2.06.11

Nuestra vida «desde ahora escondida con Cristo en Dios»

Cristo, que había prometido que sus discípulos llegarían a ser con Él uno en Dios, que había prometido que estaríamos en Dios y Dios en nosotros, ha realizado ya esta promesa para nosotros. De manera misteriosa llevó a término esta gran obra, este sorprendente privilegio. Parece que lo realizó al subir al Padre, en su ascensión corporal y su descenso espiritual, y que la asunción de nuestra naturaleza hasta Dios es al mismo tiempo el descenso de Dios hasta nosotros. Se podría decir que nos ha llevado verdaderamente hasta Dios y ha hecho que Dios se llegara a nosotros.

Así pues, cuando san Pablo dice que nuestra vida está escondida con Cristo en Dios, se podría entender con ello que nuestro principio de existencia ya no es un principio mortal y terrestre, tal como el de Adán después de la caída, sino que somos bautizados y escondidos de nuevo en la gloria de Dios, en esta pura luz de su presencia, la cual perdimos con la caída de Adán. Somos creados de nuevo, transformados, espiritualizados, glorificados en la naturaleza divina. Por Cristo estamos impregnados de santidad y de inmortalidad.

Beato John Henry Newman.
Magnificat, Junio 2.011, nº 91, pág. 47

1.06.11

Comunicado del Vicario General de los Carmelitas Descalzos

Al correo de nuestro Director, Luis Fernando, ha llegado el siguiente mail, que paso a publicar:

Estimado Señor Director:

Soy el P. Emilio José Martínez González, carmelita descalzo y en la actualidad Vicario General de la Orden.

Me atrevo a robarle algo de su precioso tiempo para solicitarle su ayuda en un asunto referente a la Orden de los Carmelitas Descalzos, que ha sido publicado en el dia de ayer por el Sr. D. Isaac García Expósito en su blog.

El titulo de la entrada que quisiera comentarle es: “Convivencia carmelito-masónica” y en él se comenta la convocatoria de un encuentro del “Directorio Escocés Nacional del Gran Priorato Rectificado de Hispania". Al respecto de dicha noticia quiero indicarle lo siguiente:

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Vísperas de la Ascensión del Señor

Hubiera podido el Señor, unigénito y coeterno del Padre, en la forma de siervo y en cuanto siervo, si necesario fuera, orar en silencio; mas quiso aparecer como suplicante ante el Padre, acordándose de que era nuestro Maestro. Y así, la oración que hizo por nosotros nos la dio a conocer a nosotros, ya que no sólo las pláticas a ellos dirigidas por tan excelente Maestro, sino también su oración por ellos al Padre servía de edificación a los discípulos. Y si era de edificación para ellos, que la escuchaban, también había de serlo para nosotros, que la habíamos de leer escrita. Por tanto, al decir: Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, manifestó que todos los tiempos, y cuando había de hacer o dejar de hacer algo, eran dispuestos por Aquel que no está sujeto al tiempo; porque todas las cosas que han de ser, cada cual en su tiempo propio, tienen su causa eficiente en la sabiduría de Dios, en la cual no existe el tiempo. No se crea, pues, que esta hora vino al acaso, sino por la ordenación de Dios. Como tampoco una fatal necesidad sideral determinó la pasión de Cristo, porque no se puede pensar que las estrellas forzasen a morir a Cristo, su Creador. No fue, pues, el tiempo el que impelió a Cristo a la muerte, sino que El determinó el tiempo en que había de morir, como determinó el tiempo en que había de nacer de una Virgen, juntamente con el Padre, del cual nació sin tiempo. Según esta verdadera y sana doctrina, dice asimismo el apóstol San Pablo: “Cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo"; y Dios por el Profeta: “Te he escuchado en el tiempo propicio, y en el día de la salvación te presté mi ayuda"; y otra vez el Apóstol: “Ahora es el tiempo aceptable, ahora es el día de salvación". Diga, pues: Padre, ha llegado la hora, quien con el Padre ha ordenado todas las horas, como diciendo: Padre, ha llegado la hora que conjuntamente hemos ordenado para glorificarme por y entre los hombres; glorifica a tu Hijo para que tu Hijo te glorifique a ti.

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