7.12.16

Novedades y rúbricas en el Misal (III)

El capítulo V de la Ordenación General del Misal Romano repasa y ofrece la normativa eclesial vigente sobre la “Disposición y ornato de las iglesias para la celebración eucarística”. También aquí, más que grandes novedades y cambios, hay precisiones, matices, que hemos de asumir.

La estructura del capítulo es más clara y simple ahora:

1)      Enuncia los principios generales sobre una iglesia

2)      Aborda la disposición del presbiterio: altar, sede y ambón

3)      El resto de la iglesia: lugar de los fieles, la Schola, la reserva de la Eucaristía y las imágenes sagradas.

 

En la mayor parte de los casos se han realizado añadidos o supresiones respecto a la OGMR 2ª edición. A lo que hay que sumar algunos números completamente nuevos que se han introducido.

En OGMR 303 se afirma que en una iglesia nueva se debe erigir un único altar; en las ya construidas se debe sustituir el antiguo altar si su colocación dificulta la participación del pueblo y no puede trasladarse sin detrimento de su valor artístico. ¿Por qué el altar único, no varios altares también laterales revestidos con manteles? Da la explicación: el altar único significa “ante la asamblea de los fieles al único Cristo y a la única Eucaristía de la Iglesia”.

OGMR 305 Trata sobre la ornamentación del altar. Es necesario matizarlo y explicarlo ya que a veces el altar es el soporte de inmensos ramos de flores, convirtiéndolo en un expositor floral (casi una selva en las bodas). Se afirma que “se guardará moderación”. Y se hacen las siguientes indicaciones: durante el Adviento la ornamentación con flores no debe llegar a la plenitud de alegría que caracteriza la Navidad. Durante la Cuaresma se prohíbe adornar el altar con flores, excepto el domingo Laetare, las solemnidades y las fiestas. Las flores se colocarán más que sobre el altar, en torno a él.

Sobre el altar sigue hablando la OGMR 306. Especifica los elementos que pueden ponerse sobre el altar: el Evangeliario, el cáliz, la patena, la píxide en caso necesario y el corporal, el purificador, la palia y el misal, así como lo que pueda ser necesario para amplificar la voz (“de modo discreto”). Recordemos que sobre el altar ni siquiera se ponen reliquias de los santos en su día (“tampoco se colocarán sobre la mesa del altar, reliquias de Santos, cuando se expongan a la veneración de los fieles”, Ceremonial de los Obispos, n. 921), ni fotos, ni imágenes. Tampoco las ofrendas que no sean de pan y de vino, que irán fuera “en un lugar apropiado” (OGMR 140). Las vinajeras y el lavabo nunca están sobre el altar, sino en la credencia (mesa auxiliar). Es decir, el altar merece sumo respeto y no es una mesa cualquiera: sobran sobre el altar carteles como si fuera un tablón de anuncios, libros, ofrendas de cualquier tipo, etc. ¡El altar merece honor!

En OGMR 316 se recuerda la costumbre de colocar una lámpara especial, “alimentada con aceite o cera” junto al sagrario para indicar y honrar la presencia de Cristo. Antes decía “luceat…” (brille…) con lo que daba cabida a lámparas eléctricas; ahora determina que sea “con aceite o cera” y con el verbo “ardeat”, ¡arda!, se consuma, por tanto, en honor de Cristo allí presente.

Además se hacen otras recomendaciones. En OGMR 294 sobre los asientos de los concelebrantes: si son numerosos se colocarán en la nave de la iglesia, pero cerca del altar. También trata de las sedes de los concelebrantes en OGMR 310: “En el presbiterio se colocan las sillas para los sacerdotes concelebrantes y también para los presbíteros que, revestidos de hábito coral, se hallan presentes en la concelebración, pero no concelebran. El asiento del diácono se sitúa cerca de la sede del celebrante. Los asientos para los otros ministros se disponen de modo que se distinguen de las sillas del clero y les permitan cumplir con facilidad el oficio que se les ha confiado”.

 La sede de quien preside es única; los concelebrantes van todos en sillas iguales, unidad del sacerdocio, sin distinguirse por cargos o títulos.

 El presbiterio es descrito en OGMR 295. Da una definición nueva y completa del presbiterio: “El presbiterio es el lugar donde está el altar, se proclama la palabra de Dios y el sacerdote, el diácono y los demás ministros ejercen su oficio”. Ha de tener amplitud para que se pueda desarrollar bien la liturgia, tener cierta elevación para que todos puedan ver. No es el lugar, así pues, de fieles, catequistas, niños, novios, etc… como si fuera un escenario teatral (y en las iglesias de nueva construcción abundan los presbiterios concebidos como grandes escenarios). Hay que salvaguardar el orden de la asamblea que es signo del orden del Cuerpo místico de Cristo.

 OGMR 304 señala un importante matiz: el mantel del altar para la celebración siempre será “de color blanco”, no de otros colores. Es un signo de reverencia al altar. (Otra cosa será el cubrealtar, fuera de la Misa, del color litúrgico del tiempo o el antipendio, el frontal de altar).

 Importantes matices sobre la colocación de los candeleros y del crucifijo en la OGMR 307-308. Sobre los candeleros: “colóquense en la forma más conveniente, o sobre el altar o alrededor de él o cerca del mismo, teniendo en cuenta la estructura del altar y del presbiterio, de modo que todo forme una armónica unidad y no impida a los fieles ver fácilmente lo que sobre el altar se hace o se coloca” (OGMR 307).

 Y sobre la cruz, que debe tener la imagen del Crucificado: “También sobre el altar o junto a él debe haber una cruz, con la imagen de Cristo crucificado, de modo que resulte bien visible para el pueblo congregado” (OGMR 308).

 Interesa subrayar: “sobre o junto” al altar, pero siempre vinculado al altar, no al ambón, ni en simetría en un lateral del presbiterio, etc., y, por su tamaño, que sea bien visible.

¿Qué se puede, y qué no se debe, hacer desde al ambón? La OGMR 309 deja muchas cosas clara y debe corregir muchos abusos. Con el adverbio “únicamente” señala con claridad que algunas cosas no se deben hacer desde el ambón, sino desde un micrófono auxiliar, en otro lugar.

Propio del ambón: “únicamente se proclaman las lecturas, el salmo responsorial y el pregón pascual”;

se permite: “pueden también hacerse desde él la homilía y las intenciones de la oración universal”, aunque la homilía, mejor en la sede: “El sacerdote de pie en la sede o en el mismo ambón, o en otro lugar idóneo, si conviene, pronuncia la homilía” (OGMR 136); la oración de los fieles: “desde el ambón o desde otro lugar conveniente” (OGMR 71).

Nunca un monitor: “En el cumplimiento de su oficio, el comentarista ocupe un lugar adecuado ante los fieles, pero no el ambón” (OGMR 105).

¿Y sobre la sede del sacerdote? Evidentemente es obligatoria y desde ahí se comienza la Misa. ¿Dónde ubicarla? OGMR 310 advierte que si el sagrario ocupe el lugar central, la sede no lo oculte; salvando esto, “su puesto más apropiado será de cara al pueblo al fondo del presbiterio”. Sin que sea un trono o apariencia de trono, debe tener su relieve: “La sede del celebrante debe significar su oficio de presidir la asamblea y dirigir la oración”. Si la sede es nueva, hay que bendecirla con el Bendicional, destacando así su importancia y simbolismo.

 OGMR 311 trata del lugar de los fieles, destacando que los bancos y sillas deben disponerse de modo que los fieles puedan adoptar las posturas recomendadas, entre ellas ponerse de rodillas en la consagración (OGMR 43).

Sobre el Sagrario encontramos OGMR 314-315. Estos números tratan sobre el lugar de la reserva eucarística y han sido profundamente remodelados. Se añaden unos adjetivos a la Capilla del sagrario: debe ser una parte de la iglesia “distinguida, visible, bien adornada”. El Sagrario debe ser sólido, inviolable, no transparente y cerrado de tal manera que se evite al máximo el peligro de profanación.

 Por último, OGMR 318 añade una introducción doctrinal al tema de las imágenes sagradas, estableciendo la relación entre la Liturgia terrena y la Liturgia celestial y la veneración de los santos. Las imágenes “se han de colocar en los edificios sagrados de modo que lleven como de la mano a los fieles hacia los misterios de la fe que allí se celebran”. También menciona la belleza y dignidad de las imágenes que deben despertar piedad y devoción.

Javier Sánchez Martínez

Delegación Diocesana de Liturgia - Córdoba

Novedades y rúbricas en el Misal (II)

Habiendo visto algunas –no todas, ni mucho menos- de las rúbricas nuevas o modificadas de los ritos iniciales y de la liturgia de la Palabra, avanzamos con la liturgia eucarística. Revisémonos todos, y ajustémonos a las normas actuales de la Iglesia.

            3) La liturgia eucarística

 -En los números 73-77 de la OGMR se describe detalladamente desde la procesión de ofrendas hasta la incensación y el lavabo de las manos del sacerdote. Si se leen estos números, sin duda se corregirán los excesos de la “presentación de ofrendas” que tantas veces se ve:

-          no existe monición a cada ofrenda

-          ni tampoco existen “ofrendas simbólicas” (este libro, este reloj, este balón…)

-          sino todo el pan y vino necesarios para la Santa Misa

-          y otras donaciones reales para los pobres o para la iglesia.

 

 -El canto para las ofrendas no es obligatorio siempre; “al rito para el ofertorio siempre se le puede unir el canto” (OGMR 74); en muchas ocasiones será mejor que únicamente suene el órgano.

 

 -El lavabo en la Misa sigue siendo obligatorio (no es opcional) y se señala que se hace “en el lado del altar” (OGMR 76), no en el centro.

 

-Todos se pondrán en pie al decir el sacerdote: “Orad, hermanos, para que este sacrificio…” (OGMR 43) y no después.

 

-Como propio del rito romano, todos los fieles, diáconos y acólitos estarán de rodillas en la consagración, desde el momento en que se destapa el cáliz y el sacerdote impone las manos sobre el pan y el vino. No va a gusto de cada cual: la postura común y obligatoria es estar todos de rodillas. ¿Excepciones? Estrechez del lugar, aglomeración o cuestión de salud; pero incluso los que por estas razones se queden de pie, harán inclinación profunda cuando el sacerdote después de mostrar el Cuerpo y la Sangre del Señor hace la respectiva genuflexión.

Dice la OGMR 43 en una rúbrica muy clara: “[Los fieles] estarán de rodillas durante la consagración, a no ser que lo impida la enfermedad o la estrechez del lugar o la aglomeración de los participantes o cualquier otra causa razonable. Y, los que no pueden arrodillarse en la consagración, harán una profunda inclinación mientras el sacerdote hace la genuflexión después de ella”.

 

-Únicamente el sacerdote dice: “Por Cristo, con él y en él”, “pronuncia él solo la doxología” (OGMR 151) y todos responden aclamando: “Amén”; mejor aún si se canta.

            4) Ritos de comunión

La nueva edición de la OGMR aporta también aquí nuevas precisiones:

 -El rito de la paz ha recibido una nueva clarificación y límites, recuperando la sobriedad y brevedad que siempre ha tenido: “Conviene que cada uno exprese sobriamente la paz sólo a quienes tiene más cerca” (OGMR 82), por tanto, sin moverse por la iglesia: discreción, moderación, a los más cercanos. Tampoco el obispo o sacerdote debe dar la paz a todos (p.e. los concelebrantes) o bajarse del presbiterio: “El sacerdote puede dar la paz a los ministros, pero siempre permaneciendo dentro del presbiterio para no perturbar la celebración. Haga lo mismo si, por alguna causa razonable, desea dar la paz a algunos pocos fieles. Y todos se intercambian un signo de paz, comunión y caridad… Mientras se da la paz puede decirse: ‘La paz del Señor esté siempre contigo’, a lo que se responde: ‘Amén’” (OGMR 154). Por supuesto, no existe ningún “canto de paz” que acompañe este sobrio y discreto rito de paz.

 

-Tras el rito de paz, la fracción del Pan consagrado con el canto del Cordero de Dios. Debe esperar el sacerdote a que todos hayan terminado de darse la paz y entonces comenzar la fracción de modo que no pase desapercibida: “La fracción del pan se inicia tras el intercambio del signo de la paz y se realiza con la debida reverencia, sin alargarla de modo innecesario ni que parezca de una importancia inmoderada” (OGMR 83).

 

-La fórmula “Éste es el Cordero de Dios” la dice el sacerdote tomando en su mano derecha un trozo fraccionado del Pan consagrado (el trozo que él va a comulgar, nada más) sosteniéndolo –y esta rúbrica es nueva- “sobre la patena o sobre el cáliz” (OGMR 84; 157).

 

-Si no hay canto, la antífona de comunión se puede recitar; o algún fiel o un lector “o, en último término, la recitará el mismo sacerdote después de haber comulgado y antes de distribuir la Comunión a los fieles” (OGMR 87). Por tanto, es opcional.

 

-Es importante, al comulgar, el diálogo de fe entre el ministro y el fiel: “El Cuerpo de Cristo – Amén” (OGMR 161) comulgando inmediatamente, con respeto, delante del ministro. Además, antes de comulgar, hay que hacer “la debida reverencia” (OGMR 160), es decir, inclinación profunda ante el Santísimo (o genuflexión) antes de comulgar.

 

-La comunión con las dos especies (bebiendo del cáliz o por intinción, mojando el sacerdote la forma consagrada en la Sangre del Señor) se ha ampliado en las posibilidades de distribuirla muchas más veces. La OGMR afirma que esto “es muy de desear” (OGMR 85), para que sea más significativo aún “que la Comunión es una participación en el sacrificio que se está celebrando” (Ibíd.). Dedica varios números: OGMR 281-287, porque comulgar con ambas especies es “una expresión más plena pro razón del signo” (OGMR 281). Esta fue la forma habitual de comulgar todos en el rito romano durante muchos siglos. Por supuesto, ni uno comulga por sí mismo (dejando la patena y el cáliz encima del altar y cada uno “se sirve”) ni se pasa el cáliz de mano en mano.

 

-Terminada la comunión, “pueden orar un espacio de tiempo en secreto. Si se prefiere, toda la asamblea puede también cantar un salmo o algún otro canto de alabanza o un himno” (OGMR 88). Nada dice de esas “acciones de gracias” leídas por un lector casi como algo obligatorio. Mejor suprimir ya esta mala costumbre que no aparece en el Misal.

   

         5) Ritos finales

 

-El momento de dar los avisos, que deben ser muy breves, es antes de la bendición (OGMR 90).

 

-En Cuaresma, cada día, se reza antes de la bendición la “oración sobre el pueblo” estando todos inclinados. Esta oración se incluye ahora en cada formulario de Misa cuaresmal. ¡Necesitamos mayor bendición en Cuaresma que nos fortalezca ante los ayunos, las penitencias y las limosnas!

 

Javier Sánchez Martínez

Delegación Diocesana de Liturgia - Córdoba

 

Novedades y rúbricas en el Misal (I)

A lo largo de tres artículos, fuimos viendo qué es y qué valor tiene la nueva edición del Misal romano en castellano, para recibirlo como acto de entrega de la Iglesia que requiere acogida filial, valorando, al mismo tiempo, el Misal como fuente de espiritualidad que enriquece, indudablemente, la oración personal si los textos litúrgicos van también acompañados de nuestra meditación silenciosa y contemplación.

 Pero la recepción de esta 3ª edición del Misal no sería completa si nos olvidásemos o ignorásemos las rúbricas, las normas de obligatorio cumplimiento para el desarrollo de la Santa Misa. Las rúbricas son, de algún modo, teología en acto, responden a un porqué, y evitan el capricho y la arbitrariedad de unos y otros, para crear unidad en la liturgia, unidad que es comunión eclesial. Sí, las rúbricas hay que cumplirlas y obedecerlas: es la Iglesia –nadie en particular, nadie por iniciativa propia- quien dispone cómo hay que celebrar. También en esto, “sentir con la Iglesia” y “sentir la Iglesia” es fidelidad a las rúbricas, obediencia fiel de hijos a la Iglesia madre.

 La primera parte del Misal es un amplísimo documento que se llama Ordenación General del Misal Romano (: OGMR) donde se ofrece la teología del sacramento eucarístico y la normativa y rúbrica para su celebración. Este documento merece ser conocido y estudiado.

 En esta tercera edición de la Ordenación General del Misal romano (: OGMR) se explican y se matizan muchas normas litúrgicas, se aclaran algunas rúbricas y se añade alguna más. Para ser fieles, hay que conocer estas rúbricas y, lógicamente, obedecerlas.

 ¿Novedades? ¡Algunas hay! Vamos a recorrer la celebración de la Misa (1). La descripción la hallamos en el capítulo IV de la Ordenación General del Misal Romano, titulado “La forma de celebrar la Misa”.

            1) Rito de entrada

-En la procesión de entrada, si no hay diácono, el lector puede llevar el Evangeliario, pero no se lleva el Leccionario en procesión (OGMR 120).

 

-La antífona de entrada que figura en la Misa, si no ha habido canto, la puede adaptar el sacerdote a modo de monición inicial (OGMR 48; 31).

 

-Al llegar al presbiterio, el sacerdote y los ministros saludan al altar con inclinación profunda (no simplemente inclinación de cabeza); luego el sacerdote y el diácono besan el altar y si se usa incensario se inciensa primero la cruz y luego se rodea el altar (OGMR 49), destacando así en la incensación de la cruz cómo el altar es el lugar del sacrificio de Cristo.

 

-La absolución del acto penitencial (“Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros…”) no tiene eficacia sacramental (OGMR 51). Los domingos, sobre todo los de Pascua, puede hacerse la aspersión con agua (Ibíd.).

 

-Cuando se cantan las invocaciones “Señor, ten piedad” como parte del acto penitencial (es la tercera fórmula posible), se les antepone un “tropo” (OGMR 52), es decir: “Tú, que viniste… Señor, ten piedad”.

 

-El texto del Gloria no puede cambiarse (OGMR 53).

 

-Insiste en una pausa de silencio tras el “Oremos” (OGMR 54) para que todos eleven sus súplicas en el corazón, y tras esa pausa de silencio el sacerdote “recolecta” esas oraciones recitando la oración colecta (de ahí su nombre).

            2) Liturgia de la Palabra

 Como indicaciones de esta última OGMR:

 -La recomendación del tono general que ha de tener la liturgia de la Palabra: con sosiego, silencio, etc. (cf. OGMR 56, 45).

 

-La advertencia de que no es lícito sustituir las lecturas bíblicas y el salmo responsorial por otros textos no bíblicos (OGMR 57).

 

-Las lecturas se hacen desde el ambón y, salvo el Evangelio, por los lectores como oficio propio, no por el ministro ordenado (cf. OGMR 58-59).

 

-Precisa el modo de cantar el salmo y el Aleluya (cf. OGMR 61-62).

 

-Para el Evangelio, destacando su importancia, “los presentes se vuelven hacia el ambón” (OGMR 133), ¡todos mirando al ambón! Ya antes el Caeremoniale Episcoporum determinaba: “El diácono inciensa el libro y proclama el Evangelio, estando todos de pie y vueltos hacia el diácono, como de costumbre” (CE 141).

 

 -El ministro de la homilía, siempre y exclusivamente, es el ministro ordenado: obispo, sacerdote o diácono, “pero nunca un fiel laico” (OGMR 66).

 

-Las preces: un solo lector las lee (OGMR 71), no un lector para cada petición. Las intenciones “sean sobrias, formuladas con sabia libertad, en pocas palabras” (Ibíd.). La oración con que concluyen las preces, el sacerdote la recita “con las manos extendidas” (OGMR 138).

Javier Sánchez Martínez

Delegación Diocesana de Liturgia - Córdoba



(1) Cf. LÓPEZ MARTÍN, J., “Celebrar la Eucaristía con el “Ordo Missae” de la Tercera edición típica del Misal Romano”, Pastoral litúrgica 279 (2004), 79-110.

1.12.16

Presentación... lo que se pretende

Primer post de un nuevo blog, “Liturgia, fuente y culmen”, como presentación.

¿Qué decir? Partimos de un convencimiento profundo y arraigado: que la liturgia es fuente y culmen de la vida de la Iglesia, su auténtica espiritualidad, escuela del verdadero espíritu cristiano y que tiene importancia suma para la vida espiritual de los fieles cristianos.

¿Qué decir más? Que la liturgia, en la variedad de sus ritos y familias litúrgicas, no son sólo ceremonias y rúbricas, sino acción de Dios y presencia del Misterio, glorificación de Dios y santificación de los hombres. En ella se entrecruzan la teología, la espiritualidad y el ejercicio pastoral de la Iglesia. La liturgia es la “theologia prima”, la primera teología, porque “lex orandi, lex credendi”.

¿Cabe añadir más? ¡Sí! Otro convencimiento igualmente firme y arraigado: que es necesaria la profundización en la liturgia, en sus ritos, gestos, acciones, plegarias… lo que la Tradición, y muy especialmente los Padres, llamaron “mistagogia”, es decir, entrar más en el misterio de la liturgia, con una comprensión mayor y más espiritual.

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