19.12.16

La Palabra de Dios en la liturgia

Ambón de la Parroquia de San Mateo

La Palabra de Dios hoy es un punto de profundización en la vida de la Iglesia. Mucho se ha avanzado, tanto en las traducciones como en el amor a la Palabra de Dios en la Iglesia. Hoy la Palabra se hace accesible de nuevo para comulgar con ella: ¡Pan de la Palabra!

Por doquier se ha difundido el Evangelio de cada año, y muchos cristianos, sacerdotes, religiosos, contemplativos, toman contacto con el Señor por medio del Evangelio de cada día, además de la difusión de la Liturgia de las Horas, también entre los seglares, el ejercicio de la lectio divina, etc.; todo esto hace que oremos con las palabras mismas del Señor, cantando los salmos, escuchando las lecturas, la Palabra proclamada en la Eucaristía…

Pero en este avance, hay un déficit: se proclama la Palabra en la liturgia y se ora con ella, pero la descontextualizamos, sin saber porqué este texto se proclama aquí y no en otro sitio, por qué en este ciclo litúrgico y no en aquél, y cómo se reparten los libros bíblicos en el leccionario. Este desconocimiento hace que la Palabra pierda fuerza y continuidad para la contemplación personal y comunitaria, aunque la clave y la solución sería estudiar la Ordenación general del Leccionario de la Misa.

La profundización en la Palabra de Dios llevará a una valoración y mayor relieve de la Palabra en la liturgia:

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13.12.16

Preparación para la liturgia

La liturgia ha tenido siempre una parte previa de preparación espiritual para la Santa Misa. Indicaba así la importancia del Misterio celebrado en la santa liturgia, a la que no se puede acceder de modo distraído, ni banal, ni precipitado, sino recogido, con ánimo fervoroso, con sentido de adoración ante el Misterio. Normalmente –como vamos a ver- esta preparación se reservaba al sacerdote que oficiaba, pero nos sirve de paradigma para todos los participantes en la sagrada liturgia.

La preparación comenzaba ya en la sacristía: cada vestido litúrgico tenía su oración mientras se revestía (amito, alba, cíngulo, estola, casulla) y la sacristía era lugar sagrado tanto por lo que allí se guardaba (las cosas sagradas para el culto) como ser ámbito de silencio para orar antes de la liturgia. Por cierto, aún rige este mandato para la sacristía, ¡aunque se ignore! Dice el Misal:

Ya desde antes de la celebración misma, es laudable que se guarde silencio en la iglesia, en la sacristía, en el “secretarium” y en los lugares más cercanos para que todos se dispongan devota y debidamente para la acción sagrada” (IGMR 3ª ed., n. 45).

En el rito romano, codificado en el misal de San Pío V, los primeros ritos son ritos preparatorios del sacerdote que debe disponer su espíritu a lo que va a realizar in persona Christi. Al llegar al altar y santiguarse, comienza a recitar con el acólito –los dos solos- el salmo 42 (“Hazme justicia, oh Dios, defiende mi causa…”) con la antífona: “Me acercaré al altar de Dios”, “Al Dios que alegra mi juventud”. Tras lo cual reza el “Yo confieso” el sacerdote, luego el acólito, y termina con unos versículos sálmicos y una breve oración. Entonces sube al altar.

La Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo ofrece igualmente una preparación. La primera parte de la Liturgia es la Prótesis o Proskomedia que consta de las oraciones ante las Puertas Santas del iconostasio y Vestición de los celebrantes, luego la preparación de la Ofrenda, el pan y el vino destinados para el sacrificio, y, por último, la incensación de la iglesia. Por ejemplo, después de orar y besar el icono de la Santa Madre de Dios, el sacerdote inclinando la cabeza, dice:

“Oh Señor, extiende tu mano desde lo alto de tu santa morada y fortaléceme para este servicio tuyo, a fin de que me presente sin reproche a tu temible Altar y celebre el Sacrificio Incruento, pues tuyo es el poder y la gloria por los siglos de los siglos. Amén”.

Nuestro rito hispano-mozárabe también posee esa preparación espiritual del sacerdote. Llegado al pie del altar, mientras aún suena el praelegendum (domingos y fiestas, excepto Cuaresma), el sacerdote profundamente inclinado se dirige a Dios diciendo:

“Me acerco a tu altar, Dios omnipotente y eterno, para ofrecer este sacrificio a tu majestad, suplicando tu misericordia por mi salvación y la de todo el pueblo. Dígnate aceptarlo benignamente pues eres bueno y piadoso. Concédeme penetrar el abismo de tu bondad, y presentar mi oración con tal fervor por tu pueblo santo, que se vea colmado de tus dones. Dame, Señor, una verdadera contrición y lágrimas que consigan lavar mis propias culpas y alcanzar tu gracia y tu misericordia”.

Esto es bueno recordarlo para los sacerdotes: hemos de subir al altar del Señor con piedad y suma reverencia.

Pero, asimismo, todo el pueblo cristiano ha de disponerse a la celebración eucarística: llegando con tiempo, silenciando el teléfono movil, recogiendo los sentidos para evitar distracciones, pidiendo al Señor gracia para participar dignamente, conscientes de que somos invitados al acontecer del Misterio que nos salva.

Santiguándonos con el agua bendita al entrar en la iglesia, primero hay que dirigirse al Señor en el Sagrario, hacer genuflexión y detenerse de rodillas unos momentos para adorar.

Es el momento de cuestionarse qué ofrecemos de nuestra vida al Señor, pedir gracia e invocar que el Espíritu Santo descienda y encienda el fuego de su amor, que dilate nuestros corazones para unirnos a la Iglesia del cielo y de la tierra en la celebración de la Divina Liturgia, por intercesión de la Virgen María y de los Santos.

Si nos preparamos interiormente para la liturgia, ésta podrá dar todo su fruto en nosotros.

7.12.16

Pensamientos (espirituales) sobre la liturgia

1. ¡Qué grande la Iglesia! ¡Qué Misterio tan hermoso! Que siempre contribuyamos a su belleza con nuestra vida, nuestra santidad, nuestra liturgia, nuestra oración y nuestra reparación.

2. La liturgia es el marco sacramental y real a un tiempo, de unión del alma con el Señor, de mística realizada por signos, plegarias y ritos eclesiales; que la liturgia sea un espacio contemplativo para ti, vivido con la serenidad de la contemplación, el reposo del amor que se entrega al Amado en las oraciones, en la escucha de las lecturas, en el silencio de la liturgia, en el canto de los salmos e himnos, en las inclinaciones que adoran, en la signación de la cruz que envuelve la persona, en la comunión con el Cuerpo del Señor, en la oración de los fieles que intercede ante Cristo por la humanidad. Goza de la liturgia que es la primera fuente de unión de amor con Cristo.

3. Canta la liturgia, rézala, vívela lo mejor posible, porque el primer y más importante acto de oración y alimento del espíritu cristiano es la liturgia. Tenle amor a la liturgia. Canta con gozo la Liturgia de las Horas. Mira a Cristo en el Oficio cantando los salmos por tu voz. Gózate en Él.

4. Canta la liturgia con devoción, poniendo tu corazón en Él, y Cristo, Médico de los cuerpos y las almas, aliviará tu espíritu por la liturgia.

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Y III: Más sobre la nueva edición del Misal

 Llegamos al final con esta tercera entrega sobre la nueva edición castellana del Misal Romano. Hemos tratado varios aspectos de esta edición para valorarla mejor y vivirla más intensamente. ¿Y ahora qué?

 

Tareas espirituales y pastorales pendientes:

 La recepción de una nueva edición del Misal Romano no puede reducirse a un cambio o sustitución del libro.

Sería bueno aprovechar para dar un nuevo impulso a las celebraciones, superar el cansancio y la atonía e ir a lo esencial, prescindiendo de tanta creatividad mal entendida, del uso inadecuado de tantos subsidios, guiones, moniciones, etc. ¡Una limpieza general para entrar en lo esencial del Misal!

Es ocasión para suscitar una mejor formación litúrgica integral para todos (incluyendo el saber estar y presidir del obispo y del sacerdote en la sede y en el altar…)

Considerar el Misal como fuente, por ejemplo, para preparar la homilía (no sólo mirar el Evangelio…), una catequesis, etc., y también para la piedad personal, orando los textos litúrgicos de cada día.

 El Misal es un auténtico monumento de la espiritualidad litúrgica.

 La reforma litúrgica necesita de una profundización eminentemente espiritual (¡comenzando por los pastores!). Es buena ocasión para replantearnos el estudio de las líneas teológicas de fondo de la OGMR que constituyen el entramado teológico de la celebración eucarística. Meditaremos también en las oraciones antiguas y nuevas, en los prefacios y plegarias eucarísticas, y esto será signo de amor al gran Don que nos entregó el Señor.

Con un nuevo Misal, y oraciones con nueva traducción que buscan la fidelidad al ritmo y términos del latín original:

1)      Habrá que recitar los textos en la liturgia con cierta pausa, entonación, de forma que se hagan inteligibles para todos, sin correr ni apresuradamente.

2)      Todos tendremos que prestar atención y hacer el oído a fórmulas que nos van a sonar a nuevas; también deberemos tomar algún Misal manual (ojalá se publiquen pronto) para orar con el Misal en nuestros manos.

 La OGMR prestará un notable servicio a los fieles y a los sacerdotes en la medida en que se aproveche para repasar, leyéndola y estudiándola, las líneas de fondo del actual Ordo de la Misa. Hay que asimilar lo que la Iglesia quiere y marca al promulgar una nueva edición del Misal Romano.

 Releer todos y estudiar la OGMR será el mejor modo de procurar la dignidad y decoro de la Eucaristía, corregir las pequeñas corruptelas o abusos que se pueden dar, vivir la verdad y la belleza del Misterio y cultivar el sentido sagrado de la liturgia.

 La parte sustancial del Misal Romano está formada por las oraciones (: textos eucológicos); como una correcta celebración necesita normas y orientaciones (que busquen la unidad y eviten la improvisación y la anarquía) para que todo se desarrolle armónicamente y con una participación verdadera, interior y espiritual de todos, la primera parte del Misal, la Ordenación General, lo explica y detalla todo y es de obligado cumplimiento. Esta OGMR además es un verdadero directorio sobre la celebración de la Misa con indicaciones teológicas, litúrgicas, pastorales y espirituales.

 Se requiere un esfuerzo por conocer bien el Misal y la OGMR por parte de los pastores y posibilitarlo a los fieles, porque redundará en una mejora de las celebraciones y en un enriquecimiento de nuestra vida litúrgica y espiritual.

 Es momento entonces:

1)      De que los sacerdotes y obispos relean la OGMR y confronten con su propio modo de celebrar

2)      De que sea la OGMR una herramienta de formación en catequesis de adultos, en Hermandades y Cofradías con sus Consiliarios o en Escuelas Cofrades, en grupos de Acción Católica, en sesiones parroquiales de formación, en la Adoración Nocturna (ANE y ANFE), en monasterios y conventos, etc.

 

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 Era previsible que la publicación de esta 3ª edición del Misal Romano castellano se redujese a un titular periodístico: “por fin se cambió el pro multis”, para inmediatamente saltar muchos diciendo: “¡diez años para cambiarlo!” Parecería que esta tercera edición era, en definitiva, hacer un nuevo Misal para cambiar esas dos palabras de la consagración…

Pero es que esta edición es de 2002, antes de la decisión pontificia de cambiar la traducción “pro multis” en lengua vernácula (año 2006) donde además se decía que se hiciese en las nuevas traducciones del Misal. Eso es lo que se ha hecho en España: cambiar la traducción del “pro multis” cuando se publicase en castellano la tercera edición del Misal Romano. ¡Se ha obedecido en todo, lógicamente!

 Un largo proceso, con sus correcciones, revisiones y aprobación por la Santa Sede, nos entrega un Misal, en su tercera edición, enriquecido en muchos aspectos, con una Ordenación general con más matices, una traducción en el corpus oracional más fiel y literal… Es una obra ingente. Ahora vendrá su recepción, la acogida por parte de todos, la obediencia con espíritu de fe a sus textos y normas, la espiritualidad que se nutra del Misal y de la vivencia eucarística. ¡Vamos a ello! ¡En el nombre del Señor!

 

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 N.B. Una vez escritos estos tres artículos como presentación general del Misal romano en su nueva edición castellana… me parecía poco incluso. Seguiremos -¡si no os parece mal!- con dos o tres artículos más de tipo muy práctico: comentar novedades y matices en las rúbricas de la Ordenación General del Misal Romano. De ese modo, Dios lo quiera, puede mejorar la calidad y la belleza de nuestras celebraciones eucarísticas para gloria de Dios y santificación de las almas.

 

Javier Sánchez Martínez, pbro.

Delegación diocesana de Liturgia - Córdoba

 

 

3ª Edición castellana del Misal Romano (II)

 

 

 

MISAL ROMANO, 3ª EDICIÓN (2ª parte)

 

 

 Ya en el primer artículo vimos qué era esta nueva edición típica latina, de 2002, qué contenía de nuevo y algunas modificaciones en la Ordenación General del Misal Romano. Así podremos conocer mejor esta edición castellana que por fin ha salido a la luz. Continuemos con otros aspectos más.

 

La traducción más fiel y literal

 Pero había una tarea por delante muy amplia: este Misal en su tercera edición había que traducirlo entero y por completo; y lo mismo pasaba con los leccionarios y su traducción. ¿Por qué? Una Instrucción de 2001, “Liturgiam authenticam”, de la Cong. para el Culto divino, pedía que se revisaran todos los Misales y leccionarios en todas las lenguas y se buscase una traducción que no interpretase, sino que fuese lo más literal posible al original en latín.

Esta Instrucción “Liturgiam authenticam” ofrece normas para la traducción litúrgica; las traducciones deben tutelar cuidadosamente la naturaleza sagrada de la liturgia –sin usar palabras o giros coloquiales, por ejemplo-; pide un criterio de fidelidad y exactitud en la traducción del texto latino a la lengua vernácula –castellano, en nuestro caso- y no un ejercicio de creatividad. Además siempre se debe partir de la edición típica latina aprobada para una nueva traducción. Las traducciones bíblicas para el Leccionario deben también hacerse con estos criterios partiendo de la versión oficial de la Biblia Latina (llamada Neo-Vulgata).

Estos criterios se han aplicado a la nueva traducción del Leccionario que ahora oímos en nuestras iglesias, tras un laborioso y complicado proceso, que recibió la aprobación definitiva de la Cong. para el Culto divino en 2014 ofreciéndonos la Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Española, como “Biblia litúrgica”. Es una traducción oficial de la Biblia; aprobada por la CEE en noviembre de 2008 y que recibió la recognitio de la Santa Sede el 29 de junio de 2010 y el 22 de agosto de 2014. A partir de ahí, había que preparar cada Leccionario con la nueva versión bíblica y nueva aprobación y recognitio de cada uno de ellos por parte de la Cong. para el Culto divino.

Se pretendía tener una traducción oficial de la Biblia para contar con una misma versión de la Escritura en la liturgia, en los catecismos y en otros documentos magisteriales u oficiales.

El mismo proceso, de una traducción fiel y literal, ha vivido el Misal en castellano, en la 3ª edición, que recibió la recognitio de la Santa Sede, finalmente, el 8 de diciembre de 2015. Como el Misal posee textos bíblicos (en las antífonas de entrada y de comunión), primero había que aprobar la traducción de la Biblia y luego el Misal. Sin duda, un lento proceso.

En las primeras traducciones, que estamos usando desde 1975 hasta el I domingo de Cuaresma de 2017, primaban la comprensión del contenido y la belleza del vocabulario, cierta elegancia y sonoridad en las expresiones por encima incluso de una ajustada fidelidad literal. Destacaba sobre todo un estilo catequético y literario en la traducción.

 Ya Juan Pablo II en la carta Vicesimus Quintus Annus (de 1988) advertía esa falta de literalidad en las traducciones a las distintas lenguas y advertía:

 “Las conferencias episcopales recibieron el importante encargo de preparar las traducciones de los libros litúrgicos. Las necesidades del momento obligaron a veces a utilizar traducciones provisionales, que fueron aprobadas ad interim. Pero ha llegado ya el momento de reflexionar sobre ciertas dificultades surgidas posteriormente, dar solución a ciertas carencias de inexactitudes, completar las traducciones parciales, crear o aprobar los cantos litúrgicos, vigilar sobre el respeto de los textos aprobados y, finalmente, publicar los libros litúrgicos que tengan una vigencia y una presentación digna de los misterios celebrados” (VQA, n. 20).

 Sabiendo esto, la Instrucción “Liturgiam authenticam” fue un fruto maduro al pedir traducciones mucho más literales que literarias, y se unía el acontecimiento de una tercera edición típica del Misal romano, que habría que traducir entero siguiendo los nuevos criterios establecidos para las traducciones litúrgicas.

 

“Pro multis”, “por muchos”

 La fórmula de la consagración del cáliz varía buscando, precisamente, la mayor fidelidad al texto original. En lugar de “que será derramada por vosotros y por todos los hombres”, se dirá obligatoriamente. “por vosotros y por muchos”.

 Fue Benedicto XVI quien impulsó este cambio en 2006; por su mandato, la Cong. para el Culto divino publicó una Carta en la que mandaba se cambiase dicha expresión “en la próxima traducción del Misal Romano que los obispos y la Santa Sede aprobarán para ser usados en sus países”. Por tanto, el “pro multis” se debería cambiar en la próxima edición del Misal en cada lengua; no se mandaba que directamente se hiciese y bastase con poner una pegatina en el actual Misal o taparlo con tipex. Ni se cambiaba la traducción del Misal entero para cambiar el “pro multis” por la expresión “por muchos”. Más bien la mente del legislador indica lo siguiente: el Misal Romano latino en la 3ª edición debe traducirse a las lenguas vernáculas y, cuando se haga, entonces debe corregirse la fórmula de la consagración. Así de simple: basta con leer la Carta de la Cong. y la Carta de Benedicto XVI al Presidente de la Conferencia Episcopal alemana (14-abril-2012): “en la nueva traducción del Misal”.

 “Pro multis”, “por muchos”: ¿Qué entraña, qué significa? “Por muchos” fueron las palabras mismas del Señor al instituir la Eucaristía (Mt 26,28; Mc 14,24); “por muchos” es una traducción más fiel que “por todos”; ésta es una traducción menos exacta porque interpreta el contenido al traducirlo, es una explicación que más bien “pertenece propiamente a la catequesis” (Carta Cong. Culto divino).

 También la Carta de la Congregación da una explicación del sentido teológico: “La expresión “por muchos”, mientras que se mantiene abierta a la inclusión de cada persona humana, refleja el hecho de que esta salvación no ocurre en una forma mecánica sin la participación o voluntad propia de cada persona; más bien, se invita al creyente a aceptar en la fe el don que se ofrece y a recibir la vida sobrenatural que se da a aquellos que participan en este misterio y a vivir así su vida para que sean contados entre los “por muchos”, a quienes se refiere el texto”.

La voluntad de Dios en Cristo es la redención de todos los hombres, pero no todos la aceptarán ni la querrán, sino “muchos”. No todos quieren beneficiarse de la redención, sino “muchos”. La salvación no es automática: “¡esforzaos en entrar por la puerta estrecha…!”

 En este mismo sentido lo explica Benedicto XVI en la Carta ya mencionada al Presidente de la CE Alemana:

 ““Todos” se mueve en el plano ontológico: el ser y obrar de Jesús, abarca a toda la humanidad, al pasado, al presente y al futuro. Pero históricamente, en la comunidad concreta de aquellos que celebran la Eucaristía, él llega de hecho sólo a “muchos””.

 

Javier Sánchez Martínez, pbro

Delegación Diocesana de Liturgia - Córdoba