InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Archivos para: Mayo 2017, 08

8.05.17

Serie oraciones – expresiones de fe - Venerable Marta Robin - Algo que es importante saber

Orar

No sé cómo me llamo…

Tú lo sabes, Señor.
Tú conoces el nombre
que hay en tu corazón
y es solamente mío;
el nombre que tu amor
me dará para siempre
si respondo a tu voz.
Pronuncia esa palabra
De júbilo o dolor…
¡Llámame por el nombre 
que me diste, Señor!

Este poema de Ernestina de Champurcin habla de aquella llamada que hace quien así lo entiende importante para su vida. Se dirige a Dios para que, si es su voluntad, la voz del corazón del Padre se dirija a su corazón. Y lo espera con ansia porque conoce que es el Creador quien llama y, como mucho, quien responde es su criatura.

No obstante, con el Salmo 138 también pide algo que es, en sí mismo, una prueba de amor y de entrega:

“Señor, sondéame y conoce mi corazón, 
ponme a prueba y conoce mis sentimientos, 
mira si mi camino se desvía,
guíame por el camino eterno”

Porque el camino que le lleva al definitivo Reino de Dios es, sin duda alguna, el que garantiza eternidad y el que, por eso mismo, es anhelado y soñado por todo hijo de Dios.

Sin embargo, además de ser las personas que quieren seguir una vocación cierta y segura, la de Dios, la del Hijo y la del Espíritu Santo y quieren manifestar tal voluntad perteneciendo al elegido pueblo de Dios que así lo manifiesta, también, el resto de creyentes en Dios estamos en disposición de hacer algo que puede resultar decisivo para que el Padre envíe viñadores: orar.

Orar es, por eso mismo, quizá decir esto:

-Estoy, Señor, aquí, porque no te olvido.

-Estoy, Señor, aquí, porque quiero tenerte presente.

-Estoy, Señor, aquí, porque quiero vivir el Evangelio en su plenitud. 

-Estoy, Señor, aquí, porque necesito tu impulso para compartir.

-Estoy, Señor, aquí, porque no puedo dejar de tener un corazón generoso. 

-Estoy, Señor, aquí, porque no quiero olvidar Quién es mi Creador. 

-Estoy, Señor, aquí, porque tu tienda espera para hospedarme en ella.

Pero orar es querer manifestar a Dios que creemos en nuestra filiación divina y que la tenemos como muy importante para nosotros.

Dice, a tal respecto, san Josemaría (Forja, 439) que “La oración es el arma más poderosa del cristiano. La oración nos hace eficaces. La oración nos hace felices. La oración nos da toda la fuerza necesaria, para cumplir los mandatos de Dios. —¡Sí!, toda tu vida puede y debe ser oración”.

Por tanto, el santo de lo ordinario nos dice que es muy conveniente para nosotros, hijos de Dios que sabemos que lo somos, orar: nos hace eficaces en el mundo en el que nos movemos y existimos pero, sobre todo, nos hace felices. Y nos hace felices porque nos hace conscientes de quiénes somos y qué somos de cara al Padre. Es más, por eso nos dice san Josemaría que nuestra vida, nuestra existencia, nuestro devenir no sólo “puede” sino que “debe” ser oración.

Por otra parte, decía santa Teresita del Niño Jesús (ms autob. C 25r) que, para ella la oración “es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como desde dentro de la alegría”.

Pero, como ejemplos de cómo ha de ser la oración, con qué perseverancia debemos llevarla a cabo, el evangelista san Lucas nos transmite tres parábolas que bien podemos considerarlas relacionadas directamente con la oración. Son a saber:

La del “amigo importuno” (cf Lc 11, 5-13) y la de la “mujer importuna” (cf. Lc 18, 1-8), donde se nos invita a una oración insistente en la confianza de a Quién se pide.

La del “fariseo y el publicano” (cf Lc 18, 9-14), que nos muestra que en la oración debemos ser humildes porque, en realidad, lo somos, recordando aquello sobre la compasión que pide el publicano a Dios cuando, encontrándose al final del templo se sabe pecador frente al fariseo que, en los primeros lugares del mismo, se alaba a sí mismo frente a Dios y no recuerda, eso parece, que es pecador.

Así, orar es, para nosotros, una manera de sentirnos cercanos a Dios porque, si bien es cierto que no siempre nos dirigimos a Dios sino a su propio Hijo, a su Madre o a los muchos santos y beatos que en el Cielo son y están, no es menos cierto que orando somos, sin duda alguna, mejores hijos pues manifestamos, de tal forma, una confianza sin límite en la bondad y misericordia del Todopoderoso (¡Alabado sea por siempre!).

Esta serie se dedica, por lo tanto, al orar o, mejor, a algunas de las oraciones de las que nos podemos valer en nuestra especial situación personal y pecadora.

Durante las semanas que Dios quiera vamos a traer a esta serie palabras de la Venerable Marta Robin contenidas en el libro “Ce que Marthe leur a dit” escrito por el postulador de la Causa de Canonización y por la vice postuladora, a la sazón, el sacerdote P. Bernard Peyrous y Marie-Thérèse Gille.

   

Algo que es importante saber

“Daros a fondo y Dios os pondrá en el lugar que os corresponde. No hace falta probar, hay que ser.”

Sería ser poco veraces sostener que siempre vivimos nuestra fe católica de una forma tal que nunca se podría decir que somos tibios o que la tenemos por cosa. Y decimos que eso es ser poco veraces porque muchas veces no hacemos lo que debemos hacer y otras, también muchas, hacemos como si hiciéramos pero…

La Venerable Marta Robin, conocedora del ser espiritual de sus hermanos en la fe, nos pone sobre la pista de algo que debemos saber para no incurrir en ciertos fallos de nuestra alma.

Ciertamente, a veces no sabemos a qué atenernos porque son muchas las circunstancias por las que pasamos y no siempre sabemos tocar la tecla espiritual que en cada momento debe ser tocada. Sin embargo, debemos saber algo que es muy importante porque llevarlo a la práctica supondría, para nosotros, un hacer acorde con nuestra creencia.

También es más que cierto que podemos estar confusos acerca del papel que desempañamos o que podemos desempeñar en el seno de la Iglesia católica. Y es que, bien la falta de conocimiento de nuestras estructuras o, simplemente, la falta de conocimiento de nuestros propios talentos, procura, en nosotros, cierto grado de dejación.

No hay, sin embargo, que preocuparse. La receta espiritual es bien sencilla. Al menos, eso es lo que sostiene nuestra Venerable Marta.

Veamos, por tanto, las palabras de Marta.

Dice que debemos darnos “a fondo”. Bien sabemos que cuando algo se hace a fondo es que se pretende llegue muy dentro de lo que se trate que tenga que llegar. Y eso, en materia espiritual, supone que ha de alcanzar una distancia muy profunda de nuestro corazón y debe llegar, al menos, donde el Espíritu Santo tiene su morada, porque somos su templo.

Bien. Entonces, allí, en tan espiritual espacio, debemos escuchar las mociones que la Tercera Persona de la Santísima Trinidad nos ofrece como auxilio y ayuda. No se trata, por tanto, de ninguna entelequia o algo imposible de apreciar. No. Dios, que nos ama más que a nada de su creación, sabe que necesitamos determinados impulsos en el alma y eso lo facilita a través de su Santo Espíritu.

Debemos, por tanto, escuchar allí mismo y, desde allí mismo, llevar a nuestra existencia lo que el Espíritu Santo nos haya sugerido. Así nos daremos a fondo porque del mismo fondo de nuestro ser habremos obtenido el qué y el cómo.

Nada, luego, debe preocuparnos. Entonces es el momento de Dios que sabrá hacer de nosotros unos buenos hijos.

Por otra parte, como nos dice Marta Robin, no se trata aquí de tratar de ver qué somos. No. Se trata de ser lo que somos: hijos de Dios que tienen un tal Padre. Y eso se ha de ver reflejado en nuestra ordinaria existencia.

No podemos decir, por tanto, que ignoramos el qué y el cómo porque la Venerable Marta Robin lo ha puesto encima de la mesa. No hagamos nosotros lo contrario y lo escondamos debajo de cualquier celemín…

Eleuterio Fernández Guzmán

Nazareno

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Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Dirigirse a Dios es un privilegio que sólo tienen aquellos que creen en el Todopoderoso (¡Alabado sea por siempre!). Debemos hacer, por tanto, uso de tal instrumento espiritual siempre que seamos capaces de darnos cuenta de lo que supone.

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