7.12.17

¡Reparad!

“¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todos los sufrimientos que Él quisiera enviaros como reparación de los pecados con que Cristo es ofendido y de suplica por la conversión de los pecadores?”

Consolemos a Cristo, ofendido por tantos pecados, a fin de que Él no se fije en nuestras faltas y en las de los demás y mire sólo nuestro amor y nuestras buenas acciones. Que nuestros sufrimientos espirituales y físicos aumenten nuestra unión con Cristo ¡Es hermoso sufrir por Cristo! La reparación es un camino seguro hacia el establecimiento de la Civilización del Amor.

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2.12.17

Dirección de colegios y consagración al Sagrado Corazón

Los directores de los colegios de la Fundación Educatio Servanda nos reunimos la semana pasada en Valladolid: concretamente en el Santuario Nacional de la Gran Promesa, templo expiatorio consagrado al culto del Sagrado Corazón de Jesús. Y al final del retiro, renovamos nuestra consagración al Sagrado Corazón.

En un librito que nos regalaron de Florentino Alcañiz, S.J., titulado Consagración Personal al Corazón de Jesús, viene una frase que me dejó inquieto:

“Cuántas personas piadosas están haciendo cada día consagraciones que se hallan en los libros píos y, sin embargo, no son almas consagradas de verdad: más bien que hacer consagraciones, las rezan. Son rezadoras de consagraciones.”

La consagración es un pacto: “Cuida tú de mi honra y de mis cosas, que mi Corazón cuidará de ti y de las tuyas”.

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26.11.17

Piedad, Honor y Educación

El 25 de noviembre es el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Hoy, domingo, celebraremos los católicos la festividad de Cristo Rey. Curiosa coincidencia. Providencial.

En los últimos días, las noticias en televisión, en prensa, en radio y en la Red se llenan de estadísticas y datos que denuncian la violencia que sufren las mujeres en nuestra sociedad. Hay pancartas en los ayuntamientos con lemas como “Municipio libre de terrorismo machista”. Hay campañas de denuncia y concienciación. “La violencia machista es una lacra social que hay que erradicar”, dicen los políticos. Y lo dicen con razón. Una lacra es un mal físico o moral. Y, efectivamente, somos todos víctimas de una grave enfermedad moral que acaba causando víctimas inocentes: mujeres y niños asesinados, agredidos, heridos; en el mejor de los casos, marcados de por vida por la violencia sufrida en sus propias carnes. Agresiones sexuales, violaciones… Manadas de cerdos aprovechándose y violando a una chica, tal vez borracha, que podría ser mi propia hija…

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4.11.17

La mentira

La mentira es siempre pecado, muchas veces mortal. Y quien mintiendo comete pecado mortal, pierde el estado de gracia. El octavo mandamiento de la Ley de Dios dice: “No darás falso testimonio ni mentirás”. 

Dice el Catecismo:

1022. Cada hombre, después de morir, recibe en su alma inmortal su retribución eterna en un juicio particular que refiere su vida a Cristo, bien a través de una purificación (cf. Concilio de Lyon II: DS 856; Concilio de Florencia: DS 1304; Concilio de Trento: DS 1820), bien para entrar inmediatamente en la bienaventuranza del cielo (cf. Concilio de Lyon II: DS 857; Juan XXII: DS 991; Benedicto XII: DS 1000-1001; Concilio de Florencia: DS 1305), bien para condenarse inmediatamente para siempre (cf. Concilio de Lyon II: DS 858; Benedicto XII: DS 1002; Concilio de Florencia: DS 1306).

1034. Jesús habla con frecuencia de la “gehena” y del “fuego que nunca se apaga” (cf. Mt 5,22.29; 13,42.50; Mc 9,43-48) reservado a los que, hasta el fin de su vida rehúsan creer y convertirse , y donde se puede perder a la vez el alma y el cuerpo (cf. Mt 10, 28). Jesús anuncia en términos graves que “enviará a sus ángeles […] que recogerán a todos los autores de iniquidad, y los arrojarán al horno ardiendo” (Mt 13, 41-42), y que pronunciará la condenación: “¡Alejaos de mí, malditos, al fuego eterno!” (Mt 25, 41).

1035. La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidad. Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden a los infiernos inmediatamente después de la muerte y allí sufren las penas del infierno, el fuego eterno (cf. DS 76; 409; 411; 801; 858; 1002; 1351; 1575; Credo del Pueblo de Dios, 12). La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios en quien únicamente puede tener el hombre la vida y la felicidad para las que ha sido creado y a las que aspira.

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28.10.17

Transubstanciación

Modernistas: ¡Ojo con tocar el “concepto” de transustanciación! 

Eso no se toca.

Nunca hubiera imaginado que yo, pobre hombre y pecador, tuviera que llegar a escribir un artículo para defender la fe católica: la fe de mis padres, de mis abuelos; la fe de mi pueblo, de mi Iglesia…

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