Aprobado General
“Conviértete y cree en el Evangelio” . Éstas fueron las palabras que me dijo el sacerdote al imponerme la ceniza. Y me dieron que pensar. Me sentí directamente aludido y me planteé eso de convertirme y creer en el Evangelio. Al fin y al cabo, la Cuaresma es tiempo de conversión. ¿Pero convertirme de qué? ¿A qué? ¿En qué?
Bueno, se me ocurrió pensar de momento que está bien pasar una especie de ITV cada Cuaresma, y reparar lo que se haya estropeado de nuestra condición de cristianos a lo largo del año. ¿Podría ser ése el sentido de la conversión? Menos da una piedra.
Pero se me quedaban pobres la cuaresma y el rito de imposición de la ceniza. Así que seguí ahondando. ¿No es éste un símbolo de la penitencia que nace del arrepentimiento? -pensé luego-.Eso me pareció mejor: el arrepentimiento es el “ penediment” en catalán, que corresponde al me poenitet latino, el saberle mal a uno lo que ha hecho. Es donde tiene su razón de ser y su sentido la penitencia. Y ese arrepentimiento, ese pesar por haber pecado -entendí-, es de oficio y toca en Cuaresma, que es también el tiempo de la penitencia sacramental. Es decir que por ser cristianos, nos reconocemos pecadores ante Dios y destinamos un tiempo del año litúrgico a celebrar la penitencia. “Pecadores, Señor, nos confesamos…”






