6.02.17

El austero rito de la paz en la Misa romana

Es característica esencial y propia del rito romano que la paz se intercambia después del Padrenuestro y -antes de la Fracción del Pan, según lo determinó en el siglo VI san Gregorio Magno.

Desde entonces hasta hoy es uno de los rasgos propios del rito romano -como lo es también, por ejemplo, arrodillarse en la consagración y que las especies se muestren para la adoración después de la consagración-.

El Sínodo sobre la Eucaristía, en el pontificado de Benedicto XVI, sugirió desplazar el rito de la paz romano para anteponerlo al Ofertorio, en vistas, sobre todo, a no perturbar el ritmo de recogimiento antes de la comunión, dados los múltiples abusos de este rito que se ha visto desbordado por efusividad y movimientos.

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30.01.17

El salmo responsorial: ¡cantemos!

La Introducción al Leccionario de la Misa destaca el valor del salmo responsorial en la Misa, su canto, su valor espiritual y catequético, así como la imposibilidad de sustituirlo por cualquier otro canto.

El salmo, en la liturgia de la Palabra, provoca la respuesta de fe y el asentimiento al diálogo de salvación que Dios realiza en la acción litúrgica. Va en relación con el contenido de la primera lectura, o con el sentido general del tiempo: salmos mesiánicos en Navidad (“Cantad al Señor un cántico nuevo…”) o salmo pascual 117 a lo largo de la cincuentena pascual (“La piedra que desecharon los arquitectos…”).

Una mala praxis ha arrinconado el canto del salmo, incluso en coros y corales en las grandes solemnidades, recitándolo simplemente con lo que se reduce a ser una lectura más con menos resonancia poética y espiritual. Es curioso que coros parroquiales o corales para grandes días canten todo (hasta lo que no hay que cantar, como el inexistente “Canto de paz”, y se olviden o ignoren siempre el salmo). Otra praxis, aún más grave, prefiere cantar cualquier otro canto con tal de cantar algo: ¿se puede sustituir acaso la Palabra de Dios inspirada por una palabra humana?

Una gran ayuda es el “Libro del salmista” que el Secretariado Nacional de Liturgia en España publicó hace años, con la musicalización de todos los salmos responsoriales y sus respuestas, y que debiera ser un referente para la liturgia eucarística dominical cuando el coro prepara o ensaya los cantos. Y, si no hubiere salmista para cantar él solo las estrofas desde el ambón, al menos que se cante la respuesta cada domingo.

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21.01.17

Sencillas recomendaciones a los lectores

Es bueno recordar cosas sencillas, porque en ocasiones las damos por ya sabidas, y tal vez no se saben, o porque recordándolas, las podemos afianzar. En este caso la catequesis va dirigida a los lectores de la Palabra de Dios en las celebraciones litúrgicas

Es un servicio litúrgico de gran importancia, nunca una excusa para intervenir, ni tampoco un ‘derecho’ de nadie. Es un servicio litúrgico de quien sabiendo la importancia de lo que lee, sabe proclamar en público la Palabra de Dios sin arrogancia, ni protagonismo alguno. No todos pueden ni deben leer, porque no todos lo saben realizar adecuadamente.

Ofrecemos unas recomendaciones sencillas para los lectores. Tal vez imprimirlas y difundirlas podría ser un apostolado litúrgico sencillo pero eficaz.

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16.01.17

Cortar los abusos en la liturgia

Desde hace años la secularización ha tomado un rostro visible en la celebración de la liturgia. En la liturgia, cada cual hace lo que quiere, se inventan cosas, se modifican textos de la liturgia, los cantos (de ínfima calidad musical) son ritmos de fiesta y distracción y además la letra no refleja la fe de la Iglesia sino sentimentalismos, siempre con la excusa de la “pastoral” que parece justificar cualquier cosa. Se ha desacralizado, ya no parece en tantos sitios que sea lugar de encuentro con Dios.

Pablo VI, ¡qué gran Papa, qué desconocido, qué rechazado!, lo avisó y lo denunció públicamente, pero no fue escuchado. Recordar sus palabras nos puede orientar para corregir la forma de celebrar la liturgia tan mundana y vivirla con espíritu religioso, obsequioso, de amor y adoración a Dios.

“Dolor y preocupación son los episodios de indisciplina que se difunden en las diversas regiones con motivo de las celebraciones comunitarias… con grave perturbación para los buenos fieles y con inadmisibles motivaciones, peligrosas para la paz y el orden de la misma Iglesia…

Nos urge más expresar nuestra confianza en que el episcopado sabrá vigilar estos episodios y tutelar la armonía propia del culto católico en el campo litúrgico y religioso, objeto en este momento posconciliar de los más asiduos y delicados cuidados; también extendemos nuestra exhortación a las familias religiosas, de las cuales la Iglesia espera hoy como nunca una contribución de fidelidad y ejemplo; y luego la dirigimos al clero y a todos los fieles para que no se dejen embaucar por la veleidad de caprichosas experiencias, sino que sobre todo traten de dar perfección y plenitud a los ritos prescritos por la Iglesia…

Pero mayor aflicción nos proporciona la difusión de una tendencia a desacralizar, como se osa decir, la liturgia (si es que todavía merece este nombre) y con ella, fatalmente, al cristianismo. La nueva mentalidad, cuyas turbias fuentes no sería difícil descubrir, pretendida base de esta demolición del auténtico culto católico, implica tales revoluciones doctrinales, disciplinares y pastorales que no dudamos en considerarla aberrante, y lo decimos con pena, no sólo por el espíritu anticanónico y radical que gratuitamente profesa, sino más bien por la desintegración religiosa que fatalmente lleva consigo…

La plegaria auténtica de la Iglesia vuelve a florecer en nuestras comunidades populares; y esto es lo más y bello y lo más prometedor que ofrece a la mirada de cualquiera que ame a Cristo nuestro tiempo, tan enigmático, tan inquieto y tan lleno de terrena vitalidad”. (Pablo VI, Alocución al Consilium ad exsequendam constitutionem de sacra liturgia, 19-abril-1967).

Hemos de recordar una afirmación taxativa, lapidaria, rotunda, del mismo Concilio Vaticano II, ignorada por todos los que hablan según ese “etéreo espíritu” del Vaticano II que parece permitirlo todo:

“nadie, aunque sea sacerdote, añada, quite o cambie cosa alguna por iniciativa propia en la Liturgia” (SC 22).

¿Cómo cortar los abusos en la liturgia, sean los pequeños y cotidianos abusos, sean grandes abusos?

  1. Haya vigilancia por parte del episcopado, interés del obispo, que corte y erradique los abusos, y, con amabilidad y caridad pastoral, recuerde cómo se deben hacer las cosas santas de la liturgia.
  2. Una formación teológica rigurosa en materia de liturgia durante la etapa de estudios en el Seminario, así como una “enseñanza práctica", que enseñe a celebrar bien para el futuro.
  3. Imprescindible siempre, y yo diría que para todos, acercarse a leer detenidamente y repasar cada cierto tiempo la Ordenación General del Misal romano.
  4. Se exige un cambio de mentalidad: pensar en ajustarnos a la liturgia de la Iglesia con absoluta fidelidad y no que la liturgia se ajuste a mis peculiares gustos o creatividades, pensando que lo que yo hago, pienso, invento, es “pastoral".
  5. Aquí cabría un largo etc. de posibilidades que a cada uno se nos ocurriría para atajar estos abusos.

Lo que es evidente es que la liturgia no puede consistir en el capricho de cada cual. La secularización ha invadido la liturgia, vaciándola de su sentido sagrado y orante. Es de locos que cada cual haga y deshaga a su arbitrio… maltratando en el fondo la liturgia y creando confusión en el pueblo santo de Dios, porque de una parroquia a otra las diferencias son abismales.

8.01.17

De canto, coros, jóvenes, ensayos y liturgia...

Una vez, un joven sensato, que canta en el coro de su parroquia, me mandó una pregunta muy bien planteada:

“Por desgracia muchas veces se nos olvida y nos quedamos en: “vamos a cantar canciones bonitas"; “yo no voy al coro porque las canciones que ponen no me gustan… que rollo el cura"; “que rollo el ensayo, yo no voy…”
Nos olvidamos que lo que nosotros llamamos ensayo es solo la PREPARACIÓN de algo tan importante como la EUCARISTÍA. Y que nosotros no estamos para lucirnos cantando, estamos para ayudar a orar, primero a nosotros mismos y despues al resto de personas que están presentes.
¿Qué hacer para fomentar en el coro… una fe madura (bueno me he ido demasiado alto, en vías de madurar) y que no se quede todo en vamos a cantar canciones divertidas y a charlar con l@s amig@s? ¿Deberíamos enfocarlo más que como un ensayo como una preparación a la eucaristía?”

Voy a tratar de responder.

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