Y cantando se participa (VI)

Cantando en misa

Participar es cantar. He aquí otra afirmación muy sencilla de lo que es la participación en la liturgia por parte de los fieles. Se participa cantando y eso es lo mismo que decir que se participa rezando mediante el canto, sin necesidad de intervenir realizando algún servicio litúrgico. Todos pueden llegar a este grado de participación uniendo la voz y el corazón a los cantos de la liturgia. Basta cantar con todos los fieles aquello que es propio de todos, o responder cantando al sacerdote en las partes cantadas (saludos, aclamaciones) o unirse con silencio y recogimiento al coro en los cantos que sólo éste ejecuta.

Potenciar la solemnidad, la oración y el canto en la liturgia, es cultivar un gran medio de participación activa de todos para unirse al Misterio. Todo buen coro es un servicio grande para que todos participen, porque participan todos cantando, no sólo el coro. Es un ejercicio de servicio que el coro apoye y lleve adelante el canto para que todos se unan, aunque algunos cantos los realice solamente el coro en ciertos momentos de la liturgia:

“Entre los fieles, los cantores o el coro ejercen un ministerio litúrgico propio, al cual corresponde cuidar de la debida ejecución de las partes que le corresponden, según los diversos géneros de cantos, y promover la activa participación de los fieles en el canto” (IGMR 103).

Así el coro está al servicio y en función de todos los fieles, del canto de todos los fieles, favoreciendo la participación orante, y no entendiendo o viviendo la liturgia como un concierto donde todos callan para escuchar a los intérpretes (como tantas Misas-concierto, bellísimas musicalmente[1] o, por el contrario, tantos cantos sentimentales más propios de veladas de campamento que sólo el coro juvenil conoce) o eligiendo los cantos al margen de la liturgia (como las paráfrasis, por ejemplo, del Sanctus o del Padrenuestro que alteran la letra), o simplemente con cantos que únicamente conoce el coro reduciendo al silencio a todos.

Todos deben entender que la participación litúrgica es cantar, incluye el canto. El coro, sabiendo esto, vivirá con vocación de servicio para sostener el canto de todos mediante los cantos litúrgicos (recordemos: es “cantar la Misa y no cantar durante la Misa”); los fieles todos deberán superar la pasividad de callarse cuando hay un coro, sino integrarse en el canto.

Cantar es propio de la liturgia, uno de los modos de participación en la acción común de la santa liturgia. Unos cantos serán de un solista-salmista, otros del coro y otros muchos son de todos los fieles. En referencia al canto en general: hay cantos que son de la schola o coro, y otros que son para el coro y los fieles. Lo que no puede convertirse la liturgia es en un concierto hermoso y los demás en “mudos y pasivos espectadores” (SC 48), o abdicar de la posibilidad de cantar todos, enmudeciendo, y dejando todo para el coro[2], o preocupados por no desafinar o tal vez embelesados con lo que cantan.

En esta perspectiva, la Instrucción Musicam sacram explicaba:

“Entre la forma solemne y más plena de las celebraciones litúrgicas, en la cual todo lo que exige canto se canta efectivamente, y la forma más sencilla, en la que no se emplea el canto, puede haber varios grados, según que se conceda al canto un lugar mayor o menor. Sin embargo, en la selección de partes que se deben cantar se comenzará por aquellas que por su naturaleza son de mayor importancia; en primer lugar, por aquellas que deben cantar el sacerdote o los ministros con respuestas del pueblo; o el sacerdote junto con el pueblo; se añadirán después, poco a poco, las que son propias sólo del pueblo o sólo del grupo de cantores” (n. 7).

Según el grado de solemnidad de cada celebración, habrá que cantar algunos elementos o todos, pero hay una gradación en la elección de las partes cantadas. El primer grado, el que es siempre más aconsejable, incluye la parte propia de todos los fieles fomentando así una participación orante, activa y espiritual:

Pertenecen al primer grado:

a) En los ritos de entrada:

  • El saludo del sacerdote con la respuesta del pueblo.
  • La oración.

b) En la liturgia de la palabra:

  • Las aclamaciones al Evangelio.

c) En la liturgia eucarística:

  • La oración sobre las ofrendas.
  • El prefacio con su diálogo y el Sanctus.
  • La doxología final del canon.
  • La oración del Señor –Padrenuestro– con su monición y embolismo.
  • El Pax Domini.
  • La oración después de la comunión.
  • Las fórmulas de despedida” (Instrucción Musicam sacram, n. 29).

Destaca, claramente, aquellos elementos dialogales entre el sacerdote y los fieles, cantados siempre que sea posible, para que el pueblo cante la respuesta, las aclamaciones, el “Amén”, así como las aclamaciones al Evangelio acogiendo a Cristo que habla a su pueblo y el Sanctus.

Incluyendo lo anterior, el segundo grado para el canto sería:

Pertenecen al segundo grado:

  1. Kyrie, Gloria y Agnus Dei.
  2. El Credo.
  3. La oración de los fieles” (Instrucción Musicam sacram, n. 30).

Y, por último, el tercer grado en importancia del canto:

Pertenecen al tercer grado:

  1. Los cantos procesionales de entrada, y de comunión.
  2. El canto después de la lectura o la epístola.
  3. El Alleluia antes del Evangelio.
  4. El canto del ofertorio.
  5. Las lecturas de la Sagrada Escritura, a no ser que se juzgue más oportuno proclamarlas sin canto” (Instrucción Musicam sacram, n. 31).

Dentro de los cantos “Propios” de cada Misa, destaca el salmo responsorial que por su naturaleza está destinado para ser cantado, tomando parte los fieles en la respuesta. “Dentro del «Propio», tiene particular importancia el canto situado después de las lecturas en forma de gradual o de salmo responsorial. Por su naturaleza, es una parte de la liturgia de la palabra; por consiguiente, se ha de ejecutar estando todos sentados y escuchando; mejor aún, en cuanto sea posible, tomando parte en él” (Instrucción Musicam sacram, n. 33). También la Ordenación del leccionario de la Misa destaca el salmo responsorial:

“20. El salmo responsorial ordinariamente ha de cantarse. Hay dos formas de cantar el salmo después de la primera lectura: la forma responsorial y la forma directa. En la forma responsorial, que se ha de preferir en cuanto sea posible, el salmista o el cantor del salmo, canta la estrofa del salmo, y toda la asamblea participa cantando la respuesta. En la forma directa, el salmo se canta sin que la asamblea intercale la respuesta, y lo cantan, o bien el salmista o cantor del salmo él solo, y la asamblea escucha, o bien el salmista y los fieles juntos.

21. El canto del salmo o de la sola respuesta contribuye mucho a comprender el sentido espiritual del salmo y a meditarlo profundamente”.

El canto corresponde a lo que es la liturgia, acción sagrada, fomentando la unión de las voces y el corazón, la solemnidad, suscita sentimientos espirituales y se glorifica a Dios. La liturgia se vive mejor, más santamente, y se participa con más fruto, si tomamos parte en el canto común en aquellos momentos en que todo el pueblo interviene, y si escuchamos interiormente los cantos que sólo correspondan al coro.

“Mediante la unión de las voces, se llega a una más profunda unión de corazones; desde la belleza de lo sagrado, el espíritu se eleva más fácilmente a lo invisible; en fin, toda la celebración prefigura con más claridad la liturgia santa de la nueva Jerusalén.

Por tanto, los pastores de almas se esforzarán con diligencia por conseguir tal forma de celebración” (Instrucción Musicam sacram, n. 5).

Salvando los excesos de música y canto, a veces no propiamente litúrgicos ni convenientes para la sagrada liturgia, con demasiado ritmo y ruido, se tiende en ocasiones a presentar la participación en la Misa como una devoción privada donde sólo haya silencio absoluto, los fieles estén en silencio y contemplen piadosamente lo que el sacerdote realiza en el altar. De un extremo se pasa fácilmente al otro extremo. Pero ya vemos que cantar no estorba el recogimiento, sino que ya de por sí es oración y medio de participación. No se puede interpretar restrictivamente la adoración y la devoción con el mutismo absoluto durante la Eucaristía.

La liturgia incluye el canto como un elemento más, un elemento propio de las acciones sagradas de la Iglesia. Por tal razón, se participa cuando todos toman parte del canto común, responden cantando, oran cantando y no simplemente oyen lo que cantan otros como un adorno añadido.

Entendamos entonces que se participa más cantando, por ejemplo, la respuesta “y con tu espíritu”, “Amén”, o el versículo del salmo responsorial, que si tuviéramos que intervenir leyendo una monición o llevando una ofrenda de las llamadas “simbólicas”. Cuando cantamos, haciendo oración nuestro canto, estamos participando interior, activa, fructuosamente, en la liturgia.

La belleza del canto, la música y la solemnidad adecuada, el fomento del verdadero canto litúrgico, etc., serán medios para incrementar una auténtica participación de todos en la liturgia. El canto es algo más que un medio de solemnizar la liturgia, o de hacerla amable (simpática, entretenida). Conlleva implicaciones espirituales muy concretas para que sea el cántico nuevo que elevamos al Señor. “Los Obispos y demás pastores de almas procuren cuidadosamente que en cualquier acción sagrada con canto, toda la comunidad de los fieles pueda aportar la participación activa que le corresponde” (SC 114).


[1] “La Iglesia no rechaza en las acciones litúrgicas ningún género de música sagrada, con tal que responda al espíritu de la misma acción litúrgica y a la naturaleza de cada una de sus partes y no impida la debida participación activa del pueblo” (Instrucción Musicam sacram, n. 9).

[2] “Pero no se puede aprobar la práctica de confiar sólo al grupo de cantores el canto de todo el Propio y de todo el Ordinario, excluyendo totalmente al pueblo de la participación cantada” (Id., n. 16).

4 comentarios

  
maria
El canto en la eucaristía está bien si se hiciera bien, valga la redundancia. A veces, hay unos instrumentos ruidosos de más, los cantos, nunca o casi nunca son cantos sacros, sino como vd.dice, sentimentales, por lo que yo escucho. Luego, está también que se cantan canciones que nadie sabe, nada más que el coro o el cantor, como pasó el otro dia en un funeral y claro solo cantaba el cantor, así supongo que se hacía oir. Por cierto, P. Javier, el otro dia se me ocurrió decirle a un sacerdote que en, liturgia, la paz no tenia canto y me contestó que ''eso es una opinión''. Apostillé que no, que la paz no se cantaba y me dijo ''cómo no se va a cantar la paz''!! Así que no me quedan ganas de volver a decir nada. Así está la liturgia, no sé si algún dia se hará como realmente se debe, pero lo veo difícil.

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JAVIER:

Sé muy bien cómo estamos. Pero, ¿que es una "opinión" lo del canto de paz? Ahí está la IGMR, y está la Carta de la Cong para el Culto divino sobre el rito de la paz, de 2014. Más claro, imposible.
21/09/17 1:38 PM
  
Pensador
Estimado padre, excelente post, y muy provechoso hoy en día.
Me gustaría aclarar que la instrucción musicam sacram que cita, si bien puede extrapolarse al​ Novus Ordo, sus instrucciones tienen más fuerza en el rito extraordinario, ya que las mismas rúbricas indican el modo y los momentos del canto, y los grados de misa que se mencionan son los correspondientes a la misa baja sine populo, cum populo, cantada, solemne y pontifical; admitiendo también un intermedio entre rezada y cantada por insuficiencia del coro o sacerdote.
21/09/17 1:38 PM
  
maria
Sí P. Javier, está claro, pero cuando queremos que prevalezca lo de uno, por mucho que se quieraexplicar, nno hay forma.
21/09/17 7:41 PM
  
Ignacio
Además, debiera -a mi juicio- promoverse la sana costumbre de los coros de cantores, de ensayar con los fieles las antífonas o estrofas principales de los cantos antes de la Misa, de manera que los fieles se vayan familiarizando con ellos, sobre todo si son cantos nuevos, si tienen alguna complejidad (por ejemplo, si son gregorianos), previendo también indicar los momentos en que canta el solista, los que canta el coro, y los que corresponden a todos los fieles. Asimismo, retomar la sana costumbre (en la medida que se pueda) de utilizar los libros de cantos o al menos una pequeña hoja de guía para cada celebración, de modo que incluso aquellos fieles que no cantan por desafinación o porque no se saben el canto previamente, sepan qué se está cantando, por qué se está cantando eso, y que puedan unirse a la oración.
22/09/17 3:09 AM

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