Christophorus Clavius

Cristóbal Clavio

Primeros años y formación

Christophorus Clavius nació en Bamberg (Baviera), ciudad no lejos de la frontera con los territorios protestantes, el 25 de marzo de 1538. Su nombre original alemán era Christoph, y su apellido no se conoce con precisión, pues únicamente nos ha llegado su latinización. Posiblemente fuese Klaus, con lo cual se habría transliterado, aunque otros piensan que podría tratarse de un apellido germánico, Schlüssel, que significa “llave”, y que correspondería a la traducción al latín de Clavius.

Nada se sabe de su vida antes de entrar en la Compañía de Jesús en el año 1555, con 17 años de edad. Estudió en la Universidad de Coimbra, donde fue discípulo del destacado matemático portugués Pedro Nunes (Petrus Nonius) un judío converso que también enseñó en Salamanca, autor de numerosos descubrimientos científicos (resolvió la cuestión del crepúsculo más corto, inventó un dispositivo de medida de longitudes llamado nonio en su honor, descubrió la curva loxodrómica, etc). Clavio y Nunes se convirtieron en amigos, manteniendo una copiosa correspondencia durante toda su vida.

Tras destacar sobremanera en sus estudios, fue llamado a Roma, y completó su formación de teología en el Colegio Romano Jesuita, donde posteriormente se dedicó a dar clases de matemáticas durante el resto de su vida.

En 1570 publicó De Spheris, un comentario de la astronomía de Sacrobosco (un monje agustino del siglo XIII, gran divulgador del geocentrismo) que se convirtió en un tratado imprescindible entre los matemáticos y astrónomos del siglo. Contiene numerosas referencias a los elementos de Euclides, y presenta una apología de la visión cosmológica ptolemaica. Se convirtió en libro de texto de las universidades más señaladas durante medio siglo, y se reeditó hasta en seis ocasiones (la última tras la muerte del autor), situando a Clavius a la cabeza del saber matemático de la Cristiandad en sus días. Por ello se le ha conocido como el “Euclides del siglo XVI”. De hecho, en 1574 publicó un Comentario monográfico sobre el genial matemático greco-egipcio, al que admiraba.

La reforma del calendario

Siendo uno de los más eminentes matemáticos del mundo, el papa Gregorio XIII le designó, junto a Pedro Chacón (cátedro de griego y matemáticas en Salamanca), como miembros de la comisión encargada en 1575 para dar solución a los errores constantes en la fecha de las fiestas religiosas que daba el calendario juliano en vigor (tarea encomendada por mandato del Concilio de Trento). La comisión tomó como punto de partida los trabajos realizados por el astrónomo italiano Luigi Giglio (que murió al año siguiente), y presentados al papa por su hermano Antonio Gilglio.

Pronto Clavius se erigió como el director de los trabajos de la comisión, y consideró muy útil la propuesta de Giglio de reformar el ciclo lunar. Así lo manifestó al publicar sus conclusiones: “Debemos mucha gratitud y elogio a Luis Giglio, quien ideó un ingenioso ciclo de epactas [número de días en que el año solar de cuatro estaciones excede al año lunar de doce lunas] que insertadas en el calendario, muestran siempre la luna nueva, y pueden así adaptarse a cualquier duración del años, si en los momentos precisos se aplican las correcciones correspondientes”.

No obstante, el proyecto original de Giglio sufrió diversas modificaciones para mejorarlo, el peso de las cuales correspondió a nuestro Clavius. Empleó para ello las llamadas “Tablas prusianas” publicadas en 1551 por el astrónomo sajón protestante (protegido de Melanchthon) Erasmus Reinhold, unas efemérides astronómicas basadas en el trabajo del astrónomo polaco católico Copérnico (aunque, curiosamente, no eran heliocéntricas, sino geocéntricas). Por cierto, que Reinhold pretendía con su trabajo sustituir las tablas astronómicas llamadas Alfonsinas, basadas en las observaciones del cordobés al-Zarkali (siglo XI) publicadas por el rey castellano Alfonso X el Sabio en el siglo XIII, y que con escasas modificaciones habían sobrevivido hasta el Renacimiento en toda Europa.

Clavius propuso que los años bisiestos ocurrieran en los años cuyos dígitos fuesen divisibles entre cuatro, salvo los que acabasen en 00 y no fuesen divisibles entre 400 (eliminando así 3 años bisiestos cada 400).

Asimismo, y para corregir el desfase ya existente, propuso que el jueves 4 de octubre de 1582 del calendario juliano fuese seguido por el viernes 15 de octubre del nuevo calendario, desapareciendo así 11 días de la cuenta.

La bula Inter gravissimas, publicada el 24 de febrero de 1582 por el papa Gregorio XIII ordenó a todo el clero adoptar el nuevo calendario (que por ello tomó el nombre de Calendario gregoriano), y aconsejó a los monarcas católicos a hacer lo mismo, como así sucedió progresivamente (por ejemplo, toda Italia, y las monarquías hispana y portuguesa con sus dominios lo hicieron el día fijado por la bula, otros territorios católicos al año siguiente). Con el paso de los años también lo hicieron los protestantes (Reino Unido en 1752 y los países ortodoxos de Europa oriental en pleno siglo XX), y únicamente el zar ruso se negó a modificar el calendario juliano, por considerar que ese gesto supondría algún tipo de sumisión a Roma, cuya autoridad no reconocía el patriarca ortodoxo de Moscú.

El éxito del calendario gregoriano, extendido y empleado hoy por todo el mundo, es la prueba viva del genio de Christophorus Clavius.

Polémica posterior

La nueva reforma papal y el documento de la comisión que la aconsejaban no recibieron una aprobación unánime. Dejando de lado las resistencias “políticas”, hubo también científicos que se opusieron. Por ejemplo, el renombrado (y polémico) matemático François Viète, precursor del álgebra, rechazó la solución propuesta. Llegó a decir que todo era una conspiración del papa para “robar once días”. Eran tiempos recios, y algún detractor empleó como argumento científico tildar a Clavius de “viejo tonel alemán”, aludiendo a su corpulencia.

En 1588, Clavius publicó en defensa de su tesis la epístola Novii calendarii romani apologia, donde justificaba ampliamente las razones del uso del nuevo calendario. Y en 1603, Romani calendarii a Gregorio XIII P.M. Restituti explicatio, con el mismo fin.

Otros trabajos

Posteriormente a la reforma del calendario, publicó muchos trabajos matemáticos: En 1589, Euclidis elementorum, sobre los trabajos de su admirado modelo. En 1602, Gnomonices Libri VIII, una enciclopedia sobre gnomónica (ciencia que estudia la división del arco o trayectoria del sol sobre el horizonte) donde demuestra geométricamente todas las posibilidades de construir un reloj de sol, convirtiéndose en esta materia también en la máxima autoridad de su época. También escribió Geometria practica (en 1604), Reputatio cyclometriae Iosephi Scaligeri (en 1609, contra las tesis del protestante Calígero que- no obstante su arrogancia- proclamó que prefería ser censurado por Clavius que elogiado por otro hombre) y su monumental Opera mathematica (en 1611), que resumía e incluía sus trabajos anteriores y otros inéditos sobre sus saberes matemáticos.

Imprimió muchas y muy numerosas ediciones de sus trabajos, con gran difusión, de modo que, de forma poco habitual teniendo en cuenta la época, bastantes ejemplares suyos han llegado hasta la actualidad, e incluso todavía se pueden encontrar algunos en el mercado de subastas de antigüedades.

Christophorus Clavius no se movió de Roma en toda su vida, salvo dos breves viajes que realizó a Nápoles en 1596 y a España en 1597, donde fue muy agasajado por la comunidad científica.

Entre sus discípulos destacamos a Mateo Ricci, que tradujo sus obras al chino, permitiendo así que los trabajos de Euclides fuesen conocidos por vez primera en el Lejano Oriente. También otros notables matemáticos jesuitas, como el austríaco Christoph Grienberger, o el italiano Giuseppe Biancani, ambos inmersos en la polémica heliocéntrica que dio lugar a la llamada revolución científica, fueron alumnos suyos.

En 1593 empleó por primera vez en Occidente el separador decimal (símbolo empleado para indicar la separación entre el número entero y la fracción en la notación de un número decimal, por ejemplo la coma, o el punto) en las tablas goniométricas de su astrolabium.

Se le considera también autor de la Consequentia Mirabilis (“consecuencia admirable” en latín), también llamada “ley de Clavius”, empleada en lógica para establecer la veracidad de una proposición a partir de la inconsistencia de su negación. Afirma que “si una proposición es consecuencia de su negación, entonces es cierta, por consistencia”. El ejemplo más famoso es el Cogito ergo sum cartesiano: si se puede cuestionar la validez de un pensamiento, es porque existe un pensamiento.

Es sobradamente conocida su amistad y a la vez discrepancia con el gran Galileo Galilei, que lo respetaba enormemente. Aunque Clavius ya era anciano cuando Galilei comenzó a publicar sus trabajos sobre heliocentrismo, aún tuvo tiempo de recibir su visita en 1611. Aprobó su empleo del telescopio pero disintió de sus conclusiones, pues fue un acérrimo geocentrista hasta su muerte.

Por ejemplo, es conocido que dudaba que las manchas de la luna fuesen montes y valles como pensaba acertadamente el genial pisano. Paradójicamente, uno de los más grandes cráteres lunares lleva precisamente su nombre, es el Clavius, de 233 km de diámetro.

No obstante, como científico que era, no negaba los problemas que planteaba el modelo ptolemaico.

A principios de 1612, con 73 años, el jesuita enfermó gravemente, y por primera vez en su vida dejó de trabajar. Murió en Roma el 12 de febrero de 1612. En ese momento era, probablemente, el matemático más respetado del mundo: además de Galilei, escribieron elogios a su figura contemporáneos de la talla de Tycho Brahe, Johann Kepler o Giovanni Antonio Magini. Se conservan de él 290 cartas entre la numerosa correspondencia que mantuvo con otros sabios de su época. Algunas de ellas son, en sí mismas, pequeños tratados científicos.

 

5 comentarios

  
Haddock.
Antes de que existiera el cómodo y equívoco Google, me divertía en preguntar a mis amigo qué pasó el 11 de octubre de 1582. Dicho sea de paso, el primer día del nuevo calendario fue el de la muerte de Santa Teresa de Jesús.
Los protestantes, haciendo el ridículo como siempre, no aceptaron las sabias indicaciones del católico Clavius, y esperaron dos siglos,para ajustar el calendario con el rabo entre las piernas para decir: "Bueeeeno"
De ahí radica la confusión de elegir el 23 de abril como día del libro por ser LA MISMA FECHA, no el mismo día, de la muerte de Cervantes y Shakespeare; la Pérfida Albión, desde el adúltero, criminal e incestuoso Enrique Tudor, siempre estuvo por detrás de nosotros (en el tiempo y en todo lo demás)
Habría que amenazarles, que si no adoptan desde la primera hora lo que diga la Santa Iglesia de Roma, les mandamos a Blas de Lezo con 12 barcos y acabamos con toda su Armada.



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LA

Efectivamente, el mito de la muerte el mismo día de Cervantes y Shakespeare lo es si aceptamos los calendarios diversos. En realidad murieron con once días de diferencia.

El asunto del cambio de calendario a uno más exacto es buen ejemplo de que el mayor saber y progreso científico se dieron en Italia (y menor medida en España) hasta bien entrado el siglo XVII, en que la Francia, también católica aunque ya con resabios de galicana, se convirtió en el faro del saber mundial. Reino Unido no puede reivindicar logros científicos hasta bien entrado el siglo XVIII, y ciertamente nunca superiores a Francia hasta el siglo XIX. Por su parte los sabios alemanes no fueron realmente punteros hasta la unificación, a finales de ese mismo siglo. Los grandes fabricantes (en todo el sentido del término) de ciencia contemporánea, los estadounidenses, no se estrenaron hasta el siglo XX, y básicamente a base de alojar y mantener espléndidamente a los investigadores emigrados desde Europa.

Lo que demuestra que el "retardo" que el ser católicos produce al avance científico en una sociedad no es sino otra falacia de la propaganda protestante, comprada por muchos demagogos y charlatanes posteriores, poco interesados en religión salvo para denigrar a la Iglesia de Cristo.
04/06/17 5:48 PM
  
Palas Atenea
No sabía que Gran Bretaña había tardado tanto en aceptar el calendario gregoriano y que ésa fuera la causa de la coincidencia en las fechas de la muerte de Cervantes y Shakespeare. La propaganda protestante ha tapado maliciosamente los logros católicos a la vez que los iba incorporando cuando le interesaba. Lo cierto es que la Iglesia Católica, siempre a la espera del regreso de la oveja perdida, nunca nos ha enseñado más que los errores teológicos de los protestantes, pero nunca el robo sistemático de la sapiencia católica hecho bajo cuerda.
Muy bien debe estar hecho este calendario para que los soviéticos se apresuraran a abolir el juliano-que siguen utilizando los ortodoxos-y adoptaran el gregoriano desde el principio de la revolución.
Una vez me llamaron en secundaria para que explicara los diversos calendarios, incluyendo el musulmán y el judío, y algunos alumnos de padres ateos protestaron porque todos eran de origen religioso. Para ellos la religión no tenía nada que ver con este tipo de conocimientos, así los están educando más tontos que Abundio.
04/06/17 10:32 PM
  
Alejandro Galván
Creo que sería un buen complemento a su artículo el mencionar la meridiana solar de la Basílica de Santa María de los Ángeles y los Mártires en Roma. Como se mantenían las dudas sobre si la reforma gregoriana del calendario era científicamente válida, se construyó allí un dispositivo para demostrar la precisión del cálculo del equinocio que determina a su vez la Pascua. Se eligió esta basílica por ser los restos sobrevivientes de unas termas romanas, lo que era garantía de estabilidad estructural. Y si, la reforma gregoriana fue científicamente un éxito, comparable, en su época, con el programa espacial.

es.wikipedia.org/wiki/Bas%C3%ADlica_de_Santa_Mar%C3%ADa_de_los_%C3%81ngeles_y_los_M%C3%A1rtires

www.santamariadegliangeliroma.it/paginamastersing.html?codice_url=La_Meridana&ramo_home=La_Meridiana&lingua=ITALIANO

web.romascuola.net/itaer/vaula/geografia/Meridiana/OrigMer.htm


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LA

Gracias por el aporte, Alejandro.

Un cordial saludo.
07/06/17 8:57 PM
  
Antonio Gabás
Palas:

Son muy interesantes los calendarios "ateos": el republicano francés y el revolucionario soviético.

Los dos pretendían lo mismo: ser calendarios-no-religiosos. Y los dos eran dos chapuzas de cuidado, que no se mantuvieron de pie.

es.wikipedia.org/wiki/Calendario_republicano_franc%C3%A9s#Abolici.C3.B3n

es.wikipedia.org/wiki/Calendario_revolucionario_sovi%C3%A9tico

Pero más divertido es el calendario Holoceno:

es.wikipedia.org/wiki/Calendario_holoceno

Lo importante es eliminar el cristianismo, eso está claro.

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LA

Al final, dónde haga comenzar uno la cuenta es indiferente, lo importante es que Clavius halló un método para corregir el desfase año solar-meses lunares que es lo más preciso posible con los medios de la época y que, hoy en día, se sigue empleando.

El calendario revolucionario francés estaba desacompasado con las estaciones, y fue un desastre que ya no se usaba incluso antes de su abolición. El soviético (otra de las ideas geniales de los comités de sabios que el marxismo nos regala para nuestra desgracia) era en principio más parecido al gregoriano, aunque haciendo semanas de 6 días para descuadrar las fiestas religiosas y teóricamente dejando días sueltos para que todos los trabajadores no se tomaran el mismo día libre a la vez. A los dos años ya tuvieron que hacer una modificación que lo hacía bastante más similar al gregoriano. Y nueve años después lo abandonaron para retornar al que empleaba el resto del mundo, porque habían fracasado sus objetivos.

El holoceno no lo conocía. Es la monda: para evitar la referencia a Cristo (que puede "molestar" a muchas personas, sobre todo cristianos apóstatas)... comienza enuna fecha inventada y redonda con respecto a... el nacimiento de Cristo.
11/06/17 8:56 AM
  
Palas Atenea
Antonio Gabás: No conozco esos calendarios pero, a parte de la nomenclatura, no creo que fueran calendarios diferentes al gregoriano, al menos no el calendario republicano francés, el otro no lo conozco, ni tampoco el holoceno.

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LA

Te aconsejo que entres en los enlaces que proporciona Antonio. El calendario revolucionario francés era muy diferente al gregoriano, por eso fracasó casi de inmediato, porque las épocas de siembra y cosecha dejaron de tener relación con el calendario.
El revolucionario soviético era una supuesta "mejora" del gregoriano, para aumentar la productividad (y desubicar las fiestas religiosas). A los dos años hubieron de modificarlo, para hacerlo más parecido al gregoriano, y lo abandonaron 9 años después.

El holoceno es simplemente una parida casi risible: el gregoriano pero quitando el año 0 (que nunca existió, por cierto) como comienzo para ponerlo... 10.000 años antes del 0.
Me parecería más sensato recuperar el Ad urbe condita de los romanos que todas estas chorradas que sólo buscan eliminar la influencia del cristianismo.

Al calendario gregoriano (o con más precisión, "claviano") le queda larga vida. Está muy bien inventado, y no hay margen de mejora apenas.
13/06/17 8:54 PM

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