Participar en la liturgia (II)

4. Para bien participar y saber qué es la participación

Parecería evidente, un recordatorio casi banal, y sin embargo es necesario porque la realidad se impone: para participar adecuadamente en la liturgia, lo primero es que el Rito mismo se realice bien. Una liturgia llena de innovaciones constantes, de creatividad del sacerdote o de algún catequista o miembro de una Asociación; una liturgia realizada de manera precipitada, o con falta de unción, de devoción, o una liturgia que ignore y desprecie las normas del Misal, dificultará siempre la participación plena, consciente, activa, de todos los fieles cristianos.

Por eso, para bien participar, lo primero es celebrar bien, ajustarse al Rito eucarístico según el Misal de la Iglesia, seguir las normas litúrgicas, realizando la liturgia con hondura espiritual y amor de Dios. Ya el papa Benedicto XVI, en la exhortación apostólica “Sacramentum caritatis” afirmaba:

“El primer modo con el que se favorece la participación del Pueblo de Dios en el Rito sagrado es la adecuada celebración del Rito mismo. El ars celebrandi es la mejor premisa para la actuosa participatio. El ars celebrandi proviene de la obediencia fiel a las normas litúrgicas en su plenitud” (n. 38).

Verdadera pastoral será cuidar lo mejor posible la dignidad y santidad de la celebración litúrgica, el “ars celebrandi” o “celebrar bien”, para glorificar a Dios pero también para el provecho espiritual de los fieles: “¡Gran misterio la Eucaristía! Misterio que ante todo debe ser celebrado bien. Es necesario que la Santa Misa sea el centro de la vida cristiana y que en cada comunidad se haga lo posible por celebrarla decorosamente, según las normas establecidas” (Juan Pablo II, Carta Mane nobiscum Domine, n. 17).

El Concilio Vaticano II, en la Constitución Sacrosanctum Concilium, favoreció e impulsó la participación de los fieles en la sagrada liturgia, para que no asistiesen como “mudos y pasivos espectadores” (SC 48). Sin embargo, precisa el Santo Padre, “no hemos de ocultar el hecho de que, a veces, ha surgido alguna incomprensión precisamente sobre el sentido de esta participación. Por tanto, conviene dejar claro que con esta palabra no se quiere hacer referencia a una simple actividad externa durante la celebración. En realidad, la participación activa deseada por el Concilio se ha de comprender en términos más sustanciales, partiendo de una mayor toma de conciencia del misterio que se celebra y de su relación con la vida cotidiana” (Sacramentum caritatis, n. 52). Un recto y claro concepto de “participación” influirá decididamente en la vida litúrgica de las parroquias y comunidades cristianas.

Además, ampliando la mirada a una visión de conjunto, la participación activa en la liturgia supone e implica unas disposiciones personales previas, un tono cristiano de vivir, una intensidad espiritual en todo lo que somos y vivimos, que luego se verifica y se realiza en la sagrada liturgia. Estas disposiciones previas, importantes, fundamentales, exigibles, se pueden cifrar así:

  1. el espíritu de conversión continua que ha de caracterizar la vida de cada fiel. No se puede esperar una participación activa en la liturgia eucarística cuando se asiste superficialmente, sin antes examinar la propia vida;
  2. favorece dicha disposición interior, por ejemplo, el recogimiento y el silencio, al menos unos instantes antes de comenzar la liturgia, el ayuno y, cuando sea necesario, la confesión sacramental;
  3. no puede haber una actuosa participatio en los santos Misterios si no se toma al mismo tiempo parte activa en la vida eclesial en su totalidad, la cual comprende también el compromiso misionero de llevar el amor de Cristo a la sociedad[1].

La participación en la liturgia conlleva, inexorablemente, la participación total en la vida de Cristo, la santidad vivida en lo cotidiano, el testimonio de vida y las buenas obras, el apostolado en el mundo, la oración habitual y el recogimiento también antes de la celebración; el ayuno eucarístico y el recurso frecuente al Sacramento de la Penitencia.

Todo esto nos aleja del falso concepto, ya tratado, de interpretar ‘participación’ con ‘intervenir’, como también nos aleja de identificarla con la mera ‘asistencia’, formal, vacía, cumplidora, muda. El fruto de una verdadera participación en la liturgia será, con palabras de san Pablo, llegar a ofrecernos como hostia viva, santa, agradable a Dios, y ése será nuestro culto racional (cf. Rm 12,1-2): una vida en santidad unidos a Cristo en su Misterio pascual. “La gran tradición litúrgica de la Iglesia nos enseña que, para una participación fructuosa, es necesario esforzarse por corresponder personalmente al misterio que se celebra mediante el ofrecimiento a Dios de la propia vida, en unión con el sacrificio de Cristo por la salvación del mundo entero”[2].

5. La participación que desea la Iglesia

La reforma litúrgica llevada a cabo por la Iglesia correspondía a unas directrices concretas emanadas de la Constitución Sacrosanctum Concilium, del Concilio Vaticano II. En SC aparece el concepto “participación” muchas veces, con adjetivos que la explican, trazando el modo natural que las acciones litúrgicas de la Iglesia han de poseer.

“Los textos y los ritos se han de ordenar de manera que expresen con mayor claridad las cosas santas que significan y, en lo posible, el pueblo cristiano pueda comprenderlas fácilmente y participar en ellas por medio de una celebración plena, activa y comunitaria” (SC 21); los fieles han de participar “consciente, activa y fructuosamente” (SC 11).

Es deseo de la Iglesia la necesidad, instrucción y educación de todos en la vida litúrgica para poder vivir el Misterio de Cristo en la liturgia; es deseo de la Iglesia promover la educación litúrgica y la participación activa: “La santa madre Iglesia desea ardientemente que se lleve a todos los fieles a aquella participación plena, consciente y activa en las celebraciones litúrgicas” (SC 14).

La participación plena y activa tiene un fundamento, el Bautismo, y un fin: que los fieles beban plenamente el espíritu cristiano; para ello la liturgia debe ser la fuente y el culmen de la vida de la Iglesia y el manantial de espiritualidad: “Al reformar y fomentar la sagrada Liturgia hay que tener muy en cuenta esta plena y activa participación de todo el pueblo, porque es la fuente primaria y necesaria de donde han de beber los fieles el espíritu verdaderamente cristiano” (SC 14). La participación ha de ser “activa”, no meramente una asistencia callada: “la participación activa de los fieles, interna y externa, conforme a su edad, condición, género de vida y grado de cultura religiosa” (SC 19).

Esta participación activa de los fieles presentes a la acción litúrgica es un objetivo siempre permanente de toda verdadera pastoral, de toda educación catequética; incluye, a tenor de las palabras de la Constitución Sacrosanctum Concilium, diversos elementos y realidades: “Para promover la participación activa se fomentarán las aclamaciones del pueblo, las respuestas, la salmodia, las antífonas, los cantos y también las acciones o gestos y posturas corporales. Guárdese, además, a su debido tiempo, un silencio sagrado” (SC 30).

Por tanto, participar activamente (plena, consciente, fructuosamente), hay que vivir y fomentar los siguientes elementos:

  • aclamaciones
  • respuestas
  • salmodia, antífonas
  • canto
  • acciones o gestos y posturas corporales
  • el silencio sagrado.

Vivir esos elementos bien, realizarlos con atención, con conciencia clara de qué se hace, qué se dice, qué se canta y ante Quién se está, es participar. Por eso, la piedad es un don necesario para caracterizar la participación: “piadosa y activa participación de los fieles” (SC 50) pues se tratan cosas santas.

Hay que añadir que el mayor grado de participación o la participación más plena, se da cuando se recibe la Comunión eucarística: “Se recomienda especialmente la participación más perfecta en la misa, la cual consiste en que los fieles, después de la comunión del sacerdote, reciban del mismo sacrificio el Cuerpo del Señor” (SC 55).

Esta participación consciente y activa santifica las almas y las marca con las huellas del Espíritu Santo para conducirlos por Cristo al Padre:

“La Iglesia, con solícito cuidado, procura que los cristianos no asistan a este misterio de fe como extraños y mudos espectadores, sino que comprendiéndolo bien a través de los ritos y oraciones, participen conscientes, piadosa y activamente en la acción sagrada, sean instruidos con la palabra de Dios, se fortalezcan en la mesa del Cuerpo del Señor, den gracias a Dios, aprendan a ofrecerse a sí mismos al ofrecer la hostia inmaculada no sólo por manos del sacerdote, sino juntamente con él, se perfeccionen día a día por Cristo mediador en la unión con Dios y entre sí, para que, finalmente, Dios sea todo en todos” (SC 48).

Sería un contrasentido a la misma naturaleza de la liturgia que los fieles fueran meros asistentes, “extraños y mudos espectadores”, que miran desde fuera algo que ocurre en el presbiterio, en el mayor de los mutismos, como en una obra de teatro, o reduciéndose a la impresión estética de lo que se desarrolla en el altar con ceremonias deslumbrantes.

Con ese contexto espiritual, que abarca la vida entera del bautizado, es conveniente ver ahora cómo se participa realmente en la liturgia, cómo todos los fieles toman parte activa y consciente, plena e interior, piadosa y fructuosamente, en la divina liturgia.

 


[1] Cf. Sacramentum caritatis, n. 55.

[2] Id., n. 64.

 

5 comentarios

  
Antonio1
Una pregunta, padre, por qué todos estos temas a Cristo le preocupaban tan poco? ¿Por qué tenía otras prioridades?

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JAVIER:

Tal vez porque vivía intensamente la piedad judía y sus ritos (desde la oración cotidiana y sus bendiciones hasta el rito del seder pascual) llenos de adoración y reverencia ante el Altísimo. Era lo lógico.
24/07/17 12:19 PM
  
Luis Enrique
No sé si tiene que ver mucho con el tema pero ?un católico puede cambiarse de rito, por ejemplo, del latino al maronita o al mozárabe, sin decir nada a nadie?

También estoy un poco sorprendido, siempre veo razones en contra del actual, porque si se introdujo (no sé expresarme bien) el ordo actual debió ser por razones importantes y claras, superiores, al ordo tradicional (Misa Tridentina)

?Podría indicarme lecturas sobre este último tema? Gracias.

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JAVIER:

Hasta donde yo sé, la pertenencia a un Rito proviene de nacimiento y por el Bautismo. Aunque se puede participar y comulgar en cualquier rito católico. Cambiar de rito -por razón de matrimonio, por ejemplo- supongo que necesita el reconocimiento del Ordinario del lugar.

El ordo actual es una reforma de la liturgia anterior mirando a las fuentes y a la norma de los Santos Padres, con sus luces y sus defectos en la realización. Se buscaba promover y fomentar la vida litúrgica, que sea fuente de vida espiritual y una participación plena -y no mera asistencia- de los fieles.

Pero, evidentemente, el uso de la liturgia actual está conllevando abusos, mayores o menores, libres interpretaciones, etc., por una teología muy defectuosa y una mentalidad secularizada (: la liturgia es una fiesta, etc...)
24/07/17 12:40 PM
  
maria
Pues sí O. Javier, la secularizaci ón en la liturgia es grande, es una fiesta, un banquete, etc. No quiero alardear de nada, pero lo pico que sé, preferiría ignorarlo, tengo Sacra. Cariratis, digo preferiríavignorarlo porque así no me pondría de mal humor cuando voy a misa. En las parroquias q tengo más cercanas, de liturgia, poca. No sé porque se pide formación a los seglares, cuando después de q te formas un poco, ves q los sacerdotes no siguen la liturgia. Tanto S. Juan pablo II como Benedicto XVI hicieran bastante hincapie en éllo, con varios documentos y de nada sirvió.
24/07/17 2:26 PM
  
Javier Gutiérrez Fernández-Cuervo
Gracias, p. Javier. Comprender correctamente el concepto de participación ayudará muchísimo a nuestra Iglesia. Gracias. Sobretodo porque cuando se reduce la participación a la intervención (en supuestas aras de hacer más grande la participación) realmente se elimina la participación. Si ésta se redujera a intervención, aquellos que no intervienen o incluso los que sí lo hacen, en el momento en que no lo efectúan en acto su intervención, se verían reducidos a mudos espectadores o a actores secundarios que esperan tras bambalinas que se llegue a su escena para aparecer en el escenario. El error de procurar supuestamente una mayor participación (entendida como intervención) lleva a lo opuesto de lo que se desea: a la reducción de la asamblea y a quitarles el poder participar de verdad, que es durante todo el Sacramento, con intervenciones o sin ellas.
24/07/17 2:53 PM
  
Miguel García Cinto
Padre Javier:
Como amante de una Santa Liturgia, en mi parroquia procuro enseñar como seglar al que no sabe, me preocupa mucho los cánticos excesivos, incluso en las misas de diario, que no dejan tiempo para el silencio sagrado. En cuanto a los gestos y posturas cada uno va a su aire, salvo un sacerdote que algo corrije, los restantes dejan hacer, algo se va consiguiendo pero muy lentamente, con respecto a los gestos y posturas conozco la OGMR y la explicación del mismo a través de su persona.
Aprovecho la ocasión para hacerle una pregunta. Tengo por costumbre arrodillarme un poquito después de la Comunión, y después me siento hasta la oración final. Algunos feligreses (pocos), que acaban de comulgar se levantan cuando el celebrante deposita el Copón en el Sagrario, volviéndose a sentar, en mi opinión me parece que el que acaba de comulgar no debe hacerlo, ya que el mismo si tiene fe, debe considerar que el Cuerpo de Cristo aún no se ha disuelto en su cuerpo, me parece que la acción de levantarse, sí es más propia de los que no han recibido al Señor.
Me gustaría que me sacara de mis dudas.
El Señor le bendiga.

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JAVIER:

Ninguna rúbrica indica que los fieles se pongan de pie cuando, tras la comunión, se reserva el Santísimo en el Sagrario, ergo, todos sentados orando en acción de gracias. Quien reserva abre el Sagrario, deposita el Santísimo, hace genuflexión y entonces cierra el Sagrario.
31/07/17 10:40 AM

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