Serie Tabor y Getsemaní - 6 - ¿Escoger entre Tabor y Getsemaní?

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 “Y se transfiguró ante ellos, de modo que su rostro se puso resplandeciente como el sol, y sus vestidos blancos como la luz.”

 

Mt 17, 2

 

 “¡Jesús: verte, hablarte! ¡Permanecer así, contemplándote, abismado en la inmensidad de tu hermosura y no cesar nunca, nunca, en esa contemplación! ¡Oh, Cristo, quién te viera! ¡Quién te viera para quedar herido de amor a Ti!”

 

San Josemaría, Santo Rosario. Cuarto misterio de luz. La Transfiguración del Señor, 20

  

Lo que va de un momento a otro

 

En las Sagradas Escrituras hay momentos en los que Dios habla de una forma muy especial a sus hijos los hombres. 

Uno de ellos se produce cuando, acompañado de Pedro, Santiago y Juan, se transfigura el Hijo de Dios en el monte Tabor y Elías y Moisés se aparecen para conversar con Quien había sido enviado por Dios al mundo en bien de toda la creación humana; otro momento es cuando, antes de la Pasión, también son Pedro, Santiago y Juan los que acompañan al Maestro en el Getsemaní, aquel Huerto de los Olivos donde empezó todo. 

Todo, además, tiene relación con aquellos que, a lo largo de los siglos, hemos querido ser discípulos de Jesucristo porque nada de lo hecho por el hijo de María ha dejado de tener trascendencia. 

Así, por ejemplo, en el episodio acaecido en el monte Tabor, la Transfiguración, la voz de Dios sirve para darnos a entender que Aquel que estaba con ellos era su Hijo y que era obligación grave, para sus discípulos, escucharlo porque hacer eso era hacerlo con el mismo Creador Todopoderoso. 

Todo, pues, en aquel acontecimiento en el que las ropas de Jesucristo blanquean como nunca habían blanqueado otras y donde se da un mandato claro como hemos apuntado arriba. Y fue allí, precisamente allí, cuando Jesucristo habla de su resurrección. Y allí también donde aquellos tres discípulos no comprendieron a qué se refería… 

Y, luego, Getsemaní, otro momento importante en la vida del Hijo de Dios y, por extensión, de todo discípulo suyo e, incluso digamos más, de toda la humanidad. 

El oprobio hacia Dios, Abbá amado, Padre tuyo y nuestro, el pecado de cada acto de soberbia, de orgullo, de cerrazón del alma ante el prójimo, ante quien necesitaba de una mano amiga o de un instante de aliento, ante quien buscaba el alivio de una pena o el sembrar de una oración, ante quien estaba necesitado de luz que iluminara su tiniebla y su vida y, así, poder remediar la tristeza de su existir; el viento de odio que nos había llevado, siglo tras siglo, ese falso bienestar de una verdad no entendida; la lucha en la que siempre vencía el mundo… sobre todos nosotros. 

Postrado, arrodillado, humillado, demandando clemencia de la voluntad de Tu Padre recaía, sobre tu ser, todo eso que sobre todos nosotros hace tanto tiempo brillaba para oscurecer nuestro venir, nuestro ser, nuestro presente; que, desde hace tanto tiempo, tanto tiempo, en un pasado, como una losa, cae sobre el alma nuestra y nos vence, nos gana, nos hunde. 

¡Tanto peso sólo podía ser compensado con un amor sin límites! ¡Tanta ocultación de la bondad sólo podía ser compensada con un corazón donde cabía todo el bien!

En nuestra particular nada, ahora y antes, cuando ante la virtud oponemos una resistencia casi indomable, de negación de la Verdad, cuando sufrimos el asedio del mal, cuando en cada pensamiento nos acomete la maldad que no descansa, ¿somos capaces de rendir nuestro corazón y pedir, pedir, pedir, el auxilio de Quien lo quiere dar?, ¿acaso imploramos la clemencia del Que es todo misericordia y para quien el perdón es la savia de su permanencia eterna?, ¿cómo hacemos de nuestra vida un dolor con sentido? 

En nuestro huerto particular, Getsemaní amargo donde todo fruto es sueño, donde no hay aceite que unja nuestro espíritu ni nos fortalezca, donde orar es, a veces, un árido terreno de piedras forjado, también debemos sentir la urgencia de acudir al Padre, de recordar que siempre espera, que siempre está solícito a nuestras peticiones, que siempre nos alienta ante la asechanza del maligno el cual, en su acometida, no descansa vistiendo de luz lo que es noche, disfrazando de brisa lo que es viento que, huracanado, eleva hacia la nada nuestras ansias de tener. Es ahí, exacto mirar desde donde el bien encuentra su seno, donde repetirse en el pedir es señal de perseverante amor, donde las gotas de nuestra vida caen como su sangre, como si de hojas caducas se tratase queriendo pedir la perennidad de la vida eterna, soñando con un mañana virtuoso, para olvidarlo al coste de esa ambición. 

Sobre ti recaía, hermano Cristo, recayó, recae, en una repetición de siglos porque es eterna tu existencia (hasta el fin de los tiempos, dijiste), todas las maldades que tus hermanos, hijos del mismo Padre, Abbá amado, han, hemos, ideado para poder reconocer nuestro vacío poder, para volver a coger, otra vez, aquella quijada que hiciera clamar a la sangre de Abel la caricia de Dios, que fuera, ya para siempre, la mejor y más genuina definición de nuestro actuar. Y por todos nuestros pecados te condenan y te persiguen, muerte ya desde aquel huerto en el que te sometiste a la voluntad de Tu Padre y nos enseñaste lo que es la fidelidad llevada al extremo. 

Somos, así, como esa lágrima que, al caer, gusta el terroso sabor de la tierra de donde salió porque, al mezclarse, con ella, forma el barro con el que el Creador quiso formar, a su semejanza, una imagen de sí mismo… y ésta se olvidó, fácilmente, de sus manos. 

Por tanto, entre un momento y otro, entre Tabor y Getsemaní transcurrió un tiempo (de todas formas, no demasiado) pero, para nosotros, hermanos de Jesucristo que lo confesamos como Hijo de Dios y lo sabemos presente en la Santa Eucaristía, es como si todo hubiese acaecido en un mismo momento y, así, poder escuchar al Hijo de Aquel que todo lo hizo y mantiene sea todo uno. 

Nosotros, al fin y al cabo, no podemos ser más que el Maestro pero, en seguirlo, no debemos hacer poco sino, al contrario, todo lo que podamos.

  

6 - ¿Escoger entre Tabor y Getsemaní?

 

Como fieles discípulos de Cristo e hijos de Dios, ¿debemos escoger entre uno de los momentos de la historia de la salvación? Eso no quiere decir que el que no escojamos lo tengamos por malo o peor sino que, según nuestra convicción filial hacia el Todopoderoso y fraterna hacia Jesucristo, entendemos bueno lo que es bueno. 

¿Qué supone escoger el monte Tabor y el momento de la Transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo? ¿Es mejor no decantarse por ninguno y quedarnos con ambos? 

En primer lugar, supondría, en caso de escoger este momento de la vida de Cristo, optar por un momento de gloria que, como es de esperar, es más gozoso que uno que sea de caída y de falta de luz. 

Pero también supondría querer permanecer en un estado tal de gozo que no quisiéramos salir de allí que es lo que le pasa el pobre Pedro que, tan impresionado estaba con lo que veía que no quería marchar de allí para nada. 

El caso es que la gloria de Dios (y aquellos tres testigos estaban siendo, eso, testigos de la misma) es algo con lo que, sólo imaginar presenciarla, nos llena el corazón de dicha. ¡Qué no dirían aquellos que estuvieron presentes! 

¿Qué supone, por otra parte, escoger Getsemaní y el momento de oración de Cristo previo a su prendimiento y Pasión? 

No podemos negar que aquel momento fue muy difícil, humana y espiritualmente hablando, para Jesucristo. Y es que no era plato de buen gusto o, mejor, cáliz dulce el que era amargo. Sin embargo, también allí, en aquel Huerto donde tantas veces había acudido Jesús para refugiarse y poder orar con tranquilidad, la oración perseverante caracterizó el vivir de aquel momento histórico en el devenir de la historia de la salvación. 

Allí, en Getsemaní, Jesús muestra que, por muy difíciles que puedan ser las circunstancias por las que podamos pasar (y las suyas lo eran a más no poder) siempre hay la posibilidad de aceptar lo que Dios quiera para nosotros. Y aunque sea porque sólo el Padre sabe lo que de verdad nos conviene debemos aceptar lo que nos acaezca aunque pueda suponer, en principio, una situación dura de afrontar. Y es que Dios, que sabe lo que nos conviene… bien lo sabe. 

De todas formas, no podemos negar que es posible escoger entre un episodio y el otro. Es más, que es posible escoger, como nos dice el grupo musical Jésed en la su canción “Entre el Tabor y el Calvario” (y recordemos que el Calvario no es, sino, la culminación de Getsemaní), entre una de las dos situaciones. 

Nosotros sostenemos, sobre esto, una sana  y santa avaricia espiritual. Y queremos decir que no nos viene nada bien prescindir de ninguno de los momentos espirituales por los que pasó Jesucristo y, con Él, cada uno de sus discípulos. 

Nos quedamos, por eso, con la gloria de Dios y con la necesidad de escuchar al Hijo del Todopoderoso porque es amado por el Creador; también nos quedamos con saber que todo iba a terminar bien mediante la resurrección de Jesucristo. 

Pero no queremos perder nada del momento del Huerto de los Olivos. Incluso de la traición que luego se produjo, porque de ella podemos aprender a no caer en ciertas tentaciones. Pero ahora nos vale y nos sirve con la oración perseverante, con el hecho de orar así, como lo hacía Jesucristo en aquella difícil situación. También nos sirve, más que nada, el sometimiento a la voluntad de Dios porque ella nos relaciona de forma directa con lo que quiere el Todopoderoso para nosotros. Y eso nos ofrece la posibilidad de ser hijos fieles que no quieren abandonar a su Padre y quieren continuar por el camino hacia el Cielo. 

Valga, pues, tal posibilidad como expresión de la libertad humana sin obviar que suele ser mejor sumar que restar si hablamos de lo espiritual y de nuestra alma.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

 Nazareno

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Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Seguramente, no es necesario escoger entre el Tabor y Getsemaní porque debemos tener una santa avaricia espiritual.

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