InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Archivos para: Abril 2015

30.04.15

Serie “Lo que Cristo quiere de nosotros” - Cristo quiere que le veamos porque es la Luz

 

Somos hijos de Dios y, por tanto, nuestra filiación divina, supone mucho. Por ejemplo, que en la misma tenemos a un hermano muy especial. Tan especial es que sin Él nosotros no podríamos salvarnos. Sencillamente moriríamos para siempre. Por eso entregó su vida y, por eso mismo, debemos, al menos, agradecer tan gran manifestación de amor. Y es que nos amó hasta el extremo de dar subida por todos nosotros, sus amigos.

 

El Hijo del hombre, llamado así ya desde el profeta Daniel, nos ama. Y nos ama no sólo por ser hermano nuestro sino porque es Dios mismo. Por eso quiere que demos lo mejor que de nosotros mismos puede salir, de nuestro corazón, porque así daremos cuenta de aquel fruto que Cristo espera de sus hermanos los hombres.

 

Jesús, sin embargo o, mejor aún, porque nos conoce, tiene mucho que decirnos. Lo dijo en lo que está escrito y lo dice cada día. Y mucho de los que nos quiere decir es más que posible que nos duela. Y, también, que no nos guste. Pero Él, que nunca miente y en Quien no hay pecado alguno, sabe que somos capaces de dar lo mejor que llevamos dentro. Y lo sabe porque al ser hijos de Dios conoce que no se nos pide lo que es imposible para nosotros sino lo que, con los dones y gracias que el Padre nos da, podemos alcanzar a llevar a cabo.

 

Sin embargo, no podemos negar que muchas veces somos torpes en la acción y lentos en la respuesta a Dios Padre.

 

A tal respecto, en el evangelio de san Juan hace Jesús a las, digamos, generales de la Ley. Lo dice en 15, 16:

 

“No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda”.

 

En primer lugar, no nos debemos creer que nosotros escogemos a Cristo. Quizá pudiera parecer eso porque, al fin y al cabo, somos nosotros los que decimos sí al Maestro. Sin embargo, eso sucede con el concurso de la gracia antecedente a todo lo que hacemos. Por eso es el Hijo de Dios el que nos escoge porque antes ha estado en nuestro corazón donde tenemos el templo del Espíritu Santo.

 

Pero importa saber para qué: para dar fruto. Y tal dar fruto sólo puede acaecer si damos cumplimiento a lo que Jesucristo espera de nosotros. Y que es mucho porque mucho se nos ha dado.

 

 

Cristo quiere que le veamos porque es la Luz

 

“Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida.” (Jn 8, 12)

       

No podemos decir, ni se pueden entender así las cosas, que Jesús no hablara poniendo todos los acentos donde debía ponerlos. No lo hacía, además, para quienes podían entenderlo perfectamente (que también) sino, sobre todo, para aquellos que no acababan de comprender toda su doctrina. Por eso lo hace de una forma tan sencilla.

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28.04.15

“Reflexiones acerca del sentido de nuestra fe"- ¿Demasiado ocupados para encontrarse con Dios?

Proceloso viaje de la Esposa de Cristo

La expresión “Estos son otros tiempos” se utiliza mucho referida a la Iglesia católica. No sin error por parte de quien así lo hace. Sin embargo se argumenta, a partir de ella, acerca de la poca adaptación de la Esposa de Cristo a eso, a los tiempos que corren o, como dirían antiguamente, al “siglo”.

 

En realidad siempre son otros tiempos porque el hombre, creación de Dios, no se quedó parado ni siquiera cuando fue expulsado del Paraíso. Es más, entonces empezó a caminar, como desterrado, y aun no lo ha dejado de hacer ni lo dejará hasta que descanse en Dios y habite las praderas de su definitivo Reino.

 

Sin embargo, nos referimos a tal expresión en materia de nuestra fe católica.

 

¿Son, pues, otros tiempos?

 

Antes de seguir decimos que Jesús, ante la dificultad que presentaba la pesca para sus más allegados discípulos, les mostró su confianza en una labor gratificada diciéndoles (Lc 5,4)

 

 ‘Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.’

 

Quería decirles Jesús que, a pesar de la situación por la que estaban pasando siempre había posibilidad de mejorar y que confiar en Dios era un remedio ciertamente bueno ante la misma.

 

El caso es que, como es lógico, las cosas han cambiado mucho, para el ser humano, desde que Jesús dijera aquellas palabras u otras de las que pronunció y quedaron para la historia del creyente católico como Palabra de Dios.  Por eso no es del todo extraño que se pueda lanzar la pregunta acerca de si estos son otros tiempos pero, sobre todo, que qué suponen los mismo para el sentido primordial de nuestra fe católica.

 

Por ejemplo, si de la jerarquía eclesiástica católica se dice esto:

 

Por ejemplo, de la jerarquía eclesiástica se dice:

Que le asusta la teología feminista.

Que es involucionista.

Que apoya a los sectores más reaccionarios de la sociedad.

Que participa en manifestaciones de derechas.

Que siempre ataca a los teólogos llamados progres.

Que deslegitima el régimen democrático español.

Que no se “abre” al pueblo cristiano.

Que se encierra en su torre de oro.

Que no se moderniza.

Que no “dialoga” con los sectores progresistas de la sociedad.

Que juega a hacer política.

Que no sabe estar callada.

Que no ve con los ojos del siglo XXI.

Que constituye un partido fundamentalista.

Que está politizada.

Que ha iniciado una nueva cruzada.

Que cada vez está más radicalizada.

Que es reaccionaria.

Y, en general, que es de lo peor que existe.

 

Lo mismo, exactamente lo mismo, puede decirse que se sostiene sobre la fe católica y sobre el sentido que tiene la misma pues, como los tiempos han cambiado mucho desde que Jesús entregó las llaves de la Iglesia que fundó a Pedro no es menos cierto, eso se sostiene, que también debería cambiar la Esposa de Cristo.

 

Además, no podemos olvidar el daño terrible que ha hecho el modernismo en el corazón de muchos creyentes católicos.

 

Por tanto, volvemos a hacer la pregunta: ¿son, éstos, otros tiempos para la Iglesia católica?

 

“Reflexiones acerca del sentido de nuestra fe"-  ¿Demasiado ocupados para encontrarse con Dios?

 

No es poco que se suela decir que es muy difícil ver a Dios. En realidad, verle, así dicho, con tales palabras y lo que eso supone, es imposible para nosotros los mortales. Otra cosa es quien pueda gozar del Padre en el Cielo porque allí ha ido su alma pero ahora, lo que es ahora, no podemos decir que podemos ver a  Dios.

 

Tampoco vale decir que todo es Dios porque a eso se le llama panteísmo. Sí que en todo está el Creador porque lo ha creado pero no en el sentido de hacer que todo sea Dios. Y es que resulta crucial entender las cosas como son y no como algunos quieren que las veamos.

 

Sin embargo, bien sabemos los creyentes católicos que las cosas no son como se nos quieren decir que son sino como, en realidad, son. Y es que Dios se deja encontrar más de lo que nosotros queremos encontrarle porque, a diferencia de lo que se suele pensar, Dios no está sólo en su casa, la Iglesia (el templo)

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Un amigo de Lolo – Oración para dejarse llenar por Cristo

Presentación

Lolo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le inflijían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

 

Libro de oración

 

En el libro “Rezar con el Beato Manuel Lozano, Lolo” (Publicado por Editorial Cobel, www.cobelediciones.com ) se hace referencia a una serie de textos del Beato de Linares (Jaén-España) en el que refleja la fe de nuestro amigo. Vamos a traer una selección de los mismos.

 

 

Oración para dejarse llenar por Cristo (Extraída de “El sillón de ruedas”)

 

“Abrid, amigos, el alma y dejad para siempre la sorpresa,  porque Cristo está aquí con su envoltura prodigiosa y desde ahora os ha de nacer  el portento como esas amapolas que bordean los senderos en primavera.  Deletread, si queréis, tristeza, desgracia y sufrimiento, pero hacedlo con una canción viva y gloriosa en los labios porque está aquí la pisada nazarena, fundiendo a todos en los bellos confusionismos de la paz, el mérito y la esperanza”. 

 

Lo que queremos, lo que hacemos y lo que esperamos. Tales son las formas que tenemos de relacionarnos con Jesucristo. Pero también son las que Él espera de nosotros porque siempre goza sabiendo que sus hermanos los hombres lo tienen en su corazón y, sobre todo, nunca abandonan la estela que dejó en el mundo cuando vino al mismo por primera vez.

Siempre debemos estar dispuestos a recibir a Cristo. Él, como Dios hecho hombre, goza sabiendo que hay quienes han entendido aquello que dijo en su tiempo de galileo y que anhelan tenerlo como huésped de su alma. Por eso nos conviene, y mucho, tener abierto el corazón. Al mismo llega el Hijo de Dios con ansia de eternidad… para quedarse para siempre.

Es nuestra obligación grave (por necesaria e importante) es no hacer acopio de abandono de Cristo y tenerlo, como hermano y como Dios, en nuestra alma.

No todo, como bien sabemos, es alegría y contento. Las vida nos proporciona ocasiones, muchas, para darnos cuenta de que vivir no es por el mundo con cara de alegres obligados ni simulando lo que no somos o, mejor, cómo tenemos el corazón. No. Lo que por experiencia podemos demostrar es que puede haber momentos de sufrimiento y que el mismo puede ser físico (alguna enfermedad que padezcamos o dolencia similar) o espiritual (dudas acercad de nuestra fe, padecimientos de tal jaez por el bien del prójimo, noches oscuras, etc.) Sufrimos, por tanto, porque nuestra naturaleza humana lleva implícito el sufrimiento y, de una manera o de otra acabamos pasándolo mal. Pero no todo está perdido; es más, nada está perdido sino al contrario: encontrado gracias a la labor amorosa de Cristo en nuestro corazón… que hemos dejado como aposento suyo, como su casa.

El caso es que se nos pide algo que no siempre es fácil. No supone no darse cuenta de lo que nos pasa sino, al contrario, darnos cuenta pero sabiendo que todo tiene sentido y que todo está bien para los que aman a Dios. Así caeremos en la cuenta de que todo lo que, de malo, nos pueda pasar, tiene un sentido, está hecho por algo y que, aunque sólo Dios sabe el mismo, no por eso vamos a olvidar que somos su semejanza.

Y es que, como decíamos al principio, aquello que queremos con relación a nuestro prójimo, aquello que hacemos con relación a nuestro prójimo y aquello que esperamos con relación a Dios Padre Todopoderoso, es esencial para nuestra existencia como fieles hijos del Creador.

Y todo eso, y lo mucho que aquí no hemos dicho, acaece en nosotros por bondad de Cristo por haberlo recibido en nuestro corazón, por habernos dejado llenar por Él.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

  Nazareno

 

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Por la libertad de Asia Bibi. 
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Por el respeto a la libertad religiosa 
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Enlace a Libros y otros textos.

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Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

 

Cristo te quiere bien dentro y quiere estar en ti.

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Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

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26.04.15

Serie oraciones – invocaciones – Marta Robin: oración por los sacerdotes

 Orar

No sé cómo me llamo…
Tú lo sabes, Señor.
Tú conoces el nombre
que hay en tu corazón
y es solamente mío;
el nombre que tu amor
me dará para siempre
si respondo a tu voz.
Pronuncia esa palabra
De júbilo o dolor…
¡Llámame por el nombre 
que me diste, Señor!

Este poema de Ernestina de Champurcin habla de aquella llamada que hace quien así lo entiende importante para su vida. Se dirige a Dios para que, si es su voluntad, la voz del corazón del Padre se dirija a su corazón. Y lo espera con ansia porque conoce que es el Creador quien llama y, como mucho, quien responde es su criatura.

No obstante, con el Salmo 138 también pide algo que es, en sí mismo, una prueba de amor y de entrega:

“Señor, sondéame y conoce mi corazón, 
ponme a prueba y conoce mis sentimientos, 
mira si mi camino se desvía,
guíame por el camino eterno”

Porque el camino que le lleva al definitivo Reino de Dios es, sin duda alguna, el que garantiza eternidad y el que, por eso mismo, es anhelado y soñado por todo hijo de Dios.

Sin embargo, además de ser las personas que quieren seguir una vocación cierta y segura, la de Dios, la del Hijo y la del Espíritu Santo y quieren manifestar tal voluntad perteneciendo al elegido pueblo de Dios que así lo manifiesta, también, el resto de creyentes en Dios estamos en disposición de hacer algo que puede resultar decisivo para que el Padre envíe viñadores: orar.

Orar es, por eso mismo, quizá decir esto:

-Estoy, Señor, aquí, porque no te olvido.

-Estoy, Señor, aquí, porque quiero tenerte presente.

-Estoy, Señor, aquí, porque quiero vivir el Evangelio en su plenitud. 

-Estoy, Señor, aquí, porque necesito tu impulso para compartir.

-Estoy, Señor, aquí, porque no puedo dejar de tener un corazón generoso. 

-Estoy, Señor, aquí, porque no quiero olvidar Quién es mi Creador. 

-Estoy, Señor, aquí, porque tu tienda espera para hospedarme en ella.

Pero orar es querer manifestar a Dios que creemos en nuestra filiación divina y que la tenemos como muy importante para nosotros.

Dice, a tal respecto, san Josemaría (Forja, 439) que “La oración es el arma más poderosa del cristiano. La oración nos hace eficaces. La oración nos hace felices. La oración nos da toda la fuerza necesaria, para cumplir los mandatos de Dios. —¡Sí!, toda tu vida puede y debe ser oración”.

Por tanto, el santo de lo ordinario nos dice que es muy conveniente para nosotros, hijos de Dios que sabemos que lo somos, orar: nos hace eficaces en el mundo en el que nos movemos y existimos pero, sobre todo, nos hace felices. Y nos hace felices porque nos hace conscientes de quiénes somos y qué somos de cara al Padre. Es más, por eso nos dice san Josemaría que nuestra vida, nuestra existencia, nuestro devenir no sólo “puede” sino que “debe” ser oración.

Por otra parte, decía santa Teresita del Niño Jesús (ms autob. C 25r) que, para ella la oración “es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como desde dentro de la alegría”.

Pero, como ejemplos de cómo ha de ser la oración, con qué perseverancia debemos llevarla a cabo, el evangelista san Lucas nos transmite tres parábolas que bien podemos considerarlas relacionadas directamente con la oración. Son a saber:

La del “amigo importuno” (cf Lc 11, 5-13) y la de la “mujer importuna” (cf. Lc 18, 1-8), donde se nos invita a una oración insistente en la confianza de a Quién se pide.

La del “fariseo y el publicano” (cf Lc 18, 9-14), que nos muestra que en la oración debemos ser humildes porque, en realidad, lo somos, recordando aquello sobre la compasión que pide el publicano a Dios cuando, encontrándose al final del templo se sabe pecador frente al fariseo que, en los primeros lugares del mismo, se alaba a sí mismo frente a Dios y no recuerda, eso parece, que es pecador.

Así, orar es, para nosotros, una manera de sentirnos cercanos a Dios porque, si bien es cierto que no siempre nos dirigimos a Dios sino a su propio Hijo, a su Madre o a los muchos santos y beatos que en el Cielo son y están, no es menos cierto que orando somos, sin duda alguna, mejores hijos pues manifestamos, de tal forma, una confianza sin límite en la bondad y misericordia del Todopoderoso (¡Alabado sea por siempre!).

Esta serie se dedica, por lo tanto, al orar o, mejor, a algunas de las oraciones de las que nos podemos valer en nuestra especial situación personal y pecadora.

 

Serie Oraciones – Invocaciones: Marta Robin – Oración por los sacerdotes

 

“Tomad vuestros sacerdotes, Oh mi  Dios, plenamente, enteramente, para realizar, para ayudar a realizar plenamente todo lo que queréis de ellos. Conducidlos en todo y por todo. Oh mi Dios, sed su fuerza. Oh mi Dios, que todas sus acciones, las más importantes, las más pequeñas, les vengan de vos, dependan de vos y se dirijan a vos. Que sean todas para vos.”

Cuando Jesucristo, en la Última Cena, instituye el sacerdocio quiere o, mejor, tiene la intención de que continúe con la labor que Él había iniciado. Es decir, su voluntad no es que sean discípulos suyos que actúen sin tener en cuenta Quien es su Maestro sino, al contrario, que hagan lo que deben hacer y que el Hijo de Dios se encarga de concretar en aquellas últimas palabras que tuvo con ellos.

 

Por eso los sacerdotes tienen una misión muy importante que cumplir (crucial para el pueblo de Dios) pero los que no lo somos y, por decirlo así, militamos en el lado laico del catolicismo, no se puede decir que, al respecto de los mismos, no tengamos nada que hacer. En materia de oración, además, tenemos mucho que hacer.

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La Palabra del Domingo - 26 de abril de 2015

 Biblia

La Palabra del Domingo  - 26 de abril  de 2015 

 

Jn 10, 11-18. 

 

“1 Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. 12 Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo,  abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa, 13 porque es asalariado y no le importan nada las ovejas. 14  Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, 15 como me conoce el Padre  y yo conozco a mi Padre  y doy mi vida por las ovejas. 16 También tengo otras ovejas,  que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir  y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño,  un solo pastor.17 Por eso me ama el Padre,  porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. 18 Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla  y poder para recobrarla de nuevo;  esa es la orden que he recibido de mi Padre”

 

 

COMENTARIO

 

El Buen Pastor

 

1. La imagen de Jesús como Buen Pastor es una de las más queridas por nosotros, sus discípulos. Representa mucho porque simboliza tanto como el cuidado de las ovejas, el mirar por su bien y, en fin, el quererlas por encima de todo sin querer que una sola de ellas se pierda.

 

Y es que siendo el hebreo, esencialmente, pueblo de pastores Jesús utiliza esta imagen para dar a conocer su persona ya que, de esa forma, iba a ser entendido por aquellos que le escuchaban. Paralelamente traza una relación entre él y el Padre identificándose de tal forma, que no cabe duda alguna de que el amor que Dios tiene por su persona es justificado: siendo Él mismo, está en su Hijo en su totalidad. Jesús insiste en que Él es el buen pastor, contraponiendo, para demostrar esto, su figura a la de aquel que, siendo pastor, por apacentar ovejas (creyentes), huye ante el embate del maligno, dejando de lado a aquellos que debían ser sus custodiados, hecho que aprovecha, el maligno, para dispersarlos, dividiendo al pueblo de Dios entre aquellos que le siguen y aquellos que han huido. Y esto porque “el asalariado”, aquel que trabaja en cumplimiento, por una parte, de la Ley en sentido estricto y, por otra, para otra persona, no tiene en cuenta lo que debería ser su verdadera labor. Atento, exclusivamente, al apacentamiento pasivo, no inquiere sobre la verdadera Verdad, ni da el sentido adecuado a lo que la Ley dice sino que, vendido a la costumbre y a la tradición, en este caso equivocada como demuestra Jesús, no va más allá.

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