempo, llamado fuerte, que la Iglesia católica establece como tal para antes de la venida del Mesías. Son tres semanas en las que vamos a tratar de acercarnos a lo que, espiritualmente hablando, es un tiempo de gozo y de esperanza.

 

Siempre viene

 

Lo que anida en el corazón del creyente católico es saber que Dios nunca lo abandona. Es más, que nunca ha abandonado a la parte de la Creación que llamó semejanza suya. 

La esperanza es, como suele decirse, lo último que se pierde. Pero para un hijo de Dios que sabe que lo es y que se incardina en el seno de la Esposa de Cristo, es mucho más. 

Espera quien sabe que lo que ha de venir, vendrá. Es decir, tiene la seguridad de que verá el tiempo propicio de la llegada de lo esperado. Y goza, así, tan sólo con imaginar lo que será cuando llegue. 

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3.12.17

La Palabra el Domingo - 3 de diciembre de 2017

Mc 13, 33-37

 

“33’ Estad atentos y vigilad, porque ignoráis cuándo será el momento.34 Al igual que un hombre que se ausenta: deja su casa, da atribuciones a sus siervos, a cada uno su trabajo, y ordena  al portero que vele; 35 velad, por tanto, ya que no sabéis cuándo viene el dueño de la casa, si al atardecer, o a media noche, o al cantar del gallo, o de madrugada. 36 No sea que llegue de improviso y os encuentre dormidos.37      Lo que a vosotros digo, a todos lo digo: ¡Velad!’”

 

 

COMENTARIO

 

¡Hay que velar!

 

A lo largo de su predicación Jesús es muy claro que aunque muchos no lo entienden, otros no quieren entenderlo. Seguramente los primeros son los pequeños en la fe y, probablemente, los segundos son los conocidos como “sabios” de su tiempo (fariseos, etc.) que, por ser, precisamente, “sabios”, creen que se las saben todas. Y eso lo demuestran muchas veces a lo largo de las Sagradas Escrituras. 

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2.12.17

Serie “Al hilo de la Biblia- Y Jesús dijo…” – Lo que Dios quiere para nosotros sólo lo sabe el Padre

Sagrada Biblia

Dice S. Pablo, en su Epístola a los Romanos, concretamente, en los versículos 14 y 15 del capítulo 2 que, en efecto, cuando los gentiles, que no tienen ley, cumplen naturalmente las prescripciones de la ley, sin tener ley, para sí mismos son ley; como quienes muestran tener la realidad de esa ley escrita en su corazón, atestiguándolo su conciencia, y los juicios contrapuestos de condenación o alabanza. Esto, que en un principio, puede dar la impresión de ser, o tener, un sentido de lógica extensión del mensaje primero del Creador y, por eso, por el hecho mismo de que Pablo lo utilice no debería dársele la mayor importancia, teniendo en cuenta su propio apostolado. Esto, claro, en una primera impresión.

Sin embargo, esta afirmación del convertido, y convencido, Saulo, encierra una verdad que va más allá de esta mención de la Ley natural que, como tal, está en el cada ser de cada persona y que, en este tiempo de verano (o de invierno o de cuando sea) no podemos olvidar.

Lo que nos dice el apóstol es que, al menos, a los que nos consideramos herederos de ese reino de amor, nos ha de “picar” (por así decirlo) esa sana curiosidad de saber dónde podemos encontrar el culmen de la sabiduría de Dios, dónde podemos encontrar el camino, ya trazado, que nos lleve a pacer en las dulces praderas del Reino del Padre.

Aquí, ahora, como en tantas otras ocasiones, hemos de acudir a lo que nos dicen aquellos que conocieron a Jesús o aquellos que recogieron, con el paso de los años, la doctrina del Jristós o enviado, por Dios a comunicarnos, a traernos, la Buena Noticia y, claro, a todo aquello que se recoge en los textos sagrados escritos antes de su advenimiento y que en las vacaciones veraniegas se ofrece con toda su fuerza y desea ser recibido en nuestros corazones sin el agobio propio de los periodos de trabajo, digamos, obligado aunque necesario. Y también, claro está, a lo que aquellos que lo precedieron fueron sembrando la Santa Escritura de huellas de lo que tenía que venir, del Mesías allí anunciado.

Por otra parte, Pedro, aquel que sería el primer Papa de la Iglesia fundada por Cristo, sabía que los discípulos del Mesías debían estar

“siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza” (1 Pe 3, 15)

Y la tal razón la encontramos intacta en cada uno de los textos que nos ofrecen estos más de 70 libros que recogen, en la Antigua y Nueva Alianza, un quicio sobre el que apoyar el edificio de nuestra vida, una piedra angular que no pueda desechar el mundo porque es la que le da forma, la que encierra respuestas a sus dudas, la que brota para hacer sucumbir nuestra falta de esperanza, esa virtud sin la cual nuestra existencia no deja de ser sino un paso vacío por un valle yerto.

La Santa Biblia es, pues, el instrumento espiritual del que podemos valernos para afrontar aquello que nos pasa. No es, sin embargo, un recetario donde se nos indican las proporciones de estas o aquellas virtudes. Sin embargo, a tenor de lo que dice Francisco Varo en su libro “¿Sabes leer la Biblia? “ (Planeta Testimonio, 2006, p. 153)

“Un Padre de la Iglesia, san Gregorio Magno, explicaba en el siglo VI al médico Teodoro qué es verdaderamente la Biblia: un carta de Dios dirigida a su criatura”. Ciertamente, es un modo de hablar. Pero se trata de una manera de decir que expresa de modo gráfico y preciso, dentro de su sencillez, qué es la Sagrada Escritura para un cristiano: una carta de Dios”.

Pues bien, en tal “carta” podemos encontrar muchas cosas que nos pueden venir muy bien para conocer mejor, al fin y al cabo, nuestra propia historia como pueblo elegido por Dios para transmitir su Palabra y llevarla allí donde no es conocida o donde, si bien se conocida, no es apreciada en cuanto vale.

Por tanto, vamos a traer de traer, a esta serie de título “Al hilo de la Biblia”, aquello que está unido entre sí por haber sido inspirado por Dios mismo a través del Espíritu Santo y, por eso mismo, a nosotros mismos, por ser sus destinatarios últimos.

Por otra parte, es bien cierto que Jesucristo, a lo largo de la llamada “vida pública” se dirigió en múltiples ocasiones a los que querían escucharle e, incluso, a los que preferían tenerlo lejos porque no gustaban con lo que le oían decir.

Sin embargo, en muchas ocasiones Jesús decía lo que era muy importante que se supiera y lo que, sobre todo, sus discípulos tenían que comprender y, también, aprender para luego transmitirlo a los demás.

Vamos, pues, a traer a esta serie sobre la Santa Biblia parte de aquellos momentos en los que, precisamente, Jesús dijo.

Lo que Dios quiere para nosotros sólo lo sabe el Padre

 

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Y Jesús dijo… (Hch 1, 7-8)

 

“Él les contestó: ‘A vosotros no os toca conocer el tiempo y el momento que ha fijado el Padre con su autoridad, sino que recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jesuralén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra’”.

 

Justo antes de ascender al Cielo, el Hijo de Dios instruyó a sus Apóstoles con lo que sería su porvenir.

No es nada extraño que aquellos hombres quisieran saber. La curiosidad pero, sobre todo, lo que habían visto estando al lado de su Maestro, les hacía pensar que estaría muy bien conocer. Pero Jesucristo sabía más que ellos.

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1.12.17

Serie “De Ramos a Resurrección” - El valor sacrificial de la Santa Misa

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En las próximas semanas, con la ayuda de Dios y el permiso de la editorial, vamos a traer al blog el libro escrito por el que esto escribe de título “De Ramos a Resurrección”. Semana a semana vamos a ir reproduciendo los apartados a los que hace referencia el Índice que es, a saber:

Introducción                                        

I. Antes de todo                                           

 El Mal que acecha                                  

 Hay grados entre los perseguidores          

 Quien lo conoce todo bien sabe               

II. El principio del fin                          

 Un júbilo muy esperado                                       

 Los testigos del Bueno                           

 Inoculando el veneno del Mal                         

III. El aviso de Cristo                           

 Los que buscan al Maestro                      

 El cómo de la vida eterna                              

 Dios se dirige a quien ama                      

 Los que no entienden están en las tinieblas      

 Lo que ha de pasar                                 

Incredulidad de los hombres                    

El peligro de caminar en las tinieblas         

       Cuando no se reconoce la luz                   

       Los ánimos que da Cristo                  

       Aún hay tiempo de creer en Cristo            

IV. Una cena conformante y conformadora 

 El ejemplo más natural y santo a seguir          

 El aliado del Mal                                    

 Las mansiones de Cristo                                

 Sobre viñas y frutos                               

 El principal mandato de Cristo                         

       Sobre el amor como Ley                          

       El mandato principal                         

Elegidos por Dios                                    

Que demos fruto es un mandato divino            

El odio del mundo                                   

El otro Paráclito                                      

Santa Misa                                             

La presencia real de Cristo en la Eucaristía        

El valor sacrificial de la Santa Misa                   

El Cuerpo y la Sangre de Cristo                 

La institución del sacerdocio                     

V. La urdimbre del Mal                         

VI. Cuando se cumple lo escrito                 

En el Huerto de los Olivos                              

La voluntad de Dios                                        

Dormidos por la tentación                        

Entregar al Hijo del hombre                            

       Jesús sabía lo que Judas iba a cumplir       

       La terrible tristeza del Maestro                  

El prendimiento de Jesús                                

       Yo soy                                            

       El arrebato de Pedro y el convencimiento   

       de Cristo

Idas y venidas de una condena ilegal e injusta  

Fin de un calvario                                   

Un final muy esperado por Cristo              

En cumplimiento de la Sagrada Escritura

        La verdad de Pilatos                        

        Lanza, sangre y agua                      

 Los que permanecen ante la Cruz                   

       Hasta el último momento                  

       Cuando María se convirtió en Madre          

       de todos

 La intención de los buenos                      

       Los que saben la Verdad  y la sirven          

VII. Cuando Cristo venció a la muerte        

El primer día de una nueva creación                 

El ansia de Pedro y Juan                          

A quien mucho se le perdonó, mucho amó        

 

VIII. Sobre la glorificación

 La glorificación de Dios                            

 

Cuando el Hijo glorifica al Padre                       

Sobre los frutos y la gloria de Dios                  

La eternidad de la gloria de Dios                      

 

La glorificación de Cristo                                

 

Primera Palabra                                             

Segunda Palabra                                           

Tercera Palabra                                             

Cuarta Palabra                                               

Quinta Palabra                                        

Sexta Palabra                                         

Séptima Palabra                                     

 

Conclusión                                          

 

 El libro ha sido publicado por la Editorial Bendita María. A tener en cuenta es que los gastos de envío son gratuitos.

  

“De Ramos a Resurrección” -   El valor sacrificial de la Santa Misa

 

“Antes de padecer” (Lc 22.15). Jesús dice que tenía mu- chas ganas de comer aquella Pascua antes de que tuviese que padecer. Esto nos indica que sabía que, en efecto, iba a sufrir un sufrimiento duro y difícil de sobrellevar. Luego, en el Huerto de los Olivos le pediría a Dios que, si era posible, pasara de él tal cáliz aunque debía prevalecer la voluntad de su Padre.

El caso es que el Hijo de Dios estaba en el secreto (sólo lo sabían Dios y Él) de que las palabras que dijera entonces, en aquella cena iban a ser cruciales para el futuro de sus discípulos. Y así lo estaba haciendo. 

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30.11.17

El rincón del hermano Rafael – “Saber esperar”- Las pruebas de Dios

“Rafael Arnáiz Barón nació el 9 de abril de 1911 en Burgos (España), donde también fue bautizado y recibió la confirmación. Allí mismo inició los estudios en el colegio de los PP. Jesuitas, recibiendo por primera vez la Eucaristía en 1919.”

Esta parte de una biografía que sobre nuestro santo la podemos encontrar en multitud de sitios de la red de redes o en los libros que sobre él se han escrito.

Hasta hace bien poco hemos dedicado este espacio a escribir sobre lo que el hermano Rafael había dejado dicho en su diario “Dios y mi alma”. Sin embargo, como es normal, terminó en su momento nuestro santo de dar forma a su pensamiento espiritual.

Sin embargo, San Rafael Arnáiz Barón había escrito mucho antes de dejar sus impresiones personales en aquel diario. Y algo de aquello es lo que vamos a traer aquí a partir de ahora.

             

Bajo el título “Saber esperar” se han recogido muchos pensamientos, divididos por temas, que manifestó el hermano Rafael. Y a los mismos vamos a tratar de referirnos en lo sucesivo.

 

“Saber Esperar” - Las pruebas de Dios

 

“Llevo dos días en la enfermería de la Trapa, separado como es natural de la vida de comunidad.

Dios ha dispuesto para mayor bien mío y gloria suya, que me faltara por unos días la salud que me hacía gozar de mis hermanos en los trabajos del campo, y que me permitía acompañarles en los rezos del coro.

Sea Dios bendito, que sin yo merecerlo, me prueba”.

 

Someter nuestra vida a la santa Providencia de Dios no es que sea una teoría que supone, en sí misma, la aceptación de la voluntad del Todopoderoso sino que supone saber dónde estamos, qué somos y a Quién le debemos todo.

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29.11.17

Serie Tabor y Getsemaní - 6 - ¿Escoger entre Tabor y Getsemaní?

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 “Y se transfiguró ante ellos, de modo que su rostro se puso resplandeciente como el sol, y sus vestidos blancos como la luz.”

 

Mt 17, 2

 

 “¡Jesús: verte, hablarte! ¡Permanecer así, contemplándote, abismado en la inmensidad de tu hermosura y no cesar nunca, nunca, en esa contemplación! ¡Oh, Cristo, quién te viera! ¡Quién te viera para quedar herido de amor a Ti!”

 

San Josemaría, Santo Rosario. Cuarto misterio de luz. La Transfiguración del Señor, 20

  

Lo que va de un momento a otro

 

En las Sagradas Escrituras hay momentos en los que Dios habla de una forma muy especial a sus hijos los hombres. 

Uno de ellos se produce cuando, acompañado de Pedro, Santiago y Juan, se transfigura el Hijo de Dios en el monte Tabor y Elías y Moisés se aparecen para conversar con Quien había sido enviado por Dios al mundo en bien de toda la creación humana; otro momento es cuando, antes de la Pasión, también son Pedro, Santiago y Juan los que acompañan al Maestro en el Getsemaní, aquel Huerto de los Olivos donde empezó todo. 

Todo, además, tiene relación con aquellos que, a lo largo de los siglos, hemos querido ser discípulos de Jesucristo porque nada de lo hecho por el hijo de María ha dejado de tener trascendencia. 

Así, por ejemplo, en el episodio acaecido en el monte Tabor, la Transfiguración, la voz de Dios sirve para darnos a entender que Aquel que estaba con ellos era su Hijo y que era obligación grave, para sus discípulos, escucharlo porque hacer eso era hacerlo con el mismo Creador Todopoderoso. 

Todo, pues, en aquel acontecimiento en el que las ropas de Jesucristo blanquean como nunca habían blanqueado otras y donde se da un mandato claro como hemos apuntado arriba. Y fue allí, precisamente allí, cuando Jesucristo habla de su resurrección. Y allí también donde aquellos tres discípulos no comprendieron a qué se refería… 

Y, luego, Getsemaní, otro momento importante en la vida del Hijo de Dios y, por extensión, de todo discípulo suyo e, incluso digamos más, de toda la humanidad. 

El oprobio hacia Dios, Abbá amado, Padre tuyo y nuestro, el pecado de cada acto de soberbia, de orgullo, de cerrazón del alma ante el prójimo, ante quien necesitaba de una mano amiga o de un instante de aliento, ante quien buscaba el alivio de una pena o el sembrar de una oración, ante quien estaba necesitado de luz que iluminara su tiniebla y su vida y, así, poder remediar la tristeza de su existir; el viento de odio que nos había llevado, siglo tras siglo, ese falso bienestar de una verdad no entendida; la lucha en la que siempre vencía el mundo… sobre todos nosotros. 

Postrado, arrodillado, humillado, demandando clemencia de la voluntad de Tu Padre recaía, sobre tu ser, todo eso que sobre todos nosotros hace tanto tiempo brillaba para oscurecer nuestro venir, nuestro ser, nuestro presente; que, desde hace tanto tiempo, tanto tiempo, en un pasado, como una losa, cae sobre el alma nuestra y nos vence, nos gana, nos hunde. 

¡Tanto peso sólo podía ser compensado con un amor sin límites! ¡Tanta ocultación de la bondad sólo podía ser compensada con un corazón donde cabía todo el bien!

En nuestra particular nada, ahora y antes, cuando ante la virtud oponemos una resistencia casi indomable, de negación de la Verdad, cuando sufrimos el asedio del mal, cuando en cada pensamiento nos acomete la maldad que no descansa, ¿somos capaces de rendir nuestro corazón y pedir, pedir, pedir, el auxilio de Quien lo quiere dar?, ¿acaso imploramos la clemencia del Que es todo misericordia y para quien el perdón es la savia de su permanencia eterna?, ¿cómo hacemos de nuestra vida un dolor con sentido? 

En nuestro huerto particular, Getsemaní amargo donde todo fruto es sueño, donde no hay aceite que unja nuestro espíritu ni nos fortalezca, donde orar es, a veces, un árido terreno de piedras forjado, también debemos sentir la urgencia de acudir al Padre, de recordar que siempre espera, que siempre está solícito a nuestras peticiones, que siempre nos alienta ante la asechanza del maligno el cual, en su acometida, no descansa vistiendo de luz lo que es noche, disfrazando de brisa lo que es viento que, huracanado, eleva hacia la nada nuestras ansias de tener. Es ahí, exacto mirar desde donde el bien encuentra su seno, donde repetirse en el pedir es señal de perseverante amor, donde las gotas de nuestra vida caen como su sangre, como si de hojas caducas se tratase queriendo pedir la perennidad de la vida eterna, soñando con un mañana virtuoso, para olvidarlo al coste de esa ambición. 

Sobre ti recaía, hermano Cristo, recayó, recae, en una repetición de siglos porque es eterna tu existencia (hasta el fin de los tiempos, dijiste), todas las maldades que tus hermanos, hijos del mismo Padre, Abbá amado, han, hemos, ideado para poder reconocer nuestro vacío poder, para volver a coger, otra vez, aquella quijada que hiciera clamar a la sangre de Abel la caricia de Dios, que fuera, ya para siempre, la mejor y más genuina definición de nuestro actuar. Y por todos nuestros pecados te condenan y te persiguen, muerte ya desde aquel huerto en el que te sometiste a la voluntad de Tu Padre y nos enseñaste lo que es la fidelidad llevada al extremo. 

Somos, así, como esa lágrima que, al caer, gusta el terroso sabor de la tierra de donde salió porque, al mezclarse, con ella, forma el barro con el que el Creador quiso formar, a su semejanza, una imagen de sí mismo… y ésta se olvidó, fácilmente, de sus manos. 

Por tanto, entre un momento y otro, entre Tabor y Getsemaní transcurrió un tiempo (de todas formas, no demasiado) pero, para nosotros, hermanos de Jesucristo que lo confesamos como Hijo de Dios y lo sabemos presente en la Santa Eucaristía, es como si todo hubiese acaecido en un mismo momento y, así, poder escuchar al Hijo de Aquel que todo lo hizo y mantiene sea todo uno. 

Nosotros, al fin y al cabo, no podemos ser más que el Maestro pero, en seguirlo, no debemos hacer poco sino, al contrario, todo lo que podamos.

  

6 - ¿Escoger entre Tabor y Getsemaní?

 

Como fieles discípulos de Cristo e hijos de Dios, ¿debemos escoger entre uno de los momentos de la historia de la salvación? Eso no quiere decir que el que no escojamos lo tengamos por malo o peor sino que, según nuestra convicción filial hacia el Todopoderoso y fraterna hacia Jesucristo, entendemos bueno lo que es bueno. 

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28.11.17

Un amigo de Lolo – "Lolo, libro a libro"- Me acuso (5)

Presentación

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Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

Me acuso (5)

Durante unas semanas vamos a traer a este especial apartado dedicado al Beato Lolo una serie de “acusaciones” que nos vienen la mar de bien para, si es posible, evitarlas nosotros. Se encuentran en la página 166 de su “Mesa redonda con Dios”.

 

“No, Cristo, no hables, que soy yo quien debe hacer de propio fiscal:

Ahí voy:

De mi fachada de hombre caritativo, con ’su’ pobre oficial, bien espulgado, para el agradecimiento y sus cien brochazos de ‘Dios se lo pague’ a cada minuto.”

 

Las apariencias no han sido buenas nunca. Ya Jesucristo tuvo, muchas veces, que llamar la atención a fariseos y escribas porque creía que lo que hacían nada tenía que ver con lo que predicaban siendo, esto último, correcto y adecuado. Por eso cuando se aparenta una cosa pero se es otra, en materia de fe, nos hacemos un flaco favor.

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27.11.17

Serie Venerable Marta Robin – Lo que quiere Dios

Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

Por eso, nos vamos a acercar a su obra espiritual a través del contenido del libro “Le secret de Marthe Robin” escrito por el P. Jacques Ravanel" palabras que, con ayuda de Dios y del diccionario, hemos procurado traducir. 

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 Lo que quiere Dios

“Es algo muy grave la llamada del Señor. No sabes lo que el Señor te pide: Te pide Todo”.

En este texto de pocas palabras, la Venerable Marta Robin dice tres cosas que son más que importantes para un hijo de Dios que reconocer serlo. Y cada una de ellas se vincula, directamente, con el corazón del creyente católico.

Sabemos, por nuestra fe y, al menos, por la experiencia de muchos prójimos nuestros (si es que no somos capaces de darnos cuenta de eso) que Dios llama a cada uno de sus hijos a cumplir determinada misión.

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26.11.17

La Palabra del Domingo - 26 de noviembre de 2017

 

Mt 25, 31-46

 

“31’Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. 32 Serán congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa  las ovejas de los cabritos.33 Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.34          Entonces dirá el Rey a los de su derecha: ‘Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.35         Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis;36 estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme.’37 Entonces los justos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te  dimos de beber?       38 ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? 39 ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?’ 40 Y el Rey les dirá: En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis.’ 41        Entonces dirá también a los de su izquierda: ‘Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles. 42   Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; 43 era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis.’ 44 Entonces dirán también éstos: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?’ 45 Y él entonces les responderá: ‘En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo.’ 46 E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna”.

 

COMENTARIO

 

El camino hacia el Cielo

 

Este texto del evangelio de San Mateo tiene una importancia vital para nosotros, hijos de Dios y hermanos de Quien murió para que fuéramos salvos porque nos muestra un camino que debe ser el único que debemos transitar. Otro no nos conviene, para nada. 

Es lógico pensar que lo que quiere toda persona que crea en Dios es estar con el Padre. Y eso, así dicho, pudiera parecer, además de expresión de fe, algo muy sencillo: basta querer para que se haga posible. 

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25.11.17

Serie “Al hilo de la Biblia- Y Jesús dijo…” – Así se cumplió todo

Sagrada Biblia

Dice S. Pablo, en su Epístola a los Romanos, concretamente, en los versículos 14 y 15 del capítulo 2 que, en efecto, cuando los gentiles, que no tienen ley, cumplen naturalmente las prescripciones de la ley, sin tener ley, para sí mismos son ley; como quienes muestran tener la realidad de esa ley escrita en su corazón, atestiguándolo su conciencia, y los juicios contrapuestos de condenación o alabanza. Esto, que en un principio, puede dar la impresión de ser, o tener, un sentido de lógica extensión del mensaje primero del Creador y, por eso, por el hecho mismo de que Pablo lo utilice no debería dársele la mayor importancia, teniendo en cuenta su propio apostolado. Esto, claro, en una primera impresión.

Sin embargo, esta afirmación del convertido, y convencido, Saulo, encierra una verdad que va más allá de esta mención de la Ley natural que, como tal, está en el cada ser de cada persona y que, en este tiempo de verano (o de invierno o de cuando sea) no podemos olvidar.

Lo que nos dice el apóstol es que, al menos, a los que nos consideramos herederos de ese reino de amor, nos ha de “picar” (por así decirlo) esa sana curiosidad de saber dónde podemos encontrar el culmen de la sabiduría de Dios, dónde podemos encontrar el camino, ya trazado, que nos lleve a pacer en las dulces praderas del Reino del Padre.

Aquí, ahora, como en tantas otras ocasiones, hemos de acudir a lo que nos dicen aquellos que conocieron a Jesús o aquellos que recogieron, con el paso de los años, la doctrina del Jristós o enviado, por Dios a comunicarnos, a traernos, la Buena Noticia y, claro, a todo aquello que se recoge en los textos sagrados escritos antes de su advenimiento y que en las vacaciones veraniegas se ofrece con toda su fuerza y desea ser recibido en nuestros corazones sin el agobio propio de los periodos de trabajo, digamos, obligado aunque necesario. Y también, claro está, a lo que aquellos que lo precedieron fueron sembrando la Santa Escritura de huellas de lo que tenía que venir, del Mesías allí anunciado.

Por otra parte, Pedro, aquel que sería el primer Papa de la Iglesia fundada por Cristo, sabía que los discípulos del Mesías debían estar

“siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza” (1 Pe 3, 15)

Y la tal razón la encontramos intacta en cada uno de los textos que nos ofrecen estos más de 70 libros que recogen, en la Antigua y Nueva Alianza, un quicio sobre el que apoyar el edificio de nuestra vida, una piedra angular que no pueda desechar el mundo porque es la que le da forma, la que encierra respuestas a sus dudas, la que brota para hacer sucumbir nuestra falta de esperanza, esa virtud sin la cual nuestra existencia no deja de ser sino un paso vacío por un valle yerto.

La Santa Biblia es, pues, el instrumento espiritual del que podemos valernos para afrontar aquello que nos pasa. No es, sin embargo, un recetario donde se nos indican las proporciones de estas o aquellas virtudes. Sin embargo, a tenor de lo que dice Francisco Varo en su libro “¿Sabes leer la Biblia? “ (Planeta Testimonio, 2006, p. 153)

“Un Padre de la Iglesia, san Gregorio Magno, explicaba en el siglo VI al médico Teodoro qué es verdaderamente la Biblia: un carta de Dios dirigida a su criatura”. Ciertamente, es un modo de hablar. Pero se trata de una manera de decir que expresa de modo gráfico y preciso, dentro de su sencillez, qué es la Sagrada Escritura para un cristiano: una carta de Dios”.

Pues bien, en tal “carta” podemos encontrar muchas cosas que nos pueden venir muy bien para conocer mejor, al fin y al cabo, nuestra propia historia como pueblo elegido por Dios para transmitir su Palabra y llevarla allí donde no es conocida o donde, si bien se conocida, no es apreciada en cuanto vale.

Por tanto, vamos a traer de traer, a esta serie de título “Al hilo de la Biblia”, aquello que está unido entre sí por haber sido inspirado por Dios mismo a través del Espíritu Santo y, por eso mismo, a nosotros mismos, por ser sus destinatarios últimos.

Por otra parte, es bien cierto que Jesucristo, a lo largo de la llamada “vida pública” se dirigió en múltiples ocasiones a los que querían escucharle e, incluso, a los que preferían tenerlo lejos porque no gustaban con lo que le oían decir.

Sin embargo, en muchas ocasiones Jesús decía lo que era muy importante que se supiera y lo que, sobre todo, sus discípulos tenían que comprender y, también, aprender para luego transmitirlo a los demás.

Vamos, pues, a traer a esta serie sobre la Santa Biblia parte de aquellos momentos en los que, precisamente, Jesús dijo.

Así se cumplió todo

 

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Y Jesús dijo… (Jn 19, 30)

 

“Cuando tomó Jesús el vinagre, dijo: ‘Todo está cumplido’. E inclinando la cabeza entregó el espíritu”.

 

Como es fácil reconocer, ahora mismo, muchos siglos después de que el Hijo de Dios viniese al mundo para que el mundo se salvase, tenemos un conocimiento mayor de lo que fue su vida. Es decir, no es lo mismo lo que los contemporáneos de Jesucristo podían ver y gozar y lo que, ahora, podemos saber y gozar.

Esto lo decimos porque cuando leemos lo que hemos traído aquí acerca de los últimos momentos de la vida de Jesucristo podemos saber, a ciencia y corazón ciertos, que lo que hizo aquel Maestro de Nazaret tuvo mucha importancia y fue decisivo para la historia de la salvación.

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