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10.12.09
No quería escribir sobre lo que va a ser el tema del día pero, bien pensado, he concluido que, a lo mejor, nos puede servir para comprender ciertas cosas.
El pasado 29 de noviembre, primer domingo de Adviento, celebramos, en un local que tienen los Hermanos Maristas en Torrent (Valencia) una convivencia de parroquianos de la que es de S. Juan Bosco.
A la misma (este año era el décimo) acudimos más de 100 personas para celebrar nuestra fe alrededor de un tema escogido al efecto. Este año era “Tú sí que vales”, para hacernos ver que todos tenemos un lugar en la Iglesia de Cristo y que, cada cual, podemos aportar lo que, de nuestros talentos, seamos capaces de dar.
Algún lector puede preguntarse, a la altura del artículo de hoy, que qué tiene de extraño esto y que si es tal un tema importante para dedicarle un día del tiempo de InfoCatólica.
Pues creo que, tanto por ser una información importante, por lo que supone, como por tratarse del estado de nuestra fe católica, quizá sea más pertinente que el de criticar, como casi cada día se hace en este blog, a quien zahiere la fe. Es más, lo que aquí voy a traer es, más que nada, un puro zaherimiento, desde la base, de nuestra creencia en Dios y en la Iglesia católica.
Entre las personas que acudimos siempre hay muchos niños. En este caso había, por lo menos, una veintena que, como es de suponer, alegraban mucho el ambiente además de colaborar, en la medida de sus posibilidades, a que todo saliera bien.
También celebramos la Eucaristía, compartida con fe de comunidad que se siente tal y que no abandona su fe porque, en realidad, es lo que ama y cree.
Todo muy cristiano y muy católico.
Sin embargo, bajo lo que puede parecer realidad espiritual puede haber mucha confusión que ha de ser, seguramente, origen de un desnortamiento muy contrario a la fe que se predica.
Pues bien. Entre los niños que asistieron a la convivencia parroquial había uno que era, digamos, muy despierto y parecía, seguro que lo es, atento para con las cosas de la fe cuanto, en una edad como la suya, 9 o 10 años, el despiste es lo que, en general, suele abundar.
Sin embargo, estaba feliz estando allí (un domingo) y eso era señal de que alguien había sembrado en su corazón alguna llama que empezaba a fructificar.
Él, seguramente, no tenía la culpa de nada. Sin embargo, algún adulto, católico también, debería hacerse ver, como se dice, el nivel al que ha llegado de comportamiento light con su fe.
Lo digo porque aquel niño llevaba en su cuello colgado un colgante. Algo, seguramente, infantil, si no fuera por lo que era: contenía el símbolo del yin y el yang que, como sabemos, no corresponde a ningún dogma católico, ni a ninguna representación de Cristo ni de María ni de uno de los muchos santos que pueblan el definitivo Reino de Dios. No, era el yin y el yang.
Alguien puede pensar que se trata, lo aquí escrito, de un mero comportamiento integrista por parte de quien esto escribe. Pero también la Iglesia católica tiene mucho que decir al respecto. Así lo hace en el documento Jesucristo portador del agua de la vida.
Dice, allí mismo que la Nueva Era (movimiento donde podemos enmarcar el tema de hoy) “pretende reconciliar alma y cuerpo, femenino y masculino, espíritu y materia, humano y divino, tierra y cosmos, trascendente e inmanente, religión y ciencia, las diferencias entre las religiones, el Yin y el Yang. Ya no hay, pues, alteridad”.
Así, con tanta permisividad y tanto consentimiento, se cuelan principios religiosos o pseudoreligiosos en los corazones de los creyentes católicos: sin darse cuenta. Gran escándalo si, además, los corazones corresponden a los de los niños, los grandes amados por Jesucristo.
A lo mejor, pensé yo, por eso estamos como estamos.
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Licenciado en Derecho, casado y con dos hijos. Hijo de Dios y hermano en Cristo… en defensa de la fe,
sabiendo que en esta labor, a veces ingrata pero siempre fructífera, no estoy solo sino, al contrario,
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