De la sustitución de las Misiones de Infieles por la caridad inmanentizada

De la sustitución de las Misiones de Infieles por la caridad inmanentizada

Perdónanos nuestros pecados

(Lc XI, 3)

 

Los arquetipos, buenos o malos, cambian a la masa, la modelan y la ponen en acción.

Ahora bien, la trágica oenegeización de la Iglesia (y sus sucedáneos corolarios o epifenómenos de estomacalización de la Misión y sustitución del pecador por el desempleado y reemplazo del pagano por el refugiado) no se operó en un día, sino que es fruto perverso de un lento proceso, catalizado por el genio y figura de un haz de paradigmas que se tornaron signos y emblemas del nuevo modelo, aportando no sólo su faz -tenida por santa- sino un acerbo -no breve- de pseudopiadosa discursería más o menos pauperista u oenegeizante.

De entrada suponemos que las figuras del neo-modelo tuvieron o tienen las más celestiales intenciones (cfr. Mt VII, 1), pero no nos referiremos a las secretas motivaciones de sus almas, sino al modelo que, de facto y de palabra, generaron.

Si un hombre está desamparado y arrojado en las calles, a merced de perros y villanos, y un Buen Samaritano lo rescata, tal bienhechor habrá realizado una obra encomiable que, en cuanto tal, sólo merece el aplauso y, si está en gracia, aumentará sus premios celestiales.

Si a tal necesitado, luego de habérselo salvado de las amenazas de la intemperie y la indigencia, se le ofrece afecto, pábulo y hospedaje hasta el fin de su vida, se hará una obra admirable.

Ahora bien, si tales necesitados provienen de un contexto idólatra y pagano en el cual la inmensa mayoría ignora al Redentor, y se los hospeda no un día sino varios años, y a menudo hasta su defunción, entonces evidentemente se les deberá predicar, con celo de almas y claridad de palabra, la Buena Nueva para, de este modo, ayudarlos a que salven su alma. De lo contrario, se acaba sirviendo sólo sus cuerpos, lo cual no es sino materialismo terrenalista edulcorado con una dosis más o menos generosa de afecto sentimental.

Si el otrora desamparado que hogaño es hospedado fuese idólatra -y por más que lo sea desde su infancia-, el Buen Samaritano no podrá alentarlo a ser “un buen idólatra” sino que deberá advertirle de su grave yerro, removerle su ignorancia y enseñarle que hay un solo Dios y que Él nos envió un Salvador que nos espera en Su Iglesia para perdonarnos los pecados.

Ahora bien, si el voluntario lo alienta a perseverar en su idolatría, por más que lo exhorte a una genérica bondad, ya no será un voluntario bienhechor sino un malhechor consumado puesto que, si bien le dará ciertos auxilios corpóreos y algunos consuelos afectivos, al alentarlo a que sea un buen hindú o un buen budista, lo está alentando a que persevere en el politeísmo idólatra -en el primer caso- o en el ateísmo metafísico -en el segundo caso-. De este modo, ya no hay ningún Buen Samaritano, sino sólo un Buen Sátrapa que, al exhortar al prójimo a que viva bien su falsa religión, se torna de facto instrumento del Diablo para empujar las almas al infierno, que es merecido por aquellos que renuncian al Dios verdadero y se entregan al culto de los ídolos, lo cual, como enseña el Apóstol, es inexcusable.

¿Qué clase de caridad tiene quien, pudiendo enseñarle o corregirlo y teniendo sobrado tiempo para esto, deja que el pobre a su cargo muera sin bautismo y en la ignorancia del Creador y del Salvador? ¿Es esto caridad o una forma renovada de cainismo naif? Hacemos estas preguntas ya que no podemos olvidar la respuesta de Caín a Dios: “¿Soy yo acaso el guarda de mi hermano?” (Gen IV, 10).

La realidad es que la oenegeización eclesial lleva a procurar la salud del cuerpo y el bienestar afectivo, pero se desentiende deliberadamente de la salvación eterna del necesitado. Podemos decirlo así: el voluntario oenegeista es un cierto “Buen Samaritano” en lo que toca a la vida terrenal pero es un nuevo Caín en lo que toca a la vida eternal.

Estos samaritanos caínicos le darán polenta a los estómagos, pero fomentarán la hambruna espiritual al omitirles la predicación de la Palabra de Dios; darán agua potable a los miserables sedientos, pero omitirán darles las aguas vivas que Cristo ofreció a la samaritana;  darán alojamiento a los mendigos pero no los invitarán a las Moradas que el Señor nos fue a preparar en el Reino de los Cielos; les darán pulloveres o medias, pero no les ofrecerán la vestidura nupcial que es preciso vestir para entrar a las Bodas del Cordero; curarán sus escorbutos o sus infecciones venéreas, sus gangrenas o sus resfríos, pero no harán nada por removerles la peste maldita del pecado original ni por extirparles la multitud de sus pecados mortales, los cuales aniquilan el alma y la hacen digna del averno; dispensarán mimos y besos a los menesterosos pero no procurarán que éstos reciban el gran fruto de la ternura de Jesús, que es el perdón de los pecados, que llega por el bautismo sacrosanto.

Estos filántropos olvidan que un mendigo hambriento puede ser reputado “muy bueno” a la luz de los cánones meramente humanos (según los cuales es bueno quien sonríe y ayuda a veces y no mata ni roba ni miente ni se queja mucho), pero que de nada o de poco le sirve esta cierta decencia cívica si cometió al menos un pecado mortal y no fue perdonado por Dios.

Es doctrina elementalísima que basta un solo pecado mortal para asegurar indefectiblemente el infierno eterno, que sólo el perdón divino dispensa de semejante castigo y que nadie -ni siquiera la Iglesia- conoce otro medio de perdonar los pecados que no sean los sacramentos del bautismo y la confesión.

Como se dijo alguna vez, el pauperismo asacramental, al final, busca que los pobres se vayan abrigados y bien alimentados … al infierno eternal.

Es preciso recordar, si hiciera falta, que uno de los máximos Apóstoles de la Caridad, San Vicente de Paúl se lamentaba con místico dolor por aquellos pobres que se morían de hambre y encima se condenaban en el infierno. A este místico francés nadie le vendió el buzón del pauperismo contemporáneo. Él, ante todo, se gastaba y desgastaba por la salvación eterna de los pobres, a quienes, por caridad, alimentaba también con comida material.

La tergiversación pauperista de la caridad suele ir acompañada de la suposición, tácita o no, de la salvación del pobre por su mera condición de pobre, como si la pobreza per se perdonase los pecados ex opere operato. Como si pensasen que la pobreza material es un nuevo bautismo, pero más poderoso que el de tipo sacramental ya que ella sola sin ayuda de otros sacramentos o medios, bastaría y sobraría para asegurar la salvación eternal.

Este pauperismo “católico” tiene sus lugares comunes y hasta su apologética -a menudo apasionada y dogmática-, la cual es más bien de tipo sentimental y descansa sobre el sofisma afectivo de que“como Dios es bueno, no llevará a los pobres al infierno”.

Otra de las típicas falacias que los tergiversadores emplean es esta: “Dios no nos preguntará de qué religión fuimos sino si amamos o no a los prójimos”. Este slogan filantropista se desarma con la misma palabra de Dios, Quien con celestial laconismo, nos reveló esta dramática verdad salvífica: “El que crea y se bautice, se salvará; el que no crea, se condenará” (Mc XVI, 16).

Esta tergiversación de la caridad o “materialismo sentimental” -si se nos permite la expresión- a menudo conlleva un contentarse con que el pobre muera sonriendo, aun cuando muera sin haber sido engendrado a la vida de la gracia. Según este nuevo paradigma, no interesa que el pobre muera bautizado, sino que lo importante es que muera sintiendo afecto, lo importante es que muera experimentando que alguien lo ama. No interesa que muera como católico, hindú o mahometano, no importa que muera adorando a la sanguinaria ídola Kali, al elefante Ganesh o al Gurú de turno, sino que lo que cuenta es que muera sintiendo afecto y si muere sonriendo ya nada más se podrá anhelar. Esa es la muerte perfecta: morir sonriendo. No interesa la gracia divina y el comparecimiento ante el divino Juez, sólo importan los mimos y las risas.

Para la caridad inmanentizada, entonces lo que importa es que el pobre muera habiendo recibido pan y afecto humano. Alguno podría replicarnos que, en realidad, mueren recibiendo una muestra de afecto de Dios que llega por medio de aquel instrumento humano que es el voluntario del momento. A esto respondemos que esto, entonces, más que “afecto de Dios” parecería una “ironía de Dios”, Quien luego de manifestar Su afecto al agonizante, lo envía al infierno por haber muerto sin bautismo y con al menos un pecado mortal en su haber.

A esto, respondemos que Dios, que es la Bondad Infinita, desea que todos se salven y por tanto quiere que los católicos ayuden a los menesterosos no sólo por medios de consuelos humanos y afectivos (lo cual es indudablemente importante y encomiable) sino principalmente preparándolos, de modo prudente y caritativo, para la muerte, esto es, ayudándolos a tener una muerte santa que los lleve al Cielo.

La mutilación del servicio caritativo (que es hija y fruto de la mutilación del Cristianismo y aun de una deformación de la concepción sobre Dios) transmite una falsa imagen de Dios, que es la de un Dios que se vuelve ocasión de pecado ya que todos se salvarían (como explica San Alfonso, si todos se salvan, Dios sería ocasión de pecado para los justos) o es la de un Dios irónico o cínico, que le guiña un ojo a alguien a quien, minutos después, enviará al infierno.

Mas, la auténtica misericordia muestra el amabilísimo y tiernísimo Rostro de Dios que “levanta de la basura al pobre”, como dice el Salmo, mas no sólo de la basura material o corporal sino sobre todo de la basura espiritual, esto es, de las inmundicias del pecado, la idolatría, la superchería y la apostasía, y así, el pobre es levantado de la suciedad de este valle de lágrimas al esplendor sublime de la Fe Católica y luego a la majestuosidad deslumbrante del Paraíso Eternal. Valga entonces, a modo de síntesis, recordar que hay dos modelos: la caridad inmanentizada que evoca de facto un Dios cínico, y la caridad teologal que evidencia el amor inefable del Dios de los corazones.

El pauperismo asacramental -como también se puede llamar a esta sutil corrupción de la caridad- es una forma de enfriamiento de la caridad, esto es, de ese congelamiento del auténtico amor que preludiará la segunda venida del Señor. Este pauperismo que es materialismo sentimentalista, en tanto panificación-que-sustituye-la-predicación, es una reedición de la primer tentación de satanás al Señor: “manda que estas piedras se vuelvan panes” (Mt IV, 8).

En efecto, San Mateo, al comenzar a exponer lo relativo al ministerio público de Cristo, señala que nuestro divino Salvador “recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y proclamando la Buena Nueva del reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo” (Mt IV, 23). El texto escriturístico evidencia que el Señor priorizaba la predicación salvífica y que la secundaba con obras de misericordia corporales. Ahora bien, si la divina Revelación sólo dijese que Cristo “recorría toda la Galilea, sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo”, entonces estaríamos ante un Impostor y no ante el Salvador. De hecho, el Anticristo intentará precisamente esto: “sanar toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo”, pero omitiendo proclamar la Buena Nueva. Es la mutilación de la caridad. Es la inmanentización de la caridad. Es la caridad de la ONU, los Rothschild y el Banco Mundial. Es una caricaturización reduccionista del Cristianismo.

Al final, esta neo-caridad, que quieren presentar como la “caridad del postconcilio”, podrá ser perfectamente practicada por el Anticristo y sus secuaces. Ningún óbice teológico hay para imaginar al Gran Impostor estableciendo clínicas gratuitas para pobres o enviando sus satélites a repartir cucharadas de arroz a los indigentes que duermen en las esquinas. Y no sólo no hay ningún óbice teológico sino que el Anticristo aparecerá como un Mesías y por tanto como un Salvador. Mas no será alguien que provea una redención esjatológica sino que, por el contrario, será el adalid de la caridad inmanentista, esto es, el paradigma supremo de la tentativa de construcción del Paraíso en tierra, en el que se buscará la abundancia material, la proliferación de todo tipo de afecto -humano, animal y contranatural-, sin hacer distinciones por razón de raza, color, nación o religión.

Nada prohíbe, al contrario, imaginar un Anticristo cubriendo largos turnos en un voluntariado de solidaridad con sordomudos, ciegos o moribundos. No hay obstáculo teorético (¡al contrario!) para suponer que el Anticristo exhortará a las masas anestesiadas a ser solidarios con los pobres, hospitalarios con los refugiados, tolerantes con todos, respetuosos “de la diferencia”, ecológicos, ecuménicos y pacíficos.

De hecho, y como preludio de la corrupción final, el mundo post-moderno es testigo de la legión de ateos y masones, herejes y apóstatas, relativistas y sodomitas que ejercen voluntariados prolongados y gratuitos en zonas misérrimas del orbe, dando de comer a los pobres, mimando necesitados, vistiendo desnudos o vacunando enfermos. Este hecho incontrastable pone de manifiesto que la caridad inmanentizada no es ni “sal de la tierra” ni “luz del mundo” (cfr. Mt V, 13-16), sino, por el contrario, obra de la carne y fermento del mundo, del mundo malo y enemigo de Cristo.

Es digno de notar que el mundo moderno aplaudirá a rabiar la caridad inmanentizada -y la premiará con sus galardones, esto es, con sus Nóbeles y sus Óscares- pero odiará la Caridad trascendente -que es la caridad teologal- la cual busca ante todo amar a Dios y luego al prójimo pero por amor a Dios y buscando llevarlo a Él. Parafraseando a un autor, en la caridad teologal, “todo comienza por Dios empezando por el hombre”, pero en la caridad inmanentizada “todo comienza por el hombre, empezando por Dios”.

El mundo amará e idolatrará a los “héroes” de la caridad inmanentizada pero perseguirá a los que aspiren a la caridad teologal, esto es, a aquellos que se gasten y desgasten para llevar a los prójimos al conocimiento de Cristo y al bautismo para entrar un día en el Cielo y salvarse del averno. Los “héroes” de la caridad inmanentizada olvidaron la divina advertencia de que es “estrecho el camino que lleva a la vida, y pocos son los que lo encuentran” (Mt VII, 14). Parecen ignorar también que “todo árbol que no produce buen fruto, es cortado y echado al fuego” (Mt VII, 19).

Casi todos hoy están alistados en alguna obra de beneficencia, pero casi nadie trabaja por la conversión de los prójimos a la Fe verdadera. No hace falta más pruebas para constatar el enfriamiento de la caridad profetizado en la Escritura como prolegómeno de la Parusía.

No nos dejemos seducir por la falsa caridad. Ella no lleva el signo de la gracia, no lleva al Cielo al que la practica y no abre la puerta del Paraíso a los demás.

Que Dios nos dé la gracia de entender que “los más pobres de los más pobres” no son los carentes de afecto o comida sino los que viven privados de la gracia y el conocimiento de Dios, y no de cualquier “dios” sino del Dios verdadero, Dios Uno y Trino.

Que la Virgen Santísima, en el centenario de su gloriosa epifanía de Fátima, nos alcance la gracia de la pura e inmaculada caridad.

Amén.

 

 

Padre Federico, S.E.,

Misionero en Extremo Oriente

 

Mayo 2017,

Meseta Tibetana.

16 comentarios

  
Amélie de la Fuente Trueba
¡Impresionante! Y valiente. No se ha dejado nada en el bolsillo. Dios le bendiga por atreverse a poner sobre el tapete la "oeneigización", causante de nuestra apostasía generalizada entre los que antes eran Misioneros como él. Dios le premie el atrevimiento. . . .
12/05/17 10:59 PM
  
María de las Nieves
Excelente artículo que debe ser ampliamente divulgado por todo el mundo,está lleno de sabiduría e inteligencia y con una lógica aplastante nos enseña el camino a seguir ,el cuerpo físico perece ,el alma necesita la Palabra de Salvación eterna y la oración e imploracion constante al Dios de la vida revelado por JESUCRISTO que desvestidos del cuerpo nos concederá las vestiduras celestes para las bodas eternas del Cordero .El camino que lleva a la meta definitiva y que no queda en la fría losa de un sepulcro ,orar por las almas y alimentar almas es la Misión de la Iglesia.
13/05/17 12:40 AM
  
Juan
Estimado padre, tiene más razón que un santo, que decimos por aquí.
La primera y más importante caridad es: "Predicar a Cristo, Dios hecho hombre, encarnado, nacido de la Santísima Virgen María, que nos enseña y revela el misterio de Dios, que hace y forma la Santa Iglesia, que da su vida en la cruz para nuestra salvación y que resucita de entre los muertos". Es el mandamiento del Señor:"Id y enseñad a todas las gentes lo que yo os he enseñado bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo". Si no cumplimos este mandamiento prioritario, lo demás no aprovecha para nada. "No sólo de pan vive el hombre sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios". Que el Señor le bendiga y la Santísima Virgen y San José le protejan de todo mal. Hoy día de la Santísima Virgen de Fátima rezo por usted y su misión. Sigue la cadena de oraciones.
13/05/17 4:28 AM
  
drkalel
Me da la impresión que el pobre a quien, quien debía, no predicó se salvará si actúa conforme lo que puede apreciar como bueno... El que no se salvará es el que pudiendo predicar no predicó y puso en peligro la salvación del alma de otro. Nos hemos olvidado de los pecados de omisión...


...

Estimado Kallell

Vuestro comentario me dio pie para la siguiente respuesta que pronto publicaré como entrada.

Contra el cainismo anti-misional

En primer lugar, urge afirmar y reafirmar la divina Revelación que, con firmísima e irrevocable vehemencia, reza: "el que crea y se bautice, se salvará; el que no crea,  se condenará" (Mc XVI, 16).
En segundo lugar, valga la siguiente explicación, que será válida salvo mejor opinión.
Conozca o no a Cristo, y aún cuando Lo ignore por homicida omisión de quien debía predicarle, el pagano -mendigo o magnate- se condenará eternamente si cometió un pecado mortal y no obtuvo el divino perdón.
Ahora bien, ¿cuántos paganos carecen de pecado mortal?  Casi seguro que casi nadie.
¿Cuántos paganos pecadores piden perdón al Creador? No sería extraño que muy pero muy pocos.
Si no le piden perdón, ¿cómo lo obtendrán? Salvo que llegue un misionero o Dios le dé una visión, no podrán ser perdonados.
Si le piden perdón, ¿está obligado el Creador a perdonarlos? No está obligado. La divina Justicia no Le exige a Dios perdonar a quien peca mortalmente y no se bautiza.

Si le pide perdón, ¿perdonará el Creador al pagano que pecó mortalmente y no se bautizó? No necesariamente.  Depende de cual sea el divino beneplácito. Así como Dios no estaba obligado a encarnarse, tampoco está obligado a perdonar al pecador que no se bautiza.

Sin perjuicio de lo dicho, pensamos que lo más probable es que Dios, por Su infinita misericordia,  enviará, como dice Santo Tomás, un predicador o una visión milagrosa para revelarle la Verdad a aquel pagano pecador que, en conciencia, se esfuerce por ser moralmente bueno, máxime si le reza al Creador (la mayoría de los paganos, o enormísima parte, hoy ignora al Creador, y muchos menos le rezan).
Llegada la misión o la visión, el pagano pecador tendrá la posibilidad de suplicarle el perdón y el bautismo al Salvador, Quien entonces, si a Él clemencia se Le súplica, no le negará la total remisión de los pecados.
De todos modos, si cometió un pecado mortal, Dios, en justicia, no está obligado a mandarle un predicador o una visión. Y por ende, puede no mandarle nada de esto.

Ergo es urgentísimo ir amisionar a los paganos (ofreciéndoles lo antes posible la primer predicación, el catecumenado y el bautismo) y evitar perder tiempo (siquiera diez minutos) predicando a los apóstatas que obstinadamente rechazan la conversión.
Ni siguiera perdamos tiempo con los paganos que, al llegar a sus casas, nos cierren las puertas. En esos casos, nos sacudimos el polvo de las sandalias y nos vamos a golpear otra puerta.
Es urgente también evitar seguir repitiendo aquella difundidísima frase hecha que dice que "el pagano que siga su conciencia, ciertamente se salvará sin más". Este slogan sólo será correcto si se supone todo lo ya dicho, lo cual es muchísimo.  Mas este slogan  aisladamente tomado es seriamente ambiguo y muy peligroso, y tanto lo es que su interpretación simplista y repetitiva fue uno de los factores que generó esta terrible calamidad: la práctica desaparición de la "misión de infieles" (missio ad gentes).
Si en la época de San Francisco Xavier, como él clamaba en su diaria oración, las almas de los paganos llenaban los infiernos ... ¿qué será ahora que casi nadie les predica?

¡¡¡Católicos!!! Hagamos lo que podamos para que heroicos y fervientes predicadores (consagrados o seglares) corran a anunciar a Cristo donde Él jamás fue anunciado.
La mayoría de la Humanidad aún no escuchó siquiera el primer anuncio del Evangelio.
¡¡¡Basta de oenegeismo!!!
¡¡¡Basta de cobardía!!!
¡¡¡Basta de pereza!!!
¡¡¡Basta de perder tiempo en aburridos "deberes" cotidianos que Dios en realidad no nos pide!!!
¡¡¡Basta de slogans caínicos!!!

¡¡¡Es hora de misionar!!!

¡¡¡Allá vamos!!!


Padre Federico
Misionero en Extremo Oriente

13 de mayo de 2017,
Centenario de Fátima,
Desde las inmediaciones de la frontera Nepalí-Tibetana
13/05/17 5:35 AM
  
María Elizalde.
Pues el consejo de Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares, era a los anglicanos que fueran mejores anglucanhos, mejores luteranos, budistas, etc. viviendo la Regla de oro de todas las religiones



.....


María:

¿Puede aportar una cita en la que ella profese el horrible disparate que Ud le atribuye?

¿De qué regla de oro habla?

En Dios

PF
13/05/17 12:56 PM
  
Antonio Bayardo Prieto
Excelente, contundente y perfectamente claro.
Mientras los católicos no comprendamos la tragedia del pecado, pondremos las obras de misericordia corporales por encima de las espirituales. Ambas necesarias, pero en su correcta jerarquía.
Agudos neologismos, oenegizar y cainización describen lo que Jesús lamenta en Jn 6,26-29, en donde nos urge a trabajar por el alimento imperecedero.
Gracias, padre Federico. Usted es uno de mis autores favoritos. Dios le ayude en su misión y rescate infinidad de almas para el cielo (en el Tíbet y acá en occidente).
13/05/17 2:02 PM
  
Octavio
Magnífico
13/05/17 6:10 PM
  
claudio
Brillante y valiente. Tienes una ventaja imposible de igualar, desde la periferia religiosa y geográfica se distingue nítidamente la realidad de la fantasía, la diferencia entre eclesiaworld y La Misión encomendada y aceptada. Pero Cristo ya lo avisó "no sólo de pan vive el hombre".
Tienes razón con Fátima. Es importante sobre todo agradecer que hace 100 años "Un 13 de Mayo, la Virgen María, bajó de los Cielos a Cova de Iría" y para qué lo hizo ?, qué hizo ?, qué anticipó ?, que pidió ?, qué avisó ? el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo están detrás de su venida ?, la Trinidad es ajena al Mensaje ? o se trata de una sola cosa dentro del plan de Dios ?. Pregunto tenemos idea de la importancia de la Venida de la Señora ?. Hemos escuchado y puesto en práctica el pedido de María ?, el mundo está mejor por nuestra adhesión y cumplimiento del pedido del Mensaje ?. Me parece espléndido lo de los Pastorcitos, esa santidad ya estaba sin la declaración. Me parece muy bien que el PP haya ido, todo muy lindo. Pero mañana 14 de mayo qué ? ..........
13/05/17 7:11 PM
  
Luis Fernando
Doy gracias al Señor porque sigue enviando profetas que hablan conforme a su verdad y no para recibir el aplauso del mundo.

13/05/17 7:49 PM
  
Pedro L. Llera
P. Federico: le pido al Señor que le envíe a predicar a España. Aquí nadie predica como lo hace usted en este artículo. Y nos hace mucha falta.
Dios lo bendiga y muchísimas gracias
13/05/17 7:56 PM
  
G
Es un consuelo ver que el Señor sigue enviando operarios a su mies. Aunque nos escriba desde lejos, nos ayuda igualmente a no enfriar nuestra caridad.
¡Gloria a Dios! Y muchas gracias, Padre Federico. Siga exhortandonos a la conversión desde la Meseta Tibetana.
14/05/17 10:46 PM
  
Ranniel
Buen articulo Padre. Una duda. Se dice que la Madre Teresa de Calcuta queria que los pobres y moribundos murieran con afecto y una mirada de amor, en vez de convertirlos. Y al leer esa frase en el articulo, pensé de una vez en ella.¿ Ella caería en ese tipo de caridad?
15/05/17 5:38 PM
  
María Elizalde.
Buenas tardes, desde aquí (España), P. Federico:
No había leído su respuesta. Disculpe.
No le puedo dar una cita del consejo de Chiara, pero le he oído en directo en vídeos que nos ponían y se decía con cierto orgullo, que no decía a nadie que cambiara de religjón; ella contaba su experiencia desde su gran amor a Jesús Abandonado (Dios mío, Dios mio, porqué me has abandonado) y su lema de Jn 17, Que todos sean uno.
La regla de oro: Haz a los demás, lo que quieras que te hagan a ti. (Mt. 7, 12 - Lc. 6, 31) o la regla de plata: No quieras para los demás lo que no quieras para ti. (Tb 4, 15).
Le dieron el Premio Templeton en Londres en 1.977 por su trabajo por el progreso de las religjones. Fue fundado dos años antes y el anterior se lo dieron al cardenal Suenens.
Habló en Tailandia a 800 monjes y monjas. A su muerte el monje budista, Pharamaha Thonogratana le llama mamá Chiara y dice que su gran ideal es una herencia para toda la huma idad.
Habló a 3.000 musulmanes en Nueva York en la mezquita de Harlem. En Buenos Aires a la comunidad hebrea. En 2002 tomó contacto con comunidades en la India.
Era muy grande su unidad y amistad con Juan Pablo II. Fallecida en 2008 Benedicto XVI envia mensaje con grandes elogios y envia al cardenal Bertone a celebrar el funeral, al que asistieron 40.000 personas y en 2015 se inicia el proceso de beatificación y canonización.
Después de muchos años me fui del movimiento por sus compotamientos sectarios y donde no se podía hacer la menor crítica y en el movimiento, casi, casi, se hablaba más de Chiara que de Dios. El culto al lider.
15/05/17 5:56 PM
  
Macabeo
Este artículo, que me parece muy oportuno, contrasta a mi modo de ver, con aquellas palabras o declaraciones en las que se nos advierte contra el proselitismo, tachándolo incluso de pecado mortal. Si no tuviéramos como firme apoyo la doctrina secular de la Iglesia, estaríamos en un mar de dudas. El ecumenismo conciliar ha devenido en un voluntarismo estupido y suicida que nos está llevando al desastre. Si esto fuese una consecuencia involuntaria, estaríamos hablando de imprudencia gravísima por parte de nuestros pastores. Pero me temo que es algo positivamente querido por quienes tienen graves responsabilidades eclesiales. El mensaje de Fátima habla de sacerdotes y obispos corrompidos gravemente por el pecado. Oración y penitencia.
16/05/17 1:07 PM
  
susi
Padre. de acuerdo al cien por cien en lo que dice.
Paralelamente a esto, en muchas iglesias, en la oración de los fieles, se habla de que debemos tener solidaridad con los demás. Antes se hablaba de caridad. Ya ve cómo cambian, tristemente, las cosas para mal.
Dios lo bendiga en su labor misionera que hace por caridad y no por solidaridad.
17/05/17 1:30 PM
  
Opinando
En su -también magnífica- respuesta a DRKALEL, usted señala: "evitar perder tiempo (siquiera diez minutos) predicando a los apóstatas que obstinadamente rechazan la conversión". Interesante, a veces lo pienso; pero me reconcome pensar que puedo estar tirando la toalla (porque en realidad vivo rodeado de 'apostatas', en firme o sin saberlo ellos mismos; incluso, algunos se creen católicos todavía, y encima me corrigen poco fraternalmente). Yo me encuentro con gente que es atea o agnóstica pero que al comenzar un diálogo sobre Dios se les ve abiertos, curiosos, discuten pero con educación... Con estos es posible hasta plantar semilla con la ayuda del Espíritu Santo; sin embargo hay otros, incluso creyentes, que como digas algo que no cuadre con 'lo que ellos personalmente creen', es decir, la (su) fe verdadera o la (su) verdad última, que han elegido y les gusta, todo lo que recibes es que te llamen 'infantil, fantasioso y débil' unos, y 'fanático, retrógrado y fariseo' los otros; una delicia. Eso sí, el día que me aplaudan, empezaré a preocuparme de verdad.

Un abrazo padre y que el Espíritu Santo le siga iluminando en su misión.
18/05/17 4:19 PM

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