Preparación para la liturgia

La liturgia ha tenido siempre una parte previa de preparación espiritual para la Santa Misa. Indicaba así la importancia del Misterio celebrado en la santa liturgia, a la que no se puede acceder de modo distraído, ni banal, ni precipitado, sino recogido, con ánimo fervoroso, con sentido de adoración ante el Misterio. Normalmente –como vamos a ver- esta preparación se reservaba al sacerdote que oficiaba, pero nos sirve de paradigma para todos los participantes en la sagrada liturgia.

La preparación comenzaba ya en la sacristía: cada vestido litúrgico tenía su oración mientras se revestía (amito, alba, cíngulo, estola, casulla) y la sacristía era lugar sagrado tanto por lo que allí se guardaba (las cosas sagradas para el culto) como ser ámbito de silencio para orar antes de la liturgia. Por cierto, aún rige este mandato para la sacristía, ¡aunque se ignore! Dice el Misal:

Ya desde antes de la celebración misma, es laudable que se guarde silencio en la iglesia, en la sacristía, en el “secretarium” y en los lugares más cercanos para que todos se dispongan devota y debidamente para la acción sagrada” (IGMR 3ª ed., n. 45).

En el rito romano, codificado en el misal de San Pío V, los primeros ritos son ritos preparatorios del sacerdote que debe disponer su espíritu a lo que va a realizar in persona Christi. Al llegar al altar y santiguarse, comienza a recitar con el acólito –los dos solos- el salmo 42 (“Hazme justicia, oh Dios, defiende mi causa…”) con la antífona: “Me acercaré al altar de Dios”, “Al Dios que alegra mi juventud”. Tras lo cual reza el “Yo confieso” el sacerdote, luego el acólito, y termina con unos versículos sálmicos y una breve oración. Entonces sube al altar.

La Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo ofrece igualmente una preparación. La primera parte de la Liturgia es la Prótesis o Proskomedia que consta de las oraciones ante las Puertas Santas del iconostasio y Vestición de los celebrantes, luego la preparación de la Ofrenda, el pan y el vino destinados para el sacrificio, y, por último, la incensación de la iglesia. Por ejemplo, después de orar y besar el icono de la Santa Madre de Dios, el sacerdote inclinando la cabeza, dice:

“Oh Señor, extiende tu mano desde lo alto de tu santa morada y fortaléceme para este servicio tuyo, a fin de que me presente sin reproche a tu temible Altar y celebre el Sacrificio Incruento, pues tuyo es el poder y la gloria por los siglos de los siglos. Amén”.

Nuestro rito hispano-mozárabe también posee esa preparación espiritual del sacerdote. Llegado al pie del altar, mientras aún suena el praelegendum (domingos y fiestas, excepto Cuaresma), el sacerdote profundamente inclinado se dirige a Dios diciendo:

“Me acerco a tu altar, Dios omnipotente y eterno, para ofrecer este sacrificio a tu majestad, suplicando tu misericordia por mi salvación y la de todo el pueblo. Dígnate aceptarlo benignamente pues eres bueno y piadoso. Concédeme penetrar el abismo de tu bondad, y presentar mi oración con tal fervor por tu pueblo santo, que se vea colmado de tus dones. Dame, Señor, una verdadera contrición y lágrimas que consigan lavar mis propias culpas y alcanzar tu gracia y tu misericordia”.

Esto es bueno recordarlo para los sacerdotes: hemos de subir al altar del Señor con piedad y suma reverencia.

Pero, asimismo, todo el pueblo cristiano ha de disponerse a la celebración eucarística: llegando con tiempo, silenciando el teléfono movil, recogiendo los sentidos para evitar distracciones, pidiendo al Señor gracia para participar dignamente, conscientes de que somos invitados al acontecer del Misterio que nos salva.

Santiguándonos con el agua bendita al entrar en la iglesia, primero hay que dirigirse al Señor en el Sagrario, hacer genuflexión y detenerse de rodillas unos momentos para adorar.

Es el momento de cuestionarse qué ofrecemos de nuestra vida al Señor, pedir gracia e invocar que el Espíritu Santo descienda y encienda el fuego de su amor, que dilate nuestros corazones para unirnos a la Iglesia del cielo y de la tierra en la celebración de la Divina Liturgia, por intercesión de la Virgen María y de los Santos.

Si nos preparamos interiormente para la liturgia, ésta podrá dar todo su fruto en nosotros.

8 comentarios

  
vicente
silencio, oración, recogimiento...........
13/12/16 1:45 PM
  
Ramvel
La reverencia, la piedad, el sentido de lo sagrado ¿es algo innato de algunos? ¿es exclusivamente un don de Dios? ¿es como una virtud que se va construyendo y fortaleciendo con la ayuda de la gracia?
En muchos lugares (cualquiera puede comprobarlo) el respeto a lo sagrado ha bajado a niveles bajo cero, y hablo de bautizados a quienes les da igual la plaza que el templo, el corriente que el Pan Eucarístico, echarse una muela que "echarse un hijo". Y es doloroso. Aunque ni siquiera sé por qué es doloroso, pero lo es. Duele presenciar un abuso litúrgico, duelen como si le estuvieran haciendo daño a uno mismo. Duele en lo profundo.
Por ello me pregunto el origen de la reverencia, el respeto, la piedad.
13/12/16 3:47 PM
  
Jerónimo
Me resulta inentendible cómo la reforma litúrgica de 1960 eliminó del rito romano (recién ahora llamado 'forma ordinaria') las oraciones al pie del altar.. Si son una belleza, son profundas, incluso establecen un "diálogo" entre los fieles y el sacerdote (algo que supuestamente buscaban los reformadores).. y sobre todo contienen varios salmos --como los que indica ud.-- de los que el Novus Ordo, en contraste con todos los demás ritos (occidentales y orientales), carece casi completamente.

Una duda.. sólo menciona el rito romano (F.E.), el mozárabe y el bizantino. ¿En los demás ritos orientales no hay oraciones de preparación, o es que no pretende ser exhaustivo?
13/12/16 4:55 PM
  
María
Sus artículos me enseñan mucho y querría preguntarle. Soy lectora habitual y hago siempre genuflexión antes de subir al presbiterio y al bajar ( el Sagrario esta colocado en el centro detrás del altar) y mi pregunta es si ¿eso es lo correcto o debería hacer inclinación? Nadie hasta lo de ahora me ha dicho que lo esté haciendo mal. Gracias y perdón sino procede la pregunta.

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Javier:
Las rúbricas actuales -abreviando y resumiendo mucho- señalan que mejor que haga vd. inclinación profunda al altar al subir y bajar del presbiterio.
13/12/16 5:48 PM
  
Blanca
Solo quiero decir; como me gusta cuando se habla de la liturgia con tanta reverencia, no me canso de apreciarlo! Es tan indispensable tener un profundo recogimiento. Solo asi podra la Santa Misa dar mayor frutos como dice el padre Javier. Dios lo bendiga y gracias por recordarnos que la Misa es sumamente Santa y sobrenatural.
13/12/16 8:18 PM
  
Juan Andrés
Si el sacerdote se retira del confesionario (en realidad en este caso una piecita) ubicado en el fondo del templo, se dirige hacia el altar, se inclina rápidamente y sube a comenzar la Santa Misa, no está haciendo nada de esto, ¿o sí?.

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Javier:
No sé... Pero muchas veces, por experiencia, se está en el confesionario y si no acuden penitentes, sirve de oración estar ahí y luego ya celebrar a continuación la Misa.
13/12/16 8:46 PM
  
Daniel Argentina
Interesante que lo rememore. En algunos templos argentinos, muy pequeños, la sacristía es un arremolinarse de gente por la falta de espacio. La lectura de esto inspirará a mas de uno.
Encantado de que recuerde los otros ritos de la Iglesia.
15/12/16 2:38 AM
  
José María Iraburu
Muy claro, Javier, y muy oportuno y necesario.
02/01/17 9:30 AM

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