De la Devotio moderna, la negación de la épica y la deserción de la Misión (1-3)

De la Devotio moderna, la negación de la épica y la deserción de la Misión

Por el P. Lic. Federico Highton, S.E.

Misionero en Extremo Oriente

Sanary Sur Mer, Francia - Meseta Tibetana

Julio-Octubre 2016 – Junio 2017

 

Hace ya casi un año, el Padre Javier Olivera Ravasi publicó un texto titulado La Devotio moderna: características y síntomas de un católico ‘tradicional’” que dio bastante que hablar. El objeto de este breve trabajo es presentar sucintamente la Devotio moderna, esa “nueva espiritualidad” que, a pesar de ser un producto antiguo lamentablemente se encuentra muy vigente.

Nuestra principal fuente será el artículo de Ricardo G. Villoslada S.J. intitulado “Rasgos característicos de la Devotio moderna” (revista Manresa, vol. 28, núm. 108, Madrid, Julio-Septiembre, 1956, 315-350).

Nuestra exposición será sintética y se compondrá de dos puntos -a) Notas características; b) Valoración crítica- y una conclusión final.

Antes de desarrollar los tres puntos, daremos una definición de la Devotio moderna (D.M.) e indicaremos su contexto histórico.

Comencemos arriesgando una definición histórica de la Devotio moderna. La DM (así la llamaremos desde ahora) es una corriente espiritual, que empalma con el Renacimiento, la Herejía Protestante y, bajo cierto respecto, aun la Contrarreforma, nacida en la segunda mitad del siglo XIV en los Países Bajos cuyo fundador es Gerardo Groote –quien estudió bajo maestros nominalistas[1]-, fue canalizada por los Hermanos “Jeronimianos” (o Hermanos de la Vida Común, “cuyas raíces estaban en el agustinismo y el franciscanismo” [cfr. A.C., 1]) y la Congregación de Canónigos Regulares de Windesheim y continuada en el siglo XV y XVI por el Kempis -la quintaesencia de la D.M.- y otros autores espirituales, como Zerbolt de Zutphen, Gerlac Peters y Juan Mombaer[2].

El nexo de la Devotio moderna y el Nominalismo es innegable y notable[3].

Hay quienes ven una tendencia análoga en Italia bajo la guía de un tal Ludovico Barbo, reformador benedictino, mas no nos referiremos a este grupo[4].

La DM tuvo una indudable influencia sobre buenos y malos. En efecto, influyó sobre los principales heresiarcas de la Protesta -Lutero, Zwinglio y Calvino- y también sobre Santos, como Ignacio de Loyola y, más tardíamente, Escrivá de Balaguer y otros fundadores de congregaciones nacidas en el siglo XX. Alberto Hyma acentúa más la influencia de la DM sobre los padres de la Protesta que lo que lo hace Villoslada[5].

 

A.- Notas Características de la Devotio moderna

 

Villoslada enuncia diez características de la DM en el orden que enunciamos (cfr. p. 317): 1) Cristocentrismo práctico; 2) Oración metódica; 3) Moralismo; 4) Tendencia anti-especulativa; 5) Carácter afectivo; 6) Biblicismo; 7) Interioridad y subjetivismo; 8) Apartamiento del mundo; 9) Asceticismo y 10) Bibliofilia (no Humanismo)[6].

Ahora bien, creemos que estas diez notas, en el fondo, se pueden sintetizar en dos vectores: interioridad hiper-metódica (en vez de la búsqueda de la contemplación) y espíritu anti-apostólico (en vez de la búsqueda de la conversión del mundo). Veamos estas notas.

 

1.- Cristocentrismo práctico

El Cristocentrismo es algo óptimo pero cuando se dice que la DM ostenta un Cristocentrismo práctico se está diciendo eso en desmedro de un Cristocentrismo especulativo, esto es, la DM tiende a reconcentrarse en Cristo como mero ejemplo de virtudes. En efecto, “en lo que más insisten es en seguir los ejemplos de Cristo nuestro modelo” (V., 317).

La Humanidad de Cristo es para la DM “el eje central de sus meditaciones” (V., 317) a tal punto que muy rara vez meditan sobre la Santísima Trinidad, las perfecciones divinas, los dones, acción del Espíritu Santo[7] o a Dios Padre mismo. El eje es la Humanidad de Cristo y principalmente la Pasión del Señor[8], cuya meditación debe llevar a la imitación de Cristo en Cruz, so pena de no ser muy provechosa[9] (según creen).

Esta acentuación exagerada de la meditación sobre los sufrimientos y la Pasión de Cristo no es mala pero “de hecho ha llevado, al jansenismo, es decir a esa postura según la cual todo placer per se es pecaminoso” (A.C., 1), a la vez que “puede llevar también a la sinonimia, peligrosa, según la cual todo devoto es necesaria y forzosamente un compungido” (A.C., 1) lo cual genera “un hombre que vive de atrición y contrición permanente sin gozo interior y sin alegría interior” (A.C., 1).

He aquí que la Devotio moderna tiende a ser un cristianismo lúgubre” (A.C., 1). Lo cual hace más entendible la posterior y actual rebelión holandesa contra la Fe… Están hartos de la Fe porque los hartaron de un cristianismo puramente negativo y apagado.

Considerando lo dicho, a nadie extrañará que el libro más representativo de la DM lleva por título “De imitatione Christi”[10].

Valga aclarar que el Cristocentrismo de la DM[11] no es tan lírico y apasionado como el de los franciscanos sino que acentúa más bien la nota ética y práctica[12].

 

2.- Oración metódica

Otra nota, para muchos es la más característica, de la DM es la metodologización de la vida espiritual[13], lo cual proviene de la decadencia de la Escolástica[14], la cual con el virus nominalista se erizó y complicó al extremo con divisiones, distinciones agudas y las figuras silogísticas más retorcidas[15]. Se trata de una tendencia al ordenancismo, al método excesivo, a la regla, al esquema lógico, al régimen preciso y fijo[16] y, en fin, a la mecanización del espíritu[17].

Con el anhelo de ordenar perfectamente la vida, la DM buscaba reglamentar todos los actos de la vida cotidiana (trabajo, comida, sueño, ejercicios devotos) a tal punto que la base de la DM no era otra que moderar, dirigir y ordenar la vida cotidiana[18]. Y por eso, cada devoto moderno redactaba “el modo que guardará en todas las ocupaciones del día” (V., 322)[19]. De este modo, aspiraban a santificar las labores de cada día. Es por eso que el Kempis pone como paradigma de vida cristiana a un cocinero llamado Juan Kessel quien tenía un modo particular de “santificar con oraciones las diversas tareas de cada día” (V., 323). Para Kempis, aqueste cocinero era un alma maravillosa[20].

Pensamos y decimos, sin ánimo dialéctico sino descriptivo, que de este modo, Kempis, sin darse del todo cuenta, inaugura una nueva concepción espiritual en la cual los Arquetipos ya no serán los Misioneros, los Cruzados y los Reyes heroicos sino cocineros o zapateros que salpican su día con jaculatorias. El culmen de la metodologización de la santificación de las tareas cotidianas lo hallamos en la obra titulada “Rosetum” escrita por el devoto-moderno Mombaer que presenta con una prolijidad extrema “las variadísimas maneras de santificar las acciones cotidianas” (V., 324). He aquí que la “devoción moderna insist[a] tanto en el conocimiento y la observancia de los deberes de estado y en el conocimiento y observancia de las leyes eclesiásticas (A.C., 3).

El reglamentismo abarcaba especialmente los ejercicios espirituales, y principalmente la oración mental[21], sobre la cual estaba regulada la hora, el lugar, la postura, los preparativos y la materia[22]. Este reglamentarismo metodologizante ahorcó la vida de oración, sometiendo la oración mental a métodos minuciosos que devinieron laberintos intrincados que imposibilitaban la misma plegaria. El ejemplo más elocuente de este fenómeno nos lo da el ya citado Mombaer quien recomienda como método que “supera toda alabanza” la Scala Meditatoria de un robot llamado Wessel Gansfort, la cual Scala mueve a Villoslada a preguntarse: “¿Quién será capaz de hacer oración, siguiendo todos esos grados de la escala y ejercitando ordenadamente todas esas operaciones de la mente, del juicio y del afecto? Ni el mismísimo Juan Mombaer” (V., 325)[23].

El mismo examen de conciencia se complica al extremo, siendo transformado (o deformado) en praxis “llenas de divisiones, distinciones, aclaraciones, etc.” (326) que en el esquema mombaeriano incluye dos grados, once etapas y no pocos pasos incluidos en sus respectivas fases.

Así la D.M. promueve “una fiscalización y una comprobación exhaustiva de todos los movimientos y todas las conductas y de todas las actitudes de la vida cristiana” (A.C., 2) y, por tanto, la muy conveniente (?) “sujeción a un director espiritual que hace las veces de un controlador del trabajo, del sueño, de las lecturas, de las comidas, etc.” (A.C., 2) cayendo en “la sujeción servil a un director sin saber que quien se salva o se condena es uno” (A.C., 3).

Valga señalar que cuando el director espiritual no quiere salir de la Devotio moderna, se corren riesgos terribles bajo esa dirección, a saber: “la fabricación de vocaciones, la coacción espiritual, la manipulación de las conciencias y el control metodolátrico, el control rígido, de toda la vida del creyente” (A.C., 3) todo lo cual genera que “el creyente termin[e] cuadriculado, o absorbido en un estado de infantilismo que le impid[e] tomar decisiones propias” (A.C., 3).

Contra este mecanicismo espiritual, reacciónó San Ignacio simplificando la oración. Aun así, hay muchos que, erradamente o no, criticaron al Fundador de los Jesuitas de “excesivamente ordenancista y metódico”[24].

 

3.- Moralismo

Para los padres de la Devotio moderna, la teoría no importa. Lo único que importa es la práctica. Son los praxeólogos de la vida espiritual. Como bien dice Villoslada, “para ellos el Cristianismo es una escuela de moral” (326). La especulación teorética no sólo no importa, sino que es despreciada. En efecto, “no les importa la teoría, sino la práctica” (328).

Pero, ¿cuál es la consecuencia? El efecto de esta impostura es el mismo que sucede cada vez que se enfatiza excesivamente un aspecto de la realidad hasta convertirlo en ídolo: la idolatración de algo (en este caso, de la moral o, más específicamente, de las virtudes morales) destruye aquello que precisamente se quiere subrayar. Y es lo que acá pasa: de tanto enfatizar la moral a expensas de la especulación teorética, se acaba destrozando la moral, y así la Moral Devoto-Moderna es una Moral que “no puede menos que recargarse al exceso” (328), fenómeno éste que en nuestros días alcanzó ribetes patéticos en una Congregación ortodoxísima, que prácticamente no existe más, que, como alguno dijo, tenía “más reglas que los fariseos” llegando a regular la modificación de las reproducciones gráficas de la pictografía tradicional en caso de que a algún Ángel se le vea ¡la piel del brazo!… ya que semejante exhibicionismo de parte de un ser inmaterial pintado podría mover a la lujuria. En la misma Congregación, un grupo de sacerdotes viajaban en auto y uno de ellos sabía el camino pero guardó observantísimo silencio puesto que el horario estipulaba callarse, lo cual los llevó a dar vueltas en vano por las calles hasta que el chofer dió con el punto de llegada.

Botones que sirven como muestra del ridículo al que lleva este nefasto error promovido por la Devotio moderna: el Moralismo, que, descripto gruesa y bíblicamente, puede calificarse como la Moral que se cuela el camello y se traga el mosquito. Se cuela el camello de la caridad, de la libertad de espíritu, de la docilidad a las mociones del Espíritu Santo al mismo tiempo que idolatra los 800 subpuntos del reglamento interno de la casa inventado por otros Mombaers.

Pero, entonces, les objetará el lector, ¿qué papel jugarán para el devoto-moderno los sublimes Misterios Cristianos, los Dogmas sacrosantos y aun los mismos hechos de nuestro señor Jesucristo? En la práctica, todo este divino patrimonio no tiene gran importancia. Lo que importa sobre todo es la consideración abstracta y, por tanto, desencarnada, de las virtudes morales de nuestro Señor. Vale la pena reproducir lo que, al respecto, señala Villoslada: “hasta el concepto que tienen de Cristo parece menos real, menos conforme al Cristo histórico y evangélico, porque es más abstracto y moralizado. Aquello del Kempis “In vita Iesu Christi meditari” (I, I) significa prácticamente meditar asidua e intensamente en las virtudes morales de Cristo, y no tanto en los hechos históricos, en los misterios y dogmas del Evangelio” (328).

Como es un Moralismo sin teoría, se cae en el casuismo, lo cual a menudo lleva a la desnutrición espiritual. El casuismo genera cristianos famélicos. En efecto,

Es común, (…) que a fuerza de insistir en este moralismo que se caiga en una casuística estoica. “Esto se hace, esto no se hace, esto hay que hacerlo, esto no hay que hacerlo, esto es así, esto no es así”. Y este casuismo estoico puede dar resultados hasta cierto nivel de formación del hombre creyente, del hombre piadoso, pero en un momento determinado el alma necesita algo más y si no se lo da esta devoción moderna, como de hecho no se lo da, el resultado suele ser o un mal catolicismo reglamentarístico, casuístico, o la pérdida del sentido católico del oficio. Se plantan flores en viveros que, cuando salen el campo, no tienen raíces propias pues no han bebido de las aguas profundas” (A.C, 4).

 

4.- Tendencia anti-especulativa

Como dijimos, la Devotio moderna es de tendencia anti-especulativa, lo cual se explica en buena parte por su filiación nominalista. La Devotio moderna es filo-nominalista, voluntarista, subjetivista, sentimentalista y considerablemente anti-tomista[25], a pesar de lo que sugiera Schulze y cía[26]. El voluntarismo de la D.M. se ve en el primado que dan a la praxis sobre el logos, a lo subjetivo sobre lo objetivo y al experimentar sobre el entender en cosas espirituales[27].

Este pragmatismo anti-teorético implicó incluso el vehemente rechazo de la Filosofía y particularmente de Aristóteles, quien en vez de ser tenido como el genial autor de un corpus filosófico grandemente asumible por el Cristianismo, fue reputado como manantial de herejías. El Padre de la Devotio moderna destila una repugnancia extrema contra la Filosofía. Reproduzcamos sus palabras: “Accedunt et aristotelicae latebrae… Deus, Deus! Quale mixtum ex cortice et nuce Scripturarum et ex cantu Sirenarum suboritur! Hinc perfidiae contra Deum et veritatem (…); hinc, haereses, hinc philosophia; nam philosophia omnium, secundum Hyeronimun, mater et nutrix est haresium” (330).

Mas, no sólo la D.M. anatematiza la Filosofía como madre de herejías sino que rechaza el mismo estudio de la Teología, como quien rechaza un vicio. He aquí que el Padre de la D.M. se propone, de modo pretendidamente ejemplar, no estudiar jamás Teología: “nunquam studebis ad capiendum gradum in theologia” (330).

Por eso, no extrañará que al anti-aristotelismo hayan sumado un anti-tomismo tan tosco que reputaba prenda de santidad el haber evitado la lectura del Aquinate. Esto es tan cierto que Godofredo Toorn, rector de los Hermanos de Deventer haya hecho el elogio del Prior Juan Vos de Huesden, “cabeza que fue de la ‘Devotio moderna‘ a la muerte de Radewijns” (331), diciendo que (¡Oh gloriosa virtud!) fue muy solícito en impedir que sus súbditos lean a Santo Tomás de Aquino, quien justamente fue llamado el más sabio de los Santos y el más Santo de los sabios. Semejante hazaña lo llevó a este miserable Rector a calificar de bienaventurado al Prior Vos, identificando su odio antitomista con una bienaventuranza celeste, como se ve en estas líneas suyas: “Felicis (inquit) memoriae Frater Iohannes Vos (…), solebat Fratres suos refrenare a studio librorum sancti Thomae (…)” (331).

Visto y considerando lo dicho nadie objetará que, como dice Villoslada, “la via moderna y la Devotio moderna tienen de común algo más que el apellido” (V., 321).

La manía anti-especulativa de la D.M. conocerá una sola excepción que agudiza la manía: sólo estudiarán lo que crean que coopera al crecimiento de sus virtudes. Esto es, su campo intelectual se reduce a la Moral, mas ni siquiera será la Moral auténtica sino una caricatura de la misma. Así, para la D.M. queda totalmente prohibido estudiar salvo que sirva al crecimiento de las virtudes (o de lo que pretendidamente para ellos son virtudes). He aquí que Groote diría “nunquam debes aliqua studere, quae non reficiunt anima” (331).

La D.M. traduce su furia anti-especulativa en “el desprecio de la ciencia” (329) y esto conduce a la reducción de la vida de oración a la experiencia de afectos sensibles (Mombaer preferirá “la inflamación del afecto a la iluminación del entendimiento” [p. 331]) y a la liquidación de la Teología con su consecuente proliferación de modernas teologías “construidas sobre arena” que se lleva el viento. Y por eso a nadie extrañará que, hoy, el viento de la atea impiedad moderna arrastre multitudes a la más abierta apostasía. Villoslada toma nota de lo dicho con claras palabras: “La reacción contra las sutilezas y las disputas escolásticas vemos que los lleva no sólo a la reprobación de la curiosidad intelectual, sino hasta el desprecio de la ciencia, con peligro de caer en una religiosidad puramente afectiva o en un practicismo sin sólida base teológica” (329).

Y este afectivismo fue tan intenso que si bien alguno alguna vez tratan sobre la contemplación infusa (cfr. 344), los maestros de la D.M. se negaban a hablar de ella con “una actitud expositiva y doctrinal” (344) a la vez que eran reacios a invitar a la contemplación mística, lo que llevó al Rosetum a confesar lo siguiente: “no queremos -dice- enseñar doctrinas sublimes ni explicar lo que toca a la contemplación, sino tratar solamente de la meditación afectiva vulgar” (332).

Hoy en día, se sigue “pagando la factura” de tales extravíos y lo vemos en la multitud de jóvenes que se creen que la vida cristiana comienza y termina en cantar pasteleras melodías en retiros mixtos donde el summum espiritual pasa por sentir cosas lindas al cantar esponjosos sones. Sigue en la memoria del autor de estas líneas, el caso de un joven que dedicaba sus jornadas a despuntar su guitarra en  un santuario de moda y a los dos años se hartó y se entregó a la mundanidad. El problema es que no les dan formación doctrinal, exponiéndolos solamente a experiencias sensibles múltiples para que “sientan a Cristo”, en medio de eventos masivos. Esta es una de las versiones contemporáneas de los viejos errores de la Devotio moderna.

Pero, no sólo la Devotio moderna conduce a la flojedad teológica -con sus consecuentes peligros heretizantes- sino que explícitamente rechaza discutir sobre religión. No quieren disputar contra los infieles sobre cuál es la Religión verdadera. No les interesa la apologética. Y por eso, el Padre de la D.M. se propuso a sí mismo (y se lo imponía a los demás) el no discutir jamás en público y no sólo esto sino que exigía aborrecer todo tipo de disputa pública. En uno de sus escritos se lee su máxima de “omnen disputationem publica vitare et abhorrere” (330). Esta actitud está en las antípodas del combativo espíritu medieval que se gozaba en la disputatio académica, la Cruzada y la confutación pública de herejes.

No sabemos por qué pero incluso el Fundador del Opus Dei, en su libro Camino (núm. 25), prohíbe discutir a sus discípulos. Lo dice de modo terminante: “No discutáis. De la discusión no suele salir la luz, porque la apaga el apasionamiento”. Hacemos esta citación porque la conocemos y nos parece científicamente poco serio omitirla. Esperamos con gusto, la explicación oficial de este concepto balagueriano.

 

5.- Carácter afectivo

La D.M., entre otras cosas, peca de afectivista, lo cual se ve hasta en su mismo nombre, como observa Villoslada: “hasta el vocablo con que los discípulos de Groote se designan a sí mismos, Devoti, está indicando su naturaleza más afectiva que especulativa” (334). Es más, para los devotos modernos, “la compunción se identifica con la devoción” (334) y la compunción consiste en “sentirse humilde” (335) (“penetrarse íntimamente, cordialmente, del afecto de la compunción, viene a ser poco más o menos como aquel sentir la humildad, o sentirse humildes que decía Radewijns”[335]). Al respecto escribe Villoslada, lo siguiente: “el devoto, según hemos oído decir a Mombaer y a Kempis, casi se identifica con el compungido” (338).

Por eso, bien puede describirse a la Devotio moderna como una espiritualidad de compungidos, lo cual a la par de ser una reducción pusilánime del Catolicismo, levantará las justas iras del impío Nietszche, quien reaccionó con fiereza ante el adocenamiento de los cristianos de su tiempo, incapaces de enfrentar el mundo con magnanimidad y épico espíritu. El modelo humano antonomástico de la Devotio moderna ya no será un Elías desafiando a los sacerdotes de Baal o los Doce Apóstoles convirtiendo al mundo pagano y derramando literalmente su sangre por el verdadero Dios, sino que el gran ícono a emular será el de un meticuloso cocinero que se siente humilde al cumplir una agobiante rutina que reglamenta hasta el último pormenor de su cada día más tediosa existencia. Lamentablemente esta inversión de los arquetipos, se radicalizó en nuestros días en no pocos ambientes eclesiales para los cuales quien aspire a la santidad “grande”, debe buscarla exclusivamente en los deberes pequeños de cada instante.

Debido a la influencia de la Devotio moderna, tristemente, a menudo, hoy en día, la búsqueda de la santidad se reduce ideológicamente al cumplimiento del pequeño deber de cada momento. ¿Y la santa aspiración a osar grandes hazañas para la mayor gloria de Dios o a emprender grandes misiones siguiendo el secreto que el Espíritu Santo inspire a cada alma? No habrá nada de esto. Los únicos caminos posibles de la santidad ya fueron detalladamente programados y previamente fiscalizados por los gurúes de la santidad ordinaria. A nadie extrañe que hoy prácticamente nadie deje todo para ir a convertir los pueblos paganos.

Valga aclarar que nadie niega (y nunca se negó) la obvia posibilidad de santificarse en cualesquier estado social al que Dios llame al alma, pero la Devotio moderna enfatiza de modo unilateral, y a veces furiosamente unilateral, la santificación en las pequeñeces cotidianas y las rutinas agobiantes. Y esta unilateralidad de la pusilanimidad disfrazada de humildad, falsea y exagera la doctrina del deber de estado para huir de toda iniciativa épica.

La Devotio moderna y su excesivo subrayar la verdad de la posibilidad teórica de santificarse en la vida ordinaria, acaba apartando a muchas almas grandes de las enormes gestas misionales a las que el Espíritu Santo las convoca.

Incluso, es cierto que abundan quienes, de puro mezquinos, se obligan a dedicarse de por vida a nimiedades, pero, ante el divinamente inspirado clamor de la conciencia que acusa al alma de pusilanimidad, la cauterizan convenciéndose a sí mismos de que eso es lo que Dios les pide y que, por tanto, así y solo así se podrán santificar.

Por eso, a menudo, al menos hoy en día, a los cultores de la Devotio moderna, les suele costar evitar una muestra de rechazo cuando un tercero osa intentar alguna hazaña digna de ser cantada. Parecería que para ellos, debe admitirse el valor santificante de todo lo que no sea ni pecado ni hazaña.

Cegados por la infalibilidad del método santificante que algún gurú inventó, tienden a anatematizar la épica, lo cual hacen al pretender imponer a todos la “santidad de la vida ordinaria”.

Cegados en sus horarios hiper-fiscalizados, a menudo caen en penosa tibieza y así sólo se apasionan para disuadir a los buenos de cualquier iniciativa heroica.

Ya dijimos que los devotos modernos solo leían textos moralísticos, como se ve en la lista de libros recomendados por Mombaer, los cuales “todos [son] de tipo afectivo y moral” (333).

Como ya anticipamos, para Mombaer y, agregamos, para la D.M. en general, “el afecto se debe llevar las preferencias sobre el entendimiento” (333). Ahora bien, no hace falta ser muy lúcido, para darse cuenta que esta nueva espiritualidad acaba siendo una espiritualidad estúpida. Y es estúpida ya que prioriza lo inferior-animal sobre lo superior-intelectual, como luego hará descaradamente la Revolución Francesa en el plano político-social.

La Devotio moderna creía que esta decisión de volverse imbéciles era un modo de glorificar a Cristo. Mombaer lo decía sin ambages: “omnia ergo nostra transeant in affectum, sed sanctum, sed pium, sed castum, et redigamus omnem intellectum in captivitatem, in obseqium Christi”.

Dios nos creó a Su imagen y semejanza al hacernos racionales. Por eso, nos suena a blasfemia esta pretensión de glorificar a Dios volviéndonos voluntariamente tarados.

 


[1] Cfr. Villoslada, Rasgos característicos de la «Devotio Moderna», vol.. 28 (1956), p. 320: “Groote estudió en París la filosofía bajo maestros nominalistas como Buridano”. ”. De ahora en más citaremos, esta obra sin indicar la fuente o sólo con la sigla “V.”, que es la inicial del apellido del nombre del autor. En base a esta obra, Antonio Caponnetto dio una conferencia, titulada “La Devotio Moderna. Rasgos Característicos”, la cual citaremos con la sigla “A.C.". Las mismas fuentes nos inspiraron al padre Javier Olivera Ravasi y a mí y sobre esto hablamos bastante pues somos grandes amigos y nos permitieron elaborar dos artículos, uno suyo y otro mío, que, naturalmente, resultaron ser similares, mas no creemos que esta no infeliz semejanza sea óbice para que también nosotros publiquemos el fruto de nuestro trabajo.

[2] “Entiendo por Devoción moderna aquella corriente espiritual que en la segunda mitad del siglo XIV brotó en los Países Bajos por obra principalmente de Gerardo Groote (1340-1384) y de su discípulo Florencio Redewijns (13501400), corriente que se canalizó en la asociación de los «Hermanos de la Vida común» (menos importancia tuvo la de Hermanas) y en la Congregación agus- tiniana de Canónigos Regulares de Windesheim, y que en el siglo XV y principios del XVI fertilizó con los escritos de Gerardo Zerbolt de Zutphen (13671398), Gerlac Peters (1378-1411), Tomás de Kempis (1380-1471), Juan Mom- baer (1460-1501) y otros, los jardines de los claustros y los anchos campos del pueblo cristiano”. De ahora en más citaremos, esta obra sólo con la sigla “V.”, que es la inicial del apellido del nombre del autor.

[3] “Groote estudió en París la filosofía bajo maestros nominalistas como Buridano; Radewijns la estudió en Praga, cuando en esta Universidad triunfaba la zría moderna de los occamistas, desterrada luego por Hus y sus secuaces. Hallándose Juan Mombaer en el monasterio de Cháteau- Landon, un canónigo regular de Agnetenberg le hace saber que se han procurado las obras de Ockham 19. Quizá se debía al influjo que entre los Windesemienses ejercía Wesscl Gansfort, el audaz nominalista de Groninga, amigo del Kempis y de Mombaer y tan estimado luego por Lutero. El mismo Juan Mombaer, que en su «Lista de libros recomendados» no enumera de Santo Tomás sino un tratado auténtico (De dilectione Dei et proximi~) y tres opúsculos apócrifos, cuando trata de los conceptos universales en su Rosetum, afirma que Ockham, Pedro d’Ailly y Gerson —los grandes doctoresi del nominalismo o terminismo— hablan con más justeza y exactitud que Santo Tomás en este punto” (V., 320-321)..

[4] “Hasta ahora no se conocía otra «Devotio Moderna» que la originada en los Países Bajos. Recientes investigaciones tienden a descubrir en otros países durante la misma época (alrededor del siglo XV) espiritualidades análogas, pero autóctonas, o por lo menos independientes de aquella. Así, v. gr., DOM ILDEFONSO TASSI OSB, en su tesis doctoral sobre Ludovico Barbo 1381-1443 (Roma 1952), atribuye a este reformador de la Orden benedictina una espiritualidad caracterizada por la oración metódica y su sentido reformatorio, como la «Devotio moderna» de los discípulos de Groote, pero de raíces italianas y con algunos rasgos peculiares. La espiritualidad española de la misma época, anterior a Cisneros, está aún por estudiar” (V., 315, n. 1).

[5] “A pesar de tan serios estudios, la «Devotio moderna» era poco conocida, hasta que en 1924 el profesor norteamericano Alberto Hyma supo encuadrarla en el marco cultural y religioso de Europa, haciéndola empalmar con el Renacimiento; la Reforma y la Contrarreforma. Exageró desmedidamente sus influjos sobre Lutero, Zwingli, Calvino e Ignacio de Loyola, y este desenfoque de la perspectiva es el defecto principal de la obra, pero la claridad de la exposición y la nueva documentación que aporta en las notas, y sobre todo en los Apéndices, fueron causa de que el libro se divulgara extraordinariamente con aplauso de todos” (V., 316).

[6] “Creo que sus rasgos más típicos y peculiares pueden reducirse a los siguientes: 1) Cristocentrismo práctico. 2) Oración metódica. 3) Moralismo. 4) Tendencia antiespeculativa. 5) Carácter afectivo. 6) Biblicismo. 7) Interioridad y subjetivismo. 8) Apartamiento del mundo. 9) Ascetismo. 10) Bibliofilia, no Humanismo” (V., 317).

[7] “¡Qué rara vez contemplan o discurren sobre la Santísima Trinidad, sobre las perfecciones divinas, sobre los dones y la acción del Espíritu Santo en el fondo del alma, sobre el «excessus mentis» y la transformación del hombre en Dios, como lo hacían, por ejemplo, Hugo y Ricardo de San Víctor, el Maestro Eckart, Taulero, el mismo Ruysbroek!” (V., 317).

[8] “Y aquel joven e iluminado sacerdote, «illuminatus sacerdos», que murió a los 31 años y es hoy tenido por una de las lumbreras de aquella espiritualidad, Gerardo Zerbolt de Zutphen, aconseja meditar todos los días en la vida y pasión de Jesucristo” (V., 318).

[9] “Y todos, según él [Juan Mombaer de Bruselas], deben ejercitarse en la meditación de los sufrimientos y pasión de Jesucristo, no deteniéndose en la mera compasión y piedad, que no sería muy provechosa si no llegase a la imitación del mismo” (V., 319).

[10] “No sin razón el libro más precioso y el más representativo y fundamental de toda la «Devotio moderna» lleva por título De imitatione Christi” (V., 317).

[11] Cuando hablemos de la DM, nos estamos refiriendo especialmente a los Hermanos de la Vida Común y a los Windesemienses.

[12] “Y aun ese Cristocentrismo de los Hermanos y de los Windesemienses no es tan lírico y apasionado como el de los franciscanos; acentúa más. bien la nota ética y práctica que ya resuena en el afectuosísimo San Bernardo. Por eso en lo que más insisten es en seguir los ejemplos de Cristo nuestro modelo” (V., 317).

[13] “La metodización de la vida espiritual ha llegado a ser, para muchos, la nota más característica de la «Devotio moderna»” (V., 320).

[14] “Pienso más bien que la metodización excesiva es fruto de la Escolástica decadente” (id.).

[15] “El método escolástico, admirablemente trabado, con claridad y fuerza lógica irresistible, resplandece serenamente en Santo Tomás de Aquino y en el mismo San Buenaventura, pero desde Duns Scoto se llena de sutilezas, y en los seguidores de Ockham se eriza y se complica con divisiones y distinciones agudas —muchas veces sofísticas y enrevesadas—, expuestas en pésimo latín y en las figuras más retorcidas del silogismo. La degeneración del método es una de las características del Nominalismo, tanto que entre los mismo? escolásticos decadentes brota en el siglo XV una especie de hastío de sus propios métodos, y abogan por una simplificación, que ellos no practican y que solamente se logra en el siglo XVI por influencia del Humanismo” (V., 320).

[16] Se trata de una “tendencia al orden (mejor diríamos al ordenan- cismo), al método, a la regla, al esquema lógico, al régimen preciso y fijo” (id.).

[17] “Quien llevó al extremo esta mecanización de las operaciones espirituales fué Wessel Gansfort. Era un doctor seglar, y aunque educado con los Hermanos de Zwolle, no hay que tomarle en todo por legítimo representante de la «Devotio moderna». Con todo, al tratar de la oración metódica, Mombaer lo alababa encarecidamente («doctor vir quidem nostri temporis doctissimus») y le sigue literalmente en su Escala de meditación, que es —dice— mucho más completa que la de todos los doctores precedentes y supera toda alabanza” (V., 324).

[18] “Moderar, dirigir, ordenar su vida cotidiana: tal era la base de sus propósitos de reforma. En efecto, conocemos las Conclusa el proposita de Gerardo Groote, que empiezan así: «Ad gloriam et honorem et servitiiun Dei intendo vitam meam ordinäre et ad salutem animae meae.»” (V., 322).

[19] “Y mientras [Gerardo Groote] va proponiendo el modo que guardará en todas las ocupaciones del día, trata también, aunque brevemente, de la oración: «Orabo spiritu, orabo et mente… Omni die, quando potes, debes audirc missam… Dorso inclinato stabis post consecrationem sacramenti… Incurvatio est mirabilitar apta incurvationi mentís et subjecuoni mentis, propter proportionalem phantasmatum motionem… Si tarnen evagari incipias, sicut solet tibi contingere quando per te cogitas quae non praeordinasti, vade ad passionem Christi… Qualibus cogitationibus vadit homo dormitum, cum talibus surgit. Utile est tune orare vel aliquos psalmos legere»” (V., 322).

[20] “Juan Kessel era un alemán, venido con su madre Cristina a Deventer, donde se dedicó al comercio; luego hizo algunos estudios, hasta que «dejando las reglas de Alejandro y Donato» se puso bajo la dirección espiritual de Florencio Radewijns. Toda su vida la pasó de cocinero de los Hermanos de la Vida común, dando maravillosos ejemplos de virtud, que Tomás de Kempis se complace en narrar con ingenuidad y devoción. Este humilde cocinero halló, como Santa Teresa, que Dios anda entre los pucheros, y así «fecit de coquina oratorium, sciens ubique esse Deum, et de igne materiali excitavit spiritualem fervorem». Muchas cosas se podrían escoger de sus apuntes espirituales, que Tomás de Kempis nos ha conservado, especialmente su modo de santificar con oraciones las diversas tareas de cada día, pero bastarán unas líneas: «In ccclesia sedeas recte super genua tua per totam missam in aliquo ángulo; et cogita de vita et passione dilecti Domini nostri Iesuchristi, secundum consuetudinem tuam… Cum de ecclcsia reversus fueris in coquinani, ora primo modicum… Post octavam’horam debes scribere defectus tuos, et cogitare aliquid boni…; ct cum istis iré dormitum circa horam nonam, ct niti cum sanctis meditationibus obdormire. Et dum experrectus fueris, cogita statim de materia devota… Item volo omni die post octavam horam me examinare»” (V., 323).

[21] Luego de ciertos hechos históricos, “vienen los autores de la «Devotio moderna» recomendando la perfecta ordenación de la vida, la reglamentación de todos los ejercicios espirituales y en particular la meditación u oración mental, conforme a un método minucioso” (V., 321-322).

[22] “No contentos con ordenar los preparativos de la oración y con determinar la materia que se ha de meditar cada día de la semana, quisieron reglamentar la hora, el lugar, la postura que conviene guardar en la meditación” (V., 324).

[23] Estos son los pasos de la Scala (V., 324-325):

“A)         MODUS RECOLLIGENDI

Quaestio… exsuscitativa (quid cogito, quid cogitandum).

B)           GRADUS PRAEPARATORII

Excussio… depulsiva obstantium (repulsio eorum quae minus cogitanda), Electio… assumptiva conferentium (quae expediunt).

C)           GRADUS PROCESSORII ET MENTIS (Ejercicio de la memoria) Commemorano… haeret conduplicatione (elcctae rei cogitano actualis). Considerano… penetrat (iterata commcmoratio).

Attentio… figit (rem commemoratam et consideratami Explanatio… illustrai. Tractatio… extcndit (ad alia).

D)           GRADUS PROCESSORII ET IUDICII (Ejercicio del entendimiento)

Dijtidicatio… acstimat (pro dignitate rei). Causano… stabilit (sicut confirmado orationis).

Ruminatio… iterando inquirit (donec gustum attingat morosa tractatione),

E)            GRADUS PROCESSORII ET AFFECTUS (de la voluntad) Gustado… videlicet exclamatione (quando nos affici sentimus). Quaereìa… deplangit lamentatione (quaerentis impatientia).

Optio… esurit desiderationc.

Confessio… congesta detegit (veritatis assénsus et agnitio)

Oratio… exigit.

Mensio… animat.

Obsecratio… extorquet.

Conjidenlia… possidet.

F)            GRADUS TERMINATORH

Gratiarum actio… refundit.

Commendatio… custodit (fiducialis remissio in Dei bonitate). Permissio… holocaustat (voluntatis resignatio).

G)           MODUS COMMORANDI

Complexio… Haec complexio est omnium graduum, sicut ruminatio tantum intellectualium, unde maximam copiam praestat”.

[24] “Es claro que los autores de la «Devotio moderna» no inventaron el método de la oración mental, ni la ordenada distribución de los ejercicios espirituales, pero en ellos culminó el proceso de reglamentación. San Ignacio de Loyola, que viene después, y que algunos han querido presentar como excesivamente ordenancista y metódico, significa más bien la intervención simplificadora del Humanismo. Lo que un Vitoria y Domingo Soto hicieron con la enmarañada escolástica parisiense, eso —o cosa semejante y paralela— vino a realizar San Ignacio con las intrincadas fórmulas a que había llegado la «Devotio moderna»” (V., 321).

[25] El mismo Juan Mombaer, que en su «Lista de libros recomendados» no enumera de Santo Tomás sino un tratado auténtico (De dilectione Dei et proximi) y tres opúsculos apócrifos, cuando trata de los conceptos universales en su Rosetum, afirma que Ockham, Pedro d’Ailly y Gerson —los grandes doctores del nominalismo o terminismo— hablan con más justeza y exactitud que Santo Tomás en este punto” (V., 320-321).

[26] “Igualmente equivocada me parece la opinión de L. Schulze (en «Realenzykl. f. prot. Theol.») y de otros que quieren hacer tomista a G. Groote” (V., 320, n. 18).

[27] “Y basta conocer el voluntarismo de casi todos sus escritores ascéticos, el valor que dan al ethos sobre el logos, a lo subjetivo sobre lo objetivo, al experimentar sobre el entender en cosas espirituales, para persuadirse que su parentesco con los nominalistas es muy estrecho. La tía moderna y la Devotio moderna tienen de común algo más que el apellido. Y no se diga que el nominalismo se caracteriza por sus agudezas escolásticas, y nadie más enemigo de ellas que Grootc y el Kempis; porque es un hecho bien comprobado 31 que el lenguaje de estos dos ascetas coincide con el de los más afectos al nominalismo en la condenación de los abusos dialécticos” (V., 321).

15 comentarios

  
Alejandro
Entre la lista de lectores asiduos del Kempis hay infinidad de santos, y muchos de ellos destacaron por una vida activa heroica de transformación del mundo:
San Ignacio de Loyola, San Juan Bosco, San Josemaría Escrivá, San Juan de Ávila, San Juan de la Cruz, Santa Teresa de la Cruz, el Cura de Ars, San Juan Pablo II, Santo Tomás Moro, San Felipe Neri, San Vicente de Paul, etc.
También eran admiradores de la Imitación de Cristo los siguientes: Santa Teresita de Jesús, Pío XI, Benedicto XVI, Fray Luis de Granada, San Juan XXIII e inifinidad de otros santos y beatos.
¿Acaso se equivocaban todos esos santos, beatos y papas que han recomendado la "Imitación de Cristo"?


...


Estimado Alejandro

El Kempis está lleno de cosas buenas y por eso tantos Santos lo siguieron. El problema es que tiene varias omisiones, como explicamos en el artículo. Los santos usaron el Kempis pero eso no fue su única fuente. Por eso los Santos abundan en heroicidades que nada tienen que ver con el Kempis o la DM.
Omisiones sobre el apostolado (el tema de mi artículo versa especialmente sobre esto) y otras...
El principal drama de la Devotio Moderna es, pienso, la falta de matices y de balance, v.gr. no esta mal la ascética pero está mal una ascética casi cerrada a la mística, etc.
27/06/17 11:08 AM
  
Opinando
¡Hola Padre Federico!

Espléndido el post de hoy; reconozco que me ha costado un poco leerlo pues la cantidad de datos y pensamientos es elevado, deberé leerlo con más pausa, pero me he encantado particularmente la parte de:

"Cegados por la infalibilidad del método santificante que algún gurú inventó, tienden a anatematizar la épica, lo cual hacen al pretender imponer a todos la 'santidad de la vida ordinaria'.

Cegados en sus horarios hiper-fiscalizados, a menudo caen en penosa tibieza y así sólo se apasionan para disuadir a los buenos de cualquier iniciativa heroica".

Le aseguro que muchas veces al terminar de leer sus escritos, me dan ganas de salir en busca del dragón y batallar con él al momento; dejar el trabajo -jajaja, se imagina- y salir pegando gritos a la calle; usted me anima más de lo que imagina y me consuela ver que existen, no sólo quienes creen en la heroicidad, sino los héroes mismos que pensábamos desparecidos o personajes imaginarios de fantasías épico-medievales.

Abrazos y que Dios le siga bendiciendo en su vida y en su misión.


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¡A batallar contra los dragones!

¡Arriba la guerra sagrada!

Un fuerte abrazo

En el Dios de las Batallas

Padre Federico
27/06/17 12:23 PM
  
Juan Andrés
Muy bueno este inicio padre Federico, pero sería interesante -y por cierto más provechoso- que, a más de la crítica, se buscara también el et-et ya que muchas cosas buenas pueden sacarse de todo ello, muchas a mi modesto entender.



...

Estimado Juan

De eso se trata precisamente: del "et,et".

El Kempis es útil para ciertas cosas. Pero no para describir una visión completa y balanceada del Cristianismo.

El trabajo que publicamos trata de moverse al máximo en la línea del "et-et".

En Cristo et Maria
27/06/17 2:31 PM
  
Oscar
Hombre, si algo peca el clero en general, y el pueblo hoy, es de pasar de normas, de disciplinas, de flagelaciones, de penitencias, de oración permanente, de orden de vida (san Alfonso Maria de Ligorio, estilo de vida de un cristiano (no recuerdo bien el titulo)), de dirección espiritual (acertado, porque no hay buenos directores espirituales) etc etc
El Kempis les vendría muy bien, y como premio, cilicio gratis. Quitando algún santo de nueva generación, como Juan xxiii, no recuerdo de santo que no haya vivido con ayunos severos, y mucho mas.
Preocuparse tanto de la alegría lo encuentro bastante antropocentrico. Dios da la alegría según le conviene a cada uno en cada momento, y la noche oscura del alma puede durar muchos años, según dicte Dios. No olvidemos Gálatas: Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mi. Solo Cristo da la verdadera alegría, pero pasa por la crucifixión con El.


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Hombre

Todo cristiano debe ser mortificado y aspirar a la locura de la Cruz que lleva a amar la Cruz con locura. Más aún los sacerdotes.

A su vez no olvide que las palabras reveladas:


Filipenses 4: 4 - 7
4 Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres.
27/06/17 4:58 PM
  
Fernando Romero Moreno
Muy interesante artículo. Unas aclaraciones acerca de San Josemaría:

1. No se aplican a su carisma fundacional las notas de: Tendencia anti-especulativa, Apartamiento del mundo, Bibliofilia, Oración Metódica e interioridad y subjetivismo. Respecto de lo primero, Escrivá siempre insistió en que había que ser contemplativos en en medio del mundo, para lo cual era necesario tener "piedad de niños y doctrina de teólogos". Y esa doctrina (sobre todo los estudios de filosofía y teología) se hacían y se hacen siguiendo las ideas principales y no sólo el método de Santo Tomás de Aquino. En cuanto al apartamiento del mundo nada más alejado de la espiritualidad del Opus Dei, que enseña precisamente a santificar y santificarse en la vida familiar, profesional y social, "amando al mundo apasionadamente", entendiendo mundo no en el sentido negativo (como enemigo del alma) sino en el positivo (como Creación de Dios, herida más no corrompida del todo por el pecado original). En relación a la bibliofilia, San Josemaría animó mucho a la lectura meditada de la Sagrada Escritura, siendo fuente principal de la oración, pero sin caer en una desordenada valoración de "la Palabra" inspirada, en detrimento de la Tradición o del Magisterio, ni considerando que la presencia de Cristo es idéntica en la Biblia que en las especies eucarísticas (error progresista) ni poniéndola por encima de la Tradición Apostólica. En cuanto a la oración metódica, San Josemaría no daba indicaciones ni métodos especiales, porque prefería la libertad interior. Sí aconsejaba que la media hora de oración de la mañana se hiciera de acuerdo al Evangelio del día y que en algunos días se meditaran el Símbolo Atanasiano, el Salmo II o el Adoro Te Devote, pero no mucho más que eso. Por último, en lo que respecta a las notas de interioridad y subjetivismo, aunque de las enseñanzas del Fundador del Opus Dei puede hacerse una mala interpretación que lleve a ciertas personas a centrar demasiado la oración en el análisis de las propias virtudes y defectos, la enseñanza de Escrivá era alimentar la oración con la contemplación (no necesariamente "práctica") de los Misterios de la Santísima Trinidad, de la Humanidad Santísima del Señor o de Nuestra Señora, pero además procurando que "momentos fuertes" de oración existieran (no exclusiva ni principalmente) para poder luego "convertir en oración" el trabajo y el descanso, la vida de familia y el deporte, las relaciones sociales, etc. Y siempre tratando de "pensar en los demás", "saliendo de uno mismo", volcándose sin activismos, en el apostolado y en un sano proselitismo;

2. Aunque no como parte del carisma fundacional, sino como errores contagiados del "catolicismo español contrarreformista", puede ser que haya habido en el Opus Dei algo de moralismo y asceticismo. Sin embargo, leyendo a fondo todo lo de Escrivá (incluso los escritos internos) habría que matizar y poner en perspectiva esos problemas. Como enseña el Padre Iraburu, muchos santos pasaron por una primer etapa voluntarista para luego dar lugar a una vida espiritual donde la Primacía de la Gracia fue lo principal. Creo que eso pasó con San Josemaría. Y además hay cosas que distan mucho de cómo fueron planteadas por otras corrientes influidas por la Devotio Moderna: por ej. Escrivá, entre otras cosas y para lograr una de las primeras aprobaciones de la Obra por parte de Roma, tuvo que luchar mucho para que no se exigiera el cumplimiento de las Normas de piedad bajo pena de pecado venial, lo que finalmente logró, ya que para él las Normas eran simples medios para crecer en la vida interior y que obligaban por amor, habiendo circunstancias en que por diversas razones no se podían cumplir total o parcialmente. En cuanto al "moralismo" se ha dado un cambio importante en el Opus Dei en lo últimos 20 años, sobre todo por la influencia de teólogos como Pinckaers, Cafarra, García de Haro, etc. Ha disminuido bastante la "moral de obligaciones" y se ha acentuado mucho la "moral de virtudes" , combatiendo los errores del voluntarismo, de la casuística, del formalismo, etc., aunque todavía haya mucho para mejorar. Y en relación al "ascetismo", creo que Escrivá no quizo entrar en ciertas polémicas muy de la época (por ej. acerca de la contemplación infusa de los misterios de la Fe) pero se advierte en sus enseñanzas una mística sin fenómenos extraordinarios que diría Garrigou Lagrange (por ej. el libro "Forja" o la homilía "Hacia la santidad"). Por lo demás, en el plan de lecturas obligatorias de carácter espiritual de los miembros de la Prelatura, se encuentra o al menos se encontraba hasta hace unos años precisamente "Las tres edades de la vida interior", donde Garrigou Lagrange explica muy bien la relación entre ascética y mística de acuerdo a la Tradición y contra cierto ascetismo moralizante y desligado de la mística bien entendida;

3. Por fin, la prevención de Escriva contra los actos heroicos extraordinarios era sólo una advertencia prudencial para laicos que viven en medio del mundo y probablemente no tengan nunca en su vida la posibilidad de ser mártires o de participar en una Cruzada. En cambio, tienen que vivir de modo heroico hasta los detalles más pequeños que les permitan alcanzar la santidad en la vida familiar, profesional y social. Pero aclarado esto, San Josemaría enseñaba que había que estar preparados para recibir el don del martirio, para defender aún a costa de la propia vida los derechos de Dios, etc. Y de hecho, consideraba al Opus Dei como una Familia de vínculos espirituales pero también como una Milicia puesta al servicio de la recristianización de la sociedad en los ámbitos de la cultura, la economía, la política, etc;

4. Pertenecí al Opus Dei casi 17 años como numerario y actualmente soy cooperador. Soy el primero en reconocer los errores que hubo y que hay en relación al voluntarismo, la manipulación de las conciencias o la tolerancia con ideas políticas ajenas al Magisterio de la Iglesia. Pero puedo asegurar que, por los años que viví en centros de la Obra como por todo lo que recibí acerca de la tradición oral y escrita de San Josemaría, no está en su carisma fundacional el problema. Y creo que el Opus Dei, purificado de estos errores, puede prestar un gran servicio a la Iglesia, como de hecho lo presta en muchos lugares;

5. Aunque no hace al tema en cuestión ni lo haya escrito pensando en el Opus Dei, algunas ideas acerca del problema del "liberalismo católico" pueden profundizarlo ustedes en mi "Los neomaritaineanos", artículo publicado en "El Derecho", publicación jurídica de la Universidad Católica Argentina (UCA) y que está en vario sitios de internet.

Cordiales saludos

Fernando Romero Moreno
27/06/17 5:20 PM
  
Padre Federico
Estimado Fernando

Muchísimas gracias por su valioso aporte.

En Cristo Rey y María Reina

Padre Federico
27/06/17 9:15 PM
  
Oscar
Me parece que esto ahora suena a chino:

13 de mayo de 1917:

¿Quieren ofrecerse al Señor y estar prontos para aceptar con generosidad los sufrimientos que Dios permita que les lleguen y ofreciéndolo todo en desagravio por las ofensas que se hacen a Nuestro Señor?

- Sí, Señora, queremos y aceptamos.

Con un gesto de amable alegría, al ver su generosidad, les dijo:

- Tendrán ocasión de padecer y sufrir, pero la gracia de Dios los fortalecerá y asistirá.




....


Oscar

Padecer y sufrir por Cristo es algo santísimo.

Pero eso no significa convertir la vida cristiana en una vida lúgubre.
27/06/17 10:25 PM
  
Fernando Romero Moreno
Padre Federico:
Las gracias las doy yo por haber pubicado un comentario mio tan extenso. Lo tendre presente en mis oraciones.

Cordiales saludos

Fernando



...


Estimado Fernando

Muchísimas gracias por las oraciones.

En Cristo Rey y en la Patria

Padre Federico
27/06/17 11:11 PM
  
Jero
¿Qué lecturas sugiere para reemplazar las de Devotio Moderna? Por supuesto, además de la Lectio y el Oficio Divino.


...


Estimado Jero

Sugiero leer a los Santos Padres. Es muy provechoso espiritualmente leer la Catena Aurea, que es una selección hecha por Santo Tomás de los mejores comentarios de los Santos Padres acerca de los versículos de los 4 Evangelios. Es un óptimo complemento para la lectura del Evangelio del día.
Es óptimo también leer las buenas vidas de Santos, especialmente las escritas por otros Santos, como la Vida de San Antonio escrita por San Atanasio. Es óptimo también leer las Colaciones de San CASIANO.
Hay más. Mucho más.
28/06/17 12:23 AM
  
Alejandro
Que el Kempis tenga omisiones nadie lo puede negar: ningún libro es perfecto salvo la Biblia, pero me parece que usted ha empleado argumentos tan duros como vagos. Observe la frecuencia de términos indefinidos como "tiende", "promueve":

- "la DM tiende a reconcentrarse en Cristo como mero ejemplo de virtudes"
- "la Devotio moderna tiende a ser un cristianismo lúgubre"
- "una tendencia a la mecanización del espíritu"
- "La Devotio moderna [...] lamentablemente se encuentra muy vigente"
- "interioridad hiper-metódica"
- "espíritu anti-apostólico"
- " la D.M. promueve una fiscalización y una comprobación exhaustiva de todos los movimientos y todas las conductas"
- "Para los padres de la Devotio moderna, la teoría no importa" [...] "para ellos el Cristianismo es una escuela de moral"
- "Para el devoto-moderno [...] en la práctica los sublimes Misterios Cristianos, los Dogmas sacrosantos y aun los mismos hechos de nuestro señor Jesucristo no tienen gran importancia".
- "la Devotio moderna es de tendencia anti-especulativa"
- "la D.M. [...] conduce a la reducción de la vida de oración a la experiencia de afectos sensibles"
- "la D.M. peca de afectivista"
- "puede describirse a la Devotio moderna como una espiritualidad de compungidos"
- "La Devotio moderna acaba apartando a muchas almas grandes de las enormes gestas misionales a las que el Espíritu Santo las convoca"
- etc.

Esa "quintaesencia de la Devotio Moderna", para la que usted (y el libro que cita) dedica palabras tan duras, la han recomendado muchísimos santos.

Me parece perfectamente factible que, por ejemplo, Santa Teresa de Ávila se equivocara en algo. Lo que me parece prácticamente imposible es el hecho de que, de forma ininterrumpida durante seis siglos, docenas de santos, incluyendo a místicos, doctores de la Iglesia y papas, de todo tipo de condición y trayectoria vital, se hayan equivocado en un asunto espiritual importante, es decir, la recomendación de un libro de meditación como es la "Imitación de Cristo".

De su artículo se deduce directamente que todos esos innumerables santos, con su consejo del Kempis, "acaban apartando a muchas almas grandes de las enormes gestas misionales a las que el Espíritu Santo las convoca". Absurdo.

Creo que ha escrito usted con mucha ligereza sobre un tema trascendente. Ojalá se pudiera pasar el P. Iraburu por aquí para dar su opinión.



...


Alejandro:

Refute las 15 frases citadas y seguimos el diálogo.

En Dios
28/06/17 10:24 PM
  
Daniel Riquelme
Por lo que respecta al Opus Dei, es como Fernando Romero Moreno lo dice.

Saludos.
29/06/17 6:44 PM
  
Atanasio
Padre, a mí el Kempis me ha hecho muchísimo bien.
30/06/17 9:32 AM
  
Alejandro
Padre, visto que no entra a valorar mi argumento en negritas, mejor dejamos la discusión.
Rezaré por usted y su misión.
Por cierto, buscando en Internet, encontré la opinión del P. Iraburu sobre el Kempis, que me permito copiar aquí:
------------------------
"La imitación de Cristo, de Tomás de Kempis (+1471), es al final de la Edad Media la obra cumbre de la Devotio moderna. Su título completo, De imitatione Christi et contemptu omnium vanitatum mundi, ya nos sitúa en el planteamiento evangélico originario: dejarlo todo, dejar el mundo, y seguir a Cristo, para ser perfecto.

Algunos autores de hoy pasan gran pena al ver en este libro «el caso quizás más claro de una obra escrita para monjes, pero utilizada masivamente por los seglares» (Estrada 112). Ya estamos en la trampa mental acostumbrada. Es cierto que algunas expresiones de Kempis, muy pocas -como aquélla, «cuantas veces estuve entre los hombres, volví menos hombre» (I,20,2; +I,10,1; 15,2; 20,1; II,4,4; etc.)- son sin duda ambiguas; pero quedan ampliamente verificadas por la doctrina general de la obra. Y, después de todo, son las mismas expresiones hiperbólicas, que usan el Señor y sus apóstoles. Quienes prohiben hoy leer la Imitación, tendrán que prohibir también leer los Evangelios -«renunciar a todo», «sacarse un ojo», etc.-, o a San Pablo -«mirar las cosas de arriba, no las de la tierra»-, o a San Juan -«todo lo que hay en el mundo» es sensualidad, orgullo, codicia-, alegando que son lecturas peligrosas, que pueden fácilmente ser mal entendidas, sobre todo si son «masivamente leídas por los seglares». Pero el malentendimiento es mucho más probable cuando nos vamos a textos espirituales de signo contrario, en los que se invita a amar al mundo y a gozar de él alegremente. Y si de la lectura del Kempis han salido tantos santos, religiosos y laicos, no es de esperar que salgan santos de estos otros escritos tan enamorados del mundo.

La Imitación, efectivamente, ha sido el libro de cabecera, o casi único, de muchos santos canonizados, como Tomás Moro, Ignacio de Loyola, Felipe Neri, Gonzaga, Sales, Borromeo, Belarmino o Teresa de Jesús, y de muchos notables cristianos laicos. Gabriel García Moreno, presidente del Ecuador, lo llevaba consigo cuando fue asesinado (+1875). Alcide De Gasperi (+1954) lo tenía en su mesilla de noche, y en él meditaba cada mañana.

Santa Teresa del Niño Jesús, que tanta parte de su corta vida estuvo inapetente para toda lectura espiritual, confiesa: «Fue éste el único libro que me aprovechó... Sabía de memoria casi todos los capítulos de mi querida Imitación, nunca me separaba del pequeño libro» (Manuscritos autobiográficos A,47r). «En medio de tanta impotencia, la Sagrada Escritura y la Imitación vienen en mi ayuda; en ellas encuentro un alimento sólido y totalmente puro» (A,83r-v).

La imitación de Cristo es una obra clásica, en el sentido más propio del término, y por eso tiene un valor tan perenne que, como dice Huizinga, «no pertenece a una edad cultural determinada, lo que explica sus dos mil ediciones» (324). Von Balthasar reconoce que es el libro «más leído de la cristiandad, después de la Biblia» (Gloria V, Madrid, Encuentro 1988, 102)."



....



Estimado Alejandro


Por sus frutos los conoceréis”. El Kempis ha sido ayuda de muchos santos,
canonizados o no.

Ahora bien, esto no es óbice para hacer matices ni para denunciar los extravíos de muchos exponentes (que no son el kempis) de la DM.
De todos modos, urge tomar conciencia de ciertas tendencias a las que el kempis lleva (vgr antiespeculativismo) si se lo lee sin una buena formación.
¿Dónde el Kempis promueve la Misión?
PF
30/06/17 7:47 PM
  
CF
Padre: Una preguntita: ¿La cita A. C. que usted invoca en el artículo a qué texto remite? Gracias.

------------------
Se encuentra linkeado en el primer post. Está aquí
30/06/17 11:35 PM
  
Esteban de mza
Gracias por este post padre.
Respecto a algunos comentarios sobre tantos santos que leyeron La imitación me surgió una pregunta :
.¿Porque el Kempis no fue declarado santo por la iglesia ?


....


Buena pregunta. Tema a ser estudiado.

PF
02/07/17 7:40 AM

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