La Palabra del Domingo - 9 de abril de 2017

 

 

Mt 27, 11. 15-17.20-54

 

11 Jesús compareció ante el procurador, y el procurador le preguntó: ‘¿Eres tú el Rey de los judíos?’ Respondió Jesús: ‘Sí, tú lo dices.’  

 15 Cada Fiesta, el procurador solía conceder al pueblo la libertad de un preso, el que quisieran. 16 Tenían a la sazón un preso famoso, llamado Barrabás. 17 Y cuando ellos estaban reunidos, les dijo Pilato: ‘¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, el llamado Cristo?’,  20 Pero los sumos sacerdotes y los ancianos lograron persuadir a la gente que pidiese la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús.

21 Y cuando el procurador les dijo: ‘¿A cuál de los dos queréis que os suelte?’, respondieron: ‘¡A Barrabás!’ 22 Díceles Pilato: ‘Y ¿qué voy a hacer con Jesús, el llamado Cristo?’ Y todos a una: ‘¡Sea crucificado!’ - 23 ‘Pero ¿qué mal ha hecho?’, preguntó Pilato. Mas ellos seguían gritando con más fuerza: ‘¡Sea crucificado!’ 24  Entonces Pilato, viendo que nada adelantaba, sino que más bien se promovía tumulto, tomó agua y se lavó las manos  delante de la gente diciendo: ‘Inocente soy de la sangre de este justo. Vosotros veréis.’ 25          Y todo el pueblo respondió: ‘¡Su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!’ 26 Entonces, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarle, se lo entregó para que fuera crucificado. 27 Entonces los soldados del procurador llevaron consigo a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la  cohorte.   28 Le desnudaron y le echaron encima un manto de púrpura; 29         y, trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza, y en su mano derecha una caña; y doblando la rodilla delante de él, le hacían burla diciendo: ‘¡Salve, Rey de los judíos!’; 30 y después de escupirle, cogieron la caña y le golpeaban en la cabeza.31 Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y le llevaron a crucificarle. 32 Al salir, encontraron a un hombre de Cirene llamado Simón, y le obligaron a llevar su cruz. 33     Llegados a un lugar llamado Gólgota, esto es, ‘Calvario’, 34 le dieron a beber vino mezclado con hiel; pero él, después de probarlo, no quiso beberlo. 35 Una vez que le crucificaron, se repartieron sus vestidos, echando a suertes. 36 Y se quedaron sentados allí para custodiarle. 37   Sobre su cabeza pusieron, por escrito, la causa de su condena: ‘Este es Jesús, el Rey de los judíos.’ 38   Y al mismo tiempo que a él crucifican a dos salteadores, uno a la derecha y otro a la izquierda. 39 Los que pasaban por allí le insultaban, meneando la cabeza y diciendo: 40    ‘Tú que destruyes el Santuario y en tres días lo levantas, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz!’ 41    Igualmente los sumos sacerdotes junto con los escribas y los ancianos se burlaban de él diciendo: 42 ‘A otros salvó y a sí mismo no puede salvarse. Rey de Israel es: que baje ahora de la cruz, y creeremos en él. 43 Ha puesto su confianza en Dios; que le salve ahora, si es que de verdad le quiere; ya que dijo: “Soy Hijo de Dios."‘ 44 De la misma manera le injuriaban también los salteadores crucificados con él. 45 Desde la hora sexta hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona. 46 Y alrededor de la hora nona clamó Jesús con fuerte voz: = ‘¡Elí, Elí! ¿lemá sabactaní?’, = esto es: = ‘¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?’ = 47 Al oírlo algunos de los que estaban allí decían: ‘A Elías llama éste.’ 48 Y enseguida uno de ellos fue corriendo a tomar una esponja, la empapó en vinagre y, sujetándola a una caña, le ofrecía de beber. 49 Pero los otros dijeron: ‘Deja, vamos a ver si viene Elías a salvarle.’ 50     Pero Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, exhaló el espíritu. 51 En esto, el velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba abajo; tembló la tierra y las rocas se hendieron. 52    Se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos difuntos resucitaron. 53 Y, saliendo de los sepulcros después de la resurrección de él, entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos. 54 Por su parte, el centurión y los que con él estaban guardando a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron: ‘Verdaderamente éste era Hijo de Dios.’

        

COMENTARIO

Pasión; la Pasión de Cristo

 

Todo estaba escrito. Todo, pues, debía cumplirse como había sido escrito mucho siglos antes pero había pasado desapercibido por los considerados sabios y entendidos de la Ley y Palabra de Dios.

Desde hacía muchos siglos, los profetas y otras personas que se encargaron, mediando la inspiración del Espíritu Santo y, así, de Dios mismo, de escribir acerca de las tribulaciones del pueblo escogido por el Creador, habían dejado dicho, de muchas formas, lo que tenía que pasar. 

Y, en efecto, estaba pasando. Ante los ojos de todos pero, sobre todo, ante los corazones de todos. 

Sobre este momento de la vida del Hijo de Dios se ha dicho y escrito mucho porque muy importantes fueron aquellos acontecimientos para la vida de la humanidad y porque el mismo supuso el inicio, valga esto, definitivo de la salvación eterna. 

Cristo es apresado de forma indigna. Indignamente fue entregado por un apóstol indigno que entregó su alma al Diablo por unas monedas y por no ver en Jesús al Mesías liberador-guerrero que estaban esperando muchos que, con ánimo vengativo esperaban la liberación política y social del pueblo judío. 

Pero Jesús no había venido a este mundo a traer un Reino de muerte sino de paz y no de venganza sino de amor y misericordia. Y por eso estaba pasando lo que estaba pasando y era llevado al matadero como un cordero, como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. 

Aquellos que lo entregan a las autoridades romanas saben que no pueden matar, por las buenas, a nadie. Y el procurador, aquel personaje dubitativo y cobarde que no quiere enfrentarse al poder de los sacerdotes judíos, es la persona ideal para conseguir el fin buscado que no es otro que acabar con la vida física de Aquel que enseñaba como ellos no sabían enseñar: con autoridad. 

Todo aquel proceso judicial, como sabemos, estaba plagado de irregularidades. No importaba, eso, a quien buscaba la desaparición de Jesús y, menos aún, para los que las normas romanas le importaban absolutamente nada. El caso era acusar a Jesús de tal forma que no pudiera sentenciarse otra cosa que no fuera su muerte… y muerte de cruz, además, infamante para el reo. 

Pero todo, como decimos, estaba escrito y se tenía que cumplir. 

Jesús sabe que nada de lo que diga podrá hacer cambiar de idea a los que le persiguen. Había predicado, muchas veces, en las calles de Jerusalén, en el Templo de la Ciudad Santa. Sabían, pues, lo que pensaba porque escucharon, los que debían escuchar sabiendo lo que decía, y lo que escucharon no les gustó nada. Iba contra mucho de lo establecido porque lo establecido por el hombre no era lo establecido por Dios Creador, su Padre. 

Lo que pasó luego, tras aquel impresentable proceso, tiene mucho que ver con Dios, con Jesucristo y con la salvación de la humanidad caída. 

Aquel hombre romano, aquel soldado que se dio cuenta de que el hombre que colgaba en la cruz era el Hijo de Dios hizo un gran favor al ser humano: supo apreciar la verdad en medio de aquel caos de sangre y  muerte. Aquel soldado, por eso mismo, quedó justificado y nosotros, si somos capaces de darnos cuenta de eso y lo que eso significa para nosotros, también lo seremos.

  

PRECES

 

Por todos aquellos que no ven en la muerte de Jesús la redención de la humanidad.

Roguemos al Señor.

Por todos aquellos que no creen que la sangre de Cristo salvar al mundo.

Roguemos al Señor.

 

ORACIÓN

 

Padre Dios; ayúdanos a agradecer la muerte de tu Hijo porque por su sangre redimiste al mundo.

Gracias, Señor, por poder transmitir esto.

 

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.

Eleuterio Fernández Guzmán

 

Nazareno

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