InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Archivos para: Enero 2017

6.01.17

Los Magos de la fe

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Siempre me ha parecido extraño que unos sabios, de lejanas tierras, acudieran a Belén en busca, o mejor dicho, para encontrar, a alguien que no conocían. ¿Qué les podía impulsar a ello?, ¿Qué extraña llamada fue la que les atrajo?

Cuando no sabemos qué responde a algo que nos produce duda o perplejidad echamos mano, en muchas ocasiones, de lo tangible, de lo que puede demostrar aquello y, así, tranquilizamos nuestra conciencia y nuestras ansias de conocimiento.

Y a esto también se le ha pretendido encontrar respuesta. Al parecer, por aquella época un cometa surcó el cielo, indicando el camino a seguir. 

Sin embargo, aquí no hemos de fijarnos en el dedo que señala a la luna (en este caso el cometa) sino que la cuestión es muy otra: hay cierto paralelismo, de resultado, entre estos sabios que llegan de oriente y la figura de Tomas, que sería años después un incrédulo discípulo. A este paralelismo acudiremos más tarde ya que, ahora, lo que centra la atención es el hecho mismo de esa manifestación  que es, al fin y al cabo, el significado de la palabra epifanía (del griego epifaneia). 

En la lectura de los textos que el Calendario Litúrgico destina a ser contemplados este día, 6 de enero, es indispensable destacar dos significados, a saber: 

  • La profecía de Isaías y su cumplimiento.
  • La extensión de la manifestación a todos, creyentes  y gentiles; es decir, su sentido universal.

La profecía de Isaías y su cumplimiento

 

En cuanto a lo dicho por Isaías, en su capítulo 60, tal podría decirse que el profeta estaba presente, siete siglos después de que viviera, en el hecho mismo de la Presentación de los reyes magos.

Tanto el texto de Isaías (60) como el de Mateo (Mt 2, 1-12) recogen, o hacen referencia a profecías que el primero hiciera y que Miqueas, profeta contemporáneo de Isaías, manifestara sobre el nacimiento del Mesías. Aquel habla de la oscuridad de los tiempos en los que se hace necesaria la intervención de Dios (Yahveh). “Al verlo te pondrás radiante” dice, mientras que el texto de Mateo indica que al ver la estrella “se llenaron de inmensa alegría” (se refiere a los reyes magos). Y la alegría, su contento, era debido a que sabían que habían llegado a su destino. 

Pero ¿cuál era su destino?

Herodes, asesorado por aquellos que conocían la Ley (sacerdotes y escribas) conoció el lugar del nacimiento: Belén. Ni siquiera duda que eso iba a pasar, pues bien sabía que era del cumplimiento de la Palabra de Dios de lo que se trataba. Y conocen el lugar mediante el conocimiento que tenían de las Escrituras: el ya citado profeta Miqueas (5, 1.3) habla y escribe de Belén Efratá, de donde nacerá “el gobernador de Israel”. Teniendo en cuenta el sentido que el pueblo judío daba al término Israel como pueblo elegido por Dios, fácil es colegir de ello que el nacimiento iba a ser el conductor de ese pueblo. 

           

La extensión de la manifestación

 

En cuanto a lo dicho del sentido universal de esa manifestación de Jesús es necesario mencionar que lo dicho por Pablo en Ef 3,6 sobre los gentiles (es decir, que son coherederos…de la misma Promesa de Cristo) tiene estrecha relación con lo que el mismo apóstol dejó dicho en la epístola a los Romanos, a saber que los “gentiles, que no tienen Ley, cumplen naturalmente las prescripciones de la Ley” queriendo decir que, en su propia naturaleza, “muestran tener la realidad de esa ley escrita en su corazón” (Rm 2,15). 

Sin embargo, teniendo en cuenta que citada epístola parece haber sido escrita con anterioridad a la carta a los Efesios, resulta claro que el propio Apóstol está de acuerdo con una extensión del mensaje mismo de Cristo al contemplar (en esta segunda) que no sólo tienen esa ley “en su corazón”, sino que son “coherederos”  y “partícipes de la misma Promesa en Cristo Jesús”. 

Ahora bien, mientras que en Romanos 2, 14-15 ese sentido natural de la concepción de la Ley parece quedarse ahí; es decir, que supone una asimilación con el comportamiento de los creyentes en Dios sin ir, aparentemente, más allá, en Efesios (3,6) pone en manos de los gentiles ya no la posibilidad de cumplir la Ley de Dios (que ya años antes les atribuyó) sino el pasar a formar parte de esa filiación divina, a formar parte del Cuerpo de Cristo y sentirse “partícipes” de aquella misma “Promesa en Cristo Jesús”. Y esto es posible en cuanto se acepte la mediación del Evangelio, esa buena noticia que dando conocimiento de la vida de Cristo atribuye, a sus aceptantes, esa hermandad y comunión con el Hijo de Dios. Esto es lo que se ha dado en llamar “un progreso en la doctrina” ya que resulta, de esta evolución en el pensamiento de Pablo, que, ahora, ya no sólo para Dios serán hijos suyos y por eso les imprimió su Ley en el corazón, sino que pueden considerarse como tales y pasar de ese estadio de “ignorancia filial” a ser conscientes, voluntariamente, de esa filiación. 

 Ahora volvamos a lo del paralelismo entre Tomás, el incrédulo, y estos sabios de Oriente que recordamos en este día. Recordemos que el término es, exactamente, paralelismo de resultado

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Y digo que se trata de figuras paralelas ya que es un tema común el que movió a unos y el que, como resultado de no haber movido al otro, les une: la Fe

Esto, que en principio, puede parecer extraña afirmación por parte de quien esto escribe, tiene su apoyo en lo siguiente: Fe es, dicho rápidamente,  creer sin haber visto; o lo que es lo mismo, el sentido básico, elemental, esencial de este término dirige nuestra mirada y comprensión hacia aquello que no es captado por nuestros sentidos. 

¿Qué es lo que hicieron los sabios? Creyeron en la existencia del Mesías sin haberlo visto, tan sólo confiados en la dirección de un astro que les mostraba el camino. Esto es, creyeron sin haber visto, esto es tuvieron Fe. Tuvieron, como dice S. León Magno en la cita que encabeza este comentario, docilidad a aquel astro. Y ¿cómo tener docilidad a un astro si no se entiende que está guiado por una fuerza superior a nuestro entendimiento? 

¿Y Tomás? En principio, este apóstol parece no haberla tenido.

Sin embargo, su pronunciamiento y dudas (si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré, dice -Jn 20, 25-) dieron lugar a la afirmación de Cristo (ya resucitado de entre los muertos) que más atinadamente –como no podía ser de otra forma- define lo que es esta virtud teologal , recogida en Jn 20, 29.

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  “Porque me has visto has creído,

   Dichosos los que no han visto y han creído”

Queda, pues, clara la manifestación de un doble sentido en la vida de los hombres: lo “material” es aceptado como posible, real, cierto, mientras que, al fin y al cabo, lo que nos hace creyentes es ese aspecto  “espiritual” que nos permite aceptar aquello que no tocan nuestras manos ni ven nuestros ojos, etc.  Es más, el propio Tomás sólo acepta la existencia misma de Cristo en cuanto lo ve que es cuando dice aquello de “Señor mío y Dios mío” (Jn 20, 28). Sólo tuvo docilidad a posteriori, no a priori como los sabios de Oriente. Sin embargo, la fe de todos ellos fue confirmada por la misma persona: el niño, que aún no se llama Jesús según la ley (pues claro es que lo era para Dios, ese nombre, como dijo Gabriel a María)  en cuanto naciente a la vida para los sabios y  Cristo en cuanto naciente a la vida eterna para Tomás. 

Y por eso, como dice el Salmo 71 “se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra”. Y los sabios, representando a todos aquellos que no pudieron estar presentes en tan magno acontecimiento dieron testimonio, aunque tuvieran que huir para no ser capturados por Herodes (como tantas otras veces, los indefensos son avisados, como lo fue José, por ejemplo, para que huyese a Egipto), dieron testimonio, digo, de, seguramente, los tres continentes que entonces se conocían y abarcar, con eso, a toda la humanidad que se rendía, o postraba, a los pies diminutos de uno niño-Dios.

  

Eleuterio Fernández Guzmán

Nazareno

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Por la libertad de Asia Bibi. 

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Por el respeto a la libertad religiosa.

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Enlace a Libros y otros textos.

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Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Si unos hombres, venidos de lejos, adoraron al Hijo de Dios… ¿Qué no debemos hacer nosotros?

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Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

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5.01.17

El rincón del hermano Rafael – “Saber esperar”- Ocuparse sólo de Dios

“Rafael Arnáiz Barón nació el 9 de abril de 1911 en Burgos (España), donde también fue bautizado y recibió la confirmación. Allí mismo inició los estudios en el colegio de los PP. Jesuitas, recibiendo por primera vez la Eucaristía en 1919.”

Esta parte de una biografía que sobre nuestro santo la podemos encontrar en multitud de sitios de la red de redes o en los libros que sobre él se han escrito.

Hasta hace bien poco hemos dedicado este espacio a escribir sobre lo que el hermano Rafael había dejado dicho en su diario “Dios y mi alma”. Sin embargo, como es normal, terminó en su momento nuestro santo de dar forma a su pensamiento espiritual.

Sin embargo, San Rafael Arnáiz Barón había escrito mucho antes de dejar sus impresiones personales en aquel diario. Y algo de aquello es lo que vamos a traer aquí a partir de ahora.

             

Bajo el título “Saber esperar” se han recogido muchos pensamientos, divididos por temas, que manifestó el hermano Rafael. Y a los mismos vamos a tratar de referirnos en lo sucesivo.

“Saber Esperar” - Ocuparse sólo de Dios

“Qué loco estoy cuando de mí me ocupao, y qué vanidad es ocuparse de lo que no es de Dios”

Locura y vanidad. En eso se resume la actitud que muchas veces tomamos en nuestra vida al respecto del Todopoderoso. Y el hermano Rafael nos lo describe a la perfección en muy pocas palabras.

Por una parte, estamos nosotros y, al parecer (según hacemos), por otra está Dios. Y eso es un error demasiado grave de cara a nuestra salvación eterna.

Es bien cierto que, como seres humanos que somos, podemos adoptar una u otra actitud al referirnos a Dios. En nuestra vida… ¿Es importante el Creador?

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4.01.17

Reseña: Colección Fe sencilla – Sobre Dios - “Un día con siete mañanas - Sobre la Creación”

Un día con siete mañanas. Sobre la Creación                       Un día con siete mañanas. Sobre la Creación

Título: Un día con siete mañanas – Sobre la Creación.

Autor: Eleuterio Fernández Guzmán

Editorial: Lulu

Páginas: 63

Precio aprox.: 3,50 € en papel – 1€ formato electrónico.

ISBN: 5800120388645 papel978-1-326-90756-3 electrónico

Año edición: 2017

Los puedes adquirir en Lulu

“Un día con siete mañanas – Sobre la Creación” de  Eleuterio Fernández Guzmán

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Continuamos con la publicación de textos dentro de la Colección Fe sencilla. Con este libro abrimos el apartado referido a los temas relacionados con Dios. De aquí que su título sea “Sobre Dios”

Vayamos, pues, con la reseña. 

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra.”

(Génesis 1, 1)

Cuando decimos, porque lo creemos, que Dios creó el cielo y la tierra y repetimos aquello de que al séptimo día descansó, no queremos decir, o no deberíamos entender con eso, que el Creador descansó y, acto seguido, se olvidó de lo creado. Muy al contrario es lo que sucedió y sucede porque Quien todo lo creó todo lo cuida y guía y que, por decirlo pronto, el mundo está en sus manos; que el ser humano no es esclavo de Dios sino amigo e hijo suyo y que, cosa que sucedió con Jesucristo, llega a ser capaz de hacerse débil para salvarnos.

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3.01.17

Un amigo de Lolo – No entender a Dios

Presentación

Lolo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

 

Libro de oración

 

En el libro “Rezar con el Beato Manuel Lozano, Lolo” (Publicado por Editorial Cobel, www.cobelediciones.com ) se hace referencia a una serie de textos del Beato de Linares (Jaén-España) en el que refleja la fe de nuestro amigo. Vamos a traer una selección de los mismos.

No entender a Dios

Nos duele confesar que, por desgracia, y con más frecuencia que la debida, hemos tenido un celo dañino de Dios. El Ser supremo que nos ha tocado llevar en vilo por el mundo, lo hemos paseado en alcanfor, como una planta de vivero que pueda ser dañada por la luz del mediodía. Como a las reliquias de los santos, nos ha dado miedo pasear algo más que no sea el corazón. Al acercarse al microscopio, la cátedra o el aparato científico, Dios se ha encontrado con esa aduana de los guardabarreras católicos, las vírgenes necias de día que alardean de fe. Abajo el miedo; ¿no veis, amigos, cómo Dios alza la cara y aguanta sin parpadear la luz conjunta de todos los soles del universo?” (“También Dios sopla en la frente” de “Desde este lado de la tapia”).

Que no somos nada al respecto de Dios no es que sea una verdad de fe sino que es una verdad de evidencia. Sin embargo, hay algo que es aún más evidente: no somos capaces de entender a Dios e, incluso, lo religioso que nos une, que nos religa con el Padre está, demasiadas veces, lejos de nuestro corazón.

El Beato Manuel Lozano Garrido pone negro sobre blanco, para que bien se perciba, lo que supone no entender a Dios y llevarlo como si, en verdad, lo entendiésemos de una forma que bien puede llamarse hipócrita.

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2.01.17

Serie oraciones – expresiones de fe -Marta Robin – Saber entender el sufrimiento

Orar

No sé cómo me llamo…
Tú lo sabes, Señor.
Tú conoces el nombre
que hay en tu corazón
y es solamente mío;
el nombre que tu amor
me dará para siempre
si respondo a tu voz.
Pronuncia esa palabra
De júbilo o dolor…
¡Llámame por el nombre 
que me diste, Señor!

Este poema de Ernestina de Champurcin habla de aquella llamada que hace quien así lo entiende importante para su vida. Se dirige a Dios para que, si es su voluntad, la voz del corazón del Padre se dirija a su corazón. Y lo espera con ansia porque conoce que es el Creador quien llama y, como mucho, quien responde es su criatura.

No obstante, con el Salmo 138 también pide algo que es, en sí mismo, una prueba de amor y de entrega:

“Señor, sondéame y conoce mi corazón, 
ponme a prueba y conoce mis sentimientos, 
mira si mi camino se desvía,
guíame por el camino eterno”

Porque el camino que le lleva al definitivo Reino de Dios es, sin duda alguna, el que garantiza eternidad y el que, por eso mismo, es anhelado y soñado por todo hijo de Dios.

Sin embargo, además de ser las personas que quieren seguir una vocación cierta y segura, la de Dios, la del Hijo y la del Espíritu Santo y quieren manifestar tal voluntad perteneciendo al elegido pueblo de Dios que así lo manifiesta, también, el resto de creyentes en Dios estamos en disposición de hacer algo que puede resultar decisivo para que el Padre envíe viñadores: orar.

Orar es, por eso mismo, quizá decir esto:

-Estoy, Señor, aquí, porque no te olvido.

-Estoy, Señor, aquí, porque quiero tenerte presente.

-Estoy, Señor, aquí, porque quiero vivir el Evangelio en su plenitud. 

-Estoy, Señor, aquí, porque necesito tu impulso para compartir.

-Estoy, Señor, aquí, porque no puedo dejar de tener un corazón generoso. 

-Estoy, Señor, aquí, porque no quiero olvidar Quién es mi Creador. 

-Estoy, Señor, aquí, porque tu tienda espera para hospedarme en ella.

Pero orar es querer manifestar a Dios que creemos en nuestra filiación divina y que la tenemos como muy importante para nosotros.

Dice, a tal respecto, san Josemaría (Forja, 439) que “La oración es el arma más poderosa del cristiano. La oración nos hace eficaces. La oración nos hace felices. La oración nos da toda la fuerza necesaria, para cumplir los mandatos de Dios. —¡Sí!, toda tu vida puede y debe ser oración”.

Por tanto, el santo de lo ordinario nos dice que es muy conveniente para nosotros, hijos de Dios que sabemos que lo somos, orar: nos hace eficaces en el mundo en el que nos movemos y existimos pero, sobre todo, nos hace felices. Y nos hace felices porque nos hace conscientes de quiénes somos y qué somos de cara al Padre. Es más, por eso nos dice san Josemaría que nuestra vida, nuestra existencia, nuestro devenir no sólo “puede” sino que “debe” ser oración.

Por otra parte, decía santa Teresita del Niño Jesús (ms autob. C 25r) que, para ella la oración “es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como desde dentro de la alegría”.

Pero, como ejemplos de cómo ha de ser la oración, con qué perseverancia debemos llevarla a cabo, el evangelista san Lucas nos transmite tres parábolas que bien podemos considerarlas relacionadas directamente con la oración. Son a saber:

La del “amigo importuno” (cf Lc 11, 5-13) y la de la “mujer importuna” (cf. Lc 18, 1-8), donde se nos invita a una oración insistente en la confianza de a Quién se pide.

La del “fariseo y el publicano” (cf Lc 18, 9-14), que nos muestra que en la oración debemos ser humildes porque, en realidad, lo somos, recordando aquello sobre la compasión que pide el publicano a Dios cuando, encontrándose al final del templo se sabe pecador frente al fariseo que, en los primeros lugares del mismo, se alaba a sí mismo frente a Dios y no recuerda, eso parece, que es pecador.

Así, orar es, para nosotros, una manera de sentirnos cercanos a Dios porque, si bien es cierto que no siempre nos dirigimos a Dios sino a su propio Hijo, a su Madre o a los muchos santos y beatos que en el Cielo son y están, no es menos cierto que orando somos, sin duda alguna, mejores hijos pues manifestamos, de tal forma, una confianza sin límite en la bondad y misericordia del Todopoderoso (¡Alabado sea por siempre!).

Esta serie se dedica, por lo tanto, al orar o, mejor, a algunas de las oraciones de las que nos podemos valer en nuestra especial situación personal y pecadora.

Durante las semanas que Dios quiera vamos a traer a esta serie palabras de la Venerable Marta Robin contenidas en el libro “Ce que Marthe leur a dit” escrito por el postulador de la Causa de Canonización y por la vice postuladora, a la sazón, el sacerdote P. Bernard Peyrous y Marie-Thérèse Gille.

   

Serie Oraciones – Expresiones de fe: Marta Robin –  Saber entender el sufrimiento

En una ocasión, acerca delo desoncertante que puede haber en el sufrimiento, la Venerable Marta Robin dijo esto que sigue.

“Por supuesto, es un misterio que sólo puede ser sublime porque sale del Corazón de Dios. Hace falta sobrepasar el sufrimiento para ir a Dios. Hace falta sobrepasarse a uno mismo para ir a Dios. No sabemos qué seríamos capaces de dar en estado de santidad.  ¿Cómo saber lo que podríamos dar en el sufrimiento. A veces el sufrimiento extravía”

No podemos negar que el sufrimiento es un misterio. Es decir, el hecho de sufrir no lo es porque es sencillo comprender que si nos pasa algo que nos cause daño físico lo que nos pasa… a eso lo llamamos sufrir.

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