Viena: ilustración de que el peor enemigo de la Iglesia no es la persecución
El mayor daño, de hecho, lo padece ésta de lo que contamina la fe y la vida cristiana de sus miembros y de sus comunidades, erosionando la integridad del Cuerpo místico, debilitando su capacidad de profecía y de testimonio, empañando la belleza de su rostro.
Benedicto XVI, Homilía en la Solemnidad de los santos Apóstoles Pedro y Pablo
Fuente: Catholic Church Conservation

