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21.11.09
Serie “El Camino de la Fe”

El Camino de la Fe -22
Eucaristía
La Misa es larga, dices, y añado yo: porque tu amor es corto.
S. Josemaría
Camino, 529
Importante, crucial, es el tema de la Santa Misa en el libro “Camino”. Y lo es porque supone, sobre todo, el recuerdo del sacrificio de Quien se entregó por nosotros.
Sin embargo, no todo cristiano tiene el mismo pensamiento acerca de la importancia de la Eucaristía y, llevados, muchas veces, por la tibieza, hacemos, como diría San Pablo, lo que no debemos:
Así, se pregunta (punto 530) el fundador del Opus Dei algo que, a lo mejor, nos pasa: “¿No es raro que muchos cristianos, pausados y hasta solemnes para la vida de relación (no tienen prisa), para sus poco activas actuaciones profesionales, para la mesa y para el descanso (tampoco tienen prisa), se sientan urgidos y urjan al Sacerdote, en su afán de recortar, de apresurar el tiempo dedicado al Sacrificio Santísimo del Altar?”
La prisa, en caso de la celebración de la Santa Misa, resulta muy contraria a nuestra creencia: es contraria al espíritu de lo que se lleva cabo y contraria al amor que debemos manifestar por Dios y por el sacrificio de Su Hijo Jesucristo.
Por eso, no resulta extraño que, ante nuestras bajezas espirituales, nos diga (Punto 536) “Comulga. —No es falta de respeto. —Comulga hoy precisamente, cuando acabas de salir de aquel lazo.
—¿Olvidas que dijo Jesús: no es necesario el médico a los sanos, sino a los enfermos?”Y como enfermos espirituales debemos acudir a la Santa Misa para que se nos cure el alma de tanta caída.
Al fin y al cabo, “Cuando te acercas al Sagrario piensa que ¡El!… te espera desde hace veinte siglos” (Punto 537) y que, además, “Se quedó para ti. —No es reverencia dejar de comulgar, si estás bien dispuesto. —Irreverencia es sólo recibirlo indignamente” (Punto 539)
La indignidad en la que, como católicos, podemos caer, no está lejos del abismo que, como podría haber dicho el salmista, tenemos siempre cerca. Muy al contrario, nuestra falta de respeto hacia la Santa Misa en la que muchas veces caemos porque las preocupaciones del mundo nos afectan más de la cuenta nos precipita hacia abajo; hacia muy abajo.
Por eso, no está mal recordar algo para los momentos en los que nuestra fe se muestre remisa a ser mostrada:
“Humildad de Jesús: en Belén, en Nazaret, en el Calvario… —Pero más humillación y más anonadamiento en la Hostia Santísima: más que en el establo, y que en Nazaret y que en la Cruz.
Por eso, ¡qué obligado estoy a amar la Misa! ("Nuestra” Misa, Jesús…)”
Encierra, el punto 533, algo importante: lo que más ha de importar al cristiano y, aquí, católico, es no olvidar nunca que en el Sagrario está Alguien que se entregó por nosotros y que, por nosotros, pasó su Pasión. Y eso no lo deberíamos dejar de lado como si, al acudir a la Santa Misa, lo hiciéramos para cumplimentar una obligación social.
Si no creemos que esto sea cierto, leamos y releamos lo siguiente (punto 534):
”¡Cuántos años comulgando a diario! —Otro sería santo —me has dicho—, y yo ¡siempre igual!
—Hijo —te he respondido—, sigue con la diaria Comunión, y piensa: ¿qué sería yo, si no hubiera comulgado?”
¿Si no hubiera comulgado qué sería de mí?
Por otra parte la página dedicada a las obras de S. Josemaria, en el apartado dedicado a “Camino”, y, en concreto, en el capítulo 23 titulado ”Santa Misa” trata, precisamente, sobre el tema al que hoy nos referimos.
Ahora, lo que sigue, es lo que yo entiendo, como cristiano (no miembro del Opus Dei aunque creyente en su espiritualidad) al respecto:
1 Eres libre para asistir, o no, a la Santa Misa. No mientas, entonces, cuando cumplas.
2 Eucaristía y Sacrificio son algo más que palabras porque son, exactamente, la misma realidad Espiritual.
3 Eucaristía, Santa Misa, Misa… son expresiones de lo mismo: Dios se hace hombre y se entrega por sus hermanos. Algo deberías agradecer al respecto.
4 Acudes a Misa para ser bueno. Esto lo no olvides nunca.
5 !No me gusta el cura que celebra. Esa puede ser una excusa para hijos. No vale, sin embargo, para el Padre.
6 Me aburre mucho la homilía que oigo, dices. ¿No será que no la escuchas.
7 Es que siempre se hace lo mismo: se repite lo mismo, se leen los mismos textos, etc. Resultan, tales argumentos, para un adulto, algo infantiles. ¿Y lo que significan?
8 Acércate a la Santa Misa como quien, por cuestión de supervivencia espiritual, necesita del Agua Viva.
9 Recuerda que la Iglesia es la Casa de Dios. ¿No vas a visitar a tu Padre de vez en cuando?
10 Está ahí, colgado en la cruz. Al menos, dile que vienes a verlo, para que sienta acompañado por su hermano.
11 Me pongo en las últimas filas para tener una buena perspectiva del templo… Eso lo dices porque, seguramente, no quieres que se te vea demasiado.
12 Comulgar no es poca cosa espiritual. Que no se te olvide que has hecho algo en común con el resto de creyentes y que son algo más que personas que acuden al mismo lugar que tú.
13 !Qué gran misterio es reconocer que formamos todos parte de la misma Iglesia.
14 ¿Puede haber mayor gozo que saberse entre hermanos recordando lo que hizo uno de nosotros que, además, es Dios?
15 !Id y proclamad el Evangelio! Tal es el sentido de misión que tiene la Santa Misa. No neguemos nuestra verdadera vocación como hijos de Dios.
16 Cada texto que en la Eucaristía se nos lee nos debería llegar al corazón porque es el Templo del Espíritu Santo y no deberíamos dejarlo tan solo.
17 Ciertamente, puedes tener otras ocupaciones para no asistir a la Eucaristía. Sin embargo, seguro que no son tan santas como hacerlo.
18 Si dice tener fe… no te ha de importar mucho hacer algún papel en la Santa Misa (de lector, por ejemplo) No te avergüences, ante tus hermanos, de tu fe.
19 Existen muchas buenas razones para asistir a la Eucaristía. Otras, sin embargo, también, para no hacerlo. Aunque esto, en realidad, no son razones sino, simplemente, excusas.
20 El último punto lo dejo para que, cada cual, se diga, a sí mismo, qué de gozoso encuentra en la Eucaristía. Y lo pongo como deber personal e intransferible.
Y, para que no olvidemos la verdad de lo que encierra y contiene la Santa Misa y el lugar donde se celebra, nos recuerda S. Josemaria lo siguiente:
“Ahí lo tienes: es Rey de Reyes y Señor de Señores. —Está escondido en el Pan. Se humilló hasta esos extremos por amor a ti”.
Y se humilló porque era la voluntad de Dios. Ni más ni menos.
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Licenciado en Derecho. Casado y con dos hijos. En permanente estado de paz (aunque) en contra de todas aquellas personas que se oponen, de la manera que sea, a la fe católica.
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