Categoría: Semper idem
10.03.10
En la Historia ha habido monjas de fuste que, lejos de ser doncellas apocadas o señoras timoratas, han sido mujeres de pro, que participaron en la vida social de su tiempo de una manera decisiva (no siempre con igual fortuna, sin embargo). Y es que el velo religioso en la Iglesia Católica no ha sido símbolo de sujeción, discriminación o explotación de las mujeres que lo tomaron, aunque a veces se las haya considerado una especie de sirvientas (no servidoras) de la Iglesia y domésticas de los sacerdotes. Por el contrario, las órdenes y congregaciones femeninas permitieron en el pasado a sus miembros una efectiva autonomía e independencia. Contrariamente a lo que se suele pensar, las monjas de la Edad Media y de la Edad Nueva eran personas letradas y cultas. La tradición fue comenzada por Santa Paula y su hija Santa Eustoquio, amigas de San Jerónimo, que fundaron un cenobio en Belén, donde se dedicaban al estudio de la Sagrada Escritura guiadas por el doctor dálmata. También ejercieron muchas veces influencia en su tiempo. Vamos a repasar aquí algunos casos de monjas célebres que tuvieron relación especial con el poder temporal.
22.02.10

El escenario imponente: la nave central de la Basílica de la Purísima Concepción en todo su esplendor, iluminada por todas las arañas colgantes y otros reflectores, como en los días de mayor solemnidad. El altar convenientemente dispuesto y aderezado, con los cirios flanqueando una cruz bien visible en el centro (cosa rara en Barcelona). En el lado del evangelio, una recién estrenada lápida marmórea que conmemora la elevación de la iglesia parroquial a basílica menor, título concedido por la congregación romana que preside el invitado. El templo a rebosar de oyentes. El clero se instala en el coro: todos revestidos de alba (sin cíngulo) y estola morada. Por la puerta que da al claustro entra una discreta procesión: acólitos, ceremonieros, cruciferario, los cardenales Antonio Cañizares y Lluis Martínez Sistach, el rector de la basílica, Dr. Ramón Corts, y una serie de personalidades, entre quienes sólo acierto a reconocer a Alberto Fernández Díaz, antiguo presidente del PP de Cataluña. Toda la concurrencia se levanta y se oyen unos cuantos aplausos (costumbre que personalmente detesto en una iglesia), que afortunadamente cesan pronto. Los purpurados oran unos momentos ante el altar del Santísimo (la primera capilla del lado de la epístola) y acto seguido van a sentarse: el arzobispo barcinonense en su sitial reservado en primera fila; el prefecto del Culto Divino ante la mesa de conferenciante. El Dr. Corts presenta el programa de conferencias cuaresmales y da la bienvenida al cardenal Cañizares, agradeciéndole su presencia. El prefecto del Culto Divino comienza entonces su disertación, que versa sobre el tema: “Reavivar el espíritu de la Liturgia”.
11.02.10
Vamos a tomarnos las cosas con algo de humor, porque si tuviéramos que tomárnoslas en serio, sería para llorar de rabia, de vergüenza y de impotencia al comprobar cómo nuestra amada Cataluña está a la cola del mundo católico por lo que se refiere a la sintonía con el papa Benedicto XVI. Concretamente nos vamos a referir a la Liturgia, tema en el que la situación es verdaderamente dramática. Y no hablamos sólo de la celebración según los ritos anteriores a la reforma postconciliar, cosa perfectamente legítima a estar a la letra y al espíritu del motu proprio Summorum Pontificum ; principalmente hay que tratar de la penosa manera en la que esa misma reforma se ha llevado a cabo y se aplica en las diócesis catalanas, principalmente en Barcelona.
14.01.10
Desde su aparición en el espacio virtual, Germinans Germinabit ha suscitado toda clase de reacciones. Nos elogian, nos atacan, se toman distancias… y todo eso está bien, no sólo por un sano ejercicio dialéctico, sino porque gracias a ello se mantiene y enriquece un debate necesario cual es el de la situación religiosa de Cataluña y particularmente la de Barcelona, asunto de primera importancia para nosotros que somos católicos y que consideramos que el futuro de nuestra sociedad catalana pasa precisamente por su reafirmación católica. Pero si aceptamos el disenso y las críticas, lo que no podemos admitir es que se nos infame y se nos calumnie, atribuyéndonos posturas que jamás hemos defendido o tergiversando las que realmente asumimos. Es, pues, oportuno, conveniente, “justo y necesario", que esclarezcamos qué somos y que no somos, la gente que estamos comprometidas en este proyecto.
7.01.10
Revisando unos datos sobre la vida del Dr. D. Gregorio Modrego Casaus (para conmemorar los 110 años de su nacimiento en este 2010 y el 75º aniversario de su consagración episcopal en 2011), nos hemos encontrado con un dato muy interesante que da la medida de su gran talla humana: su lema episcopal. Normalmente, las divisas o lemas que figuran en los escudos son indicadores de un ideal, de un programa de vida, de una virtud exigible a quien lo ostenta en su blasón. El del que fuera arzobispo de Barcelona durante largos y decisivos años estaba tomado del Evangelio: “VT VNVM SINT” (Que sean uno), palabras que dirigió Nuestro Señor Jesucristo al Padre Celestial en su oración sacerdotal.
En la biografía exhaustiva que le dedican los eclesiásticos Francesc Muñoz Alarcón, Josep Maria Martí Bonet y Fidel Catalán Catalán se leen a propósito de este lema del escudo del Dr. Modrego estas interesantes y reveladoras palabras: “Conviene que tratemos aquí sobre el lema del doctor Modrego, ya que posiblemente nos dará el punto de partida para exponer otros aspectos y acontecimientos de su largo pontificado. El lema es la síntesis de un posible programa de posteriores actuaciones pastorales. En primer lugar hay que decir que hay quien afirma que el doctor Modrego cumplió a la perfección su lema hasta el final de su vida. Así, un sacerdote diocesano declara: «El entierro del doctor Modrego reflejó el significado de su escudo episcopal, “Ut unum sint” , porque a él asistieron sacerdotes de todas las tendencias, desde los más conservadores hasta los de mayor vanguardia… Fue impresionante”. Es muy cierto que el “Ut unum sint” dio muestra, al menos, de la preocupación por la unidad en el clero, la diócesis (los fieles), religiosos y religiosas. También incluiría la unidad de los cristianos y el deseo de que muchos entrasen dentro de la unidad de la Iglesia (misiones). Después de esta tan amplia definición nos encontramos perplejos ante la unidad del pontificado del doctor Modrego. Nos preguntamos si la cumplió de manera plena» . Más adelante, y después de presentar datos concretos, los autores concluyen: «Ciertamente a lo largo de su pontificado el doctor Modrego procuró cumplir el lema de su escudo».