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18.01.18

Algo más sobre la sede

 

La sede es uno de los lugares litúrgicos necesarios para la Eucaristía y otros oficios litúrgicos, así como el ambón o el altar son otro de los lugares. Desde la sede se preside, se ora, se dirige la oración y se enseña en la homilía.

  En la sede se significa el oficio de Cristo, Cabeza, Pastor y Maestro, y se supera la mera utilidad de sentarse durante unos cantos en tres sillas iguales al simbolismo de la cátedra. Bastaría ver las antiguas basílicas (como San Vital o San Clemente) para descubrir el lugar de la sede (en el ábside) de manera preeminente (el que preside está más elevado que el banco de piedra corrido para los sacerdotes).

   La sede como lugar litúrgico ha de habilitarse allí donde se celebre la Santa Misa y no únicamente en la parroquia, sino también en cualquier oratorio, capilla o iglesia de contemplativas. Es un contrasentido y ahora una grave infracción comenzar la Misa ya directamente desde el altar. Éste se reserva para el sacrificio y por tanto al altar se acerca el sacerdote para depositar la oblata y pronunciar la plegaria eucarística: los demás oficios (ritos iniciales, también la homilía, etc. y al final la bendición) los dirige desde el sitio de la presidencia.

“El lugar de presidencia o sede del sacerdote celebrante significa la función de presidir la asamblea litúrgica y de dirigir la oración del pueblo santo” (Bend 982).

 El Misal prescribe las características de la sede:

  “La sede del sacerdote celebrante debe significar su ministerio de presidente de la asamblea y de moderador de la oración. Por lo tanto, su lugar más adecuado es vuelto hacia el pueblo, al fondo del presbiterio, a no ser que la estructura del edificio u otra circunstancia lo impidan, por ejemplo, si por la gran distancia se torna difícil la comunicación entre el sacerdote y la asamblea congregada, o si el tabernáculo está situado en la mitad, detrás del altar. Evítese, además, toda apariencia de trono. Conviene que la sede se bendiga según el rito descrito en el Ritual Romano, antes de ser destinada al uso litúrgico.

 
    Asimismo dispónganse en el presbiterio sillas para los sacerdotes concelebrantes y también para los presbíteros revestidos con vestidura coral, que estén presentes en la celebración, aunque no concelebren.
 
    Póngase la silla del diácono cerca de la sede del celebrante. Para los demás ministros, colóquense las sillas de tal manera que claramente se distingan de las sillas del clero y que les permitan cumplir con facilidad el ministerio que se les ha confiado” (IGMR 310).

  El simbolismo litúrgico de la sede se resalta cuando hay que inaugurar una sede nueva; entonces se procede a bendecirla para destinarla al uso litúrgico. La plegaria de bendición acude a la contemplación del ministerio de Cristo en cuanto Pastor que sigue pastoreando desde la sede litúrgica:

“Alabamos tu Nombre, Señor, unidos en una sola voz, y te suplicamos humildemente a ti que viniste como buen Pastor para reunir en un solo redil a tu rebaño disperso, por medio de aquellos que tú has elegido como cooperadores en la propagación de la verdad. Apacienta a tus fieles y llévalos por el camino de la santidad, y así, pastores y ovejas podrán un día entrar con gozo en los pastos eternos” (Bend 987).

 O también:

 "Señor Jesucristo, que enseñaste a los pastores de tu Iglesia a servir a los hermanos y no a ser servidos, te pedimos que hagas con tu gracia que todos los que vengan a esta cátedra (sede) proclamen siempre tu palabra y administren dignamente tus sacramentos, y así, junto con el pueblo a ellos confiado, te alaben sin cesar en la sede eterna del cielo” (Bend 999).

 Así se entiende el valor litúrgico que tiene la toma de posesión de un Obispo en su diócesis. Cuando preside el Metropolitano (sic.), una vez leídas las Letras Apostólicas, “el Metropolitano invita al Obispo a sentarse en la cátedra. Luego el Obispo se pone de pie y se canta el Gloria” (CE 1145).

 Es una lástima que muchas veces la sede queda al margen de la liturgia y se haga la homilía delante del altar con un micrófono: se busca entonces impactar de forma mediática, pero pierde todo el valor de signo.

 También en la inauguración del ministerio del párroco en su parroquia; el Obispo le hace entrega al nuevo párroco de los distintos lugares litúrgicos (fuente bautismal, sede penitencial…) y también la sede para presidir (Cf. Entrada del nuevo párroco, n. 12).

 La sede deberá poseer prestancia, ser visible, elevada, y apta para dirigir la oración y poder realizar desde allí la homilía.

5.01.18

La sede del sacerdote

La sede (cátedra) del obispo o del sacerdote debe significar su oficio de presidente de la asamblea y director de la oración. (Catecismo de la Iglesia, nº 1184).

  La sede presidencial es el signo de Cristo Cabeza, que preside su Iglesia en la acción litúrgica. Es más que la mera funcionalidad de sentarse el presidente. Una sede vacía espera elocuentemente la venida del Señor que se sentará en gloria para juzgar a vivos y muertos. Una sede vacía debe evocar el pensamiento de la primera comunidad: ¡Ven, Señor Jesús!

 La sede no va en función de la dignidad sino del ministerio que se ejerce. Es única: distinta la del que preside de la de los demás, aunque sean concelebrantes u otros obispos. La sede es única.

 Es el signo de Cristo que preside, el signo de Cristo Cabeza de su Iglesia.

   a) Única: Una sede digna para el que preside. No tantas sedes iguales cuantos ministros haya

   b) Elevada: Al que preside se le debe ver. Y él debe ver bien a la asamblea, especialmente para la homilía que puede, oportunamente, hacer sentado. Si hay otras sillas, fuera de la tarima o alfombra.

   c) No quedar separada de la asamblea: Ni por demasiado alta, ni por escondida, detrás del altar y al mismo nivel de plano. Si se sitúa en el fondo del ábside, debe tener la suficiente elevación para que el altar no oculte al presidente. Una justa medida y buena visibilidad.

   d) Digna: entraría el adorno festivo: cojines según el color del tiempo litúrgico, o paños vistosos (cathedrae velatae, la llamaba S. Agustín), pero sobre todo, por su factura y realización, en consonancia artística con los demás elementos celebrativos.

 

 Desde la sede se realizan los ritos iniciales de la Misa (saludo, acto penitencial, Gloria, oración colecta) y los ritos finales (oración de postcomunión y bendición). En la sede se realiza la homilía como lugar propio -Cristo maestro, la cátedra del Maestro-.

  La principal sede es la cátedra del obispo en la iglesia principal de la diócesis, llamada Catedral a causa de la cátedra o sede del obispo. Pero la sede presidencial es un elemento celebrativo en todas las parroquias, monasterios, conventos de monjas, iglesias, etc.

7.12.16

Novedades y rúbricas en el Misal (III)

El capítulo V de la Ordenación General del Misal Romano repasa y ofrece la normativa eclesial vigente sobre la “Disposición y ornato de las iglesias para la celebración eucarística”. También aquí, más que grandes novedades y cambios, hay precisiones, matices, que hemos de asumir.

La estructura del capítulo es más clara y simple ahora:

1)      Enuncia los principios generales sobre una iglesia

2)      Aborda la disposición del presbiterio: altar, sede y ambón

3)      El resto de la iglesia: lugar de los fieles, la Schola, la reserva de la Eucaristía y las imágenes sagradas.

 

En la mayor parte de los casos se han realizado añadidos o supresiones respecto a la OGMR 2ª edición. A lo que hay que sumar algunos números completamente nuevos que se han introducido.

En OGMR 303 se afirma que en una iglesia nueva se debe erigir un único altar; en las ya construidas se debe sustituir el antiguo altar si su colocación dificulta la participación del pueblo y no puede trasladarse sin detrimento de su valor artístico. ¿Por qué el altar único, no varios altares también laterales revestidos con manteles? Da la explicación: el altar único significa “ante la asamblea de los fieles al único Cristo y a la única Eucaristía de la Iglesia”.

OGMR 305 Trata sobre la ornamentación del altar. Es necesario matizarlo y explicarlo ya que a veces el altar es el soporte de inmensos ramos de flores, convirtiéndolo en un expositor floral (casi una selva en las bodas). Se afirma que “se guardará moderación”. Y se hacen las siguientes indicaciones: durante el Adviento la ornamentación con flores no debe llegar a la plenitud de alegría que caracteriza la Navidad. Durante la Cuaresma se prohíbe adornar el altar con flores, excepto el domingo Laetare, las solemnidades y las fiestas. Las flores se colocarán más que sobre el altar, en torno a él.

Sobre el altar sigue hablando la OGMR 306. Especifica los elementos que pueden ponerse sobre el altar: el Evangeliario, el cáliz, la patena, la píxide en caso necesario y el corporal, el purificador, la palia y el misal, así como lo que pueda ser necesario para amplificar la voz (“de modo discreto”). Recordemos que sobre el altar ni siquiera se ponen reliquias de los santos en su día (“tampoco se colocarán sobre la mesa del altar, reliquias de Santos, cuando se expongan a la veneración de los fieles”, Ceremonial de los Obispos, n. 921), ni fotos, ni imágenes. Tampoco las ofrendas que no sean de pan y de vino, que irán fuera “en un lugar apropiado” (OGMR 140). Las vinajeras y el lavabo nunca están sobre el altar, sino en la credencia (mesa auxiliar). Es decir, el altar merece sumo respeto y no es una mesa cualquiera: sobran sobre el altar carteles como si fuera un tablón de anuncios, libros, ofrendas de cualquier tipo, etc. ¡El altar merece honor!

En OGMR 316 se recuerda la costumbre de colocar una lámpara especial, “alimentada con aceite o cera” junto al sagrario para indicar y honrar la presencia de Cristo. Antes decía “luceat…” (brille…) con lo que daba cabida a lámparas eléctricas; ahora determina que sea “con aceite o cera” y con el verbo “ardeat”, ¡arda!, se consuma, por tanto, en honor de Cristo allí presente.

Además se hacen otras recomendaciones. En OGMR 294 sobre los asientos de los concelebrantes: si son numerosos se colocarán en la nave de la iglesia, pero cerca del altar. También trata de las sedes de los concelebrantes en OGMR 310: “En el presbiterio se colocan las sillas para los sacerdotes concelebrantes y también para los presbíteros que, revestidos de hábito coral, se hallan presentes en la concelebración, pero no concelebran. El asiento del diácono se sitúa cerca de la sede del celebrante. Los asientos para los otros ministros se disponen de modo que se distinguen de las sillas del clero y les permitan cumplir con facilidad el oficio que se les ha confiado”.

 La sede de quien preside es única; los concelebrantes van todos en sillas iguales, unidad del sacerdocio, sin distinguirse por cargos o títulos.

 El presbiterio es descrito en OGMR 295. Da una definición nueva y completa del presbiterio: “El presbiterio es el lugar donde está el altar, se proclama la palabra de Dios y el sacerdote, el diácono y los demás ministros ejercen su oficio”. Ha de tener amplitud para que se pueda desarrollar bien la liturgia, tener cierta elevación para que todos puedan ver. No es el lugar, así pues, de fieles, catequistas, niños, novios, etc… como si fuera un escenario teatral (y en las iglesias de nueva construcción abundan los presbiterios concebidos como grandes escenarios). Hay que salvaguardar el orden de la asamblea que es signo del orden del Cuerpo místico de Cristo.

 OGMR 304 señala un importante matiz: el mantel del altar para la celebración siempre será “de color blanco”, no de otros colores. Es un signo de reverencia al altar. (Otra cosa será el cubrealtar, fuera de la Misa, del color litúrgico del tiempo o el antipendio, el frontal de altar).

 Importantes matices sobre la colocación de los candeleros y del crucifijo en la OGMR 307-308. Sobre los candeleros: “colóquense en la forma más conveniente, o sobre el altar o alrededor de él o cerca del mismo, teniendo en cuenta la estructura del altar y del presbiterio, de modo que todo forme una armónica unidad y no impida a los fieles ver fácilmente lo que sobre el altar se hace o se coloca” (OGMR 307).

 Y sobre la cruz, que debe tener la imagen del Crucificado: “También sobre el altar o junto a él debe haber una cruz, con la imagen de Cristo crucificado, de modo que resulte bien visible para el pueblo congregado” (OGMR 308).

 Interesa subrayar: “sobre o junto” al altar, pero siempre vinculado al altar, no al ambón, ni en simetría en un lateral del presbiterio, etc., y, por su tamaño, que sea bien visible.

¿Qué se puede, y qué no se debe, hacer desde al ambón? La OGMR 309 deja muchas cosas clara y debe corregir muchos abusos. Con el adverbio “únicamente” señala con claridad que algunas cosas no se deben hacer desde el ambón, sino desde un micrófono auxiliar, en otro lugar.

Propio del ambón: “únicamente se proclaman las lecturas, el salmo responsorial y el pregón pascual”;

se permite: “pueden también hacerse desde él la homilía y las intenciones de la oración universal”, aunque la homilía, mejor en la sede: “El sacerdote de pie en la sede o en el mismo ambón, o en otro lugar idóneo, si conviene, pronuncia la homilía” (OGMR 136); la oración de los fieles: “desde el ambón o desde otro lugar conveniente” (OGMR 71).

Nunca un monitor: “En el cumplimiento de su oficio, el comentarista ocupe un lugar adecuado ante los fieles, pero no el ambón” (OGMR 105).

¿Y sobre la sede del sacerdote? Evidentemente es obligatoria y desde ahí se comienza la Misa. ¿Dónde ubicarla? OGMR 310 advierte que si el sagrario ocupe el lugar central, la sede no lo oculte; salvando esto, “su puesto más apropiado será de cara al pueblo al fondo del presbiterio”. Sin que sea un trono o apariencia de trono, debe tener su relieve: “La sede del celebrante debe significar su oficio de presidir la asamblea y dirigir la oración”. Si la sede es nueva, hay que bendecirla con el Bendicional, destacando así su importancia y simbolismo.

 OGMR 311 trata del lugar de los fieles, destacando que los bancos y sillas deben disponerse de modo que los fieles puedan adoptar las posturas recomendadas, entre ellas ponerse de rodillas en la consagración (OGMR 43).

Sobre el Sagrario encontramos OGMR 314-315. Estos números tratan sobre el lugar de la reserva eucarística y han sido profundamente remodelados. Se añaden unos adjetivos a la Capilla del sagrario: debe ser una parte de la iglesia “distinguida, visible, bien adornada”. El Sagrario debe ser sólido, inviolable, no transparente y cerrado de tal manera que se evite al máximo el peligro de profanación.

 Por último, OGMR 318 añade una introducción doctrinal al tema de las imágenes sagradas, estableciendo la relación entre la Liturgia terrena y la Liturgia celestial y la veneración de los santos. Las imágenes “se han de colocar en los edificios sagrados de modo que lleven como de la mano a los fieles hacia los misterios de la fe que allí se celebran”. También menciona la belleza y dignidad de las imágenes que deben despertar piedad y devoción.

Javier Sánchez Martínez

Delegación Diocesana de Liturgia - Córdoba