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17.12.17

El Magisterio meramente formal de la "Amoris laetitia"

Movidos por el artículo aparecido en el día de hoy en Infocatolica, aprovechamos para publicar un texto en el cual veníamos trabajando hace unas semanas.

P. Federico

El Magisterio meramente formal de la Amoris laetitia

 

Hace unos días ha sido publicada oficialmente, en las AAS (Acta Apostolicae Sedis), la carta que el Papa Francisco enviara a los obispos de Buenos Aires sobre el modo de interpretar el documento post-sinodal Amoris laetitia.

La publicación acompañada por una nota del Secretario de Estado, cardenal Parolin, señala que, a partir de ahora, dicha Carta apostólica poseerá el carácter de “Magisterio auténtico”, esto eso, un estatus canónico que obliga a los católicos, a dar “asentimiento (obsequio) religioso del entendimiento y de la voluntad” (cfr. canon 752 del CIC).

Estas líneas intentarán dar un poco de luz ante cierta perplejidad en la que algunos católicos se encuentran al analizar que ciertos documentosde la Iglesia parecerían contradecirse entre sí.

En estos días, sin ir más lejos, dos textos de claridad meridiana lo han hecho con gran repercusión: el de Carl Bunderson, publicado por Aciprensa y el de Edward Peters.

Vayamos por partes pues.

 

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2.12.17

¿Por qué desde hace 4 siglos no hubo otro tan grande como San Francisco Javier?

El fracaso aparente de Javier y su abandono final apenas tienen precedente en la Historia de la Iglesia[1] . Conquistas espirituales nunca vistas, planes, ambiciones, sueños divinos. Poco a poco Dios se lo fue quitando todo; le despojó como despojaron a Jesucristo al subir al Calvario; le dejó solo con un chino en una isla pequeña perdida en el mar infinito. Cuando le tiene acorralado y sin salida, le quita la salud. Cae enfermo, y como no tiene casa propia donde reclinar su cabeza, le dan de limosna una choza de paja batida por el viento frigidísimo de diciembre que se acercaba. No hay cama ni médico ni sacerdote. Nadie en el mundo sabe que el P. Francisco está enfermo. Lo que pasó entre Javier y Dios lo vieron las ángeles que le circundaban admirados.

Javier murió solo, sin Sacramentos, lejos de Navarra y del P. Ignacio a quien escribía de rodillas. Luego de expirar en aquella soledad, le metieron en una caja con cuatro sacos de cal viva. Cavaron una hoya muy honda y Antonio le enterró con la ayuda de un portugués, un chino y dos esclavos. Total cinco personas. Escribe Antonio que no asistieron más al entierro porque hacía mucho frío. No llegaron a media docena los que asistieron al entierro.

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