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23.03.10

Pregón ¿de cofradías?

A las 12:25 AM, por Isaac García Expósito
Categorías : Semana Santa, Actualidad

Antonio García Barbeito demostró ayer en el teatro de la Maestranza que es un hombre coherente. Como él mismo reconoció en los días previos, ni va a misa, ni sabe de cofradías. Y lo mostró y demostró. ¡Vaya si lo hizo! Para sonrojo y escarnio de la Sevilla cofrade, que esperaba el típico texto ripioso, que pusiese los vellos de puntas al personal, al nombrar a los titulares de todas las Hermandades de Sevilla.

Pero no ocurrió así. El pregonero no engañó ni se engañó a sí mismo; sencillamente se limitó a exponer sus dudas en materia de fe, en plan metafísico existencialista, super guay: es decir, la filosofía del Hola.

Como no podía ser de otra forma, aburrió hasta a las ovejas. Entre otras cosas porque el cofrade medio sevillano espera el poema donde Macarena rima con pena. Y así hasta el infinito y el más allá.

El espectáculo fue lamentable. Un pregón es otra cosa. Es de católicos para católicos, exaltando la Semana Santa. Calentando el ambiente para lo que llegará una semana después, no una exposición de un agnosticismo de remanguillé, cosa que está muy bien para una asociación de vecinos, una revista literaria, o una tenida masónica en la logia, pero no en un pregón de Semana Santa.

Entre las perlas del pregonero, me gustaría destacar las siguientes:

Yo he venido a conversar con el Dios de los adentros, el que se esconde en los secretos impenetrables de esa cámara de seguridad inviolable que es la conciencia de cada uno. Traigo al Cristo que me acompaña en las inmensas honduras del vacío, al Cristo que cree en mí, el que transita sentenciado por tus calles con un sueño de espumas blancas tras su paso, el que no se me muere en las tardes tormentosas del viernes, el que tanta conversación me ha dado en las horas perdidas de Humildad, de Siembra, de Paciencia en la lenta espera del verdeo de las cosas.

Todo Amor acude desde la nada. De lo contrario, no es Amor. No existe la volumetría que mide la Fe, ni la unidad patrón mediante la cual sepamos cuánto Dios lleva cada uno alojado en los costados. Un hombre es un universo incomparable, al que juzgará Quien debe juzgarlo cuando llegue la hora. Por ello, este amor sensato que tanto me desordena viene hoy volcado en palabras escritas con la sangre de la tierra, aparatosamente sinceras, para desnudar la auténtica confesión de mis días y mis noches, para celebrar la Eucaristía del que quiere escapar, como los niños débiles, a la verdad de sus inocencias.

(… ) Andaba un medio cura de la tribu empeñado poco menos que en encuestar sobre fe a todos los paisanos sospechosos de andar cortitos de credo. Manuel el arriero venía arreando sus borricos por la carretera que cruza la tribu como calle principal; el medio cura, al paso, le preguntó que si creía en Dios:

-“Po no viá cree, miarma, si lo dice hasta la copla: “que de allí vendrá a “jugá” con los vivos y los muertos”.

Y siguió su camino, quizá imaginando un Dios que se tomaba la Resurrección como un día de fiesta entre la plaza del pueblo y el cementerio. Y había que entenderlo.

Este mismo medio cura no escarmentaba, y enterado de que una gitana que vivía en los trascorrales no había hecho la primera comunión, se empeñó en conseguirlo. Cuando la gitana podía, que eran pocas las veces, el paisano trataba de prepararla de viva voz, que la pobre mujer no sabía ni leer ni escribir, y todo el empeño del paisano era dejarle claro que en la hostia consagrada estaba el Santísimo Sacramento –“que esto no se te olvide, Antoñita: el Santísimo Sacramento…”-; pero también - ¿para qué lo haría?-, le habló de la Virgen, del Niño Jesús y de San José, y la pobre gitana tenía en la cabeza un catecismo trabucado, incapaz de organizar con él un celestial libro de familia. Llevaba la gitana cuatro o cinco días sin ir a recibir clases de preparación. Una mañana que pasaba la gitana vendiendo canastas, vio venir al instructor y aceleró el paso, excusándose que tenía mucha prisa; el paisano, sabedor de que el día de la primera comunión de la gitana se venía, corrió hacia ella y, examen al paso, le preguntó: “A ver, a ver…, Antoñita: ¿Quién está en la hostia?”, y la gitana, más pendiente de que no le rebajaran dos pesetas al precio del cesto, le dice: “¡Ay, compadre, no ma’cuerdo..!” Y el compadre: “Sí, anda, recuérdalo: “El San…, el San…” Y dice Antoñita: “Ay, compadre… ¡Er San Jozé!”

(…) Yo vengo de lo pequeño, de un lugar que sólo tiene un Nazareno y dos crucificados que recorren las calles. Vengo de allí donde empecé a aprender la devoción de los míos… Tú quizá no puedas entender –o sí- que hombres que blasfemaban con la boca cerrada lloraran como niños al ver pasar a Dios con una Cruz a cuesta. Llegaban los muchachos, llegaban los hombres a la parihuela del Señor y amarraban su pañuelo como quien escritura en un nudo una vieja promesa. Porque sí. Porque para ellos Dios no podía estar lejos, tenían que fiarlo todo a una imagen. Eran los mismos que habían visto, tras un año de sequía, cuando el tiempo había abierto en el mostrador de las tierras un muestrario de solanos del que los días copiaban para cortarle al campo un traje de ruina, y como nadie contestaba con lluvias a súplicas y rezos, recurrieron a Él, al mismo que otras veces los había socorrido. Le pidieron la lluvia por las veras del campo, silencio y esperanza, cuando abril no sabía dónde estaban las nubes. Y llovió. Y por eso creen en Él. Y por eso van a verlo, a rezarle o a darle gracias. Saben que ese Nazareno no es el Dios de los cielos, pero ellos –como tú- necesitan un Dios con domicilio, un Dios con “consulta” en
la tierra, no un vacío lejano donde se pierden las preguntas. Hay que entenderlos, como hay que entenderte a ti.

(…)

Sigo aquí, Señor, rezando
oraciones que aprendí,
pero al preguntar por Ti,
sigo dudando, dudando.
Señor, por la duda ando
entre preguntas desnudas,
esperando a que Tú acudas
a despejarme neblinas:
yo te arranco las espinas,
¡arráncame tú las dudas!

Mis dudas, mis sucesivas dudas, la duda del hombre, pero una duda insomne, inquieta, desesperada a veces, que tiene más fuerza ante Dios que la fe que se acomoda y lo da todo por hecho. La duda, ese eterno “no sé” ante Él…

(…)

El Dios que tengo en mí no es de madera,
ni sale en procesión ni tiene nombre,
es un Dios todo Dios y todo Hombre
que de mí, sin pedirme, tanto espera.
El Dios que tengo en mí de cabecera,
vive pendiente de que yo me asombre,
de que le pida cuentas, que lo nombre,
le exija, le pregunte. Y que lo quiera.
Es ese Dios que entre los hombres labra,
para sembrar a mano una palabra
-Amor- que le germine cada día.
El mismo que me llama y no contesto,
el que siempre me encuentra con lo puesto.
El que sigo buscando todavía.

Carne viva en el campo y campo mismo, como un panteísmo
encerrado en el mismo Dios…
El Dios que no busqué vino a buscarme
y no supe quién era, a qué venía.
Se fue. Pero volvió. Yo lo sabía:
a Dios no hay duda que me lo desarme.
Creí que iba a pedirme; vino a darme;
le rechacé el regalo. Me insistía.
Y me alargó la mano. Todavía
no sé por qué razón pude negarme.
Me fui. El se quedó. Lo eché de menos.
Me dijeron que andaba entre hombres buenos,
generoso, fraterno, conjuntivo.
Y en el campo una tarde, al recordarlo,
me contestó cuando empecé a nombrarlo
al decir “surco, río, luz, olivo…”

(…)

Jesús sabe que el hombre necesita
lo visible y cercano, lo tangible,
y para que se acerque a lo posible,
imágenes de Él le facilita.
Aquel Jesús de cruz y de calvario,
el nazareno aquel, el que decía
que por Amor la pena merecía,
quizá no sea tu imagen de diario.
Pero Él se va a la mano de las formas
porque sabe que tú no te conformas
si no lo ves, lo palpas, lo veneras…
Y permite a la mano que lo talle
y al pueblo que lo lleve por la calle,
¡para que tú lo nombres como quieras

(…)
Porque lo he buscado. Porque lo llamé y muchas veces no me
contestó. Porque sigo esperándolo. Y porque Él tiene que saber que si soy de Él, también Él tiene que contar conmigo. Él tiene que saber que si nada somos sin Él, nada es Él si nosotros…

Cuando el silencio divino
he sentido alguna vez,
me dio miedo la mudez
que de Dios mismo me vino.
Pero en el mismo camino,
para que considerara,
le dije a mi Dios: “Repara,
Señor, ¿de Ti qué sería
si me llamaras un día
y yo no te contestara?”

Tremendo. Es sólo una muestra de lo que fue el pregón, que en vez de Semana Santa, parece una exaltación del agnosticismo.

Lamentable el maniqueísmo del pregonero al presentar al hombre piadoso, como una persona ridícula, estúpida en contraste con el pueblo llano, incapaz de alcanzar las verdades de fe. Lamentable e insultante.

Insultante porque hay una parte de la Iglesia, la Triunfante, compuesta por santos de enorme sencillez, como podían ser, por ejemplo, los mártires de nuestra guerra incivil, o los cristeros mejicanos, gente sencilla pero de una fe enorme. Los típicos tópicos que no soportan un análisis intelectual serio, pero que son los que más gustan al pijiprogrerío eclesial.

Patético. Como el rebajamiento de la omnipotencia divina. Como la soberbia del intelectual agnóstico que piensa que la fe sencilla, es despreciable, que lo bueno e importante es la duda. Dantesco.

Y sin embargo la cosa no quedó ahí, faltaba el cañazo correspondiente por parte del pregonero a los críticos, llamándolos fariseos.

Vean y lean:

¿O tú no te lo preguntas? Tú, el mismo que establece una excedencia de cupo en las filas del Credo. Tú, el mismo que golpea con su mano el pecho de otro para que no te duela la culpa. Tú, el mismo que en el Padrenuestro dice “…así como nosotros perdonamos a quienes nos ofenden”… y envenenas el pan de su palabra y de su corazón, sin pararte a saber quién es el otro… ¿Tú vas a venir a cachearme el alma en las excluyentes fronteras de tu intolerancia, porque sospechas que trato de pasar demonios en los bolsillos? ¿Tú, que si te pasas la mano por el corazón, a lo mejor te cortas? Has de saber que en esta cerería no se funden velas para que después, a conveniencia, le pongan una a Dios y otra al Diablo. Aquí sólo se funden ceras para una sola llama, y de esa cera sólo
sale una clase de vela: la humilde vela con la que trato de alumbrar mi camino. Quiero decirte, por si no has oído bien, que aquí no hay más cera que la que arde. Así que no busques lo que no hay; mis velas nunca se van a confundir con las tuyas. De modo que a ver si, cuando me enciendas, sabes lo que enciendes. Porque jugamos a Dios, y Dios no somos. No me juegues a Dios, que Dios no eres. Te lo digo más claro, por si te quedaran dudas de lo que te digo:

Ni tú eres Dios ni yo soy el Diablo.
Somos hermanos en la misma Obra.
(Yo te mendigo Dios, si es que te sobra;
lo precisa el amor con que te hablo.)
No vengas a clavarme tu venablo
para aumentar mi duda y mi zozobra;
que Dios paga en Amor, y Dios no cobra
más que en Amor, amigo. Busca a Pablo.
El Dios que anda por mí, el Dios que digo
es un Dios de perdón, no de castigo;
y acaricia mi duda y no se espanta
de mis debilidades. No se aflige:
si ve que me equivoco, me corrige,
y si ve que me caigo, me levanta.

Y como no podía ser de otra forma, la poesía dedicada a la Virgen.

…Y junto a Él, con Él desde que le dolió en su vientre, Ella, su
Madre, la Madre. “¿Qué dirás de la mía”?

La pena como un puñal
María en el pecho lleva.
Es duro pasar la prueba
de ver de un hijo el final.
Pero a otras madres, un mal
les abre el vientre materno,
y en el dolor más interno,
buscan a gritos la luz,
porque saben que su cruz
no da al cielo, da al infierno.

Por cierto, alguien se podía haber molestado en explicarle al pregonero que María fue concebida sin pecado original: lo digo por lo de los dolores de parto…

¿Y cuáles fueron los comentarios? Pues Monseñor Asenjo dijo esto:

«No ha habido ninguna negación, sino una duda» El arzobispo de Sevilla consideraba que «ha sido un excelente pregón. Una exaltación de la belleza de la Semana Santa». Además, hizo hincapié en que ha estado cargado de «una gran belleza formal y también de una gran duda de contenido». Muy satisfecho a la salida, monseñor Asenjo indicó que «no ha habido ninguna negación, ha habido una solicitud vehemente a Dios para que le ayude a despejar sus incógnitas».

Y esto:

El almuerzo del pregonero en el Alcázar estuvo cargado de halagos tanto a Antonio García Barbeito como a monseñor Asenjo. El prelado, que destacó «lo decisivo para la vida de la Iglesia la labor de las hermandades», tildó de «unamuniano» al pregón, por su «manifestación honrada de sus dudas, certezas y seguridades». A este respecto, y dejando claro que el báculo es un símbolo «de servicio y no de amenaza», le ofreció su «amistad y acompañamiento» al pregonero, «para que recuperes las certezas y diluyas las perplejidades y dudas».

De todas formas, hay que decir que el que menos culpa tuvo en este desaguisado fue D. Antonio García Barbeito, que no hizo otra cosa sino escribir y decir lo que piensa. Eso sí, de donde no hay poco se puede sacar.

Y mientras, el Consejo de Hermandades y Cofradías de Sevilla sin dimitir en bloque.

¡Qué vergüenza!

Texto del Pregón.


9 comentarios

¿A qué acertaste en tu pronóstico de que habría llenazo en el sitio?

Un saludo en la Paz de Cristo.

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IGE: Hasta las trancas.
23/03/10 9:30 AM
Comentario de Luis López
Bueno Isaac, el Pregón fue realmente atípico (eso de no nombrar a ninguna Hermandad tiene guasa desde luego), pero sinceramente uno ya está harto de oir pregones con versos a Cristos y Vírgenes que hastían de su melosidad y reiteración.

Poética y literariamente el Pregón de D. Antonio fue una pieza maestra sin paliativos. Es ese sentido (de pieza oratoria y literaria) quizás haya sido el mejor pregón oído jamás en Sevilla. Y una sinceridad impresionante. Y eso hay que reconocerlo. En todos los pregones siempre observa uno una cierta impostura cara a la galería, una búsqueda del aplauso fácil; en éste no, sólo una fe sincera y atormentada verdaderamente "unamuniana" (como reconoció Monseñor Asenjo). Sólo al final se aplaudió. En mi opinión con justicia.

Posiblemente -y ahí concuerdo contigo- no era éste el lugar para haber expresado esta fe angustiosa y dubitativa; posiblemente el respetable esperaba una exaltación del catolicismo cofrade (esa es el origen del pregón en Sevilla, allá por los años 40), algo menos hondo, más frívolo, más acorde con esta ciudad donde el 80% de los que salen de nazareno no pisan una Iglesia salvo en esa semana, pero lloran a lágrima viva con la mecida de la Virgen de su barrio.

Sinceramente esta ciudad se merece un pregón así. Hondo, profundo, atormentado; a años luz del alma de cartón piedra de esta bellísima ciudad llamada Sevilla.

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IGE: Lo del "unamuniano" alguien lo tendría que explicar. Como si Unamuno fuese Aristóteles redivivo....

Más bien sería el pregón de la increencia.

Como obra literaria, no lo discuto, lo que sucede es que las cosas hay que verlas en su integridad, sino parece que hablamos de fantasmas.

En lo del alma de cartón piedra se ha quedado corto....
23/03/10 9:47 AM
Comentario de Marcos R.
Isaac,¿Quién nombra al pregonero?Es el Consejo de Hermandades,el Arzobispado,conjuntamente o ¿quién?

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IGE: el Consejo naturalmente.
23/03/10 12:55 PM
Comentario de Vicente
en un libro de semana santa de este año he leído esto:
"¿fUE dios el que murió en la cruz?"

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IGE: Tremendo.
23/03/10 12:57 PM
Comentario de Pepita Perez
Está claro Isaac que no te has enterado de nada por mucho que copie y pegues, tu sensibilidad no da pa tanto, sin acritud, es mi sincera opinión

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IGE: No es que no me haya enterado de nada, sino que me he enterado de todo. Y muy bien.
23/03/10 1:56 PM
Comentario de Antonio García
Grandioso. Una hermosísima declaración de amor por la Semana Santa, plagada de dudas, como advierte el Arzobispo, que parece haberse enterado del pregón mejor que algunos cofrades. Por cierto, que el Pregón, que yo sepa, es de la Semana Santa, no de las Cofradías. Aquí en Málaga ha pasado algo parecido. El pregonero no se ha molestado en buscar metáforas ajadas ni en exaltar tal o cual lágrima o tal o cual conjunción de calle, farol y cabeza de Cristo. Eso ha decepcionado en cierto forma. Qué se le va a hacer...

Y particularmente, del pregón de García Barbeito me parecen de diez los poemas dedicados a la Virgen. Sinceros, sin concesiones, a corazón abierto. Con gracia. Esos no están citados en el artículo. ¡Qué vergüenza!

Enhorabuena al Consejo General de Cofradías. Una elección magnífica.

P.D. Sé perfectamente que el blogger tiene perfecto derecho a reproducir los párrafos que quiera. Tanto como él sabe que esa elección es tan respetable como criticable por los demás en cuanto que opción personal distinta.


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IGE: Varias cosas:

1º.- Vergüenza la del Consejo, escogiendo como pregonero a quién no tiene fe. Lo que necesita ese hombre no es un pregón, sino las oraciones de los cristianos.

2º.- ¿Declaración de amor a la Semana Santa? Amor a Cristo. Y a su Madre.

3º.- Las críticas hay que hacerlas con argumentos. Yo he extractado los textos del pregón que me han parecido más oportunos. Y el criterio no ha sido estético o formal, sino el de la fe.

Por otra parte, en mi artículo está puesto el enlace que conduce al pregón. No hay ni trampa ni cartón.
23/03/10 3:30 PM
Comentario de Luis Pedro Escacena
Yo tampoco lo veo "unamuniano". Vamos, que no me parece nada "unamuniano". Escribe muy bien García Barbeito, pero para él Misterio de Dios, de un Dios hecho hombre que muere el viernes santo, no parece un enigma que le quite el sueño. Hoy mismo aparecen en el periódico unas declaraciones suyas: "Me he puesto muy místico, muy blandito", que dichas en un tono frivolón más bien dan a pensar que todo ha sido muy postizo.
Lo del Consejo de Cofradías es para que se lo hagan mirar. Para esta gente ¿qué significa el Credo?
Los comentarios del Sr. Arzobispo, amén de la delicadeza mostrada para quien no tiene culpa alguna (el pregonero), revelan que, visto el estado agónico de la diócesis, Monseñor Asenjo no esperaba nada, pero nada, de las hermandades de Semana Santa.
23/03/10 6:10 PM
Comentario de Antonio García
Diga usted que sí, "mantenella y no enmendalla"; quede usted siempre por encima de sus tertulianos, respondiéndoles en su propio mensaje con letra negrita para que quede claro, ante todos, quien tiene razón y quien posee la verdad sobre el tema.

Frente a eso solo puedo recomendarle que relea (o quizás lea) el pregón. Tal vez cuando lo haga alcance a comprender la pasión puesta por el pregonero en encontrar a Dios en cada esquina de la vida. Por encima de sus dudas. O precisamente por ellas. Vale más una duda sincera y meditada que una certeza aprendida y exclusiva.

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IGE: Efectivamente, contesto en el mismo mensaje y en negrita, no con el prurito de quedar por encima de nadie, sino sencillamente porque pienso que es más cómodo a la hora de leer.

La fe no es una cuestión de esfuerzo, sino de Gracia. Y el mismo pregonero reconoce que él cortocircuita los medios por los que se recibe la Gracia, como la recepción de los sacramentos.

Lo de la preferencia de la "duda sincera y meditada" sobre la "certeza aprendida y exclusiva", es de una soberbia exquisita: si usted prefiere la búsqueda de la verdad a la verdad misma, ¿qué prefiere en realidad?

Posponer el Objeto ante el sujeto, parte de un presupuesto antropotrópico inconciliable con la religión, que desea que el Creador se someta a la criatura pensando que, mediante ella la criatura encuentre su propia saciedad y perfección.

Es, en definitiva, una forma de indiferentismo: preferir la búsqueda de la verdad a la verdad.

El Papa Juan Pablo II lo condenó en estos términos: "También es indiferentismo hacia la verdad considerar más importante para el hombre buscar la verdad que alcanzarla, ya que en definitiva ésta se le escaparía irremediablemente" (OR, 25 de agosto de 1983).

La fe, según la doctrina católica, es una virtud del hombre que reside en el intelecto, como la caridad en la voluntad; y su posibilidad, no es más que una consecuencia necesaria de la finitud del intelecto. El motivo de la fe es doble: por uno, la finitud del intelecto, por otro la autoridad de la palabra divina revelada.

La Revelación se hace en la historia y recibe una demostración histórica. La autoridad de la palabra divina es un elemento que se puede conocer por medio de la razón; en el sistema católico, toda la autoridad es producto de la razón, porque aunque la razón se someta, es la misma razón la que ve la necesidad de someterse. Por ende la autoridad divina constituye un criterio que prevalece por encima de cualquier otro. Las verdades que cree el cristiano no se fundamentan en algo propio de la criatura, sino en la verdad del pensamiento divino.

Por último, unas palabras de Manzoni:

"¿Habéis examinado,todas estas objeciones [contra la Revelación]? Son objeciones de hecho, de cronología, de historia, de historia natural, de moral, etc. ¿Habéis discutido todos los argumentos de los ad-versarios, habéis reconocido su falsedad e inconsistencia? No basta esto para tener Fe en las Escrituras. Es posible, y desgraciadamente posible, que en las generaciones venideras haya hombres que estudiarán nuevos argumentos contra la verdad de las Escrituras; rebuscarán en la historia, pretenderán haber descubierto verdades de hecho por las cuales las cosas afirmadas en las Escrituras irán a parecer falsas. Ahora debéis jurar que estos argumentos que aún no han sido encontrados serán falsos, que esos libros que aún no han sido escritos estarán llenos de errores: ¿lo juráis? Si os negáis a hacerlo, confesad que no tenéis fe".









24/03/10 10:06 AM
Comentario de Antonio García
Ya he visto que por aquí, al contrario que en todos los blogs que he leido y en los que he participado, el blogger, en vez de intervenir como un tertuliano más en la conversación para responder o aclarar conceptos, se reserva el derecho a intervenir invadiendo el espacio de otros participantes, con un especial objeto como es decir la última palabra sobre lo que los demás dicen. Le perdono sinceramente por insinuar que me lleva la soberbia, usted que entra a saco en los mensajes de los demás para desacreditarlos y dejar clara la última palabra. Usted sabrá...

Mire usted, el pregonero no reconoce nada sobre su Fé, a la que, por otro lado, ni él ni yo nos habíamos referido. Ni a que quede cortocircuitada (imagino que esa es la palabra que quería decir) por nada; el pregonero relata su búsqueda de Dios y las dudas que le plantean las dificultades que encuentra. Dudas que ahora sabemos que llegaron a experimentar hasta personas insignes como Teresa de Calcuta, unánimemente considerada, con toda razón, como santa de nuestros tiempos.

Yo no escribía que prefiriera la duda a la verdad, sino a la certeza. Consulte mi mensaje y luego el diccionario y verá que no es lo mismo una cosa que otra. Desde luego sí tengo que decirle que prefiero la duda sincera y razonada del pregonero a "su" verdad (suya de usted, entendámonos). La primera sirve, en todas las facetas de la vida, para afianzarse; la segunda sirve para quedarse "tranquilo", sabiendo que se está en el sitio "correcto", aplicando fórmulas con las que aprobar o suspender a los demás, como si en estas cuestiones dos más dos siempre sumaran cuatro.

No se trata de preferir la búsqueda de la verdad a la verdad. Admiro el esfuerzo de búsqueda porque muestra una orientación y un deseo. Me parece ejemplar la insistencia de alguien en llegar en coche hasta cualquier lugar donde sepa que se va a encontrar el 99% de las ocasiones con un atasco monumental; especialmente si vence la tentación de volverse por el camino andado. Frente a la tentación y la duda, prefiero echar un cable; hay quien puede preferir otras opciones.

Sobre el resto de su argumentación, permitirá que no entre al trapo. Simplemente decirle que me parece difícil justificar que sea indiferentismo lo que se plantea precisamente por no ser un tema que a uno le deje indiferente.

Y el parrafito de Manzoni se las trae ¿este Manzoni es el poeta a quien Verdi dedicó su Requiem?

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IGE: Si usted fuese tan amable de visitar otros blogs de Infocatólica, verá cómo algún que otro compañero utiliza esta forma de responder. Yo de hecho no lo hacía, pero me parece más útil/cómoda. No es cuestión de tener ni la primera, ni la última palabra. Por otra parte, le agradezco su corrección, efectivamente quería decir cortocircuitada.

A ver cuando usted habla de amor a la Semana Santa, ¿está queriendo decir algo parecido como amor a la Feria, por ejemplo?

¡Claro que es cuestión de fe! Pero, ¿qué celebra la Semana Santa, sino la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo?


1814 La fe es la virtud teologal por la que creemos en Dios y en todo lo que Él nos ha dicho y revelado, y que la Santa Iglesia nos propone, porque Él es la verdad misma. Por la fe “el hombre se entrega entera y libremente a Dios” (DV 5). Por eso el creyente se esfuerza por conocer y hacer la voluntad de Dios. “El justo [...] vivirá por la fe” (Rm 1, 17). La fe viva “actúa por la caridad” (Ga 5, 6).

1815 El don de la fe permanece en el que no ha pecado contra ella (cf Concilio de Trento: DS 1545). Pero, “la fe sin obras está muerta” (St 2, 26): privada de la esperanza y de la caridad, la fe no une plenamente el fiel a Cristo ni hace de él un miembro vivo de su Cuerpo.CIC


Por otra parte, ¿entiendo entonces que para usted es más valioso dudar que Cristo es Dios, que tener la certeza de que Cristo es Dios? Y no, no es «mi» verdad, sino Cristo. No es «mi» fe, sino la de la Iglesia, que es «columna y fundamento de la verdad» (1 Tim 3,15), y que guarda fielmente «la fe transmitida a los santos de una vez para siempre» (Judas 1,3)

Lo siento, pero no veo en sus razonamientos nada más que prejuicios. ¿Por qué la duda afianza y la certeza sirve para quedarse tranquilo? ¿Qué tranquilidad? ¿Es que los católicos que viven en China viven tranquilos? ¿Es que en España, los católicos viven tranquilos? ¿De dónde saca que tener fe es sinónimo de tranquilidad?

Lo de las dudas de fe de Teresa de Calcula es un cuento que se han sacado aquellos que desconocen a qué se refieren los místicos con términos como «la noche oscura del alma».

La fe es una adhesión personal del hombre a Dios siendo al mismo tiempo e inseparablemente el asentimiento libre a la verdad que Dios ha revelado.

Usted es libre de admirar lo que quiera, pero la verdad misma es superior a la búsqueda de esta. Por eso es una forma de indiferentismo, porque aunque le preocupe, prefiere sin embargo su propio movimiento subjetivo y la agitación vital del Yo al valor para pararse en el cual le ha sido dado el movimiento subjetivo.
25/03/10 2:13 PM

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Isaac García Expósito

Isaac García Expósito

Católico apostólico romano. Casado, con dos hijos. Adorador Nocturno. Ingeniero Técnico Industrial e Ingeniero Industrial. De Sevilla (¡Roma triunfante en ánimo y riqueza!), hermano de Jesús Despojado y la Macarena.

Gloria Patri, et Filio et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio, et nunc et semper, et in saecula saeculorum. Amen.



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